Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← La máscara de Balduino. · de

La máscara de Balduino. — capítulo 24

Jerusalén, 1186.

Saladino entró en el palacio. Desde las ventanas caían papeles al suelo y las banderas con el escudo de Jerusalén estaban llenas de sangre. Cada paso que daba una bandera se descolgaba y era remplazada por la bandera del islam. Entró en una habitación y se encontró con una cruz de oro en el suelo. La cogió y se quedó mirándola. Y con un acto de respeto la volvió a poner en su mesa correspondiente.

Antes de partir Sibila quiso recoger los objetos más personales para ella. Rebusco en su joyero en busca del anillo que le regaló su hermano. Quería deshacerse de todas las joyas menos de aquella. Cogió una especie de saco y metió el estuche de soldados de metal. Luego se dirigió hacia la habitación de su hermano. No podía creerse que el ajedrez continuara en aquella mesa intacto. Cogió todas las fichas y las envolvió en un trapo y junto con el tablero también lo metió en el saco. Aspiró un poco el aire. Todavía podía sentir su aroma. Aquel aroma a incienso y ungüentos. Por último empezó a rebuscar en el escritorio de Balduino. Y entonces encontró lo que buscaba. Un pequeño baúl que contenía un objeto especial. Lo abrió para asegurarse y lo cerró enseguida.

--¿Está segura de que quiere llevarse eso?

Sibila se dio la vuelta sobresaltada.

--Saläh ad-Din…

--¿Está segura de que quiere llevárselo?

--¿Va a impedírmelo? Estás cosas son de mi hermano y de nadie más.

--No voy a impedírselo, Sibila. Pero ese objeto que lleva usted en ese baúl, yo lo dejaría en el olvido.

--Pero yo no quiero olvidar. No quiero.

--Él hubiera querido que lo olvidara.

--Y así fue. Pero hemos pasado por tanto juntos y nos hemos querido tanto. Es muy difícil olvidarlo. Cada día me imagino que él está a mi lado y me dice lo que debo hacer. Pero yo no lo escucho y por eso hemos llegado a esto.

--Le prometí que nunca la haría daño. Yo lo apreciaba como un amigo aunque fuera el peor enemigo que he tenido. Por eso le prometo a usted que ni saquearé su tumba, ni la de su hijo, ni la de ningún otro rey ni habitante de Jerusalén. Y mientras yo viva, esta habitación y todos estos objetos quedaran intactos.

Unas lágrimas corrieron por las mejillas de Sibila.

--Él también le tenía mucho respeto. Nunca hablaba mal de vos. Y que nadie se atreviera a pronuncia una palabra mal sonante sobre usted ante su presencia- dijo medio riéndose-. Balduino prefería que reinarais vos antes que mi marido. Sabía que Jerusalén estaría en mejores manos.

--Puede irse en paz Sibila. Y si quiere quedarse será bienvenida.

--No. No se ofenda, pero no quiero ver como Jerusalén está en manos de otro que no es de mi familia.

--La entiendo. Pero de todas formas solamente usted será bienvenida aquí. Y también quiero que sepa que no hay día en que no rezo por el alma de su hermano.

--Gracias, Saläh ad-Din. Tampoco hay día en que yo no rece por él.

--Salam Aleikum, reina de Jerusalén.

--Aleikum Salam.

Y cargada con el saco salió del palacio. Le hubiera gustado ir a visitar la tumba de su hijo y de su hermano. Pero sabía que era mejor así, porque si no nunca se habría ido. Miró hacia atrás para ver por última vez aquel palacio que por tantos años había sido su hogar y las lágrimas le volvieron a salir por los ojos.

Saladino caminaba por las calles de la ciudad directo a la catedral. Observaba los daños y sabía que le costaría en repararlos. Se paró frente a los escalones de la catedral para observar como sus hombres derribaban la cruz y daban paso a convertirla en una mezquita. Subió los escalones. Ante sus pies había grabada una cruz en el suelo. Y con otro acto de respeto, pasó por el lado para no pisarla. Con solo llegar a los pies del altar se arrodilló y empezó a rezar.

Sibila iba a pie entre la gente que abandonaba la ciudad. Nadie la reconoció ya que llevaba ropas de monja y el pelo se lo había cortado. No quiso mirar atrás. No quiso ver por última vez lo que llegó a ser su ciudad.

