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UN MATRIMONIO DIFERENTE — capítulo 3
Capitulo 3:
Hermione tenía el corazón en la boca, sentía como sus latidos bombeaban con mayor rapidez, sin parar. Lo vio alejarse de la habitación. Draco no podía haberla oído; en ese caso, seguramente le habría dicho algo ó reaccionado de alguna manera más posesiva... En cambio, Draco había sonreído.
Al abandonar la habitación, lo oyó decir al criado que ya no lo necesitaba. ¿Habría planeado salir a cenar fuera y luego habría cambiado de parecer? Esperaba que no fuera por su causa… No… ¡que iba a ser por ella…! era difícil que Draco hiciera algo pensando en Hermione.
"Tengo que hacer unas llamadas. No me esperes para cenar." - le dijo.
Hermione comió sin ganas. Se sentía culpable, irritada, confusa. Toda su vida había sido una persona honrada y sincera, hasta que había conocido a Ron hacía tres meses. Había sido un encuentro accidental, en Harrods. Habían charlado, reído, tomado café. Todo muy inocente. La segunda vez también se habían encontrado por casualidad.
Todo había surgido con naturalidad, ella no lo estaba buscando, sólo un día, el destino hizo que vuelva a sonreír.
Pero… ¿Por qué se sentía de ese modo? No tenía más que pedirle el divorcio a Draco. No debía deberle nada a él ya que jamás le habían importado los sentimientos de ella.
Llevada por el cansancio y la tensión de todo el día, Hermione decidió irse a la cama. Se lamentó de no tener un camisón, y no tuvo otra alternativa que meterse entre las sábanas desnuda. Y después de darle más vueltas a la cabeza, decidió pedirle el divorcio a Draco al día siguiente.
Se despertó sobresaltada. Las luces estaban encendidas, y pestañeó insistentemente como para saber si era un sueño o la realidad. No se acordaba siquiera de dónde había dormido, y cuando se sentó en la cama aún estaba totalmente desorientada. Pero entonces vio a Draco, algo alejado de la cama. Tenía un aspecto horrible, ése fue el primer pensamiento de Hermione, luego atinó a taparse su desnudez con la sábana. Le brillaba el pelo cobrizo, estaba sin corbata, y tenía la blanca camisa de seda medio desabrochada, lo que permitía la visión de un pecho masculino ancho y casualmente bronceado. Los rasgos tensos, la piel pálida. Parecía estar bajo los efectos de un shock.
-
¿Qué ocurre? ¿Ocurre algo malo? - musitó ella a la vez que bostezaba y descubría en su reloj que era casi de madrugada.
-
Me has deshonrado - dijo con un acento quebrado.
Hermione lo miró medio dormida aún.
-
No comprendo, ¿qué dices? - le preguntó con un hilo de voz. No podía creer que el altanero Draco Malfoy le diga esto, acaso ¿era ella el motivo de su lividez?
-
Mi mujer con otro hombre... - le dijo con una expresión de ferocidad en los ojos.
Pero Hermione estaba más asombrada por la frase "mi mujer", que había pronunciado, que por el descubrimiento de su infidelidad. Jamás usaba ese término. Y era ofensivo y ridículo incluso en el contexto de ese matrimonio.
- No lo niegas - agregó.
¿Qué pensaba? ¿Qué iba a estar como Penélope, esperando a su marido? Era cierto que había estado así durante casi cinco años, pero eso no podía durar eternamente. ¿Y qué le importaba además?
-
¿Cómo lo has descubierto? - preguntó ella no tan firmemente como hubiera querido.
-
Parece que no te das cuenta de la magnitud de tu ofensa. - le respondió.
-
¿Has estado bebiendo? - preguntó Hermione débilmente, pensando que tal vez fuera el motivo de su reacción melodramática.
-
¿Qué tiene que ver eso? ¡Te he oído hablar por teléfono con tu amante! ¡Y no podía creerlo!
-
¡Oh! - debía haberlo imaginado. Pero él era tan retorcido, que no había demostrado nada en su momento.
-
Tengo las facturas del teléfono y también el número al que has llamado desde aquí, y es el mismo número.
-
Te lo habría dicho si me lo hubieses preguntado - Hermione sentía una extraña sensación desagradable que no podía identificar.
-
¿Qué me hubieras hablado de él? ¿No tienes vergüenza?
