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UN MATRIMONIO DIFERENTE — capítulo 4

Capítulo 4- Te has quedado como si necesitaras un trago, un trago fuerte. - le dijo Draco con voz aterciopelada que provocó en Hermione mayores sensaciones, ya que era muy difícil escucharlo hablar así.

Con asombrosa calma, Draco se puso de pie y fue a servirle un coñac. Se lo puso enfrente, sobre la mesa y se fue hacia la chimenea.

  • No es posible que hables en serio - le dijo Hermione con la boca seca.

  • Aparte de tu árbol genealógico, que deja bastante que desear, tú eres una esposa perfecta, lo que yo busco en una esposa.

  • Perdóname, pero no puedo creer lo que dices.

  • Eres guapa, atractiva, y ya eres mía desde antes - dijo sonriendo -. Y no he encontrado a otra con la mitad de las cualidades que tú reúnes.

  • Gracias, pero no, gracias - Hermione no podía entender su sarcasmo, y su proposición la dejaba perpleja.

  • No he dicho que tuvieras derecho a rechazar mi proposición. Y estoy dispuesto a ser razonable. Lo he demostrado anoche. Podría haberte tirada en la cama y...

  • ¡No! - Hermione se puso rígida en la silla.

  • Pero no lo he hecho. Te he dado tiempo como para que te hagas a la idea. No pretendo que te comportes como si los cinco pasados años no hubiesen existido.

  • Amo a Ron.

  • Y yo espero no volver a oír su nombre. Te lo advierto. Te tolero un error, pero no más.

  • ¡No puedes hacerme eso! ¡No puedes amenazarme!

  • No era una amenaza. Si te saltas las barreras que he trazado, tendrás que atenerte a las consecuencias. Y no digas que no te he avisado. No pienses que porque he sido tolerante anoche lo volveré a ser.

  • No puedes obligarme a estar contigo.

  • Intenta saltarte las barreras, y verás. - le respondió con tono amenazador.

  • ¿Acaso no escuchaste? Yo AMO a Ron. - le aclaró Hermione desafiante, no tenía pensado bajarla la mirada.

  • Y no te engañes con que has encontrado el verdadero amor. Wesly tiene una larga trayectoria en el arte de cazar mujeres ricas. - dijo Draco tratando de sonar tranquilo, no quería dar la impresión equivocada a su joven esposa, pero seguía sin reconocer que sentimiento era el que le empezaba arder por dentro.

  • ¡Si ni siquiera sabía que yo era rica! - gritó Hermione furiosa.

  • Hasta un ciego lo vería. Mira las joyas que llevas, la ropa que usas. ¿Por qué crees que vas con guardaespaldas? Eres una invitación para cualquier asaltante. La pulsera que llevas puesta vale más de lo que cualquiera de ellos pudiera ganar en toda su vida. Y no creo que se imagine que vas a donar toda tu herencia.

  • ¿De verdad?

  • ¿Es que quieres conservarla? ¿Las ganancias de todo el dolor y amargura que causó a sus víctimas?

Hermione estaba descompuesta por las palabras que oía. Con una mirada de desprecio se dio la vuelta y se alejó de él.

  • Volverás a Londres y harás el equipaje. Nos vamos a Escocia en cuarenta y ocho horas.

  • ¿A Escocia?

  • Sí. Ya es hora de que conozcas a mi familia.

  • ¿A tú familia? - repitió Hermione en voz baja, ella no estaba dispuesta a someterse a las ironías de este hombre frente a su familia… ni siquiera sabía si lo conocía realmente. - ¡De ningún modo seguiré casada contigo, y de ninguna manera me iré a Escocia!

  • Ve a darte una buena ducha, y piensa mientras tanto cuáles son tus opciones - le aconsejó Draco secamente -. Y cuando termines, piensa entonces cuánto has pensado en Wesly anoche, cuando estabas en mis brazos.

  • ¡Cerdo! - era una palabra que no le gustaba a Hermione pero le salió espontáneamente, sin pensarlo.

