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En Llamas. ¿Qué pasaría si...? — capítulo 37

Las palabras de Wendy me llevan hasta el Distrito 12 de hace treinta años. Wendy nos relata su impactante historia desde el momento en el que se anunció a Haymitch Abernathy como el ganador del primer Vasallaje de los Veinticinco hasta hace tan sólo unas horas.

A través de su historia, descubro cómo Wendy fue fuerte. Descubro cómo nunca abandonó, cómo nunca tiró la toalla.

Wendy y su familia al completo fueron detenidos el día siguiente a que Haymitch ganara los juegos. Se les metió en un tren camino al Capitolio, amenazados con armas y sin explicarles absolutamente nada de lo que estaba pasando. A su llegada al Capitolio, fueron encarcelados durante unas semanas, sin ni si quiera saber el delito que habían cometido.

Tras un par de semanas en la cárcel, los padres de Wendy fueron liberados, pero ella siguió en aquella celda durante dos  días más. Cuando al fin, salió, no supo nada de sus padres. Meses después recibiría un soplo de que les habían dejado libres y enviado al Distrito 4, a empezar una vida nueva.

Sin embargo, Wendy no corrió la misma suerte. La Justicia del Capitolio estuvo unos días debatiendo qué hacer con ella; convertirla en avox o en una simple sirvienta. Debido a que ella no había realizado el crimen, se tomó la segunda opción. Se decretó que Wendy trabajaría indefinidamenteen el Capitolio, concretamente en la sección de cocina del Centro de Entrenamiento.

Esto suponía una serie de limitaciones. Wendy no podría obtener una casa, tendría que vivir en el Centro que se le asignara. Así, tampoco podía contraer matrimonio, y sólo se le permitían hacer salidas de Ocio en el Capitolio una vez al mes.

Respecto a los juegos, a Wendy sólo se le permite ver los Juegos, sólo verlos. No puede ver nada más que los juegos en sí, ni el desfile de tributos, ni las entrevistas, ni la gira de la victoria, nada. Por eso no sabía nada sobre Haymitch.

Me quedo fascinada por la fortaleza de Wendy, que lleva luchando más de veinte años, sin rendirse.

Algunas lágrimas silenciosas se deslizan por las mejillas de Haymitch, que coge con fuerza una de las manos de Wendy. Ella está sentada sobre sus rodillas, y reconforma de vez en cuando a Haymitch, que la mira a los ojos pensando en el momento en el que se va a despertar de aquel sueño.

 Yo les miro con cariño, y veo reflejado en los ojos de Haymitch lo que ha supuesto para él todos esos años de agonía, de culpabilidad, de tristeza.

-Hemos estado siempre tan cerca…Pero a la vez tan lejos.-le dice Wendy a Haymitch, cariñosamente.

Él sólo asiente y besa dulcemente su mano. Ella sonríe.

Es una mujer de unos cuarenta años, al igual que Haymitch. Tiene el mismo físico que Haymitch me describió hace unas semanas; pelo castaño, ojos verdes, mirada inocente. Sin emabrgo, algo se ha llevado la magia en sus ojos, aquella magia que Haymitch me describía tan fascinado.

-Haymitch…puedes ir si quieres a...Bueno, ya sabes. Puedes irte con Wendy. Puedo hacerme cargo de esto.-digo yo, incómoda. Imagino que tras tantos años Haymitch querrá estar a solas con ella.-Te llamaré si algo va mal, ¿vale?

-De acuerdo, preciosa.-dice él, coge a Wendy de la mano y ambos se disponen a abandonar la habitación.

-Adiós, Katniss. Ha sido un placer conocerte. Nos vemos pronto.-me dice Wendy, dulcemente.

Yo sonrío y les despido.

Me doy cuenta de que es la primera vez en los juegos que me quedo sola en la sala de mentores, todo bajo mi control. Si quisiera, ahora mismo podría enviarle a Gale todos nuestros fondos en comida o agua. Si quisiera, podría llamar a alguno de nuestros patrocinadores para que le compre algún tipo de arma más potente a Gale.