-
¿Por qué tengo que avergonzarme?
-
pero curiosamente la actitud de Draco la hacía sentirse culpable, y eso la irritaba terriblemente.
-
Tú eres... mi esposa - dijo con violencia.
Instintivamente, Hermione se puso en el extremo opuesto de la cama. La rabia iba transformándose en miedo. Hubiese querido gritarle que ella era una extraña para él cuando le había dicho que era su esposa, pero no se atrevió viendo el estado de ánimo de Draco.
Hubiese sido echar leña al fuego.
-
Tal vez mañana cuando estés más razonable - le dijo ella.
-
¿Por qué lo crees? - preguntó Draco acercándose a ella reptando por la cama.
Hermione intentó alejarse, pero él le sujetó el brazo.
- ¿Qué estás haciendo? - preguntó ella, desconcertada y temerosa.
Él dijo algo en francés y la sujetó con el otro brazo.
Hermione estaba aterrada.
-
¿Cuántas veces has estado con él? - inquirió Draco, sentía en su interior varias oleadas de calor, ira, rabia, y un sentimiento que no podría descifrar ninguno de los dos.
-
No sé. No... las... he contado.
-
¡Dios! ¡Lo mataré! Puede que esté vivo aún, pero lo mataré.
-
¡No digas cosas como ésa!
-
¿Y tú qué? ¿Qué hago contigo?
-
¿Conmigo? - Hermione estaba horrorizada.
-
¿Dónde lo has conocido?
-
¡No voy a decirte nada de él!
-
dijo ella acordándose de sus amenazas.
-
Ron Welsly. Tiene veintiocho años. Es vendedor a tiempo parcial, y medio artista. Es hijo único de un mecánico. Es moreno, ojos azules, altos y ambiciosos. No necesito que me cuentes nada de eso.
Hermione estaba aturdida. ¿Cómo era posible que en tan poco tiempo, Draco haya investigado su número telefónico, su dirección y todo tu perfil? ¿Acaso era detective también? Llevaba 5 años de casada con ese hombre, pero sentía que no lo conocía lo suficiente…
-
¿Por qué te comportas de este modo? Yo no soy realmente tu esposa...
-
¿No? Llevas mi nombre. Usas mi anillo. Vives en mi casa. Te alimento, te visto, te mantengo...
-
¡Y yo te odio! - dijo dolorida Hermione.
-
Si eso es cierto, vas a odiarme aún más en lo que te queda de vida a mi lado - dijo él severamente.
-
¡Déjame marchar! - murmuró Hermione temblando.
-
No lo volverás a ver - juró él clavándole la mirada llena de odio -. Pero jamás te perdonaré esto - dijo finalmente, soltándola.
-
De acuerdo. Yo tampoco te perdonaré jamás - atinó a decir entre la almohada, sollozante.
Fue un error, porque Draco se dio la vuelta y le dijo:
-
Vas a decirme la verdad ahora.
-
¿Qué verdad?
-
Que ésta es una maniobra para que te preste atención. Has dejado pistas que hasta un ciego puede ver. Hasta has hablado con la puerta abierta.
-
¿Qué?
-
Y lo has conseguido - dijo él con una sonrisa de hielo -. ¿Ni siquiera te has acostado con él, no? Perfecto. Has llegado al punto justo para sacarme de mis casillas, pero no te has atrevido a más.
Hermione estaba indignada por su vanidad. Entonces se le escapó una mentira:
- ¡Sí me he acostado con él! ¡Y me da igual que te enteres o no, porque no me importas en absoluto!
Había mentido. Y estaba de más decirle que se trataba de una relación seria. ¿Cómo se imaginaba que iba a tener un lío pasajero para darle celos?
- ¡Si ha puesto un solo dedo sobre tu piel desnuda, es hombre muerto! ¿Lo comprendes? Esto no es un juego, Hermione jane. Te lo advierto. Si te has entregado a él, lo mato.
Hermione no podía moverse, ni respirar. ¿La había llamado Hermione jane? Hacía cuanto tiempo que no escuchaba su nombre completo de los labios de su esposo… pero… el tono de voz con el que habló era de espanto… acaso, ¿Estaba celoso de ella? o ¿Simplemente era el orgullo raido de hombre mancillado? No podía dar crédito a las palabras de Draco.
