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Corazón de bruja — capítulo 1
Hermione miraba por la ventana de su compartimento. Tenía la cara pegada al cristal, como si fuera una niña pequeña. Pero aquel gesto, lejos de hacerla más infantil, le daba un aire tierno y dulce. Las cosas estaban cambiando muy deprisa del año pasado a este. En quinto habían vivido mil aventuras; se habían entrenado para la lucha, habían descubierto la sala de los menesteres, se habían fugado del colegio para ir al ministerio en busca del Señor Oscuro, se habían enfrentado a Dolores Umbridge,… en fin, un año muy ajetreado pero… ¿y este curso? ¿Qué nuevas y estremecedoras aventuras les iban a suceder? Hermione se acurrucó más en su asiento, sin despegar el rostro del cristal. Veía las casas y los árboles pasar a gran velocidad a su derecha, emborronados, apenas distinguiendo los colores. Miró a sus amigos. Harry y Ron estaban sentados en el sillón de enfrente, comiendo grageas y enseñándose sus cromos de ranas de chocolate. Parecían divertirse. La leona sonrió un poco. Daba igual lo que pasara ese año, mientras estuviera con sus dos mejores amigos nada podía salir mal, al menos, eso pensaba.
-Voy a ponerme la túnica - anunció al fin, levantándose y abandonando la ventana - Y vosotros deberíais hacer lo mismo; estamos a punto de llegar.
-Si - respondió Harry sin escucharla realmente. Estaban concentrados en los cromos - Mira, tengo el de Paracelsus. Supera eso - dijo el ojiverde dirigiéndose al pelirrojo.
Hermione puso los ojos en blanco.
-Chicos - dijo suspirando y alzando las manos al aire - ¿Quién los entiende? - y salió del compartimento.
Mientras recorría el pasillo no encontró muchas caras conocidas, pero sí que observó que algunos chicos la observaban desde sus vagones. Les devolvió la mirada, extrañada y continuó adelante.
El baño estaba al final de pasillo. Vacío, tal como ella esperaba - muchas de las chicas se cambiaban en el mismo vagón, pero sólo aquellas que no lo compartieran con chicos. No era su caso - y se metió en el primer cubículo. No tardó mucho en embutarse las finas medias y las pequeñas botas oscuras que se había comprado cuando, de repente, oyó un ruido. La leona se irguió sobresaltada y escuchó. Pero no oyó ningún otro ruido, así que continuó vistiéndose. Primero la falda gris a cuadros, luego el polo blanco y el jersey negro. Una sombra se movió a su derecha. La castaña dio un salto y se quedó quieta. ¿Qué había sido eso?
-¿Hay alguien? - preguntó al aire, pensando que tal vez no fuera la única chica en cambiarse a esas horas - ¿Hola? - no hubo respuesta.
Al principio se asustó, pero se obligó a tranquilizarse inmediatamente. Empleando el uso de la fría lógica, no podía haber nadie allí y, si lo había, no podía ser más que otra alumna; tranquila e inofensiva como otra cualquiera. Recogió sus cosas y salió del cubículo para dirigirse al espejo. Colocó las manos bajo el grifo y se llevó un poco de agua a la cara. Miró su reflejo. Ginny tenía razón; estaba cambiando. Ahora estaba…¿guapa? Toda su vida se había convencido a sí misma de que, a pesar de no ser fea, no era nada del otro mundo. Intentaba no hacerse sufrir a sí misma. Ya le bastaban los insultos y los motes que sus compañeros de Slytherin se encargaban de colocarle. Tales como empollona, comelibros, sabelotodo, pelo escoba o simplemente, sangre sucia. Ese sin duda era el peor de todos y no se lo debía más que al ingenio de Malfoy. ¡Malfoy! - entrecerró los ojos pensando en él, enfadada. Cada año se metía con ella. Cada vez un poco más; más peleas, más insultos, más desastres. Pero esta vez iba a ser diferente. No se limitaría a contestarle. Este año quería conseguir que se dejara de meter con ella, que todos los Slytherin dejaran de meterla en líos, fuera como fuera.
Envuelta en esos pensamientos, una sombra apareció a su espalda. Se giró de inmediato, sobresaltada.
-¿Quién anda ahí? - buscaba su varita a tientas en el bolsillo, pero no atinaba a meter la mano - Si es una broma, no tiene gracia.
Un nuevo ruido salió de uno de los cubículos y volvió a ver una sombra, rápida como el rayo.
-¡Ah! - gritó débilmente. Estaba prácticamente paralizada. ¿Qué sería esa cosa? No tenía mucha pinta de ser un alumno.
Miró a todos lados, pero la misteriosa silueta había vuelto a desaparecer. Recogió sus cosas y salió deprisa del cuarto de baño, sin dejar de mirar atrás por si la sombra la seguía.
-¡¡Auch!! - se chocó contra alguien - ¡Ten más cuidado!
-Lo siento - se disculpó sinceramente la castaña, girándose para ver a quién había golpeado - Ah, eres tú, Malfoy.
El rubio estaba justo en frente de ella. Aún no se había puesto la túnica y llevaba ropa de calle. Vestía unos vaqueros grises largos y una camisa blanca de manga larga con un dragón negro bordado a un lado. Su pelo rubio estaba algo más largo que el año pasado y, en lugar de peinárselo hacia atrás, como siempre había hecho, este año lo dejaba caer tranquilo y natural sobre su cabeza, dándole un aire desenfadado, sin la severidad de siempre. Hermione se dio cuenta de este gran cambio y lo contemplaba absorta.
