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¡¡¡En la cama con mi jefe!!! — capítulo 8
Bueno chicos, despues de mis pequeñas vacaciones ya regrese con un capitulo un poco corto pero es el que me ingenie mientras estaba en la playa... espero que lo disfruten como lo hice yo al escribirlo. Espero en la noche despues de clases pueda subir el otro que llevo por la mitad, tengan paciencia la cosa se pondra buena en los proximos dos capitulos.
Gracias a todos lo que han leido y seguido mi historia.... ahora sin mas chachara a leer
Deja que te ayude.
Hermione se despertó del sueño y, al estirarse, sintió que cada uno de sus huesos y músculos le dolían,algo suave le rozaba la cara. Abrió los ojos en la semioscuridad y se retiro la manta con pánico: no recordaba haberse cubierto con ella antes de quedarse dormida. ¿Y Draco? ¿Hace cuanto se habría marchado? ¿Y qué le había dicho ella al despedirse? Esperaba que no hubiese sido nada de lo que luego pudiese arrepentirse.
Sentándose, se dio cuenta que tenia la boca seca y necesitaba algo para tomar, coloco los pies en el suelo, deseando no sentirse tan mareada y sofocada, tratando de coordinar su cerebro con sus extremidades.
-Espera, deja que te ayude.
El tomo grave de la voz de Draco acudiendo hacia ella en aquella habitación a oscuras paralizo a Hermione. Se quedo mirando su mano, que la sujeto por la axila, lo que supuso un impulso y un apoyo. ¿Qué estaba haciendo allí? ¿Y qué hora era, por Merlín? Se dio cuenta que Draco se había quitado la chaqueta y la corbata, y un sedoso mechón de cabello rubio le cayó sobre la cara al ayudarla.
-¿A dónde quieres ir?-pregunto preocupado.
-Al baño, pero no te preocupes puedo… puedo ir sola.
-Estas ardiendo.-replico Draco de inmediato, le coloco la mano en la frente, aparto su flequillo y le tomo la temperatura.- tan pronto como te ayude a salir del baño, sugiero que te vayas a la cama. Tendrás que enseñarme donde queda tu dormitorio.
Hermione se sentía como niña chiquita, tratando de caminar por primera vez, por intentar mantenerse en pie y hacer funcionar sus piernas. Cuando tropezó Draco la sostuvo, y Hermione quiso llorar porque se sentía muy débil y todo indicaba que necesitaba su ayuda.
-No deberías de estar aquí.-murmuro débilmente, tratando de contener las lágrimas.- ¿Por qué te has quedado?
-Simple, porque me necesitas.
Era tan simple como aquello. No hizo más falta ninguna explicación. Pero revivió viejos recuerdos. Cuando vivía con Ronald, el no se había quedado despierto ni una sola vez cuando ella estuvo enferma, ni cuando realmente lo necesito sin contar que Ronald había terminando siendo medimago.
Dando un suspiro de resignación, Hermione permitió a Draco que la ayudara a llegar al baño.
Después de insistir en que dejara la puerta entreabierta para que pudiese llamarlo sin necesitaba de su ayuda, Draco se apoyo en la pared del pasillo, deseando haber insistido un poco mas de que ella hubiese vuelto a casa antes. Ahora lo menos que podía hacer era asegurarse de que todo estaba a su gusto. La arroparía, comprobaría que tenía suficiente agua para beber, le daría otras pociones para la gripe antes de que se volviera a dormir, luego pasaría la noche en uno de aquellos sofás enfundados en seda y esperaría a ver como amanecía al día siguiente.
A Hermione seguramente no le gustarían sus planes, pero no estaba en condiciones para protestar, pensó Draco. Enfrentarse al carácter de Hermione, era un riesgo que estaba dispuesto a correr, con tal de quedarse tranquilo sabiendo que ella estaba bien.
-ya he terminado.-indico Hermione al borde de la puerta del baño a la cual se sostenía.
-¿Dónde está tu dormitorio?
-Apuesto a que le preguntas lo mismo a todas las chicas- bromeo Hermione, presa de la fiebre. Pero deseo no haber dicho nada al observar el seño fruncido de Draco de manera de desaprobación.