Caminaba con la cabeza gacha y oyó los cascos de un caballo que se acercaban por detrás. Cuando miró hacia atrás para ver quien era el jinete, giró la cara para que no la reconociera. Pero no sirvió de nada. El jinete desmontó de su caballo y se acercó a ella. Los dos se miraron y Balian la cogió de la mano. Ahora Sibila sabía cual era su futuro. Y su futuro era estar con él. Con el único hombre del que se enamoró de verdad.

Sobre Guy de Lusignan solo se supo que tuvo un afrontamiento con Balian cuando lo liberaron. Pero el afrontamiento lo ganó en hijo de Godofredo. Y Guy después de curarse sus heridas marchó con el resto de la gente a tierras Cristianas.

Tiberias se fue a Chipre con sus caballeros y estuvo sirviendo allí durante muchos años. En aquel reino se sentía más a gusto que estando a las órdenes de Guy. Pero nunca pudo comprar a ningún rey con Balduino IV. Siempre lo tenía en su memoria y siempre hablaba de sus grandes hazañas.

Saladino gobernó de Jerusalén hasta que murió. Todos los días que podía, iba a visitar la tumba de su querido amigo y enemigo. Fue un gran sultán para la ciudad. La volvió a reconstruir y consiguió que tuviera casi la misma imagen que antes. Y dejó que pelegrinos entraran a la ciudad a expiarse de sus pecados.

En cuanto a Isabel y María continuaron viviendo en Acre. De mayores su madre les casó con hombres de grandes riquezas y tierras. El motivo del que nunca visitaron a sus hermanos era por su madre. La verdad es que Isabel había tenido poco contacto con su hermano Balduino pero lo llegó a querer mucho y cada día se acordaba de él. María en cambio nunca tuvo contacto dado que era muy pequeña, pero tenía cariño hacia sus hermanos.

Unos años más tarde…

La mujer observaba como sus hijos jugaban en el suelo. El niño se levantó y se dirigió con una sonrisa hacia su madre.

--Mamá, me cuentas una historia de papá.

--Claro cariño ¿Qué historia quieres que te cuente?

--De cuando ganó la batalla de Montgisard.

--¿Tú también quieres oírla, Sibila?

La niña se levantó y se dirigió junto a su madre y su hermano.

--Siéntate al lado de Balduino- le ordenó Sherezade.

Empezó a contarles la historia a sus hijos. Pero no eran sus hijos de sangre, los niños los había adoptado. En realidad eran hijos de unas personas que trabajaban en sus tierras. La madre murió en el parto del niño y su padre murió al poco tiempo. Dado que los niños no tenían a nadie y le prometió a Balduino que tendría hijos, los adoptó. Así cumplía su promesa a Balduino y no se entregaba a otro hombre que no fuera él. Los bautizó con el nombre de Sibila y Balduino, dado que les recordaba a ellos. La niña tenía un año más que el niño, como ellos y era tan hermosa como Sibila. El niño no se parecía a Balduino en nada, dado que no era ni rubio, ni tenía los ojos azules, pero aun así era un niño muy bonito. Los pequeños crecieron creyendo que ella era su madre y que Balduino su padre. Sherezade les contaba historia de los templarios, de Jerusalén y de Balduino IV y la bella princesa Sibila. Les dijo que su padre había muerto al poco tiempo de nacer ellos, pero no les dijo nunca que era de lepra ni que llevaba una máscara para ocultarse. Les dijo que su padre era un hombre apuesto, alto y fuerte y que había muerto en una batalla por defender Jerusalén. Pero que al perderla, Sherezade había tenido que abandonar la ciudad y que no había que contar a nadie que eran los hijos del rey por protección. Tal vez algún día les contara la verdadera historia, pero estaban mejor así. Y para ella era como si de verdad hubiera tenido hijos con Balduino y habían podido llegar a amase de verdad. Sabía que desde el cielo él le daba las gracias y cuidaba de ellos. Si estuviera aquí hubiera sido un buen padre. Él deseaba tanto serlo.

Sibila se asomó a la ventana. Estaba nevando, toda la montaña estaba cubierta de nieve. No podía creerse que estuviera en Francia, aquel lugar que siempre había querido visitar, al igual que su hijo. No vivía con los mismos placeres, pero estaba feliz junto a Balian.

Se dio la vuelta y se encontró el baúl con aquel objeto. Con los años que llevaba ahí y aun no lo había abierto para observar bien lo que había dentro. Ahora había llegado la hora. Tenía que afrontarse a ello.

