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UN MATRIMONIO DIFERENTE — capítulo 5

La tenue luz del sol que entraba por las cortinas perladas, la despertaron. Fue abriendo sus ojos paulatinamente hasta entender que el ruido inentendible, provenía de la voz de Draco y su acento francés exquisito. Pero… se detuvo unos momentos sintiendo una punzada en su pecho… ¿Habrá escuchado bien? ¿Cómo es posible que Draco este con ella en esa habitación?... inhalo suavemente la almohada y se percató que no sólo tenía un perfume floral y a fresas, sino un aroma menta y muy varonil.

Tuvo que pestañear muchas veces para volver a la realidad. Luego centró su atención en Draco. Estaba de pie, mirando por la ventana, con un teléfono móvil en una mano. Hermione se sintió confusa, ¿qué hacía ese hombre con ella, en un cuarto de Hotel?... A su mente acudieron imágenes de la noche anterior.

No podía explicar cómo había ocurrido. Eso era lo peor. Primero le había estado gritando furiosa, tratando de huir de él, y luego...

Mientras se ponía rígida debajo de las sábanas, unos músculos poco familiares se quejaron y una leve molestia le recordó toda la pasión que había surgido entre ambos la noche anterior.

Hermione se sonrojó. De no ser porque Draco estaba presente, hubiera pensado que era un sueño. O una pesadilla...

De pronto sintió cierta identificación con las atractivas chicas que rondaban a Draco, ¿cómo no iban a acecharlo si él es un hombre completamente pasional y hábil en la cama? … pero, seguro que ella estaba en la cola… en la última fila de las incautas que caen a sus brazos…

Porque las chicas de Draco seguramente sabrían en qué se metían. Y ella, en cambio, había sido apartada de su camino sin saber cómo. Había tomado la decisión de abandonar a Draco y eso le había dado fortaleza. Pero entonces él la había llevado a la cama, la había besado, e inexplicablemente la balanza de poder se había inclinado del lado del enemigo. Porque él era el enemigo. Cualquier persona capaz de reducirla a ese nivel era el enemigo.

Su vista, por otra parte, se recreaba en él: En su cabellera rubia que reflejaba rayos cobrizos gracias al sol de aquella mañana, en la tela de su chaqueta azul oscura que dibujaba el ancho perfecto de sus hombros, en las caderas estrechas que en ese momento limitaban las manos que se metían en los bolsillos del pantalón del traje, y en las piernas largas que se separaban levemente. Entonces comprendió cómo había ocurrido.

Se dio cuenta entonces, de que había reprimido toda atracción sexual por Draco, como medida de autodefensa. Pero había sido peor, porque en el momento en que había tenido la libertad de aflorar, lo había hecho con suma intensidad. Se había traicionado a sí misma en brazos de Draco. Como siempre había dicho él que ocurriría.

Sintió ganas de llorar. Pero se abstuvo.

Draco se dio la vuelta, y fue hacia la cama. El depredador le sonrió. Tenía un aire de autocomplacencia, y la miró expresándoselo. Se sentó entonces al borde de la cama, y le dijo:

  • Es una mañana estupenda.

Ella arrugó la nariz pensando en la lluvia que caía en las afueras… estaba un poco confundida, pero no más de lo que estaba respecto a su esposo.

  • En Escocia - agregó -. Y si me dices que no vas a venir... no, no te atreverías. No, después de lo que ha ocurrido anoche.

  • Eso fue sexo, nada más - dijo Hermione con gesto severo.

Draco sonrió y bajó la cabeza para decirle:

  • Sólo sexo no. Sexo fabuloso, maravilloso, increíble. Si no fuese porque eljetnos está esperando, seguiría en la cama.

  • Ayer te he dejado - dijo Hermione con los dientes apretados.

  • ¡Dios Mío! Y hoy estamos más cerca que nunca. La vida es impredecible. Piensa en esto como si fuera el primer día de nuestro matrimonio.