- Piénsalo seriamente. Casi pierdo la cabeza - le confesó Draco de pronto.
Y Hermione se dio cuenta de la magnitud de sus palabras, y de todo lo que podría lograr al tener a Draco molesto… Estaba indignada, pero también aterrada de que Draco pudiera hacerle daño a Ron.
-
De acuerdo - dijo ella suavemente, odiando a Draco con todas sus fuerzas -. No me he acostado con él, pero...
-
¿Y quieres que te diga por qué? Un inglés se divorciaría de una esposa infiel. Tú has llegado hasta dónde has podido, no más allá. Lo único imprudente que has hecho en tu vida es haberte casado conmigo. ¡Qué idiota he sido! ¡Por un momento he pensado que te arriesgarías a perder tu status como esposa mía!
-
¡Eso es precisamente lo que quiero perder! ¡No te quiero! ¡Quiero mi libertad! - le grito desesperada.
-
¡No te creo! ¡No sobrevivirías ni un momento en el mundo real! ¡Te morirías como un bebé indefenso sin tus tarjetas de crédito!
-
¡Cómo te atreves!
-
Sólo te digo las cosas como son. Eres una creación de David, un adorno hermoso y frágil, la esposa perfecta para un hombre rico...
-
¡Eres un desgraciado! - dijo ella indignada.
-
Eso no quiere decir que no seas buena en tu papel, excelente como anfitriona... Una verdadera dama. Pero si quieres de verdad tu libertad...
-
¡Sí, la quiero! - gritó Hermione.
-
¿Si? Deberías preguntarte por qué me compras los calcetines todavía - se rió Draco cínicamente, y salió de la habitación.
¿Qué tenían que ver sus calcetines en todo eso? No era más que una tarea trivial de la que se había ocupado desde los primeros tiempos de su matrimonio; y la seguía haciendo sin pensar demasiado en ello.
Mientras Hermione se ponía la bata, pensaba que debía conseguir que Draco la escuchase y hacerlo comprender. Caminó hasta la habitación principal, y se detuvo en el umbral de la puerta… Draco estaba a medio vestir, exhibiendo su dorso desnudo y trabajado, un hecho que la violentaba totalmente.
-
¿Y ahora qué? - preguntó con impaciencia.
-
Quiero que me escuches - Hermione se cerró más el escote del albornoz, y lo miró a los ojos-. Amo a Ron. Quiero el divorcio.
Draco atravesó la alfombra de la habitación en dirección a Hermione.
-
Eres mi esposa - dijo en tono suave -. ¿Y por qué eres mi esposa? Porque querías serlo a cualquier precio.
-
¿No has escuchado lo que he dicho? ¡Lo amo! - dijo ella con los dientes apretados por la rabia.
-
¿Le compras calcetines también? - preguntó él con sorna.
Hermione le dio una bofetada sin pensarlo. Pero luego se sintió consternada ante lo que había hecho. No era habitual en ella una reacción semejante. Se apartó de él con temor.
-
¡No! - atinó a gritar.
-
No te haré nada, eres demasiado pequeña, demasiado frágil. Si fuera el tipo de marido que pega a su mujer, ¿no crees que te habrías enterado a estas alturas?
Draco tiró de ella con fuerza. Otro gesto amenazante de Draco, además de la mirada oscura y penetrante en el escote del albornoz, que en ese momento mostraba un hombro desnudo.
Mi idea del entretenimiento es muy distinta, es más íntima. La violencia no me gusta. Hay cosas más satisfactorias.
-
No te atrevas a tocarme.
-
Una noche larga y tibia en mi cama es lo que te hace falta - le dijo Draco llevando su mano al hombro de Hermione.
-
¡No quiero! -
-
No rechaces lo que aún no has probado - Draco se rió mientras bajaba la cabeza y acercada su cara a la de Hermione, tocándole el labio con la otra mano.
-
¡Basta!
-
Me siento tan intimidado... - se burló él, apartándole un mechón de cabello castaño de la mejilla en un gesto casi tierno.
Hermione se estremeció.
- Draco...