  • ¿Y por qué me llamas así? - quiso saber él. Hermione lo miró y se quedó paralizada ante la mirada de hielo de Draco.

  • ¿Por qué? - insistió él.

  • Bueno, ¿y por qué no, si lo eres? - por fin dijo ella.

  • Puedo soportarlo - hizo una pausa y agregó. - Hermione, podemos formar un buen matrimonio. Métetelo en la cabeza.

  • Debes de estar bromeando.

  • Sé que quieres seguir con el papel de víctima, le has tomado simpatía, pero te estoy pidiendo que nos des una oportunidad.

'nos des**oportunidad' hizo eco en su cabeza. ¿Acaso su casi marido estaba jugando?... de cuando acá él quería una oportunidad con Hermione. Definitivamente, el coñac de hace unos instantes lo había afectado.

Lo miró pausadamente y fue capaz de adivinar en los rasgos de Draco la tensión de un orgullo doblegado, como si en la proposición que acababa de hacer de algún modo lo perdiese.

Hermione no quiso verse afectada por el cambio emocional en Draco. Por lo que, en silencio, se alejó de él rápidamente.

  • Hermione, ¿quieres la información que tengo de Wesly?

Hermione sintió que se le revolvía el estómago. ¡Dios, Draco no tenía escrúpulos!

¿Cómo había averiguado tantísimas cosas acerca de Ron la noche anterior?

Los datos personales sobre Ron podrían ser ciertos, pero lo demás no era más que mentiras.

El tipo de mentiras que Draco podía inventar cuando estaba dispuesto a lograr un objetivo. Y estaba claro que quería rebajar a Ron, y que ella perdiera la fe que había depositado en él.

Hermione pensó que Draco era un pobre idiota, que no se daba cuenta que ella realmente amaba a Ron, ¿y por qué lo hacía? Simplemente, porque fue una de las pocas personas que tuvo fe en ella, y no la juzgó, ni tampoco la obligaba a nada… Ron estaba más que enamorado de ella… de eso podía asegurarlo.

En cambio, ¿Draco, qué sabía el sobre el amor? Jamás lo había tenido en cuenta, ni para casarse ni para sus relaciones extramatrimoniales. Draco no podía comprender su relación con Ron. Ron la escuchaba, la animaba, estaba interesado en ella, la cuidaba. Y no estaba dispuesta a perder la oportunidad que la vida le había dado de amar y ser amada.

Draco podía encontrar muchas mujeres que pudieran cumplir los requisitos de una esposa para él. Una esposa guapa, atractiva, incluso una esposa que cerrara los ojos ante las infidelidades, y que sea poseedora de una silueta envidiable… características que ella no poseía, o creía no poseer.

.

.

Durante el vuelo a Londres un dolor de cabeza intenso se apoderó de ella. Atravesó el aeropuerto a tientas, y prácticamente llegó arrastrándose hasta su casa. La criada, al verla llegar con esa cara, rápidamente cerró las cortinas y la ayudó a acostarse. En la soledad, Hermione lloró amargamente, sin pensar en nada, simplemente lloró y lloró.

A la mañana siguiente se sintió fuerte otra vez. Y fue capaz de hacer planes y cumplirlos. La única joya que tenía que le pertenecía enteramente era un collar de diamantes que había pertenecido a su abuela materna. Era lo único que podía ayudarla a conseguir la libertad.

Se duchó, y cambió rápidamente, no quería perder no un minuto de su tiempo, se enrumbó por las calles adoquinadas de Londres y vendió el collar de su abuela en una joyería. Le dio pena, y se sintió culpable por ello. Pero esperaba que su madre, si la veía desde arriba, la comprendiera.

Necesitaba dinero para vivir hasta que se acostumbrase al cambio y pudiera ver qué podía hacer. Y si bien sabía que iba a ser una sorpresa para Draco, no dudaba que sería una tarea difícil para ella adaptarse a la nueva situación.

