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The love of Albus Severus Potter — capítulo 5
Capítulo IV
-Secret love-
"El amor, como ciego que es, no le permite a los amantes ver las divertidas tonterías que cometen…"
Se lo había visto venir, desde que Albus entró a la sala común y le dedicó una leve sonrisa.
Ese fue su primer error, sonreír, Albus nunca sonreía luego de una discusión.
El segundo error fue acercarse a ella con delicadeza, y pedirle que lo acompañara a dar un paso.
El tercer error fue no besarla.
Lo sabía, desde el momento en que él se fue supo que algo andaba mal. Aunque, si se ponía a pensarlo siempre lo había sabido, pero, como ciega que fue prefirió negarlo.
Y en ese momento las palabras de Albus la helaron como si fueran una ráfaga de viento polar.
No. Él no podía estar diciendo algo así. No podía.
Sonrió de lado, tragando las lágrimas que querían escabullirse por sus ojos. Ella no lloraba.
-¿Y crees que todo es así de fácil, Potter?-Preguntó alzando una ceja.
Él la miró sin comprender y ella sonrió nuevamente, llena de maldad, de dolor.
-No puedes venir y simplemente decir "Lo siento, Alice, pero esto no funciona"-Imitó sus palabras, cargada de sarcasmo.
-Pero eso es lo que pasa-Albus estaba serio, tan serio como ella nunca lo había visto.
Se acercó con lentitud, dejando que el viento moviera su falda rebelando más piel de la que debería. Pero él no se inmuto.
-No entiendes-Susurró seductoramente, contra los labios del morocho.
-¿Qué es lo que no entiendo?-Protestó Albus, demasiado confuso como para notar la cercanía de la chica.
Ella hizo un movimiento con la mano, como restándole importancia y luego mordió el labio inferior de Albus. Sonrió seductora una vez más pero él se alejó precipitadamente.
-No Alice-Dijo, serio, casi enojado.
Ella parpadeó, atónita. Nunca la habían rechazado, ningún chico se había resistido a sus encantos, hasta ese día.
Apretó los puños con fuerza, le lanzó una mirada envenenada al chico que seguía allí, como si estuviera paralizado.
Albus la observó de reojo, como si esperara otra acción, quizás un grito desesperado o un mar de lágrimas. Pero eso nunca llegó.
Alice soltó una risita irónica, tapando el dolor que sentía.
-¿Sabes?-Preguntó-Siempre supe que eras demasiado blandito para mi-Terminó, llena de veneno pero con el orgullo en alto. Sonrió de lado y se volteó dejando que la falda danzara por unos segundos en el aire.
[…]
Todavía se negaba a creer que lo ocurrido en la torre de astronomía pasara de eso. Un sueño, hermoso si, pero un sueño al fin y al cabo.
Esperaba ver a Albus y Alice en cualquier pasillo besándose, como tantas veces los había visto con anterioridad. Pero eso nunca ocurrió.
Apretó los pesados libros contra su pecho mientras se dirigía a Transformaciones luego de dos horas de Artimancia. Si bien su asignatura preferida era sin dudas Encantamientos, no negaba la devoción que sentía por Transformaciones ni tampoco que le encantaba la profesora McGonagall.
Entró al aula que aún permanecía vacía, quizás fuera demasiado temprano pero ese día no le apetecía esperar en el pasillo. Sacó un royo de pergaminos y su pluma especial, una color azul con detalles en bronce que le había regalado su padre. Destapó el tarro de tintas de todos los colores que James le había enviado hacía tan solo unos días y comenzó a garabatear, dibujando pequeñas runas.
<>, lo extrañaba, ese era el primer año que estaba en Hogwarts sin él y a pesar de que los primeros años solo era el hermano mayor de Albus poco a poco comenzaron a llevarse mejor hasta que el chico se convirtió en su hermano mayor. Siempre había querido tener un hermano mayor, no es que Frank estuviera mal pero era demasiado pequeño y ella quería alguien con quien sentirse protegida. James fue esa persona, sin dudas lo protector estaba en la sangre del chico.