La boca de él fue a la búsqueda de la de ella, y le separó los labios. Ella se quedó sin aliento. La estrechó aún más, haciéndole sentir todos los músculos de su cuerpo viril. Ella se arqueó involuntariamente, aumentando ese contacto. La lengua de Draco exploró el interior de la boca de Hermione. Un fuego salvaje se alzó en todo su cuerpo femenino que la hizo estremecer apretándose contra él. Rodeó el cuello de Draco con sus brazos. Cerró los ojos, y sintió un calor intenso recorriéndola.
Después Draco liberó su boca y la miró con impasividad.
-
¿Cuál es su nombre? - preguntó de pronto.
-
Su... ¡Oh! ¡Dios mío! - dijo Hermione llevándose un dedo a su boca roja e irritada. Se le aflojaban las piernas.
-
Te has equivocado en tus prioridades. Yo soy tu esposo.
Hermione pensaba en alguna respuesta, algo en su propia defensa. Pero era incapaz. Sentía un torbellino de emociones violentas. Draco se quitó la camisa, dejando al descubierto unos músculos dorados y fuertes. Hermione no quería mirar, pero se le iba la vista sin quererlo.
Draco abrió la puerta y sacó a Hermione al corredor.
- Hablaremos más tarde, a la hora del desayuno.
La puerta se cerró en su cara. ¿Se estaba volviendo loca? ¿Era una pesadilla las últimas veinticuatro horas que había vivido?
Hermione se metió en la cama, adoptando la posición fetal. Draco era un extraño. No lo reconocía. Y tampoco se reconocía a sí misma.
Desde que habían estado en el banco se había comportado de manera extraña. Primero con furia. Luego con una actitud más sarcástica que furiosa al creerse que ella había intentado atraer su atención.
Hermione no comprendía por qué Draco quería seguir unido a su esposa con la que se había casado por chantaje. ¿Por qué aceptaba esa farsa? ¿Y por qué la seducía sexualmente, así, de pronto, después de cinco años de ignorarla?
Y lo peor, ¿Por qué ella se había quedado ahí, sin hacer nada, y le había permitido incluso besarla? Era cierto que Draco era un hombre muy experimentado. Tal vez cualquier hombre con esa maestría pudiera arrancarle a una mujer inexperta como ella las sensaciones que acababa de experimentar con Draco. Pero le asombraba que Ron no lo hubiese logrado.
Se avergonzaba de sí misma. El sexo, se decía, no era tan importante en una relación. Ella amaba a Ron. Lo amaba realmente.
Pero lo que realmente le preocupaba y la sorprendía, era que Draco todavía pudiera ejercer esa atracción sexual sobre ella, cuando creía que ya era un asunto más que pasado. Y Draco le había demostrado que no era así, y se había reído de ello. ¡Qué golpe para su orgullo!
.
A la mañana siguiente se encontró con la ropa limpia en la habitación. "Muy considerado de su parte", pensó con ironía. Se puso el traje azul de Versace, y trató de reparar los daños sufridos a su aspecto después de una noche sin dormir.
En la sala se encontró con Draco detrás del*Financial Times.*Al verla lo dejó a un lado y alzó la taza de café.
-
Deberías volver a la cama. Pareces la víctima de un vampiro que espera que le den el tercer bocado. - le dijo Draco sin dejar de examinarla y admirar las pequeñas pero perfectas curvas que se dibujaban tras aquel vestido azul.
-
Muy gracioso.
-
Eres afortunada de encontrarte entera, después de lo que he descubierto anoche. Creo que he sido extremadamente tolerante y comprensivo, pero no abuses.
Hermione tomó uncroissantconsciente de la mirada de él en todos sus movimientos. Draco vestía un traje azul, camisa blanca, corbata roja de seda. Estaba impecable, sin apenas signos de una mala noche. Y parecía haber recuperado totalmente el control.
Hermione sintió odio hacia él. Sus manos temblaron al cortar el bollo.
-
Quiero ver a un abogado esta mañana. Quiero el divorcio. - le dijo pausadamente, evitando soltar todo el resentimiento que tenía hacia él.
-
Estás soñando, me parece.
-
Yo... No puedes impedírmelo.
-
Simplemente hago como que no te he oído. - le comentó con indiferencia. Hermione se puso azúcar en el café sin mirarlo. Pensó que lo dejaría hablar. Pero no le impediría el divorcio.