-Prefiero que mis mujeres estén en pleno uso de sus facultades antes de que las cosas lleguen a este punto, cielo.-contesto, arrastrando las palabras.
A Hermione se le erizo el vello de la nuca. ¿Qué le pasaba?, ¿Por qué estaba a la defensiva con aquel hombre?
-no intentaba… flirtear contigo.
Se volvió para marcharse, y casi se murió de un susto cuando Draco la agarro de la cintura y la atrajo hacia sí. Se quedo mirándolo, ardiendo de fiebre y con las piernas temblando, totalmente incapaz de aparatar su mirada de aquellos cautivadores ojos grises.
-¿crees que te hubiese rechazado si lo hubieses hecho? Incluso en tu lamentable estado actual, te deseo como no tengo derecho a hacerlo. Y ahora cambiemos de tema, antes de que se me olvide que soy un caballero.
Una vez dentro del cuarto de Hermione, Draco echo las cortinas amarillo claro y tomo aire para tranquilizarse. Al entrar había dejado sentada a Hermione al borde de su cama antigua de bronce, luchando para quitarse la chaqueta, mientras él se esforzaba por no mirar e imaginarse que se estaba desnudando para él.
Draco también ardía en fiebre, pero no era precisamente por estar enfermo. Estar en el dormitorio de Hermione era increíblemente más erótico que cualquier fantasía que hubiera podido imaginarse. La habitación era muy femenina, lo que sensibilizaba más a Draco sobre su propia masculinidad. Las mujeres con la que salía habitualmente preferían un estilo normal en sus habitaciones, pero la de Hermione era un seductor asalto a los sentidos: estaba poblada de aromas eróticos, como el sándalo, y algo más exótico y dulce que no podía identificar, y todo lo que podía contemplar era un regalo para la vista.
En una de las esquinas había un tocador forrado de muselina blanca, repleto de frasco de perfume y con un juego de cepillos y peines de plata. Una alfombra color oro pálido la cual cubría el suelo, y junto a la cama había otra más pequeña con un motivo oriental, del centro del techo colgaba una lámpara antigua de bronce decorada con cristales en forma de lagrimas. Pero, sin duda, la cama era lo que más le llamaba la atención, y la imagen de Hermione en ella era más que un sueño. Aquellas sabanas de un virginal hilo blanco contrastaban profundamente con el azabache de su pelo, advirtió Draco (que bien le quedaba ese tono), y su calentura aumento al imaginarse haciéndole el amor en aquella cama, con sus cabellos negros esparcidos sobre la almohada.
-¿Puedo meterme ya a la cama?
Abrió las sabanas blancas y, mientras se arrastraba bajo ellas, Draco atravesó la habitación y se coloco al lado de la cama, tratando de adoptar una postura que disimulara el enorme deseo que lo poseía en esos instantes.
-Todavía llevas la ropa puesta.- le recordó, con una expresión severa.- ¿Dónde están tus camisones o tus pijamas?
Se quedo mirándola, casi esperando que se sacara un largo camisón victoriano de encaje de debajo de su almohada.
-me encuentro demasiado enferma como para cambiarme.-protesto.
En realidad no tenia ningunas ganas de cambiarse con el allí observándola de esa manera.
-por la mañana lo lamentaras.
-de acuerdo, entonces déjame sola para poder cambiarme.
Intentaba colocar los pies en el suelo, cuando Draco le dio un pequeño empujón para que volviera a tumbarse en la cama.
-¿Dónde está tu ropa?, te la voy a traer.
Señalando con la cabeza hacia los armarios victorianos al otro lado de la habitación. Hermione contesto:
-Están en el tercer cajón.
Era cierto, pensó Draco maravillado, con un pijama de seda rojo en las manos. Era tan suave que parecía agua escapando de sus dedos. El deseo se agolpo salvajemente en su ingle y, durante unos segundos, no se movió, tratando de calmarse. Hermione dormía con un pijama de seda rojo, ¿acaso trataba de torturarlo?
-Póntelo.- le ordeno ásperamente, lanzándoselo.- esperare afuera. Y sin más salió de esa habitación con mucho… mucho calor.