-¿De qué vas? - el platinado también la había estado mirando de arriba abajo, pero su mirada, más que de asombro, era de un tono acusador.
La castaña salió de su ensoñación.
-Perdona, ¿qué?
-¿Que qué haces? ¿Te parece normal ir corriendo así por el pasillo?
-Mmm… - Sopesó la posibilidad de contarle lo de la sombra, pero estaban hablando de Malfoy, así que lo más seguro es que se burlara de ella y conseguir ganarse la fama de gallina o algo peor, así que decidió callarse - Corro porque tengo prisa - dijo simplemente.
-¿Para qué? ¿Te vas con tus amiguitos; el zanahorio y el cara-cortada? Pues divertíos - y sonrió de forma maliciosa.
-¿Te importaría dejar de insultar a mis amigos? ¡Yo no me dedico a poner motes a los tuyos! - la castaña estaba cada vez más enfadada. ¿Qué podía hacer para que la dejara en paz?
De repente, las luces del tren se apagaron, pero no se detuvo. Hermione se puso tensa y apretó su ropa contra el pecho. ¿Y si aquella cosa volvía? No podía ni imaginárselo. Se echó hacia atrás y se pegó a la pared, sin atreverse siquiera a moverse.
-¡Ay! - exclamó el rubio - ¡Me has pisado!
-Lo siento - aunque realmente, no lo sentía.
-¡¿Pero qué narices te pasa hoy, Granger?! ¡Ni que hubieras visto un fantasma! - el chico también se estaba enfadando. En ese instante no reconocía a la Gryffindor. La chica parecía sentir…¿miedo? ¿Pero qué le ocurría?
No pudo cavilar mucho más, pues oyeron un ruido muy cerca de ellos y ambos se sobresaltaron. Escudriñaron la oscuridad en busca del motivo y posaron sus ojos en el lugar del que parecía proceder el sonido. Girando una esquina, una figura oscura, negra como la noche, avanzaba con lentitud. No era muy alta, más bien tendría la altura de un niño de mediana estatura. Caminaba algo encorvada y sus pisadas eran algo indecisas. La respiración de los chicos se aceleró. La sombra se estaba parando. Se quedó quieta unos instantes, como si alguien le hubiera desconectado un interruptor. Malfoy dio un paso hacia el misterioso individuo. Seguía sin moverse y, de repente, giró el rostro hacia el Sytherin.
-¡Ah! - el rubio retrocedió y la leona le agarró la mano, aterrorizada.
La silueta empezó a caminar hacia ellos, lentamente. Se podían oír sus respiraciones irregulares.
-No te muevas - le susurró el platinado a la castaña. Ésta obedeció y se apretaron contra la pared.
Cuando estaba tan sólo a unos pasos de ellos, se detuvo. Se oían pisadas de fondo. La figura miró al frente y se marchó con rapidez.
Los jóvenes permanecieron en silencio unos minutos más, sin moverse, conteniendo la respiración. Al momento, se encendieron las luces.
Granger y Malfoy se miraron un instante, como queriendo comprobar en los ojos del otro que era real lo que habían visto, que no había sido ningún sueño. Descendieron la vista hacia sus manos; Hermione aún se la cogía con fuerza. Al darse cuenta, la retiraron en seguida.
-Hermione, ¿estás bien? - Ron acababa de llegar al pasillo - Se han ido las luces y como no volvías… - se excusó. Se le veía alegre de haber encontrado a su amiga.
-Em… sí. Estoy bien. No te preocupes - afirmó la castaña.
-Malfoy - saludó el pelirrojo haciendo una ligera inclinación de cabeza, aunque con cara de asco.
-Weasley - Draco le devolvió la misma mirada cargada de rivalidad.
-Venga, Hermione, volvamos - y comenzó a andar seguido de la castaña.
Cuando el pelirrojo llevaba ya unos pasos de ventaja, el rubio agarró la manga de la leona.
-Espera - le susurró para que nadie pudiera oírlos - Que esto quede entre nosotros.
La leona no tenía muy claro de si se estaba refiriendo a lo de la sombra o a que se habían cogido la mano. De todas formas asintió, mirándolo fijamente.
-De acuerdo - aceptó. El rubio le soltó la manga y la chica se alejó caminando.
Las cosas no habían empezado muy bien ese curso, por desgracia para los deseos de Hermione pero, lo que la castaña no sabía es que esa tarde, las cosas…acababan de cambiar…
Buenos días. Este es mi segundo fic y espero que os guste mucho. Es una mezcla entre Harrione y Dramione e incluso de otros toques. Para los que ya me conocéis del otro fic, os agradezco sinceramente que hayáis agregado mi nueva historia y que aún me sigáis en Potterfics. Significa mucho para mí =D y para los que sea la primera vez que leen algo mío, os invito a leer "**Draco y Hermione, uno la razón, ¿quién el corazón? "**Está casi terminada y seguro que os gustará bastante más que esta. Podéis encontrarla fácilmente en mi perfil.
Gracias de nuevo a todos los que leéis historias de Harry Potter. Sin vosotros, nada de esto sería posible. Besos,
Diana Sparrow