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Historia 114880 — capítulo 1
Una chica baja por una calle sujetando una bolsa de plástico con un pan dentro. Mientras va diciendo en voz alta:
-¿Por qué yo?...bien que podía haber ido Juan…no tengo que ser yo…no puedo tener ni un momento libre…si es que se está volviendo loca…agh - resoplo y llego ante una puerta.
Le pareció oír un ruido y al levantar la mirada vio a un gato mirarla severamente desde una tapia. Estaba tan tieso que parecía una estatua.
- Mmm…me recuerdas a alguien… - intento acariciarla pero no llegaba - ¿Me has oído, gatita? No me mires así, es que pierdo los nervios fácilmente… ¿a quién me recuerdas? - le pareció oír un ruido y vio una sombra en el suelo. Al darse la vuelta vio a un perro negro que le miraba divertido - Hola, perrito, ¿no tienes dueño?, pobrecito… - le acaricio un poco más y luego se incorporó - bueno yo me tengo que ir, adiós perrito - le dijo mientras abría la puerta.
Se dio la vuelta para despedirse de la gata pero no había nadie en la tapia. Entrecerró los ojos y entro en la casa mirando el lugar donde había estado la gata. Cuando se dio la vuelta dio un salto al ver a la gata enfrente de ella.
-¿Y tú cuando has entrado aquí? ¿Y qué es lo que tienes en la boca? - se agacho para coger el palo que sostenía. En el momento en que sus dedos rozaron la varita noto un súbito calor - uf, que calor - examino por encima la varita. Mmm, me recuerda a las varitas de Harry Potter.
Miro a la gata, pero no había nadie allí. Sacudió la cabeza confusa y entro en la casa. Dejo el pan que había comprado y las llaves en la mesa de la cocina y subió distraída a su cuarto. Dejo la varita y se cambió de ropa. Luego cogió la varita nuevamente y la examino más de cerca. La madera era rojiza y estaba bien cuidada. No era muy larga y tenía unas inscripciones extrañas en un lateral. Era bastante bonita y a ella le gusto. Se la quedó mirándola otro poco más y luego dirigió la vista a su mesa. Se acercó lentamente a la mesa donde había varios lápices esparcidos por ella. Dudo un poco y apunto a uno de los lápices.
-Definitivamente estoy loca… ¡¿Pero que estoy haciendo?! ¡Por favor, Paula, la magia no existe! ¡¡Estas totalmente loca¡¡ - bajo la mano dudosa - aunque…nadie me va a ver…si no funciona, que no lo hará…nadie lo sabrá y no tendrán por qué saberlo…solo lo sabré yo…pero…- suspiro profundamente- ¡Ay, qué más da! ¡¡Solo lo sabré yo!! - cogió firmemente la varita y trago saliva - ¡wingardium leviosa!- dijo alto y claro, sin esperar nada en absoluto.