  • ¡Es lo más nauseabundo que se te puede ocurrir! No quiero ir a Escocia - protestó Hermione.

  • Pero lo harás - le dijo él incorporándose -. Mi familia se reunirá para conocerte en casa de mi madre. No me importa si tengo que llevarte a rastras y gritando todo el tiempo. ¡Para que lo sepas, has tomado la decisión anoche!

  • Lo has hecho a propósito - se quejó Hermione.

  • Sí - contestó él-. Bueno, y ahora, ¿por qué no te vistes? Le di instrucciones a la criada para que te hiciera el equipaje. Pensé que lo que tuvieras aquí no te serviría allá.

Hermione se incorporó en la cama. Se sentía mal realmente, sino fuera tan estúpida, como ella se recriminaba, no hubiera tenido que soportar todo esto.

Estúpida desde el primer día que conoció a Ron y confió en él. Ella había creído que Ron estaba enamorado, que la amaba…. Pero, ¿Ella lo había amado realmente? ¿Había sido Ron para ella una forma de evasión de su matrimonio? ¿Lo habría utilizado para sentir las fuerzas necesarias para abandonar a Draco? Porque la idea de que alguien la amaba le había dado fuerzas, le había dado confianza en sí misma.

Había sido muy doloroso descubrir que él la había visto solamente una vez como un objetivo rentable. Pero, ¿lo añoraba ella todavía? No. Todo había terminado. No quería volver a ver a Ron.

Entro al baño totalmente débil, indefensa y mareada… tenía que darse un baño, para ver si de esta manera lograba disipar toda incertidumbre.

Lo que había sucedido la noche anterior había sido un error incalculable. ¿Debía soportar ahora la vergüenza de seguir al lado de Draco aún a sabiendas de que ella consideraba ese hecho como lo peor que podía ocurrirle?

Reunió fuerzas para ponerse de pie y salió del baño. Entonces se apoyó en la puerta para no caerse. Draco la miró extrañado y le preguntó:

  • ¿Ocurre algo?

  • Me parece que tengo gripe. Pero no es nada importante... - respiró hondo y agregó - Me quedo aquí. No volveré contigo.

  • No te encuentras bien. No sabes lo que dices - la interrumpió Draco -. Te llevaré yo al coche.

  • ¡No! - dijo ella con lágrimas en los ojos, y a punto de desfallecer -. ¿No me has oído? Tú no eres un hombre para mí.

Draco la alzó en brazos al ver que ella se quería apartar de él.

  • ¡Por favor! - no podía hacerlo razonar para que la soltara -. No quiero ir contigo. Quiero quedarme aquí.

  • ¡Dios! ¿Lo estás esperando, no es así? - preguntó él furioso -. ¡Si no estuvieras mareada te sacudiría!

Las maletas ya no estaban en la habitación, pudo comprobar ella con horror, mientras Draco abría la puerta de la habitación con una mano y con la otra la sostenía firmemente.

  • ¡Déjame marchar!

  • Si te dejo marchar, te caerás al suelo - dijo él y luego agregó un sonido desagradable, con una expresión dura mientras presionaba el botón del ascensor con violencia.

  • Quiero el divorcio. ¡No quiero ir a Escocia! - dijo ella con pánico.

  • Debieras haberlo pensado anoche - dijo él entrando con ella en brazos al ascensor.

  • ¡Fue un error! ¡Bájame!

  • No sabes lo que haces ni lo que dices - Draco la sujetó con firmeza, sin siquiera concederle una mirada.

  • Sé... - no podía hablar casi. Pero hubiese gritado, de no ser porque había perdido las fuerzas tanto físicas como psíquicas, a cuenta de sus conflictos emocionales -. Te odio - dijo finalmente.

