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Hogwarts: Desde otra mirada. — capítulo 3
Laura despertó con uno de esos sobresaltos que se tienen entre sueños, por cosas que al despertar uno no recuerda.
Los rayos de luz que se filtraban por la ventana apenas empezaban a brillar, lo primero que se le vino a la mente fue que tenía que mandar una carta a casa para contarle a su familia lo de su selección; se vistió en silencio mientras Dranzer se acomodaba nuevamente sobre las frazadas. Laura trataba de no hacer ruido pues sus compañeras seguían durmiendo, se podían escuchar sus respiraciones acompasadas en las otras camas adoseladas.
Finalmente abrió su baúl y sacó un pergamino, luego buscó una pluma y tinta, terminó sacando todo el contenido del baúl y al fondo encontró una caja de grajeas Berttie Bott pero ni rastro de lo que buscaba.
Bajó a la sala común algo molesta consigo misma y su memoria olvidadiza, estaba dispuesta a pedirle una pluma al primero que viera, decidida se sentó en una butaca cerca de la chimenea apagada, sin percatarse de que cerca de la ventana había una persona.
-Hola- saludó una voz que reconoció como la de Colin Creveey, estaba oculto entre las sombras del cortinaje y apenas si se alcanzaba a distinguir su figura.
-Hola- respondió Laura -¿qué haces despierto tan temprano?
-No podía dormir más- dijo Colin -estoy… nervioso…- confesó.
-¿Nervioso? ¿Por qué?
Colin dudó si contarle a Laura o no, pero al final pareció convencido por el rostro seriamente interesado de la chica.
-Bueno, es que… antes de la profesora Burbage llegara a mi casa para decirme que era mago, yo no sabía que los accidentes que pasaban cuando me encontraba asustado o enfadado eran magia. Mi visita al Callejón Diagon fue el primer contacto que tuve con el mundo mágico y mi varita quedó guardada en el baúl después de comprarla- contó Colin saliendo de las sombras, se veía realmente preocupado.
-Ya entiendo- dijo Laura con una sonrisa que desconcertó a Colin -¿temes ser el último de la clase? Mira, eso no será así, la mayoría de nosotros no ha tenido una instrucción mágica previa, algunos crecimos en el mundo mágico, sí, pero no podemos hacer hechizos ni encantamientos porque nuestra varita la compramos a los 11 años, lo más cerca que podemos estar de un hechizo es cuando nuestros padres lo hacen; mi papá es muggle y yo aprendí lo básico en escuelas muggles, leer, escribir, sumar, restar, historia muggle. Así que te digo que ni los de padres magos tenemos gran ventaja, además, muchos hijos de muggles aprenden rápido en Hogwarts y destacan. Si quieres, yo te enseñaré todo lo que pueda de nuestro mundo- se ofreció Laura alegre, Colin sonrió aliviado y su buen humor regresó. -Primero te enseñaré a comer dulces mágicos, empezamos con estas pepas, toma, ya me comí algunas pero quedan bastantes.
-¿Grajeas Berttie Bott de todos los sabores?- leyó Colin.
-¡Sí! Absolutamente todos, debes tener cuidado porque tiene los sabores comunes como chocolate, menta, tostada, pero también col, hígado, a mi una vez me tocó una de calcetín sucio ¡giack! Fue asqueroso- dijo Laura torciendo el gesto -un conocido dice que una vez encontró una con sabor a jugo fétido de mimbulus mimbletonia (una planta que parece riñón), aunque la verdad no estoy muy segura, había pateado a mi gato y yo me molesté mucho así que llevé la planta a su cuarto y la piqué para que empapara todo de su jugo, un poco pudo caer en su caja de pepas.
Laura y Colin rieron de buena gana.
-Oye, ¿aquí donde puedo mandar el correo?- preguntó Colin llevándose a la boca la primera grajea Berttie Bott de toda su vida -mmm ¡cajeta!
-Verás Colin- dijo Laura -en nuestro mundo no existen los carteros, el correo lo mandamos por lechuza, ahora mismo iba a llevar una carta… pero olvidé mis plumas y la tinta en casa, tengo muy mala memoria.
-Te presto la mía- ofreció Colin pasándole una pluma de pavo real -ya sé que es algo extravagante pero a mi padre le gusto, yo quería una de águila pero son mas caras.