Se acercó al baúl y miró al objeto con rabia. Aquel objeto que tanto odiaba era la máscara de su hermano. La máscara de Balduino. Su hermano tenía tres máscaras: la máscara con la que fue enterrado, la que utilizaba en caso de alguna batalla y aquella que era la de repuesto. La sacó del baúl y se la puso de frente a los ojos, esperando a que le aparecieran aquellos ojos de color zafiro. Por un momento no la odió, ya que la trajo tantos recuerdos de él. La apretó contra su pecho y se dio la vuelta para apoyarse en la mesa. Al apoyarse tiró el baúl al suelo. Oyó un ruido extraño procedente del baúl, parecía que tenía algo más en su interior. Lo alzó del suelo y pudo observar que dentro había un compartimento secreto. Lo abrió con nervios. ¿Qué habría podido guardar Balduino allí dentro? Se llevó una gran sorpresa. Tuvo que cerrar los ojos porque no podía creerse lo que estaba viendo. Eran los cinco colgantes que llevaba Balduino de pequeño. Se acordó que le dijo que se los quitaría el día que no pudiera probarle sus collares. No podía creerse que los hubiera guardado. Los sacó uno a uno con los ojos envueltos en lágrimas. Dentro también había una especie de carta. La cogió y empezó a leerla:

Mi bella hermana Sibila:

No sé si llegarás a descubrir el secreto del baúl y si llegarás a leer esta carta. Pero si estás leyéndola es porque si lo has descubierto. Y si no eres mi hermana Sibila, deja de leer porque esto es privado.

Aquello provocó que Sibila empezara a reír. Su hermano aunque no lo pareciera siempre había sido un bromista. Siguió leyendo con emoción.

Y si eres Sibila debo decirte que te quiero mucho, hermana. Sé que si algún día llegas a leer esto es porque yo habré muerto. No te preocupes porque estaré en un lugar mejor y dese el cielo cuidaré de ti y de mi sobrino.

--De su sobrino… Ay Balduino… Si supieras lo que hice.

Aunque yo no esté, no quiero que te rindas nunca. Yo respetaré cada decisión tuya y te perdonaré si algún día llegas a perder la ciudad. Nunca he podido enfadarme contigo, ni nunca lo haré. Lucha Sibila nunca te rindas y busca siempre la paz y tu felicidad. Con que seas feliz yo también lo estaré.

Ahora viene el otro sermón. Y esto trata sobre el objeto que guardaba el baúl. Sé que siempre la has odiado por ello no quiero que te la quedes. Haz con ella lo que quieras menos quedártela porque cada vez que la mires toda la tristeza se vendrá sobre ti. Sé que te gustan mucho las joyas ¿Por qué no te haces con ella alguna? O si estás escasa de dinero, que espero que nunca lo estés, véndela porque es muy buena plata. Y si no es plata es porque Tiberias nos ha estafado a todos o le han estafado a él. Pero sé que harás con ella lo primero que te he dicho. ¿Verdad? Es que te conozco mejor que nadie, hermana.

Ahora viene el momento de las despedidas. Te quisiera contar tantas cosas, pero entonces tendría que utilizar demasiados pergaminos. Es mejor así, créeme. Mis primeras palabras son para Tiberias, dile que ha sido un honor tenerlo a mi lado y que gracias a él he llevado tan bien este reino. Dile a mi sobrino que será un gran rey y que nunca deje de jugar con sus soldados de metal, y que su tío lo cuidará. También dile a Sherezade que la quiero más que a mi alma, y que no sea una amargada toda la vida y que se busque a un hombre que la quiera y que le pueda dar hijos, yo lo aceptaré y me alegraré por ella. Dile que ha sido el amor de mi vida desde siempre. Ahora estas palabras son para ti, Sibila mi bellísima hermana. No dejes que Guy te amargue la vida, déjalo y vete con Balian. Él si te conviene y serás muy feliz con él porque los dos os amáis. Nunca estarás sola Sibila, siempre me tendrás aunque no seas capaz de verme. Te quiero tanto, hermana. No te lo puedes imaginar.

No tengo miedo a la muerte, la verdad es que tengo ganas de ver a papá, a mamá y a Godofredo. Seguro que él estará preparándolo todo para cuando yo llegué y jugar una partida de ajedrez.