Draco la llevó en brazos hasta eljety luego la envolvió en una manta acolchonada. Por un momento pensó en la tranquilidad y calor que le proporcionaba la colcha, sin siquiera acordarse el por qué estaba echada en él. No tenía fuerzas para continuar, ni para abrir los ojos, solo se dejo llevar, cerró completamente sus ojos, y no escuchó nada más.

.

.

Algo más tarde. Hermione oyó una voz que le resultó familiar.

  • ¡Pobrecita! Me da tanta pena
  • no parecía sincera la mujer.

Reconoció a la azafata que le daba un vaso a Draco, y cuando éste la incorporó para darle un trago, agregó.

  • Está fatal...

  • Bebe. Te hará sentir mejor - la incitó Draco.

No había nada que pudiera hacerla sentir mejor. Draco estaba se estaba aprovechando de su enfermedad. Bebió, porque supuso que ningún argumento le valdría a él. Lo que había hecho él no era mucho menos que un secuestro.

No puedo dejarte sola en el hotel en estas condiciones - murmuró él, como si hubiera leído los pensamientos de ella.

  • ¡No te perdonaré jamás! ¡Ojalá te contagies! - titubeó Hermione.

Inesperadamente, Draco se rió, mientras le rodeaba los hombros con sus brazos, como si desafiara el contagio. Draco nunca estaba enfermo. La idea lo divertía, porque tenía una salud de hierro.

A partir de ese momento. Hermione perdió totalmente la noción del tiempo. Tampoco distinguía entre el sueño o la vigilia. ¿Había dormido?

.

.

Unas voces en un perfecto inglés le hicieron suponer que habían aterrizado. Sería el aeropuerto, pensó con amargura, y hundiéndose en una espantosa sensación de fracaso.

Una discusión la puso alerta. Alguien la apoyó sobre algún sitio, le levantó la manta, le puso el termómetro en la boca. Sus ojos se fijaron en un cielo raso blanco. Pensó entonces que se había equivocado. No era el aeropuerto. Debía ser un hospital. Oía la voz de Draco. Parecía enfadado, disgustado. Y la voz que antes parecía enojada, de pronto se había suavizado. Era una voz femenina muy expresiva. Con gran esfuerzo, Hermione giró la cabeza para ver quién era.

Una mujer rubia vestida de blanco estaba rodeada por los brazos de Draco. Ella le acariciaba el pelo castaño y también la cara, y en ese momento se disponía a darle un beso. Hermione cerró los ojos impresionada ante aquella visión.

Alguien le quitó el termómetro momentos después. ¿Se lo habían quitado enseguida, o había pasado algo de tiempo? Por momentos estaba inconsciente. La siguiente vez que abrió los ojos, la mujer le estaba dando algo a Draco, y esa vez pudo verla bien. Era una mujer bonita, de piel clara y ojos azules, que contrastaba perfectamente con su cabellera dorada, que miraba a Draco con extrema calidez. Hermione tosió fuerte. Ellos entonces se dieron vuelta para mirarla.

  • Pensé que estabas dormida. Ésta es la doctora Astronia... - dijo Draco.

  • Dra. Gregrass. - Agregó su acompañante con frialdad, marcando la formalidad, un poco de desprecio y la distancia profesional, tono de voz que no usó con Draco minutos antes. Era obvio que algo había pasado entre ellos. -. Me temo que vas a sentirte algo peor antes que haya una mejoría, Hermione.

Hermione cerró los ojos, para auto protegerse.

Pero ya se sentía peor. Estaba totalmente sudada, la cara, el pelo, la ropa. Le dolía todo el cuerpo. Tenía ganas de llorar, pero no tenía la fuerza para hacerlo. ¡Dios! Draco la había llevado a que la atendiese su amante. Sólo él podía ser tan cruel.

  • Estaba muy asustado realmente. Parecías tan enferma. Pensé que podía ser neumonía o algo así. No sabía qué hacer. Estaba aterrado. - dijo Draco con voz aterciopelada.