Nuevamente en casa, buscó en los armarios la ropa más sencilla que tenía, vaqueros, faldas; comenzó a armar su maleta pensando en no llevar nada de lo que perteneciera a su antigua vida: ni tarjetas de crédito, ni joyas, ni trajes de noche. No tenía derecho al dinero de Draco, ni a que él la mantuviera. Después de todo, no había sido su esposa de verdad. Entonces, ¿por qué iba a pedir el divorcio de él, si podía pedir la nulidad matrimonial? Su matrimonio había sido producto del chantaje.

Su disolución iba a ser muy sencilla seguramente.

Repasó en su cabeza, todos los pequeños Hoteles que podría encontrar a su disposición en alguna zona lejana a Londres, quizá Camden o Richmond, se buscaría luego un trabajo sin importar lo que fuere, y se abriría paso sola. De ninguna manera sería, como había dicho Draco, como un recién nacido desprotegido.

En ese instante, sonó el teléfono interno. Era su mayordomo, informándole de que tenía una visita abajo esperándola.

"Un tal señor Wesly".

¿Había ido Ron a su casa? Hermione no podía creerlo. Como no había llamado la noche antes, ella había creído que él no se encontraría en casa, y había intentado llamarlo más tarde, sin dar con él, cuando había tomado la decisión de abandonar a Draco.

Ron estaba de pie en la sala, mirando un cuadro de Picasso, el pintor preferido de Draco.

  • ¡No tendrías que haber venido! - exclamó bajando las escaleras de mármol.

  • ¿Es auténtico? - preguntó Ron señalando el cuadro.

  • Sí - tenía tantas cosas que contarle que no sabía por dónde empezar. Y además, no sabía qué cosas contarle y qué cosas reservarse. Notaba que, absurdamente, tenía un cierto sentimiento de lealtad hacia Draco. No le gustaba ver a Ron en casa de Draco. No le parecía bien, simplemente. Y tal vez por ello no podía echarse en sus brazos.

  • Me han dicho anoche que no estabas en casa, cuando te he llamado.

  • Pero estaba.

¿Sería Draco el responsable de que le hubiesen dicho eso a Ron? ¿Significaba que a partir de ese momento sus llamadas iban a ser controladas y censuradas? De todos modos ya no importaba. Se iría de allí.

  • Le he dicho a Draco que quiero el divorcio. Hoy me voy de esta casa.

Ron sonrió, atravesó la alfombra del salón y le dijo:

  • Querida, ¡es fantástico! - trató de abrazarla y besarla, pero Hermione se apartó nerviosa.

  • No, aquí no. No me parece bien.

Ron se rió y dijo:

  • Espero que te sientas mejor en mi apartamento esta noche. - dijo con tono lascivo. El deseo podía transmitirse en sus ojos negros.

  • Ron, no me voy a vivir contigo.

  • Sí, podría ser perjudicial para tu divorcio. Tienes razón. Eres una chica sensata. Después del comportamiento de tu marido, no entiendo cómo puedes sentirte culpable de la pareja. Eso podría afectarte en el convenio de divorcio.

  • No quiero nada de Draco.

  • No seas tonta, Hermione. Ya sé que tienes la herencia de tu padre, pero...

Hermione se puso tensa. ¿Por qué no hablaban más que de dinero?

"Una larga trayectoria en la caza de mujeres ricas", las palabras de Draco volvieron a su mente.

  • Ése es un tema del que tenemos que hablar.

  • Lo digo por ti. Tú no estás acostumbrada a las estrecheces. No soportaría ser el responsable de que te vengas a menos.

  • No lo serás. Seré libre y seremos como cualquier otra pareja. Es mejor que te vayas ahora. No debieras estar aquí - Hermione fue razonable.

  • Relájate, por el amor de Dios - Ron iba de un lado a otro de la habitación, observando los muebles antiguos y los cuadros.

  • ¿Cuántas de estas cosas son tuyas? - preguntó con un suave silbido de admiración.

Hermione vio en los ojos de Ron una mirada de avaricia, y una cierta excitación reprimida ante lo que veía. Al notarlo. Hermione sintió que algo moría en su interior.