La campana sonó, indicando el comienzo de las clases y la profesora entró al aula seguida de un enjambre de alumnos que hablaban animadamente entre ellos. Siguió garabateando distraídamente hasta que un carraspeo escapó de los labios de la profesora, guardó el pergamino en su bolso y dejó la pluma sobre el banco, volviendo la mirada al frente.
-Buenos días, alumnos-Saludó animadamente Minerva McGonagall.
Paz sintió como a su lado una chica de Huffelpuff con la que había hablado algunas veces anteriormente le tocaba la mano con discreción. Se volteó apenas y la castaña dejó un pequeño papelito sobre la palma de su mano.
¿Quién le pasaba un papel a ella en medio de una clase?
Y la respuesta llegó al instante. Solo había dos personas capaces de hacer algo así, y solo una de ellas estaba en esa aula.
[…]
No debía estar nerviosa, no tenía motivos para estarlo. Pero aun así, lo estaba.
-Hola-Murmuró una voz que conocía a la perfección a sus espaladas, provocándole un leve sobresalto.
Se volteó mirando al chico con reproche pero al ver que sus ojos color verde esmeralda habían perdido ese brillo que tanto los caracterizaba no pudo decir nada.
<<Lo sabía>>, claro que lo sabía, sabía a que se debía esa falta de brillo en los ojos de Albus, sabía el sentido de esa nota, sabía lo que pasaría a continuación. O al menos creía saberlo.
Porque cuando él poso sus labios sobre los suyos perdió el hilo de todas sus teorías.
¿Qué estaba pasando?
Su cabeza parecía querer trabajar a mil por hora, pero el tener los labios de Albus sobre los suyos no le ayudaba a concentrarse, en absoluto.
Se apartó con delicadeza, jugueteando con los desordenados cabellos de él entre sus dedos. Se mordió el labio inferior inconscientemente, pero solo ese leve gesto sirvió para que él soltara todo lo que tenía para decir. No podía mentirle, no a ella, no otra vez.
Paz escuchó todo lo que había pasado con Alice en silencio. Se había equivocado, y no podía estar más feliz por haberlo echo.
-¿Qué vamos a hacer?-Preguntó en un susurro, él se encogió de hombros.
-No lo sé, pero no estoy dispuesto a perderte otra vez-Respondió con la voz rasposa.
Ella se mordisqueó el labio inferior, pensativa. Sabía que lo correcto sería dejar a Albus, después de todo Alice era su hermana.
Pero estaba cansada de hacer lo correcto, estaba cansada de ser la prefecta perfecta que todos esperaban y no ella misma.
Soltó un suspiro y se acercó hasta él, posó sus labios sobre los suyos y le dio un beso lento, delicado, casi tierno, un beso como ella. Y él la siguió, tomando su rostro entre sus manos, dejando que su mente se perdiera en el perfume de ella, en sus labios, en sus suaves mejillas que estaba seguro estaban sonrojadas.
-Yo tampoco estoy dispuesta a perderte-Susurró Paz.
-¿Y si nadie se enterara?, si todo siguiera como siempre a los ojos de los demás, ¿Qué pasaría?-
Ambos sabían que eso no era lo correcto, ambos sabían que su perfecto plan podría derrumbarse con un pequeño desliz. Pero…la oferta era demasiado tentadora.
-¿Amor secreto?-Indagó ella, con una sonrisa bailando en sus labios.
¡Holaaaaaaaaaa! *¿Cómo están? espero que super bien (:**Este capítulo no es de los que más me gustan, de hecho creo que es el que menos de todos...pero bueno...había que ponerlo.Lo que me gusta es que Paz está cada vez más despierta, y de a poco esa nena inocente se va yendo...y eso me gusta ^^¿Qué más decirles?**Creo que nada (:*Muuuchos besos,PazP.D: Próximo capítulo: "I hate you"