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¡¡¡En la cama con mi jefe!!! — capítulo 7
Capítulo VI
La verdad de la "persona favorita"
Fue una reunión larga, mucho más de lo que Draco hubiese querido. Se había fijado en Hermione varias veces y se había percatado del sudor en su frente cada vez que se retiraba parte del cabello que le caía en la cara. Además no había pasado desapercibido aquellos miel tan arrebatadores se encontraban vidriosos y brillaban más de lo normal como si tuviese fiebre. Pero estaba en plena reunión y no podía hacer nada al respecto, puesto que aparte de Dereck (y por supuesto no estaba), Hermione era quien conocía bien el proyecto el cual estaban discutiendo por lo que no podía prescindir de ella por los momentos.
Draco decidió prestar atención a su adorada secretaria en el descanso cuando la gente salió a buscar el refrigerio, dejándolos solos:
-¿Qué tal te encuentras?- le pregunto colocándose al lado de ella, bloqueándole los sentidos de inmediato a la chica.
Hermione noto que su cuerpo ardía, y no era por la fiebre, fijo la vista en las hojas de anotaciones de la reunión para no tener que enfrentarse con aquellos ojos grises.
-estoy bien gracias por preguntar.
-pareces un poco acalorada, si me permites que te lo diga.
-bueno es que aquí hace calor, ¿no lo crees?- Hermione no pudo evitarlo más y alzo la vista hacia las esferas grises, sintiéndose cada vez más débil ante ellos.
-abriré una ventana.-fue la respuesta del rubio.
Abrió dos con suma calma, mientras rezaba para que el aire fresco le calmara su excitada libido. Draco conocía la sensación de deseo, pero cuando se zambullía en los cautivadores ojos miel de Hermione, con esas larguísimas pestañas, el deseo crecía hasta un nivel completamente nuevo. Debería andarse con cuidado, o aquel deseo de llevársela a la cama se convertiría en su obsesión.
-Así está mejor, gracias Draco.- En ese momento Hermione se pasó una mano por la nuca, desnuda porque tenía el cabello recogido, y Draco se metió las manos a los bolsillos del pantalón para controlar el impulso de saltar sobre ella y tocarla, es que cada movimiento de Hermione le parecía la cosa más sexy del mundo.
-Ya no queda mucho para culminar la reunión, espero que en cinco minutos más pueda finiquitar todo y así poderte llevar a casa.
Draco vio como un "NO" empezaba a dibujarse en aquellos deliciosos labios y se irguió. No servía de nada ser el jefe si no podía ser uso de ello cuando el momento lo requería. Y en aquel momento, Draco necesitaba saber que iba a llevar a Hermione a casa. No era egoísmo, sino que se notaba que la chica tenía fiebre y de la alta, si antes se había puesto al frente de un coche no quería imaginarse lo que podría pasarle de camino a su casa sola.
Hermione se removió incomoda en el asiento y suspiro.
-ya se lo he dicho, aprecio a que se preocupe por mí, pero no necesito que me lleve a la casa. No insista más por favor.
Pero a las seis Hermione se encontraba caminando por el estacionamiento directo al lujoso sedan, junto a Draco Malfoy quien no le iba a permitir un "no" como respuesta. Hermione se rindió y le dio la dirección de su casa, y pasó todo el viaje en silencio.
¿Por qué insistía tanto en llevarla a casa? Estaba tomándose su trabajo demasiado en serio, pensaba Hermione, estaba tomando atribuciones que no debía. Incluso Dereck a pesar de ser un excelente jefe nunca se había ofrecido en llevarla hasta su casa por estar enferma, solo le pedía y cancelaba un taxi para que la llevara hasta la puerta de su casa, pero nunca se iba con ella.
Ella observaba el perfil de Draco, y lo mejor era que tuviese las llaves en mano, pues le daría las gracias y saldría corriendo antes de que el decidiera esperar a que lo invitara a su casa.