¿Aterrado, Draco? No peor… ¿Draco estaba preocupado por ella? Era una imagen de Draco que no lo encajaba. Él se volteó y empezó a hablar con otra mujer, más joven, más dulce, y más expresiva. Le pareció que discutían acaloradamente. Pero Hermione nuevamente se desvaneció. La fiebre podía más con ella.

.

.

.

Había una mezcla de ruidos de fondo. No podía distinguir de dónde venían. La mente de Hermione era un caos de imágenes y sentimientos. Había tenido fiebre. Había transpirado y había estado con tiritona durante un tiempo que ella no podía determinar. El día y la noche se le mezclaban indistintamente.

Recordaba que la habían secado y lavado con una esponja repetidas veces, pero que había sido incapaz de hablar a causa de su debilidad. Recordaba también la silueta de Draco en la penumbra de una habitación desconocida. Draco sentado con expresión asombrosamente preocupada en la luz del amanecer. También había habido más gente, pero le costaba recordarlo.

Abrió los ojos. Una criada corrió las cortinas de un ventanal que dejó a la vista un cielo espléndidamente azul. Entonces la luz del sol la cegó, y tuvo que darse la vuelta. En ese momento se dio cuenta de que afortunadamente no le dolía la garganta, ni la cabeza, y que su cuerpo no se resentía con cada movimiento.

A penas salió la enfermera, tuvo la necesidad de bañarse por si sola, así que intentó sentarse, pero el cuerpo no le obedeció. Con un gemido de impaciencia, estiró las piernas para darle movimiento a su cuerpo, con sus manos, logró alcanzar los parantes de madera que se encontraban a los costados de la cama, apoyándose en ellos, decidió ponerse de pie. Pero se tambaleó como un borracho, admitiendo entonces que no se encontraba tan bien como ella había creído. Pero no le importó, nunca nada había sido un obstáculo para ella, hasta había tenido las agallas para salir de la casa de su esposo, su obstinación la llevó a lasuiteanexa a la habitación.

Descubrió entonces accidentalmente su cara en el espejo del baño. Estaba horrible. Pálida, demacrada, el pelo en una madeja lacia y húmeda. Haciendo un esfuerzo se inclinó para abrir el grifo de la bañera. Por lo menos si estaba limpia se sentiría algo mejor.

  • ¡Dios! ¿Qué demonios estás haciendo? - Draco se puso a un lado de la bañera.

Se erguía alto y elegante. Su aspecto la intimidaba, estaba atractivo con su traje azul oscuro, lo que hacía resaltar su piel blanca y sus ojos verdes. Hermione sintió un escalofrío al verlo, su cuerpo estaba reaccionando a su cercanía… pero se repitió que lo que pasó anoche no volvería a suceder.

  • ¿Estás loca? ¡Deberías estar en la cama! - tronó la voz de Draco, no satisfecho con haberla asustado al encontrárselo.

  • Quiero bañarme - dijo ella extremadamente débil. Por momentos le parecía verlo al lado de Astronia Gregrass.

El corazón de Hermione pareció detenerse, y otro escalofrío le recorrió el cuerpo, pero esta vez no era de deseo, sino de ¿Miedo? ¿Celos? Algo que ella no lograba descifrar.

  • ¿Vas a darte un baño cuando apenas puedes ponerte de pie? - dijo él inclinándose para alzarla.

Hermione estalló en llanto, desconcertándolo tanto como a sí misma. En ese momento pareció relajarse la tensión y ambos se abandonaron sorpresivamente a la expresión de sus sentimientos, como si alguien hubiese abierto de pronto la compuerta que los frenaba con firmeza.

Su efecto fue asombroso.