De pronto miró el escritorio pequeño y elegante de su madre. Era el único mueble suyo. Se lo había regalado su padre cuando se había casado. Pero se sentía muy disgustada por la actitud de Ron para pensar en los recuerdos de familia.

  • Ninguna. De hecho, firmamos un acuerdo prematrimonial por el que renunciaba a estas cosas - mintió Hermione -. ¿Y sabes cuál era el asunto de la herencia de mi padre en París? Que el dinero va a tener que emplearse en saldar deudas.

No supo de dónde provenía esa sarta de mentiras, quizá su subconsciente la estaba ayudando a elegir correctamente, sólo sabía que si ponía a prueba el amor de Ron de esta manera, podría saber si realmente la amaba a ella o a su dinero.

  • ¿Deudas? Estas bromeando.

  • No. Cuando me vaya de esta casa no tendré ni un centavo. - le aseguró.

  • ¡Pero eso no me lo habías dicho nunca! - exclamó él, y se calló repentinamente -. Antes de irte debieras pensar bien este asunto. Bien sabe Dios que sólo quiero lo mejor para ti...

  • Por supuesto - interrumpió ella.

  • Me sentiría realmente mal si tú renunciases a todo esto por mí. Lo que quiero decir es que... ¿Y si las cosas no funcionaran entre nosotros? Si te soy sincero, es demasiada responsabilidad para mí. Debemos pensar muy bien lo que hacemos.

Pensó unos momentos más, y entonces dijo que tenía una cita. Era evidente que quería irse para pensar a solas lo que ella le había dicho.

Hermione se sintió estúpida, decepcionada. Era evidente que Ron quería que se divorciara de Draco pero siempre que se llevara consigo el dinero de él.

Subió y terminó. Ron iba a desaparecer de su futuro, pero tampoco quería a Draco en él. Dejaría atrás el pasado. Ya no necesitaba ningún hombre en quien apoyarse. Todos los hombres la habían manipulado, desde su padre, su propio padre, pasando por Draco, hasta Ron, en quien habría confiado demasiado…

Sintió una furia incontenible nacer en su interior, y decidió no ser la misma estúpida que los dejó hacer y deshacer lo que querían de ella.

Bajó sus maletas, llamó a un taxi. Boyce, su guardaespaldas se preparó para acompañarla.

  • No te necesito. Abandono a Draco.

Boyce se quedó pasmado. Sabía que confiándole este hecho, muy pronto se enterarían todos.

Llegó el taxi. El taxista fue de gran ayuda en sugerirle un hotel. Al bajar compró el periódico. Lo primero era encontrar un lugar dónde vivir, y un trabajo.

.

Esa noche, a las diez, golpearon la puerta de su habitación. Cuando fue a abrir se encontró a Draco. Intentó cerrar la puerta nuevamente, pero sus manos fuertes se lo impidieron, forzándola a retroceder.

  • ¿Cómo sabías dónde estaba?

  • Boyce tuvo la brillante idea de seguirte - dijo Draco cerrando la puerta y apoyándose en ella.

  • No tiene derecho a hacerlo - dijo ella amargamente.

  • Él trabaja para mí. Y tú eres el objetivo número uno para cualquier secuestrador. Ha hecho lo que debía. Como yo, que voy a hacer lo que debo hacer.

  • ¿Y qué se supone que es?

  • No dejarte marchar.

Hermione sintió un frío que la recorría de pies a cabeza.

  • Eres como un perro que entierra un hueso y se olvida de él. ¡No tenías el más mínimo interés en ese hueso hasta que vino otro a desenterrarlo!

  • Eres mi esposa.

  • ¿Desde cuándo? ¿Crees que alimentándome y vistiéndome ya está todo cubierto? Bueno, puedes quedarte con tu ropa y tu comida y tu asqueroso dinero. No quiero nada. Igual que no te quiero a ti.

  • Tú siempre me has querido...

  • Has perdido el tren. Te he olvidado hace mucho tiempo - dijo Hermione con una alegría llena de resentimiento.

