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UN MATRIMONIO DIFERENTE — capítulo 6

Hermione no salía de su asombro. Draco y Astronia. Astronia y Draco. Hacía cinco años habían estado a punto de casarse. Hasta que el padre de Hermione había intervenido en la elección. Sintió vértigo ante el significado de este hecho.

Astronia y Draco eran amantes. ¿Por qué insistía en que ella siguiera siendo su esposa? ¿Por qué había rechazado su propia libertad? ¿Por quería casarse con Astronia? ¿O estaba satisfecho con mantener a la buena doctora como amante? Una amante que no se reprimía en presencia de su esposa...

Hermione se estremeció. No había nada en el juramento hipocrático que impidiera semejante comportamiento. ¡Ahora comprendía por qué Draco no había querido decirle todo lo que le había costado su boda con ella!

Él decía odiarla, y no podía ser de otro modo, seguro que Hermione interrumpió su boda con la perfecta rubia, y ahora él se estaba vengando.

Hermione hundió su cara en la almohada, con la sensación de ser la más desgraciada y estar más sola que nunca. Del mismo modo que David, su padre, había manipulado la vida de Draco forzándolo a una vida que él no había elegido hace ya cinco años atrás, ahora era Draco quien quería que su hija sufriera el mismo destino presionándola para permanecer a su lado.

Él siempre la había despreciado, como castigo de los pecados de su padre, y sólo recién se había sentido atraído por su esposa, el día que ésta le había dicho que estaba enamorada de otro hombre. Incluso, hasta ese entonces él había estado confiado en que Hermione aún lo amaba.

"¡Pobre iluso!"

Hermione siguió divagando, y se dio cuenta que Draco aún no sabía que Ron había desaparecido de su vida, - lo que seguro él estaba dispuesto a conseguir como fuera.- Tal vez por lo de "ojo por ojo, diente por diente"… podría ser… total él había sido privado de Astronia, quizás ahora quisiera que Hermione también perdiese a su amor.

Su padre siempre había sido inalcanzable a causa de su chantaje, pero ella era un objeto fácil para la venganza. Y Draco era un sádico. Incluso había representado el papel de hombre apasionado con ella, cuando ahora quedaba claro que había sido todo planeado para desquitarse. En su momento ella había pensado que él le había querido demostrar que podían tener un matrimoniode verdad, y que quería hacerla tambalear en su convencimiento de que amaba a Ron.

Pero ahora veía que el motivo por el que había hecho el amor con ella era aún más humillante.

Ella había caído en las redes de su maestría sexual. La había seducido para dejarla más confusa aún. Hermione se sentía degradada por su propia vulnerabilidad, y eso no lo podía permitir.

.

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El cansancio la había llevado a un sueño intranquilo pero largo. Se despertó pasada la medianoche, y se dio cuenta de que llevaba durmiendo doce horas. Era evidente que físicamente le había hecho bien, si bien se sentía muy hambrienta.

Se puso la bata y fue a buscar comida. Su mente vagaba por pensamientos oscuros y angustiosos cuando de pronto se encontró a Draco, silencioso, a su paso hacia lasuite. Se llevó el susto de su vida.

  • ¿Buscas un teléfono?

En la penumbra, los rasgos de Draco parecían los de una escultura griega, perfecta y bien proporcionada.

  • ¿Un... teléfono?

  • Por la duración de tus llamadas con Wesly, pareciera que encuentras en ellas un buen sustituto del sexo - murmuró con insolencia -. Y llevas como cuarenta y ocho horas sin tu ración. De todos modos, si eso es lo que quieres, podría aceptar el desafío y llamarte desde un teléfono interno. Estoy dispuesto a demostrarte que también eso lo hago mejor que él.

  • ¡Eres perverso!

  • Me está empezando a dar pena el pobre perro. ¿Cuánto tiempo llevan juntos? ¿Dos meses y medio de manitas, suspiros, y dulces conversaciones?

  • ¡Es cosa mía! - gritó ella apretando los dientes de rabia.