-A mi me parece que es muy bonita- exclamó Laura tomando la pluma y el frasquito de tinta que Colin le había ofrecido. Desplegó su pergamino en una mesa vieja y mullida y se puso a escribir. Durante un buen rato lo único que se escuchó fue el rasgueo de la pluma en el papel. Cuando Laura consideró que la carta era bastante larga la dobló, estaba terminando de sellarla cuando los gemelos Weasley bajaron a la sala común entre risitas.
-¡Laura!- exclamó Fred al verla -¿Dónde te metiste anoche? Íbamos a presentarte a Harry Potter y a nuestro hermano Ron, ¡ni te imaginas! Ayer llegaron al colegio volando en el coche de nuestro padre.
-¿Qué? ¿Cómo lo hicieron?- Preguntó Laura, no parecía preocupada, al contrario estaba emocionada.
Los gemelos le contaron lo que sabían mientras Colin los escuchaba también con interés y seguía comiendo pepas, George lo vio y metió la mano en la caja tomándole un montoncito que compartió con Fred.
-Nos pudieron haber invitado- dijo George con un dejo de envidia en la voz.
-Si…- apoyó Laura con voz soñadora.
-Por cierto ¿Qué hacen tú y Colin despiertos tan temprano?- preguntó Fred.
-Queremos mandar unas cartas- contestó Laura -pero ¿dónde está la lechucería?
-Los llevamos si quieren, nosotros también vamos a dejarle una carta a nuestra madre para decirle que Ginny se ha quedado en Gryffin… ¡Que linda pluma!- se interrumpió Fred con sarcasmo al ver la pluma que Laura tenía en la mano.
-¿Verdad que si?- contestó ésta sonriéndole a Fred pero en sus ojos parecía decir: "sigue burlándote y verás". Le devolvió la pluma y el tintero a Colin -gracias.
-Puedes quedártela, yo tengo dos más en mi baúl, úsala hasta que tengas las tuyas y después si quieres guárdala, o tírala.
-¿De verdad? Muchas gracias- dijo Laura guardándose la pluma con alegría autentica.
Salieron por la entrada de la Dama Gorda siguiendo a los gemelos hacia los terrenos del colegio, la mañana estaba fría y el aire les revoloteaba el cabello ligeramente.
Laura tenía el cabello negro, algo más que ondulado pero poco menos que rizado, siempre alternaba su peinado entre suelto, media coleta, una cola completa, un moño, una trenza en gajos, dos trencitas, o dos graciosas colitas que se le formaban como dos largos rizos a los lados de la cabeza, su cabello era largo hasta la cintura y solía arreglárselo con los dedos, tomaba un mechón y lo enredaba hasta formar lindos bucles, tenía la piel morena clara y los ojos castaño oscuro, con una forma almendrada y pestañas no muy largas, tenía las cejas bien delineadas, era delgada. Era bastante simpática.
Laura y Colin iban caminando detrás de los gemelos, quienes iban platicando animadamente, aún así Laura descubrió que Fred se volvía con disimulo de vez en cuando para mirarla. Ambos hermanos eran altos y de una complexión fuerte, se les notaba en la espalda si se les ponía atención, su cabello rojo les sentaba de maravilla y eran muy guapos, eso se veía a la primera.
Ginny le había hablado a Laura de ellos, sabía que eran muy revoltosos, bromistas y se metían en problemas cada dos por tres, francamente a Laura eso la hizo sentirse identificada con los gemelos, ella era igualmente traviesa, aunque siempre había sentido que le hacía falta un compañero de aventuras y al verse sola, muchas veces perdía el ánimo de hacer bromas. Ni siquiera en el colegio muggle había podido encontrar una buena mancuerna, a los chicos no les gustaba meterse en líos y huían de ella cada vez que proponía algo medianamente loco. La chica solía llevarse bien con Danna Johanson, hasta que la delató con el maestro de ciencias por dejar escapar a las ranas de la clase de disección, lo había hecho porque no le encontraba sentido a matar animales si sus órganos no iban a servir de nada, su madre al menos los usaba en pociones, pero el maestro de ciencias los arrojaría a la basura, Laura las dejó escapar en el lago del parque argumentándole a Danna que no tenia caso abrirlas si tenían corazón y tripas como ellas ¿qué mas querían ver?. Cuando el maestro enfadado interrogó a la clase, Danna no soportó la presión y descubrió a Laura, no importó lo mucho que rogara después, está no la perdonó. Para Laura lo más importante era la lealtad, si no podía confiar en alguien la amistad no tenía sentido. Por eso en cierta parte envidiaba a Fred y a George, porque podían confiar ciegamente el uno en otro.