Pero cuando llegaban a su casa Hermione se sentía tan mal, que no se fijo en lo que Draco hacia o dejaba de hacer. Ya no le importaba si le gustaba la calle o no, solo quería entrar a su casa y echarse en la cama o en su defecto en el sofá a descansar. Gracias a dios que Scarlett hoy dormía con su abuela, puesto que no podría hacerse cargo de ella tal y como se encontraba.
-Gracias yo…-
-Dame las llaves- ordeno Draco con voz dura.
-¿Qué?
Con una expresión férrea en su rostro, se volteo donde Hermione y le extendió la mano.
-La llave de la puerta, dámela.- te voy a llevar hasta dentro Hermione. Voy a asegurarme que tomes algo para la fiebre y después voy a asegurarme que te metas a la cama. No hace falta ser medimago para darse cuenta que tienes mucha fiebre. Creo que voy a llamar a alguien y decirle que te haga una visita.
-espera un momento….
Hermione intento protestar, pero no era fácil mantenerse indignada cuando sentía que podía caerse al suelo redonda en cualquier momento. Con una mezcla de agotamiento y resignación, asistió, rebusco en su cartera y puso las llaves en aquella mano expectante.
-Eso es, se buena chica.
-¡Eso si que no lo tolero!-protesto, lanzándole una mirada desafiante, a pesar de que le parecía que su cabeza iba a estallar.- ¡no soy una chica: soy una mujer!
Las pupilas de Draco se dilataron perceptiblemente:
-Cariño, desde el primer instante en que te puse los ojos encima; no he dudado de eso en ningún momento. Y ahora será mejor que entres antes de que te vayas a desmayar aquí mismo.
El hogar de Hermione era como entrar en la cueva de ali baba (si los magos también conocían esta historia), estaba llena de delicias para los sentidos, igual que la mujer que la habitaba, pensó Draco, mientras la seguía camino al salón. Era una casa pequeña, pero lo que le hacía falta de amplitud lo compensaba de sobra en comodidad. Era un lugar en cual le apetecía estar.
-que habitación tan agradable.- comento Draco.
Los colores predominantes por supuesto era el amarillo claro, el dorado y el rojo, pero había notas de otros colores por todas partes. Los sofás eran de terciopelo y seda rojos, y habían montones de cojines de todos los colores esparcidos por cada posible lugar donde sentarse. Encima de la chimenea victoriana, la cual había sido cuidadosamente restaurada, había un enorme cuadro con el escudo de Hogwarts y al lado derecho del mismo se encontraba una foto de ella junto con Harry Potter y Ginebra Weasley todos sonriéndole a la cámara, lo extraño era que no estaba el zanahorio en esa foto. Draco estudio por poco tiempo ese cuadro, pues estaba pendiente de Hermione que apenas se podía poner en pie.
-Gracias. -decía Hermione con las mejillas rojas y no precisamente por el calor de la fiebre, ella había notado el tono apreciativo de Draco, y sintió que algo la llenaba en su corazón hasta ahora vacio. El era un hombre con una excelente reputación como arquitecto, puesto que a pesar de su pasado como Mortifago y lo despectivo hacia los muggle luego de la guerra, el había decidió empezar de cero y había optado por estudiar una carrera muggle "Arquitectura" ya le fascinaba las construcciones arquitectónicas que poseía ese mundo. Por ello se había graduado con las mayores notas y ahora era uno de los más codiciados arquitectos de todo el Reino Unido y América donde tenía las filiales de su empresa, puesto que había diseñado casas de ensueño que aparecían en las revistas tanto muggle como mágicas… y ahora estaba allí en su minúscula sala, diciendo que era "tan agradable".
-¿Qué te parece si te sientas, te quitas los zapatos, y me dejas que te traiga algo para esa fiebre? Parece que te vas a caer en cualquier momento.
Hermione no estaba en condiciones para discutir. Se lanzo al sofá antes de que Draco terminara de hablar, se quito los suaves mocasines de cuero, flexiono los pies y se soltó su hermosa cabellera.