  • Pero ya ves, me muero por conocer todos los detalles...

  • Tengo hambre - dijo con debilidad.

  • No creo que estuvieses hambrienta de él. Tal vez sí de un romance y de que te prestasen atención. Lo comprendo.

  • Eres tan primitivo. ¡Deberías estar en una jaula! - Hermione perdió el control ante la arrogancia de Draco.

  • ¡Por lo menos me intereso de los motivos que te llevaron a sentirte atraída por un tipo de tercera clase como Wesly! - le soltó él lleno de rabia.

  • Tengo mal gusto, Draco. ¿No lo sabías? Después de todo una vez fui capaz de elegirte. Y peor aún… tener sexo contigo.

Hermione se estaba poniendo cada vez más furiosa. Draco no estaba celoso de Ron, sino que se sentía herido en su orgullo de macho. No podía soportar que su esposa prefiriera a otro. Y no era momento para admitir que Ron era tan de tercera como Draco había dicho.

  • Necesitas... - empezó Draco.

  • Bueno, no necesito que me quites la ropa como la última vez.

Hubo un silencio impenetrable. Draco se quedó mirándola, y de pronto soltó una risotada. Hermione estaba roja de rabia y desconcertada. Cuando hizo ademán de seguir su camino, él la retuvo y la devolvió a la habitación que acababa de salir.

  • ¿Has dicho que tenías hambre, no? Pediré que te traigan comida - dijo abruptamente.

Draco la sentó en un sofá. Ella entrelazó sus manos en un gesto de ansiedad que le producía el sentirse bajo la influencia y el poder de Draco. Era imprevisible. Alguna vez eso le había atraído enormemente. Era tan distinto a ella. Pero ahora se daba cuenta del carisma que tenía pues lo notó cuando se había reído.

¿Qué le extrañaba de la situación, entonces? Sí, era extremadamente atractivo, devastadoramente sexy, muy sexy realmente, pero no podía evitarlo. Siempre llamaba la atención de las mujeres en las fiestas o cenas, y probablemente su madre y sus hermanas lo adoraban. Así que natural que ella también se viera atraída por ese magnetismo y esa exquisita sonrisa torcida… armas que la dejaban indefensa... No había nada más. Sólo que era una mujer, y que era humana.

  • Me alegro de que te sientas mejor. Pero se te ve muy seria.

Hermione respiró hondo, y descubrió en el rostro de Draco las huellas del estallido de humor que había expresado anteriormente.

  • Tenemos que hablar.

  • Es un poco tarde ya. - le respondió, y lo reconoció de inmediato… ése hombre de ahí era el pedante engreído de su marido. Nunca la había tomado en serio. Quizás no tomaba en serio a nadie, o tal vez fuera porque ella era castaña y pequeña, y una vez había estado loca por él.

Pero hacía cinco años él había alzado una pared de hielo entre ellos, y la había dejado en un mundo irreal que no era ni el de una mujer casada ni el de una soltera. Draco había dado por hecho que ella no iba a sacrificar un mundo de privilegios para ganar su libertad. Pero ésas eran las barreras que Hermione tendría que romper.

  • Draco, tenemos que hablar. Y si es posible, quisiera que no te pusieras furioso, ni que me amenazaras o fueras sarcástico.

Draco estaba apoyado en un escritorio, y la miraba con indulgencia, como quien mira a un niño que quiere demostrar su madurez a pesar de la obviedad de sus pocos años.

  • Draco...

  • Tu comida - Draco atravesó la habitación y fue a recibir la bandeja que le traía un sirviente.

  • Come - le puso la bandeja en el regazo.

  • Sé lo tuyo con Astronia Gresgrans.

  • Pansy.- murmuró Draco casi inaudiblemente con el ceño fruncido -. ¿Qué es lo que sabes?

  • Estabas comprometido con ella.

  • Durante años - admitió él.

Hermione miró la ensalada con apetito.

  • Bueno, entiendo cómo te habrás sentido cuando David te obligó a romper con ella, y perder a la mujer que amabas.