Draco la alzó aun más y la acunó durante un segundo, mientras se disculpaba por haberla hecho sentir tan mal y le aseguraba que por supuesto que podía tomar un baño si tanto lo quería. Se trataba sólo de que ella había estado tan enferma, que él se había puesto muy tenso, y que tenía miedo de que pudiera descuidarse y tener una recaída. Draco parecía ponerse de rodillas, metafóricamente. Ella lodesconocíatotalmente. No podía creer que esa cosa, ese hombre, era Draco…

"imposible…"

Diez minutos más tarde, Hermione se metía en la bañera, y si no hubiese sido por la imagen de la doctora de cabellera rubia y senos perfectos que se le aparecía por momentos, podría haberse sentido conmovida por la preocupación que parecía tener Draco.

No podía entender, ahora menos que nunca, que su enfermedad la había dejado en un estado de confusión mayor, por qué Draco la había querido llevar a Escocia en un intento de hacer valer su matrimonio que no había valido nada desde el principio.

El lavado de su cabello la había dejado exhausta. Al salir del baño no se resistió a que Draco la llevase hasta la cama. Y a decir verdad le asombraba con la paciencia que la había esperado.

  • Oigo el mar - dijo ella, identificando finalmente el sonido de fondo como olas.

  • ¿Te acuerdas de algo del viaje hacia aquí? - le preguntó él mirándola fijamente.

  • Nada - contestó ella en un suspiro.

  • No estamos en Escocia. Como estabas enferma, no tenía sentido llevarte a casa de mi madre. Así que te traje aquí en lugar de llevarte allí.

  • ¿Dónde esaquí?

  • "Esme", una pequeña isla que compró mi padre poco antes de su muerte. Es el lugar perfecto para que te recuperes.

  • ¿Una isla? - Hermione se llevó la mano a la frente. La enfermedad no la dejaba pensar con claridad. Pero había algo que estaba claro por lo menos; no sabía nada de su marido, con quien llevaba casada cinco años.

Una criada sonriente los interrumpió para traer el desayuno. El estómago de Hermione se alertó ante la vista de la bandeja, y entonces se dio cuenta de lo hambrienta que estaba.

  • ¿Cuánto tiempo hace que estoy aquí? - preguntó.

  • Dos días...

  • ¿Dos? - preguntó alterada.

En ese momento golpearon la puerta. Entró una adolescente con pantalón corto, un gracioso top que combinaba a la perfección, y el cabello negro corto y lacio muy bien cuidado. Parecía una modelo de revista, sus facciones eran delicadas y finas.

  • Veo que estás mejor...

  • Hermione, esta es mi sobrina A...

  • Hola, ¡soy Pansy! - interrumpió la joven -. Fui a recibirte al aeropuerto, pero seguramente no me recordarás. Estabas prácticamente inconsciente.

  • Recuerdo tu voz - sonrió Hermione, contagiada de la simpatía de la muchacha.

Hermione volvió a sentir la embarazosa sensación de no conocer nada acerca de Draco. Era la sobrina de Draco. Podría tener docenas de sobrinas.

  • Hermione tiene que descansar. Es mejor que no le hables mucho - le advirtió Draco.

Pansy se puso colorada, obviamente avergonzada por el comentario que ponía en evidencia una de sus cualidades, hablar sin medida.

  • Pero me gustaría mucho tener un poco de compañía - protestó Hermione.

  • ¡Asombroso! Pensé que serías mayor. O tal vez seas mayor de lo que aparentas. ¿Qué edad tienes? - preguntó Pansy.

  • Pansy... - dijo Draco.

  • Veintidós.

  • ¿Te casaste a los diecisiete?

  • Pansy abrió los ojos grandes de asombro y miró a su tío.- ¿Y tú estás de acuerdo con mis padres en que diecisiete años es poco para salir seriamente con un chico? - le preguntó molesta.

Hermione reprimió una risa al ver el gesto de Draco avecinando una tormenta, y salió en ayuda de la graciosa adolescente, cambiando de tema.

  • Tienes un lindo conjunto de ropa y zapatos, Pansy. ¿Aquí en la isla venden todo esto? - le preguntó Hermione sintiéndose abochornada, el cambio de tema era notorio, incluso para Draco que sabía muy bien que su esposa no era una adicta a la ropa.