Por un momento, Draco se quedo clavado contemplando aquel cabello largo y sedoso (que increíble cómo le cambio la textura del cabello), pensaba el rubio, tuvo que obligarse a dar la vuelta y salir de allí, poner distancia entre ambo, porque su deseo de tocarla era imperante, que casi lo dominaba.
-La cocina esta al final del pasillo. Hay pociones y medicinas en el armario que esta sobre la nevera. -decía Hermione sin importar nada de que viera el chico ya en su casa.
Una vez dentro de la compacta cocina, con sus muebles de pino y el suelo de terracota, Draco encontró rápidamente el armario pero no había una buena pócima para el resfriado, por lo que tuvo que tomar una pastillas, menos mal que ya sabía de esas cosas, para diferenciarlas y sabe cual eran buenas para el resfriado y cual no, lleno un vaso con agua, y se quedo boquiabierto ante unos dibujos infantiles que estaban sujetos a la puerta de la nevera.
Sobre todo le llamo la atención uno con un bonito dibujo con titulo brillante en rojo que decía "Mi mama". Era un dibujo sorprendentemente bien hecho de una mujer alta y delgada con un largo cabello negro, rasgados ojos miel, y carnosa boca roja. Durante un rato, Draco se quedo ahí, tratando de asimilar el impacto de que Hermione era madre. Lógicamente ese hijo tendría un padre, ¿tal vez el novio "la persona favorita" de Hermione? ¿O el niño era fruto de una relación anterior que él no recordaba? Sabía que no tenía derecho a sentirse celoso o enfadado, pero era precisamente así que se sentía.
Con un nudo en la garganta, Draco regreso a la sala. Hermione estaba tumbada en el sofá, con la cabeza apoyada en unos cojines aterciopelados, los ojos cerrados y el pecho inexplicablemente tenso. Draco sintió que necesitaba tiempo para hacerse a la idea de que una relación con ella, aparte de la profesional, estaba ahora fuera de toda discusión. Aunque la deseaba enormemente, no iba a romper una relación solida, sobre todo cuando hay un hijo de por medio.
Sintiendo su presencia Hermione abrió los ojos.
-¡Lo has encontrado! Gracias.- sentándose con dificultad se tomo las pastillas con un buen trago de agua.
-Tu casa está muy ordenada.- murmuro Draco.- es fácil, encontrar las cosas. ¿Por qué no me dijiste que tenías un hijo?
Hermione sentía que la cabeza le daba vueltas. La cocina claro… debía de haber visto los dibujos de Scarlett, que se encontraban pegados en la nevera. En fin fijando la mirada febril en el rostro serio pero atractivo de Draco, Hermione decidió que debía de ser franca con él, dadas las circunstancia ¿podía hacer otra cosa?, peor para él si no le gustaba lo que iba a oír. Ella no le había pedido que la llevara a casa, y, desde luego no lo había invitado a entrar.
-Nunca me lo preguntaste, así que yo no te dije nada.
Se humedeció aquellos labios carnosos, con su lengua, y Draco se contuvo antes aquel inocente gesto, mucho mejor de lo que hubiera creído nunca. Desabrochándose la chaqueta, se sentó, acomodándose en el sillón, con todas las células en tensión por que la deseaba salvajemente. Aunque tuviese fiebre, aunque tuviese un hijo, aunque probablemente tuviera una relación estable… nada de aquello disminuía su apasionada atracción ni un poco.
-Se llama Scarlett, y tiene cinco años. No había hablado de ella porque no quería darte otro argumento más para que pensaras, que mi dedicación al trabajo era menor de la que debería de ser. ¿Recuerdas la mañana en que me encontraste dormida sobre mi mesa? Había estado toda la noche despierta, cuidándola porque estaba con gripe;por eso estaba tan cansada. Ahora ya lo sabes.
Los ojos de Draco se fueron abriendo según procesaba lo que acaba de oír.