  • El momento no era el mejor...

  • ¿No era el mejor momento?

  • Yo conocía a Astronia de toda la vida. Estábamos prometidos desde la adolescencia. No lo habíamos decidido nosotros. Había sido el deseo de nuestros padres, el acuerdo entre dos líneas de barcos, dos grandes empresas. Astronia quería ser médica. Su padre no lo aprobaba, pero con mi apoyo le hizo ceder. Tanto Astronia como yo sabíamos que tarde o temprano íbamos a decepcionar a nuestros padres, pero mientras tanto jugábamos el papel que nos habían asignado.

  • ¿Jugabas?

  • Si hubiese dicho que no quería casarme con Astronia, su padre la hubiese obligado a casarse con otro y le hubiera impedido que siguiera sus estudios de medicina - explicó Draco -Astronia es una profesional entregada a su vocación, a la que se dedica al cien por cien. No tiene tiempo para otra cosa. No es el tipo de esposa que yo hubiese elegido, ni yo el tipo de hombre que ella hubiese deseado como marido.

Hermione tragó saliva. Había algo que no casaba con la imagen que ella había visto en el hospital. Pero tal vez era el producto de una afectividad entre dos personas que se conocían de toda la vida, y que no se veían desde hacía años.

  • ¿No estabas enamorada de ella? - inquirió.

  • Hace tiempo creí que lo estaba. Pero en cuanto ella se sumergió en sus estudios, me di cuenta de que éramos incompatibles. - le confesó Draco revoloteando su cabello aún más, como si eso fuera posible.

  • Querías que se dedicara a ti exclusivamente.

  • Me conoces bien.

  • Simplemente era un comentario. ¿Y por qué has dicho que no había sido el mejor momento el de nuestra boda?

  • El padre de Astronia me maldijo por cortar la relación a causa de la dedicación de Astronia a su profesión, y ella empezó a tener serios conflictos con su familia antes de que pudiera independizarse.

  • ¿Y cómo reaccionó tu familia?

  • Con horror y vergüenza ante mi comportamiento. Un compromiso es algo muy serio en aquí, sobre todo para familias tan tradicionales como la mía. Me acusaron de deshonrar el nombre de los Malfoy. Es cierto que el compromiso iba a romperse de todos modos, pero el que yo me casara inmediatamente con otra persona agrandó las cosas.

  • Lo siento - dijo Hermione pensando en su padre, que había manejado las cosas sin importarle el daño que pudiera hacer.

  • Ahora es ya imposible. Astronia se casó con otro doctor el año pasado. Y ambas familias aplacaron su ira. Aunque no estaban dispuestas a concederme el derecho a elegir nuestras parejas, pienso que en el fondo sabían que no éramos el uno para el otro.

Otra vez tal declaración dejó pasmada a Hermione, las palabras de su esposo sonaban sinceras, tranquilas, entonces… ¿Por qué había malinterpretado una demostración de afecto amistoso entre dos personas? Tal vez porque no le habían enseñado a demostrar sus emociones, sino a mantenerlas inhibidas. Hermione se quedó pensativa mientras comía lentamente la ensalada.

  • Te comportas como si fuera invisible para ti. Cuando haces eso me dan ganas de romper cosas y gritar - dijo Draco. - Quisiera poder leerte la mente y saber qué piensas.

  • Es infantil...

Draco se encogió de hombros.

  • Hay un niño en cada uno de nosotros. - aclaró. Y Hermione se quedó asombrada ante su contestación. No le había molestado aceptar su parte infantil. Draco era una caja de sorpresas, y si lo consideraba mejor, el pequeño y fugaz mohín que se dibujó en el rostro, fue la demostración perfecta, que él aún tenía el niño interior.

  • ¿Por qué no me dejas marchar?

  • Eres mi esposa.

  • No soy suficientemente buena para el papel.

  • El certificado aun está por ahí - le recordó secamente él.

  • Pero mi padre está muerto... Tal vez lo destruyó.