  • No. Lo compré todo en Londres. Vivo y voy al colegio en Inglaterra. Me hubiese gustado saber tu edad. Te hubiese ido a visitar y te hubiese conocido hace años... A pesar de lo que todo el mundo decía.

Entonces Draco dijo algo en francés. Pansy se puso rígida, y su hermosa cara se tensó al mismo tiempo que bajaba la cabeza. ¿Qué habría dicho la familia Malfoy de la esposa de Draco, a quien no conocían? ¿Es que acaso toda su familia era multilingüe? ¿Cómo iba a saber cuando hablaban mal de ella, si con las justas habla su idioma natal, el inglés?

  • No dejes que te canse - dijo Draco resignado, yendo hacia la puerta.

  • Los hombres son un poco pesados, a veces - murmuró Pansy, y luego le dedicó una risita a Hermione.

  • ¡Tienes razón! - dijo Hermione riéndose, al mismo tiempo que se daba cuenta de lo deprimida que había estado hasta la llegada de Pansy.

  • Me ha costado convencerlo para que me dejara venir a verte. Draco siente siempre pena por mí, por el aburrimiento que sufro cuando vengo a ver a mi familia en vacaciones.

  • Supongo que todos tus amigos están en Inglaterra...

  • ¡Oh! No es eso. Es que en mi familia son todos unos viejos. ¡Viven en el siglo pasado!

  • ¿Tus padres?

  • Bueno, me parece que son los más jóvenes. Algo más de cuarenta años...

  • ¿Los más jóvenes? Draco tiene veintisiete. ¿Tu madre, o sea su hermana, es tan mayor?

  • No tanto, pero su mentalidad muchas veces no refleja su edad física. Mi abuela tiene alrededor de setenta, o un poco más.

Hermione siempre había pensado que Draco sería el mayor de sus hermanos. Pero parecía que había sido un hijo tardío. Era extraño que hubiese una gran diferencia entre hermanos.

  • Si hubiese sabido cómo eras... tenía mucha curiosidad por conocerte.

  • ¿Por eso me fuiste a recibir al aeropuerto?

  • No. Eso era para decirte que eras bienvenida. En mi opinión la familia te ha tratado muy mal.

Hermione sorbió el café.

  • Yo...

  • Y tú tenías entonces la edad que yo tengo ahora - continuó la chica, mientras se levantaba de la cama e iba hacia la ventana -. Yo me hubiese sentido muy mal si la familia de mi marido no hubiera querido saber nada de mí... ¡me hubiera dolido mucho, y hubiera estado furiosa con ellos!

Por lo que parecía, Draco no la había mantenido alejada de su familia por propia decisión, sino que su familia la había rechazado. Pero ella no sentía ni pena ni furia. Pero su matrimonio no había sido normal. No debía preocuparse por algo como la falta de interés de su suegra, o su distancia hacia ella. Tenía cosas más importantes en qué pensar. Pero se alegraba de no ser una extraña para ellos...

  • No estoy furiosa - dijo secamente.

  • Pero era tan injusto... No tenías la culpa de que Draco se enamorase perdidamente de ti, y dejase a Astronia Gregrass. Quiero decir, que hubiese sido peor que se enamorase de ti después de que se hubiese casado con ella.

Por suerte, Hermione se libró de contestarle, porque una criada entró para dirigirse a Pansy.

¡Dios! ¡Mi madre al teléfono! - protestó la joven -. Seguro que no hará ninguna pregunta, pero intentará sacarme toda la información que pueda sobre ti. Ella adora a Draco... frunció el ceño, y por primera vez se fijó en la palidez de Hermione -. Deberías dormir un poco. Se te ve cansada. Te veré luego.

"Increíble", pensó.

No podía creer lo que había escuchado, sintió que empezó a salir de su estado de aletargamiento… se mordió fuertemente los labios, para evitar un grito de asombro ante tal revelación…