Haz lo que te he dicho con la máscara, no te la quedes. Y con mis colgantes te los puedes quedar o dárselos a una persona que tú creas que se merezca tenerlos.

Te quiero, hermana. No te rindas.

Tu hermano Balduino.

Sibila se secó las lágrimas.

-         - Ay Balduino… Eres el único capaz de blandirme el corazón y hacerme llorar de esta manera.

Al parecer la carta la había escrito un poco antes de su muerte. Cuando él sabía que se iba a morir.

Sibila hizo lo que su hermano le pidió. Dado que Balian era herrero, le pidió que fundiera la máscara y que con ella hiciera dos medallones. Balian hizo dos medallones redondos, por una cara estaba el escudo de Jerusalén y por la otra cara el dibujo de una máscara.

Sibila envió el medallón junto a los collares de su hermano a una persona muy especial que vivía muy lejos de Francia.

Algún día volvería a su tierra. Pero por ahora estaba allí bien con Balian. Con el recuerdo de su hermano y se su hijo viviría el resto de su vida. Y cada vez que se sentía sola acariciaba el colgante de plata que tenía colgado en su cuello, o jugaba con los soldados de metal o alguna partida de ajedrez con Balian.

Sherezade acarició las cabezas de sus hijos que se habían dormido sobre ella. Sus manos se dirigieron de las cabezas a los colgantes que llevaban ahora colgados sus hijos. Unos colgantes que les había enviado Sibila junto a una carta. Repartió los collares, dos para cada uno. Ella se quedaba con el de plata hecho de la máscara y con uno de los cinco, otros dos se los daba a Balduino ylos que quedaban a Sibila. Se emocionó tanto al leer la carta de Sibila. Se alegraba de que fuera feliz. Tenía muchas ganas de volver a verla. Pero ahora su lugar era junto a sus hijos. Nunca permitiría que algo les separara como se separaron los príncipes Balduino y Sibila. Los dos se querían tanto como ellos y esta vez siempre estarían juntos.

Y así con el recuerdo las dos mujeres vivieron felices durante toda su vida. Pero un recuerdo que nunca olvidarían era el de una máscara. Una muy famosa entra la gente de Tierra Santa. Una máscara que pertenecía a un gran monarca para ocultar su rostro atacado por la lepra. La máscara del rey Balduino IV. La máscara de Balduino.

Hola lectores!!! Se acabó la historia:( ¿Qué pena verdad? Yo también tengo pena de haberla terminado porque he disfrutado mucho escribiéndola.

Deciros que todos los personajes son reales menos Godofredo, Tiberias y Balian. Esos fueron creados por el director Ridley Scott. Y Amira, Abdel Alim, Sherezade y sus hijos están creados por mí. Tampoco toda la historia que habéis leído es cierta, si queréis saber que era verdad buscadlo en la Wikipedia o en otro sitio, porque si tengo que contarlo yo todo, apaga y vámonos:)

No se sabe si el rey Balduino IV llegó a llevar una máscara para ocultarse, muchos afirman que sí. Otros que no porque el rey no salía de sus estancias dado que estaba ya muy enfermo. Nunca se sabrá pero yo viviré con la ilusión de que si llevaba la máscara.

Si os ha gustado la historia, tenéis que ver la película "El reino de los cielos" o "Cruzada" en los países latinoamericanos. Veréis que toda mi historia está basada en ella. Lo que os voy a decir es mucho pedir, pero es mejor que veais la versión del director porque profundiza más la historia.

También deciros que he hecho un tráiler de la historia. Lo colgué en youtube pero me lo bloquearon por no-se-que de copyright. Si quereis verlo enviadme un correo [email protected] o pedídmelo por los comentarios y así os lo enviaré a vuestros correos. Por favor... me gustaría que lo vierais porque me ha costado lo suyo en hacerlo:)

Ahora mi último sermón. Esto va para quienes han leído mi historia y no han comentado. No estoy molesta ni enfadad pero quiero pediros que comentéis este capítulo y que me deis vuestra opinión de mi historia porque es vuestra ultima oportunidad.

Gracias a todos los que me habéis comentado y gracias por haberla leído. A veces estas clases de historia pueden parecer aburridas pero vale la pena leerlas porque te enseñan mucho. Espero que "La máscara de Balduino" os haya enseñado algo y os haya llegado a gustar.

Un beso para todos de Marta_Lupin.