  • No destruyó nada. Y David era muy listo. Puede que lo desprecie, pero debo reconocerlo. ¿Quién sabe qué habrá podido planear? Ante la posibilidad de que nos separásemos, seguramente alguien en alguna parte esté autorizado para usar ese certificado para hacerle daño a mi familia...

  • ¡No seas paranoico! - murmuró Hermione. Le empezaba a doler la cabeza.

  • No es un riesgo que quiera asumir. Para él, hasta su muerte, tú estabas contenta con ser mi esposa. Y seguramente se aseguró que lo pagase si se me ocurría divorciarme de ti.

De todas las razones que había imaginado para que Draco quisiera seguir unido a ella, la de que estuviera obligado a hacerlo por la eternidad era la peor. Y tal vez si no fuese porque ya estaba acostumbrado a esa condena, hasta se podría haber planteado un accidente casual, de la cual podría liberarse de él.

  • Te has puesto pálida.

  • Me duele la cabeza.

Recordaba la furia con que había ido a buscarla al hotel. Y se daba cuenta de que no tenía nada que ver con sentimientos personales. Simplemente no podía dejar que lo abandonase.

Ahora se daba cuenta de la verdadera dimensión de los hechos. Comprendía la rabia y el desasosiego que habría sentido él los primeros tiempos de su matrimonio. Y lo que habría deseado para que ella se enamorase de otra persona y lo dejara libre. Por eso la había acusado de ser estúpidamente fiel, obcecadamente fiel.

Hermione quiso retirar la bandeja. Draco se inclinó para ayudarla.

  • ¡Puedo sola! - dijo desencajada, pero él ignoró sus palabras.

Una vez que se acomodó nuevamente en la cama, se tapó con la sábana y se puso boca abajo, incapaz de mirarlo siquiera.

Se sentía sin una pizca de orgullo, sin un ápice de vanidad. En unos minutos, Draco había dado vuelta a todo. ¿Qué derecho tenía a pedirle la libertad? Le gustase o no, había sido su capricho por Draco lo que lo había llevado a esa situación. Ni siquiera su padre la habría empujado a casarse con un hombre al que no amaba ni deseaba. Ella era la culpable de todo esto… y cuando días antes de la boda, notó en los ojos de Draco un distanciamiento, a ella no lo importó, estaba tan loca por él, que alegó este cambio de humor a los negocios de la empresa.

"Que idiota."

  • Estarás más cómoda sin esa bata. -

Hermione se puso tensa. Por un momento se había olvidado de que él estaba aún en la habitación.

  • Da igual.

  • Necesitas descansar, dormir una noche de un tirón.

  • De pronto sintió unas manos que le bajaban la bata, levantaban la sábana, y hacían caer la prenda. Luego volvían a poner la sábana en su sitio.

Draco suspiró.

  • Ésta es mi habitación. ¿Te importaría si me traslado nuevamente aquí?

  • Ya me voy - dijo Hermione disponiéndose a levantarse.

  • Quiero que te quedes.

  • ¡Oh! - contestó débilmente.

No encontraba ninguna excusa para negarle que durmiera en su propia cama. La amargura y resentimiento, y la decisión de abandonarlo se habían hecho añicos, pero, sin embargo, ella seguía en medio del terremoto, buscando desesperadamente una excusa para no compartir la cama con él.

Ahora comprendía la razón del cambio de actitud de Draco. Ese día en París había sabido que su libertad era imposible sin el certificado en sus manos. Y se había enfrentado a los hechos: si no podía lograr ser libre, intentaría hacer su prisión lo más llevadera posible. Si no podía casarse con otra mujer... debía encontrar algo positivo en la que ya tenía.

Un ruido la sacó de sus pensamientos. Entonces vio a Draco desvistiéndose. Hermione cerró los ojos, pero escuchaba todos los ruidos, como el del agua de la ducha corriendo y se imaginó el panorama, con un piso de mármol cubierto por toallas húmedas y todo la ropa hecha un desorden. Debería ser un ruido y una visión normal en la vida de cualquier mujer casada, pero para ella no.