-
Hace cinco años yo tenía veintidós años y tú diecisiete. Eras una niña con un cuerpo de mujer. ¡Y no me excita la idea de acostarme con una adolescente, aunque sea mi mujer! Eso me parecía algo perverso. A algunos hombres les gustan las mujeres muy jóvenes, a mí no.
Hermione seguía con el café en la mano. Jamás había pensado que Draco pudiera sentirse de ese modo frente a su joven esposa. Y se sintió culpable y molesta por no haberlo pensado.
-
De todos modos, me odiabas - dijo ella pálida.
-
Sólo estaba resentido contigo. No creo que haya llegado a odiarte. Simplemente te descarté de mi vida. Estábamos obligados a estar juntos, y yo resolví esa situación a mi manera.
-
Disculpa, si te repugno - dijo Hermione nerviosa, e inmediatamente se dio cuenta de lo infantil que había sido su comentario. No quería revolver el pasado doloroso.
-
Comencé a trabajar a los catorce años en uno de los barcos de mi padre. Él era un hombre anticuado. Quería que yo empezara desde abajo y fuera ascendiendo, porque él lo había hecho así. Yo sabía que necesitaba una educación. Los siguientes ochos años fueron años de dieciocho horas de trabajo. Mi vida consistía en matarme trabajando y estudiar para mantenerme al día; y a la vez hacía negocios y transacciones en la bolsa. No tuve una verdadera juventud. No tenía tiempo para nada - se quejó Draco con amargura.
Nunca le había hablado así. La turbaban sus palabras. Alzó la taza de café, buscando su calor para sentirse menos indefensa. Había tenido una vaga idea de lo que habían sido sus primeros años de trabajo, pero no hasta qué punto su juventud había carecido de alegría y placer.
-
No entiendo para qué me cuentas todo eso.
-
Quiero que comprendas lo terrible que era para mí verme obligado a casarme cuando no estaba preparado para ello.
-
Lo comprendo - dijo Hermione.
-
Finalmente alcancé la cima. Por fin era libre como para disfrutar de lo que había podido disfrutar cuando era más joven.
-
Eras libre para acostarte por ahí con quién quisieras. Y entonces te pusieron las bridas y te ataron a mí, ¿no? - inquirió Hermione con suspicacia.
-
Dios... Sí, si quieres ponerlo en esos términos. Pero no anduve acostándome por ahí. Tú eres una mujer. No puedes comprenderlo. Es una etapa que debemos pasar los hombres. Y yo la viví más tarde que la mayoría.
"Sexista", pensó ella. Ella no había ni tenía derecho a lo mismo: de explorar el amor y pasión. Él la había dejado en un estante, olvidada. La invadió una amargura infinita.
-
Me hago a la idea. Una excusa perfecta y original para el adulterio. ¡Es brillante realmente!
-
No me estoy disculpando. Me casé contigo bajo amenazas. No lo hubiera hecho de otro modo. No estaba preparado para comprometerme de ese modo con ninguna mujer a los veintidós años. Era mejor dejarte sola, sin dañarte que compartir la cama contigo y lastimarte.
-
No lo dudo - dijo Hermione con una mezcla de emociones, que iban desde el odio, la rabia, la humillación, y el resentimiento hasta la pena por los años pasados.
-
Yo también tenía la idea de que era cumplir las órdenes de David.
Hermione se puso colorada, sintió vergüenza. Sus palabras eran peor que una bofetada.
-
En los últimos años me he visto tentado por la idea de llevarte a mi cama. Pero sentía que era venderme al enemigo. Y dudo que hubieras podido disfrutar de una relación conmigo en ese plan.
-
Realmente no quiero oír más - admitió ella.
Pero Draco la ignoró.
-
Pero ahora david ha muerto. Quizás no consiga el certificado ése, pero no creo que tú lo tengas tampoco, ni siquiera que sepas de qué se trata. - se sorprendió Hermione al escuchar con sinceridad estas palabras… era un peso menos encima… era una acusación sin fundamento menos en su conciencia.
-
No sabes lo aliviada que me siento. Dime, ¿hay necesidad de que sigamos con esta conversación sobre el pasado? - dijo Hermione tensa.
Draco se rió débilmente.
- Ahora estoy preparado para el matrimonio.
Hermione respiró hondo. Pestañeó varias veces tratando de procesar dichas palabras. Se le hizo un nudo en la garganta, mientras sus ojos incrédulos no podían dejar de mirar a Draco.