-¿Has dicho Scarlett? ¿Era ella la "persona favorita" que me mencionaste el otro día?
Suspirando pesadamente, Hermione se peino el cabello con la mano, despertando en Draco el deseo de hacerlo él. Pero había un toque de resentimiento en aquel suspiro que le indico que no se sentía muy bien explicándole las circunstancias de su vida.
-Pues claro, ¿Qué otra persona seria?
-¿Y su padre? ¿Está trabajando?
-No tengo ni idea. Tenemos suerte de que no quiera ni vernos.
-¿estás separada?
Draco no podía negar la luz de esperanza que le recorría el cuerpo a toda velocidad.
-Divorciada, desde hace 4 años- sentencio y lanzo un suspiro.- bien, ahora ya sabes todo de mí.
Sus ojos brillaron de nuevo con un toque de resentimiento, pero esta vez Draco estaba más preparado para enfrentarse a ello.
-Todo no. ¿Por qué te separaste?
Hermione emitió un ligero sonido de exasperación, y Draco se imagino que, si no estuviese tan mal, en aquel momento le habría pedido que se marchara de su casa. Sabía que estaba aprovechándose del momento, y que un caballero dejaría aquel tipo de preguntas para otro momento más adecuado, pero se alegraba de que Hermione estuviera demasiado indispuesta para pensar en echarlo.
-Es algo privado Draco.
Cruzándose de brazos Hermione deseo que se marchara. ¿Por qué seguía ahí, agobiándola con aquellas preguntas, cuando lo que ella deseaba era tumbarse en el sofá y dormir? Ronald había sido un completo canalla, pero eso no se lo iba a contar a su jefe. Además en estos casos, los hombres se solidarizaban entre ellos, y seguramente Draco pensaría que el fallo lo había cometido ella, y la verdad ya estaba harta de sentirse juzgada y no quería exponerse a más críticas.
-Tener hijos no es ni de lejos un motivo de despido Hermione. Si mis empleados demuestran que tienen una cierta dedicación al trabajo, y nos e aprovechan, yo entiendo que necesiten tiempo para cuidar a sus hijos cuando están enfermos o para ir a una obra de colegio. Yo no soy un hombre de familia, pero no soy tan cerrado como para no darme cuenta que la gente tiene una vida fuera de la empresa. Y de paso ¿Dónde está tu hija?
-En casa con mi madre. Duerme allí una vez a la semana.
A pesar de no querer mostrarse vulnerable ante Draco, Hermione se acomodo un poco más en el sofá ya que estaba cansada, si Draco quería que fuese a trabajar mana tendría que dejarla descansar por lo menos doce horas y no seguir con el interrogatorio.
Para cuando Draco se pudo de pie, se paso la mano por el cabello y se aflojo la corbata, Hermione se había quedado profundamente dormida. Después de buscar en la habitación, encontró una manta de lana y arropo a la chica. Antes, había protestado por que la llamo niña, pero ahora, contemplando su rostro angelical, a Draco le pareció una niña que necesitaba que la cuidaran y la mimaran.
Draco no entendí por qué no salía corriendo con todo aquello. El siempre había vivido del momento con mujeres de todo tipo que sabía lo que querían en la vida y no era precisamente una vida hogareña con niños. Pero tener una reputación de playboy no era nada bueno como parecía. "cambias de novia como de camisa" le había dicho una vez su mama, pero él no veía por que debía tener remordimientos, si todos eran adultos y sabían lo que había desde el principio. El siempre les había dejado claro que no quería relaciones largas, duraderas, ni ataduras y ellas solían aceptar sus condiciones.
Sintió un vacio en el pecho al observar de nuevo a Hermione, era evidente que, si estaba divorciada, era porque no había obtenido lo que quería. ¿Habría habido un momento en el que creyó que la felicidad duraría siempre? Draco noto que la idea de que un hombre hubiese roto sus sueños de juventud lo alteraban. A pesar de su aversión al matrimonio, se sentía como si todo el género masculino le hubiera fallado.