Una vez había estado en la parte de la casa que habitaba Draco, después de haberse ido él por la mañana, y lo había visto con sus propios ojos. Y había tenido la terrible sensación de que no podían vivir más separados dentro de su matrimonio.

De pronto lo oyó cantar en la ducha. Parecía tan contento...

Al levantar la vista lo vio al lado de la cama, mirándola.

  • Vete a dormir - le dijo.

Hermione cerró los ojos. Oyó el suave ruido de la toalla caer de su dorado cuerpo. El colchón se hundió levemente, la sábana se movió y entonces se apagó la luz.

No hubo más que silencio. Hermione estaba echada, quieta como un cadáver, pero más despierta que nunca sabiendo que iba a dormir con Draco desnudo a un palmo de ella. Cada movimiento de él la alarmaba y le aumentaba la tensión.

Tibia y relajada, Hermione se movió lentamente, y el cuerpo a su lado, se tensó. Abrió los ojos miel y se encontró con unos ojos profundos color grises. Su mirada intensa la dejó turbada. Sintió un vuelco en el corazón, un calor en aumento. Se encontraba mareada, sin aliento, y con la sensación de haber perdido toda racionalidad.

La punta de un dedo se posó sobre el labio de ella.

  • Abre la boca. Quiero probar cómo sabes - le dijo Draco con ansiedad.

Sugestionada por su mirada, Hermione obedeció instintivamente. Con un gemido de satisfacción, él llevó entonces sus manos al cuerpo de ella, sobre las caderas y la espalda, mientras su boca hambrienta buscaba la de ella con intensidad.

La punta de la lengua de Draco se abrió paso entre los labios abiertos de ella, y luego probó el interior de su suave cavidad, algo que a ella le hizo estremecer.

Con manos insistentes, le bajó los tirantes del camisón, dejando al descubierto la punta erguida de sus pechos. Los acarició con suavidad. Acomodó la cadera a la de él, mientras sus muslos temblaban en respuesta al torbellino de sensaciones que experimentaba. Las manos de Hermione, entonces, se adentraron en la cabellera cobriza de él.

Cuando él dejó de besarla, el corazón de ella bombeaba rápidamente. Draco jugó con los pechos de Hermione, deslizo su lengua por el valle que se extendía entre ellos mientras sus manos jugueteaban con los picos que había formado anteriormente. El calor surgió en el interior de Hermione como un oleaje violento que respondía a las caricias íntimas de Draco.

Se había transformado en una esclava de la pasión. Con un gemido suave que anticipaba otro beso apasionado, Draco la apretó contra él, llevando sus manos a los pequeños rizos de su entrepierna. Buscó la suavidad que se abría más adentro, y con suave maestría la invadió como para que en cada nuevo movimiento la respuesta de ella fuera cada vez más intensa.

Las caderas de ella se movían, contoneaban y alzaban como por propia iniciativa, a medida que el deseo iba aumentando hasta un grado casi insoportable. Entonces Draco la levantó levemente y se internó entre sus muslos para que el cuerpo de ella se encontrara en el punto exacto con el de él. Draco gimió de placer, y se internó aún más.

Hermione pareció ceder y adaptar su cuerpo a la invasión de él, a pesar de que la sensación, que era aún nueva, la sorprendió. Draco se movía dentro de ella, creando en Hermione una necesidad insaciable que ardía en su interior. Involuntariamente los dedos de Hermione buscaron la espalda de Draco y la recorrieron. Entonces, Draco dio paso al éxtasis en el momento en que la poseyó tan plenamente que ella creyó volverse loca de placer. Y cuando ella se liberó de aquella tensión de placer, pareció consumirse durante un tiempo largo, interminable, que la dejó en una sofocada quietud.

  • Se dice que los saben esperar alcanzan el cielo... - dijo Draco suavemente, abrazando el cuerpo de Hermione contra el calor del suyo. - Pero la paciencia nunca ha sido una de mis virtudes.