Sin embargo, me contengo y simplemente me siento en mi butaca, disfrutando de mi soledad. Me coloco los auriculares y observo la pantalla de Gale. Está sentado por detrás de unos matorrales que le ocultan bien. No puedo evitar sentirme fatal al comprobar en las condiciones que Gale se encuentra. Tiene los ojos cerrados con fuerza y tiene las manos colocadas en su estómago, también las presiona contra él con fuerza. Tiene los labios secos y agrietados. Las heridas de sus brazos van a peor, siguen sangrando. El calor de la Arena debe de ser asfixiante, porque Gale suda por todas partes. Este sería un momento perfecto para los vigilantes para darle su golpe de gracia, Gale ni intentaría defenderse. Quizá los vigilantes sospechen que la  muerte de Gale es inminente, y prefieren disfrutar del espectáculo.

Me obligo a mirar a las otras pantallas, lo que me anima un poco. Gale no es el único que lo está pasando mal. Nadie tiene ganas de ir a cazar. Incluso Philippe y Emily están teniendo problemas. Empiezo con la pantalla de Alix. Sigue tumbado,  y no parece estar en condiciones mejores que las de Gale. Durante las últimas horas ha estado recibiendo paracaídas cada treinta minutos, supongo que es lo que le ha salvado la vida. Las heridas de las flechas empiezan a curarse, pero Alix no tiene ni agua ni comida. Está encogido en algún lugar del estadio, en posición fetal y con los ojos cerrados. De vez en cuando, gime.

Nadine está cerca del viejo campamento de los aliados, no ha ido muy lejos. Está sentada, sudando y rebusca las últimas migas en su paquete de galletas. Al igual que Gale tiene los labios secos y agrietados.

En cuanto a Penélope, no está muy lejos de Nadine, tan sólo unos kilómetros más al norte. Está sentada bajo la sombra de un árbol, con la mirada perdida. Tiene su botella de agua en la mano, y ésta está casi vacía. Penélope la mira por un momento y se traga sin pensarlo dos veces los últimos mililitros de agua.

Philippe y Emily, sin embargo, buscan. Philippe camina por su área de caza de siempre, comprobando sus trampas y buscando bayas en las plantas de las que siempre las coge. Sin embargo, no las encuentra. Parece estar seguro de que esa es su planta, pero no hay ningún fruto en ella.

Emily también camina. Al cabo de unos minutos, llega a lo que antes era el pequeño riachuelo del que siempre cogía nada. Ahora, es sólo un pequeño hoyo en la tierra. Tan seco, como el resto del estadio. Emily acaricia con incredulidad  la tierra donde antes fluía el agua que la ha mantenido viva y mira hacia el cielo. Suspira.

En ese momento, decido ir a buscar a Haymitch y Peeta para comentarles el enviarles algo de agua o comida a Gale y Emily.

Justo en el momento en el que abro la puerta para ir a buscarles, el sonido de unas trompetas que sale de las pantallas me distrae.

Rápidamente, vuelvo a entrar y me pongo enfrente de la pantalla que emite para todo Panem. La cara de Claudius Templesmith con un micrófono en la mano ocupa toda la pantalla.

-¡Estimados tributos de los septuagésimo quintos juegos del hambre! Como habréis podido comprobar, han desaparecido del estadio todo de lo que os alimentabais…Así como todo el agua de la Arena. Lo que significa que…-suelta una pequeña y despreciable y risita y mira a todos sus compinches que están en el plató.-Lo que significa que…¡pronto podréis disfrutar de un estupendo banquete! Mañana al amanecer, en la Cornucopia habrá todo tipo de manjares para que saciéis vuestra hambre y sed. Pero debido a que hemos observado que puede que algunos no lleguéis a mañana…-comenta Claudius, y yo siento un escalofrío.-Y como sólo quedáis cinco y no queremos correr riegos, dentro de poco disfrutaréis de una refrescante…tormenta. Recordad, mañana al amanecer, banquete en la Cornucopia. ¡Estáis todos invitados! ¡Que la suerte esté siempre, siempre de vuestra parte!-concluye.

A continuación, se proyecta uno, por uno los rostros de los tributos restantes. La cámara se toma su tiempo en enfocar a cada tributo, para que el espectador identifique a los supervivientes, a sus héroes, a sus vencedores, para que decidan quién quieren que muera y quién quiere que viva.