  • Pero aún quieres que pague por mi actitud -dijo Draco con rabia contenida -. Por eso te vas sin siquiera decírmelo. Ni siquiera una nota...

  • ¿Y qué esperabas? ¿Un "querido Draco, han sido los cinco años más horribles que he vivido, adiós"?

  • Lo has traído a mi casa - murmuró Draco bruscamente, sin dar importancia a lo que decía.

Hermione se puso blanca, y se quedó muda ante la noticia de que Draco sabía que Ron había estado en su casa.

  • Y seguramente no te hubiese importado llevarlo a nuestra cama también.

Hermione se rió cínicamente. Por fin tendría la oportunidad de decirle algunas cosas.

  • ¡Jamás hemos tenido una cama nuestra!

  • ¡Basta ya! Estoy tratando de no perder los estribos - dijo Draco tensando los músculos de la boca.

  • ¡Me da igual! Quiero que te vayas.

  • No me iré sin ti.

  • ¿Por qué? ¿Qué tengo yo de especial? ¿Por qué no te vas con todas esas mujeres con las que andas? ¿O crees que no me entero del todo de lo que pasa aquí? ¿O es que todas esas chicas atractivas eran una tapadera como lo era nuestro matrimonio? ¿Por qué quieres que me quede? ¿Es que eres homosexual y te sirvo para cubrir las formas?

En el mismo momento en que ella pronunció esas palabras, se arrepintió de ellas.

Los rasgos de la cara de Draco parecían a punto de estallar de furia.

  • No... Homosexual no
  • mientras lo decía se quitó la chaqueta y se aflojó la corbata -. Tal vez necesites una demostración...

Hermione sabía que no había peor insulto para Draco que ése, le quebró el ego, y aunque hubo un momento en el que deseó no habérselo dicho, en cierto modo se sentía satisfecha por haberlo disgustado tanto como él a ella…

  • ¿Qué estás haciendo?

  • Algo que debí hacer hace años - Draco se quitó la camisa dejándola junto a la chaqueta.

  • ¿Puedes volver a ponerte la ropa, por favor? - dijo Hermione titubeando, y sabía perfectamente que sus palabras sonaban ridículas, un hecho que poco la ayudaba en esa situación.

  • ¿Te asusta ver algo que tal vez te guste? ¡Dios! Y pensar que estuve a punto de malgastar mi tiempo en cortejar a mi esposa. ¡Pensar que había pensado en hacer cosas estúpidas, como comprarte flores o invitarte a salir! Sube a esa cama.

  • ¿Te has vuelto loco?

Antes que pudiera moverse, Draco la había alzado y la había depositado en un diván que había detrás de ella. Se subió encima de ella con tanta rapidez que no le quedó ni la más mínima esperanza de poder escapar. La situación la sobrepasaba.

  • Eres mi esposa - la voz de Draco sonó como un gruñido, y por el tono empleado parecía que con esa afirmación estaba justificado.

  • ¡Sal de encima! ¡Me estás aplastando! - le gritó Hermione furiosa, rechazándolo con fuerza.- Ve a buscarte una chica guapa de las tuyas. Por lo menos con ella no necesitarás mentir.

  • No miento. ¿Cómo iba a mentir?

Draco se apretó contra ella, metiendo una de sus piernas entre las de ella. Se movía desvergonzadamente, haciéndole notar la dura protuberancia de su masculinidad.

  • No es ninguna mentira.

  • Eres desagradable.

  • le dijo ella acalorada, mientras notaba un calor entre sus piernas.

  • Te deseo - dijo él hundiendo su boca en la curva del cuello de Hermione.

  • ¡No! - dijo Hermione con pánico, a la vez que sentía que una espiral de sensaciones de calor se apoderaba de ella.

Él levantó su cabeza cobriza y la miró con deseo. Entonces la besó apasionadamente, con un gesto que indudablemente quería expresar su posesión sobre ella y un intento por dominarla. Y ella lo sabía perfectamente; y luchaba por no sentir lo que sentía. Pero en cada movimiento de su lengua, él le demostraba que ella quería más y más. Hermione alzó las manos hasta la piel satinada de los hombros de Draco, abrazándolo.