Hermione estaba totalmente exhausta, y no podía pensar. Y cuando su mente se disponía a ordenarse después del caos de sensaciones vividas, se durmió. Cuando se despertó nuevamente las cortinas estaban abiertas, el sol brillaba en el cielo, y había una bandeja con el desayuno a un costado de la cama. Buscó a Draco y descubrió que se había ido, lo que la hizo sentir infinitamente sola.

.

.

Era el mediodía, pero ella no hacía más que pensar en lo que había pasado al amanecer. Su camisón estaba tirado en la alfombra como prueba acusadora de ello. Suspiró de pena ante la evidencia del horror.

Él la había despertado en medio de la noche, para que no supiese lo que estaba haciendo. Se duchó con fricción, pero no pudo borrar las huellas del íntimo contacto del él.

¿Por qué se engañaba pensando que él era el único responsable de lo que pasaba cada vez que la tocaba? La verdad era que cuando Draco la tocaba ella se derretía y perdía el control, cosas que Draco seguro no dejó escapar y estaba muy al tanto. Sin ningún esfuerzo, él le había enseñado a necesitarlo, sin saber bien de qué manera lo necesitaba.

Cinco años atrás el instintivo deseo de ella la había incomodado en presencia de él. No había estado preparada para semejante intensidad. Y cuando Draco había decidido que durmieran separados, había sido un alivio olvidarse de esas sensaciones que la habían afligido en presencia de él. Pero cuando Draco había decidido romper esa pared que los separaba, la pasión había emergido en toda su magnitud.

Pero ahora se daba cuenta de que no lo había dejado de desear, igual que no había dejado de comprar sus calcetines. Era tan penoso aceptarlo... No le extrañaba que se hubiera reído de ella.

Y los arreglos florales que colocaba en el ala de la casa que ocupaba él, tal vez querían recordarle que ella existía... Se había aferrado a ello como a la compra de sus calcetines.

Tampoco se había transformado de sencilla adolescente a una de las mujeres más elegantes de Londres por casualidad. Probablemente lo había hecho para él. Era patético amar a un hombre tan ciegamente...

Porque ella lo amaba. Había querido derrotar a ese amor con el arma de la relación con Ron y negarle su existencia luchando inconscientemente por conseguir la libertad que su dignidad le pedía. Pero nada había cambiado. Draco no la amaba, ni la amaría jamás. Sólo se veía unido a ella sin remedio. Por otra parte, para él, seguro que el sexo era algo fisiológico. Así que no debía creerse que de pronto se había convertido en una tentación para Draco. Él era un hombre muy viril y sólo buscaba la satisfacción de sus instintos.

"Si. Seguro era eso."

El único problema aquí, era que Draco nunca la dejaría marchar hasta que ese certificado no apareciera… ¿Qué tendrá ese maldito certificado que era una cruz para su libertad? Quizá era ¿Un certificado de matrimonio? ¿Un certificado de nacimiento? ¿Un certificado de propiedad de acciones? Siguió enumerando posibilidades. Las dos primeras le parecieron poco posibles. Draco había dicho que estaba protegiendo a su familia. Nunca había hablado de él directamente. ¿Habría cometido algún tipo de delito su familia? ¿Desfalco? ¿Malversación de fondos?

Que incertidumbre le producía todo esto… estar a un paso de su libertad, sabiendo que conocía el arma para hacerlo, pero ignorando su funcionamiento.

Necesitaba pensar…Se puso un vestido azul y fue hacia la terraza que dejaba ver a lo lejos el mar y los acantilados. En otras circunstancias hubiera querido sacar la foto de la vista espectacular desde allí, explorar la casa, pero sólo ansiaba encontrar a Draco. Él estaba en la terraza, y cuando la oyó llegar se dio la vuelta.

Ella dudó ante sus ojos verdes que parecían penetrarla, y se sintió tan desorientada que no sabía si acercarse a él o no.

No podía desviar la vista de sus facciones doradas e inmediatamente recordó cómo se había sentido horas antes.

Draco le dedicó una sonrisa torcida, de aquellas muy pocas, y fue a su encuentro.

