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La Única Capaz de hacer Flaquear a Lucius Malfoy — capítulo 4

Habían pasado unos días, y las cosas iban de maravilla, al menos para cierto chico de cabello platinado perteneciente a Slytherin. Lucius había logrado algunos progresos, por así decirlo, ya que había podido pasar algunos momentos con Narcisa y habían sido muy agradables ya que habían podido charlar sin que nadie los molestara, aunque igual algunas personas lo habían notado, lo que él aun no quería que pasara.

Aquella mañana Malfoy estaba desayunando junto a sus mejores amigos, a pesar de estar en una conversación, otra cosa tenía la mayor parte de su atención: Narcisa Black. Ella estaba sentada a poca distancia de él en el lugar perfecto para poder admirarla, y por estar en eso se distrajo más de la cuenta, obviamente sus amigos lo notaron:

-Malfoy ¿Qué miras tanto? - le preguntó Goyle.

-Nada - le respondió, y volvió a ponerles atención.

-¿Seguro? - insistió Goyle, y los demás se rieron.

-¿Cuál de esas chicas capta tu atención, Malfoy? - lo molesto Crabbe.

-La más bella de todas - le contestó sonriendo.

-Todas son encantadoras, es difícil adivinar - le dijo Crabbe.

-Entonces, eso quiere decir que eres un siego - le dijo Malfoy, y se levanto de la mesa para retirarse.

Se fue con paso rápido. La razón por la cual se había ido era que no quería que sus amigos lo molestaran, no andaba de ánimo para eso en aquel momento. Al ir caminando por el pasillo, de repente escucho a alguien corriendo hacia él, entonces se giro, y se alegro mucho al comprobar que era su amiga que tanto quería.

-¡Hola Cissy! - la saludo con una radiante sonrisa.

-Hola... Malfoy - le respondió casi sin aire.

-Tranquila... Respira - le dijo, lo que a ella le hizo gracia y se rieron.

-Perdón que te moleste tan temprano, pero necesitaba pedirte un favor - le dijo ella.

-Tú nunca me molestas ¿Qué necesitas? - le dijo.

-Es que tengo algunos problemas con pociones, y como tú eres bueno para esa materia, quería saber si tú me podrías ayudar - le consulto.

-Por supuesto, puedes contar conmigo - le respondió él.

-¡Gracias, Malfoy! - le agradeció alegremente.

-Cuando quieras, estoy disponible para ti las 24 horas del día - le dijo sonriendo.

-Ah - le dijo sonrojada.

-¿Cuándo y dónde? - le preguntó.

-Hoy, después de clases en la biblioteca ¿Puedes? - le sugirió.

-Sí - le contestó.

-Ahí nos vemos entonces ¡Hasta luego! - se despidió.

Él no le contestó, pero le hizo señas con la mano. Cuando vio que la chica desapareció por el pasillo y se aseguro que no había nadie allí celebro su suerte, se sentía muy feliz y entusiasmado con la idea de ayudarle a estudiar a Narcisa.

Aquella tarde, apenas salió de clases se dirigió al lugar acordado. Al entrar a la biblioteca enseguida diviso a Narcisa, y no era porque había poca gente, si no porque ella era lo más radiante que allí había según él. Estuvieron estudiando durante dos horas, las cuales fueron perfectas, y gracias a la paciencia de Malfoy, ella entendió todo a la perfección y se lo agradeció mucho.

Cuando regresaban a la sala común, él aprovecho el momento para ser amable y atento con ella, lo que a Narcisa le gustaba y se lo demostraba con una cálida sonrisa que él apreciaba más que nada en el mundo. Las cosas iban de maravilla, hasta que al llegar a la sala común se encontraron con Bellatrix y su aquelarre, y obviamente los molestaron, lo que a los dos les daba vergüenza, por lo que se separaron y cada cual se fue por su lado. Pero esta vez a Malfoy le dio igual, y todo porque al menos había logrado lo que quería aquel día, estar en compañía de su Narcisa. Definitivamente, había sido un buen día a pesar de lo último acontecido...