Una tos extraña sacó a Laura de sus pensamientos, Colin, que había ido todo el camino comiendo pepas, se había encontrado por fin el primer sabor desagradable, una grajea de color rojo oscuro estaba en el suelo medio masticada y húmeda.
-¡S-sangre!- dijo mientras escupía gotitas de saliva roja.
Los gemelos se echaron a reír - esto es cuestión de valor- dijo George -no flaquear y seguir probando para ver cuántos sabores puedes encontrar.
-Yo probé una con sabor a duende una vez- intervino Fred.
Laura rio -¿has probado a algún duende para poder comparar el sabor?
-Conservo media grajea por si quieres probarla algún día.
-Si la verdad, quiero probarla, pero primero permíteme encontrar un duende que me deje darle una lamida.
Colin hizo ademan de volver a caminar y reemprendieron la marcha. George se sacó una rana de chocolate del bolsillo de la túnica y se la dio para que se le pasara el mal sabor de la boca.
Colin la tomó y la abrió.
-Que no vaya a… saltar- demasiado tarde, cuando Laura dio la advertencia era porque la ranita café se había arrojado al pasto seco, Colin se sorprendió lanzando un gritito pero se le pasó rápido y se agachó a levantarla.
-¿Te la vas a comer?- preguntó George.
-¡Claro! ¿Qué no conoces la regla de los cinco segundos?- dijo Colin mordiendo la cabeza de la rana con cierto recelo, más por el sabor que podría tener que porque se le había caído.
-Eso no fueron cinco segundos- dijo Fred.
-Cinco segundos, cinco minutos- intervino Laura -es lo mismo, además, cayó en el pasto.
-Estos chicos son increíbles- le dijo divertido George a Fred, y se enfrascaron nuevamente en su conversación.
Laura miró la espalda de Fred y recordó que Ginny le había dicho que ellos eran agradables con casi todos los chicos, pero que eran muy selectivos con sus amigos de aventuras, solo tenían uno: Lee Jordan. Pero a Laura parecían haberla aceptado muy rápido, estaba convencida de que eso era por influencia de Fred (quien parecía el cabecilla). Cuando se ofreció a ayudarla a subir su baúl en al tren de Hogwarts la miró a los ojos durante un breve momento, pero a Laura en ese instante se le detuvo el corazón, y todo su mundo se concentró en los ojos color miel que la observaban, había algo también en la mirada de Fred pero antes de que ella pudiera saber que era él desvió la vista. Laura tenía la sensación de que eso era solo el comienzo de una aventura maravillosa donde se formaría una historia.
Cuando llegaron a la lechucería cada quien escogió una lechuza (Laura le dijo a Colin como hacerlo) y cuando sus cartas estuvieron en camino regresaron al castillo para el desayuno.
Los chicos tomaron un tazón de avena y se dedicaron a el. Colin se estaba sirviendo un huevo frito cuando Ron, Hermione y Harry llegaron saludando a los gemelos y estos los presentaron con Laura, Colin ya era admirador de Harry, Laura no pudo evitar mirar fugazmente la cicatriz que el muchacho tenía en la frente, luego entablaron una conversación normal.
Cerca de los postres el techo se cubrió de manchas marrón, gris y blanco, el correo acababa de llegar.
-¡Artemisa!- exclamó Laura quitando la azucarera para que una hermosa lechuza dorada aterrizara en la mesa frente a ella, le entregó un paquete que contenía las plumas y la tinta que había olvidado en casa, con botecitos de dulce casero y una nota donde su madre le había escrito tenías que ser muggleLaura acarició a la lechuza y le dio un trozo de tocino. Artemisa emprendió el vuelo de regreso.
-¡Que hermosa!- exclamó Hermione -había escuchado que existían esas lechuzas doradas, pero nunca había visto una, son muy raras.
-Tan raras que se saltan 11 generaciones entre ejemplar y ejemplar- explicó Laura -su padre es blanco con los bordes de cada pluma dorados, en su árbol genealógico tiene algunos datos de lechuzas doradas…
La conversación se interrumpió cuando Ron desprendió un vociferadorde la pata de una lechuza. Lo siguiente que sucedió fue que la voz de la señora Weasley amplificada mágicamente riñó a Ron y Harry por haber volado en el auto del señor Weasley. Ron y Harry estaban muy apenados.
Colin desvió la atención sacando una tarjeta del empaque de rana de chocolate y preguntando -¿Qué es esto?