  • ¿Cómo te sientes?

  • Bien...

  • ¿Sólo bien? Se te ve estupenda - él la miró recorriendo su cuerpo con una mirada posesiva. Se demoró en el cabello castaño oscuro y en la delicada perfección de su cara. La recorrió de arriba abajo, con descaro. - Estupenda... - agregó tomándole las manos.

Las palabras de Draco pusieron en alerta a su corazón.

  • Draco...

  • Y mía - él completó la frase con satisfacción.

Las palabras de él parecían frenar lo que estaba a punto de decir.

  • ¿Interrumpo algo? - les sobresaltó la voz de Pansy.

  • No, en absoluto - sonrió Draco, soltando las manos de Hermione.

  • El personal está preparando el almuerzo - explicó Pansy, observando cómo Draco acercaba una silla a la mesa y hacía sentar a Hermione en ella.

Hermione era consciente de que sus manos temblaban. Draco parecía comportarse con calidez. Pero seguramente era su comportamiento normal con una nueva amante. Porque ése era ahora su papel. Aunque bien distinta de las otras mujeres a las que él se llevaría a la cama.

Les sirvieron el almuerzo y Draco no le quitaba la vista de encima, algo que inquietaba a Hermione, y que le hacía levantar la copa de vino más de la cuenta.

De pronto sonó el teléfono móvil de Draco. Draco atendió la llamaba a unos metros de distancia, donde se encontraba el aparato.

  • ¡Me muero de ganas de que el resto de la familia los vea! - exclamó Pansy a punto de dar saltitos en su sitio.

  • ¿Cómo? - Hermione desvió la mirada del rostro de Draco, que le dedicaba una sonrisa desde donde hablaba por teléfono.

  • Si parecéis recién casados en su luna de miel. Cuando decidí venir a verlos, no me lo imaginé - dijo Pansy -. Me voy a nadar ahora. Los veré más tarde.

Hermione bajó la cabeza, y volvió a sorber el vino.

Había decidido hablar con Draco seriamente. Pero entonces la había desafiado un Draco que la trataba atentamente, y que la hacía sentir una mujer muy deseable.

En ese momento, Draco se acercó a ella y la rodeó por detrás, sorprendiéndola una vez más. Y nuevamente comprobó que su corazón la traicionaba cuando sintió el calor del cuerpo vigoroso y masculino de Draco.

  • ¿Qué ocurre? - preguntó él.

  • Hay algo que tenemos que discutir...

  • Olvídalo. Si la discusión tiene algo que ver con el divorcio, la separación, el celibato, o Wesly, es mejor que te mantengas callada.

Hermione sintió una sensación absolutamente inesperada: en cierto modo se alegró de las palabras de Draco.

  • No se trata de eso.

  • Entonces no es importante.

Y antes de que ella pudiera responderle, él posó la boca sobre la de ella, dándole al beso un sabor aún más dulce con el aroma del vino.

  • Te deseo nuevamente.

Y ella lo deseaba tanto. De pronto se encontró imaginando escenas eróticas que la invadía sin poder evitarlo, una experiencia nueva para ella. Él le evocaba sin el menor esfuerzo la pasión vivida la noche anterior. Ni siquiera le tenía que decir palabras bonitas ni cumplidos. Unos pocos besos, y ella se transformaba en su juguete sexual, en una muñeca capaz de atender todas las demandas.

Y eso imagen le dio fuerzas necesarias para apartarlo de ella. Hermione nunca sería el juguete de nadie, menos de un idiota.

  • Tengo que hablar contigo. Y pienso que es mejor que vayamos adentro.

  • Podemos hablar en la cama - la miró él con descaro.

  • ¡Si te acabas de levantar de la cama!

  • Pero estoy deseoso de volver allí.

Y Hermione se daba cuenta de que ella también lo deseaba. Que sus pezones se habían endurecido, que el calor volvía a su cuerpo.

Se dio cuenta también que si bajaba la guardia un segundo, él se aprovecharía de su debilidad. Y eso ella no podía permitirlo, no de nuevo.