Rodaron por la cama, y él le quitó la camiseta, dejando al descubierto sus senos, que al rozar el vello del pecho de Draco le hicieron articular un gemido salvaje. Un segundo después, ella estaba echada de espaldas nuevamente, y las manos de él acariciaban las tiernas colinas que había descubierto un momento antes.

Ella cerró los ojos. Le faltaba el aliento, y la había abandonado totalmente su parte racional. La boca de Draco por fin alcanzó los pezones, y ella se arqueó de placer, con una ferocidad que jamás había conocido antes. Su corazón galopaba. Draco la acariciaba con la lengua y con los dientes, atormentándola con el placer de su boca en los pezones, que ya se habían erguido para él.

Entonces ella dirigió sus propios dedos a la cabellera de Draco, y gimió por la oleada de sensaciones que la invadía.

  • Eres mía.- dijo él en un gemido, que apenas pudo escuchar.

De todos modos ella no lo estaba escuchando atentamente. Entonces Hermione alzó la cabeza y tocó la boca sensual de él con sus labios, y luego, de manera más descarada, con la punta de su lengua, imitó inconscientemente lo que él acababa de enseñarle. Draco se estremeció y aceptó la invitación, reaccionando con una pasión que la desbordó. Los brazos de él la apretaron tan fuerte, que apenas podía respirar.

Rodaron nuevamente, envueltos en una excitación que ninguno de los dos podía controlar.

Hermione oyó el desgarro de la voz de Draco. Él estaba tan excitado al igual que ella, que cada parte de su cuerpo musculoso en contacto con la piel de Hermione la volvía loca de placer.

Sus pechos se habían vuelto increíblemente sensibles de pronto, y él jugaba con ella con la maestría erótica que lo caracterizaba. Draco jugó también con los rizos de su pubis, y se adentró en el corazón de su feminidad arrancándole un gemido de placer.

Ella no podía quedarse quieta; no dominaba sus miembros. La ola de deseo se había apoderado de ella. Sus caderas se movían con un ritmo que acababa de descubrir. Una sensación de placer casi intolerable iba creciéndole, hasta que por fin la obligó a pronunciar el nombre de él una y otra vez.

Draco dijo algo en francés y gimió contra su boca roja e hinchada.

-"No puedo esperar".

Entonces él entró donde ella más lo deseaba. Le subió las piernas con impaciencia, deslizándose por la tierna bienvenida que ella dispensaba gracias a los preparativos de él.

Ella al sentirlo, abrió sus ojos miel y vio la mirada verdosa de Draco llena de pasión. Podía sentirlo, tan caliente, como suave y duro a la vez y por momentos tan amenazadoramente masculino. Ella buscó los rasgos tensos de la cara de Draco, y por un momento vio en él tal expresión de vulnerabilidad, que su corazón dio un respingo. Y entonces le deseó tanto que casi le dolió.

Él entró en ella lentamente, suavemente, con un gemido ahogado por momentos. Ella sintió un leve dolor, que se le olvidó en medio de una tormenta de desenfrenada pasión que la derritió por completo. Cada vez sentía más, e iba en busca de una nueva satisfacción. Él se movió más rápido. Ella lo abrazó. El corazón de Hermione bombeaba cada vez más rápido, y entonces ocurrió una explosión de calor y placer que la transportó, dejando su mente en blanco.

Draco la penetró con más fuerza y luego su cuerpo entero tembló, con espasmos de placer, con toda la fuerza de quien por fin se deja arrastrar.

Hermione aún no había vuelto a la tierra, seguía flotando en su propio placer. Se pegó a él, oliendo su fragancia, presionando sus labios sobre los hombros de él. Se fue la luz. Y un silencio cayó sobre los dos. Hermione estaba exhausta, y pasó de la irrealidad al sueño, con el cuerpo extendió encima de Draco.