-Son laminas coleccionables, son más de cien, yo he empezado mi colección hace poco- respondió Laura.
Colin se quedó mirando la imagen de Andros El Invencible, cuando vio que el personaje se movía para enseñarle sus músculos desde la lamina dijo -¡que aburrida era mi vida muggle!
Más tarde cuando la profesora McGonagall pasó entregándoles sus horarios, Laura y Colin volvieron a la sala común de Gryffindor por sus mochilas, Laura puso la pluma que Colin le había regalado en un estuche transparente con una pluma de águila y una botellita de tinta negra y otra de color azul para los notas, era una tinta especial que cambiaba de entre todas las tonalidades de azul, empezaba con un azul índigo y cada letra se iba volviendo más clara hasta llegar a azul pastel y volvía a empezar, y para ser justos ella le regaló una de sus plumas de águila con lo que el muchacho quedó muy contento.
La primera clase que tenían era Historia de la Magia, allí Laura se separó de Colin y se unió a Ginny, con el profesor Binns, lo más interesante que sucedió en esa clase fue verlo atravesar la pizarra, se había muerto en la sala de profesores una noche y a la mañana siguiente su fantasma se había levantado a dar clases como si nada, tenía una voz tan monótona que diez minutos después de haber iniciado la clase a Laura se le fue la cabeza hacia atrás y se quedó profundamente dormida. Ginny la despertó para ir a la clase de Transformaciones.
Laura supo de inmediato que tratar de dormir allí equivaldría a morir prematuramente, de hecho apenas entrar al aula el sueño se esfumaba, la profesora McGonagall era muy estricta y la materia bastante difícil, si uno se distraía podía resultar problemático a la hora de realizar algún hechizo.
La clase que tenían después de la comida era pociones, en las mazmorras con los de Slytherin, cuando llegaron al salón había muchos cuchicheos de los de Gryffindor, decían que Snape era odioso y que favorecía a su casa siempre.
Laura miró a Lia junto a la puerta, las chicas la saludaron y tanto Gryffindors como Slytherins las vieron con extrañeza.
Cuando Snape abrió la mazmorra el silencio se impuso, Lia se sentó a la misma mesa que Laura y Ginny, sin importarle las miradas de sus compañeros.
Cuando Laura escuchó el breve discurso de Snape le quedó claro que era un profesor con el que no convenía meterse.
Cuando Snape les pidió que copiaran un párrafo acerca de las propiedades del ajenjo y la belladona para las pociones, Lia se puso a charlar con Laura y Ginny en voz muy baja, moviendo apenas los labios. Aquella chica tenían un aura muy diferente al resto de los Slytherin que miraban como si fueran superiores a todos y nadie los mereciera, eran altivos y soberbios, pero Lia era alegre y agradable, a Laura en lo personal le caía muy bien.
Cuando Snape se acercó a su mesa y las escuchó platicando le quitó diez puntos a Gryffindor, cinco por Laura y cinco por Ginny, como si Lia no hubiera estado hablando con ellas, la muchacha siguió a Snape con una mirada difícil de explicar.
Al finalizar el día Laura y Ginny sacaron sus libros en la sala común de su casa, era el primer día de clases y ya tenían deberes que hacer, Binns les había pedido una redacción de treinta centímetros sobre las brujas de Salem, Ginny había logrado tomar apuntes que Laura copiaba en ese momento.
-Algo sé de las brujas de Salem y los muggles que las perseguían- dijo Laura -no debe ser muy difícil si buscamos en la biblioteca. Pero será mañana porque hoy ya tengo otros planes… Hogwarts me espera- dijo enrollando su pergamino.
-¿Qué planes?- preguntó Fred acercándose a ellas -no pudimos evitar oír su conversación.
-¿Qué tienes en mente?- dijo George -y no mientas porque conocemos ese brillo en la mirada, ¡es el nuestro!
-No es nada secreto- dijo Laura -voy a explorar el castillo y hallaré todos los atajos y pasadizos que pueda… para empezar.
-Eso quisiera verlo- dijo Fred con una sonrisa burlona.
-Suerte- rio George.
-Muy bien, andando- agregó Ginny poniéndose en pie -yo me apunto.
-No vayas a lastimarte Ginny- advirtió Fred con una mueca poco convincente -o mamá nos echará la bronca por no cuidarte.
-Estar cerca de ustedes es más peligroso que pasear de noche por Hogwarts- respondió Ginny -vamos Lau.
Laura la miró y le sonrió. No iba a negarse a tener una buena compañía mientras exploraba.