  • Me parece que eres demasiado sexuado.

  • ¿Te estás quejando? - dijo él sonriendo.

Hermione se hundió en el sofá.

  • ¡Dios mío! ¡Tus pies no tocan el suelo! - se rió Draco, sentándose frente a ella -. Habla, entonces.

  • He estado pensando...

  • ¡Peligroso! Es una costumbre que debes cambiar, ésa de pensar - interrumpió Draco burlonamente.

  • Acerca de ese certificado...

  • continuó Hermione obviando el comentario de mal gusto de su marido.

  • ¿Y qué tenemos que hablar acerca de ese certificado?

  • Debemos encontrarlo. Y he pensado que tal vez puedas darme alguna idea del contenido del certificado.

  • ¡No! - dijo él cambiando totalmente el humor. - Cuanta menos gente lo sepa, más segura está mi familia.

Por lo que se veía ella no formaba parte de su familia.

  • No confías en mí. -

  • La confianza no juega ningún papel en este caso. -

  • Y la persona en la que menos confiarías es en la hija de David Swan, ¿verdad? - le esperó.

  • No he dicho eso.

  • No hace falta. Me has tratado como si fuera una leprosa durante mucho tiempo.

  • El pasado es pasado ya.

  • ¿Cómo puedes decir eso si estás dispuesto a que yo conviva con él? Pensé que tal vez si supiera algo podría ayudarte a encontrar ese certificado - dijo ella apenada.

  • ¡Ah! Ahora lo entiendo. Lo quieres como pasaporte a tu libertad. Crees que con ese certificado en mi poder te dejaré marchar.

  • ¿No es eso lo que quieres tu también?

  • ¡Lo quería desesperadamente hace cinco años! Y hace una semana pensé que tenía ese certificado. Pero algo ha cambiado en mí desde que descubrí que esa caja no lo contenía. Pensé que era el final de un asunto. No quiero perder el tiempo en una búsqueda infructuosa. ¡Se terminó todo!

  • No - dijo ella reprimiendo las lágrimas -. No ha terminado, mientras aún estemos juntos.

  • Eso no era lo que pensabas mientras hacíamos el amor. O cuando te morías de placer en mis brazos.

  • Por favor... - dijo indefensa ante la acusación.

Draco se acercó a Hermione y le rodeó los hombros con las manos.

  • Cuando estás en la cama conmigo eres caliente como el mismo fuego. Te gusta todo lo que te hago. Te gusta todo lo que te doy. Y lo que te hago sentir. Conmigo te abandonas, pierdes el control, te mueres de deseo...

  • ¿Cómo puedes hablarme de ese modo? - Hermione se estremeció ante sus palabras.

  • ¡Puedes ser lo que quieras en mi cama, mientras lo hagas conmigo! - dijo con énfasis a la vez que la miraba profundamente -. Pero quítale de encima esas fantasías adolescentes de amor verdadero con Wesly. No ocurrirá jamás mientras yo esté vivo. Eres mi mujer. ¡Hazte a la idea antes de que pierda la paciencia!

Draco se retiró y ella entonces respiró.

Hermione pensó que tal vez sería mejor decirle la verdad a Draco acerca de Ron. Pero la idea, después de las duras palabras de Draco, no la convencía.

"Caliente como el fuego", "abandonada, pierde el control..." Tenía razón. Se había rebajado a un nivel absolutamente primitivo, se había dejado quitar sus principios, su decencia, su inhibición. Y entre esos principios figuraba el principal: para ella no podía haber sexo sin amor. Entonces, ¿Cómo pude caer en los brazos de un hombre que no la amaba?

Era irónico, así que decidió dejar a Draco, no hacerle más caso… así el buscaría compañía en otras chicas, con mejor gusto y mejor cuerpo… A ella le daba igual.

Pero el solo pensar esto, le resultada intolerable, la idea de Draco con otra mujer le parecía dolorosa… su corazón se estrujó…

Y con un sollozo ahogado, Hermione abandonó la habitación.