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UN MATRIMONIO DIFERENTE — capítulo 7
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¿Está trabajando Draco? - preguntó Pansy mientras se acomodaba en el sillón de cuero blanco con una revista en las manos.
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Probablemente - contestó Hermione.
Hermione acababa de darse cuenta de la ausencia de Draco. Cinco años de soledad seguramente la habrían acostumbrado a no echarlo de menos. Pero la relación entre ellos había cambiado tan súbitamente que Hermione hubiera deseado volver a los viejos tiempos en que se sentía separada de él.
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Esta tarde estuvo en la taberna. Lo comentó uno de los pescadores. ¿Está enfadado por algo, no? - volvió a preguntar Pansy con un gesto de disgusto.
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Sí, hemos tenido una discusión.
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Aunque tiene un carácter muy fuerte, rara vez pierde el control. Pero da lo mismo, ya que mi familia no sabe muy bien cómo manejar sus cambios de humor. Mi abuela jamás alza la voz. Ninguno de ellos la levanta. No saben qué hacer cuando Draco se pone así. La única vez que lo vi, me resultó fascinante.
Pansy miraba atentamente a Hermione, para ver su expresión y esperar su respuesta. Pero Hermione permaneció en silencio, aunque con el ceño fruncido.
- Yo debía tener unos once años cuando oí hablar a mis dos tías sobre Draco. Se preguntaban entonces quiénes eran sus padres naturales. Yo ni siquiera sabía lo que quería decir eso.
Hermione se quedó pasmada.
- ¿Sus padre naturales...?
La cara de Pansy se puso seria.
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Por supuesto yo fui lo suficientemente estúpida como para ir a preguntarle a mi madre y ella se puso furiosa. Pasaron años hasta que pude comprender que en mi familia la adopción era un tema tabú.
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Sí - reconoció Hermione, simulando saber de qué se trataba. Pero internamente no salía de su asombro.
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Nadie habla de ello nunca. Todos los de fuera piensan que Draco es hijo de mi abuela. ¡Si mi abuela tenía entonces cuarenta y ocho años!
Hermione se estaba sintiendo incómoda ante la conversación. Era evidente que la curiosidad de Pansy no había sido satisfecha en su momento, sino todo lo contrario.
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El que fuese un secreto seguramente lo hizo más difícil para Draco.
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El tema de la adopción es mejor aceptado ahora que hace treinta años - dijo Hermione respirando hondo -. Pero es un tema muy delicado, no debiéramos hablar de ello, Pansy. Y, por otra parte, yo no sé nada más que tú.
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Lo siento, no sé cómo se me ocurrió hablar del tema. - dijo Pansy apenada con un hilo de voz, sus ojos se entristecieron un poco.
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Porque soy parte de la familia, supongo. Pero creo que Draco tiene derecho a mantener una cierta confidencialidad acerca de ello. Y puede que me equivoque, pero no creo que le apetezca que le hables del tema.
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No se me ocurriría.
Después de despedirse de Pansy, se quedó pensando en lo que había descubierto ese día. Era algo que le inquietaba totalmente, y más aún se sentía molesta, porque volvía a confirmar que no sabía nada acerca de Draco. Dio vueltas un poco por la casa, recorriendo con más detenimiento cada habitación, y por más que quería olvidar lo que acababa de escuchar, no podía… se adentró en una habitación color marfil, con algunos cuadros bizarros, y con un gran ventanal por el cual se filtraban los rayos del sol y enfocaban un enorme y hermoso piano…
Decidió sentarse en la butaca frente a él y seguir meditando… sin darse cuenta, lo que empezó como una suave caricia al teclado, se convirtió en una melodía de Mozzart…
…O sea que Draco era un Malfoy adoptado. Y Hermione no debía molestarse por el hecho de que Draco jamás lo hubiese mencionado. Draco tenía tres hermanas, pero seguramente sus padres habrían querido tener un varón. Era evidente que la familia lo habría querido ocultar. Era cierto que nadie fuera de la familia lo sabía. Ella misma había leído muchas noticias sobre él en los periódicos, y en ninguna de ellas se hacía mención a ello.
¿A qué edad se habría enterado Draco de la verdad? ¿Habrían sido más sinceros con él que con la gente de fuera? En caso de que se lo hubieran ocultado, habría sido un shock seguramente.
Hermione interpretaba un concierto de Chopin, que era el tipo de música con la que solía acompañar sus pensamientos más profundos.
Esperaba que Pansy fuese discreta. Seguramente Draco no querría que se enterase más gente, y por eso no se lo había dicho a ella. O tal vez era un tema que no le importaba ya, en su vida de adulto.
Era evidente que él estaba muy unido a su familia. Incluso había sido capaz de casarse con alguien a quien no amaba para protegerlos, dejando sus propios intereses a un lado. Aunque le era difícil apreciar su sacrificio, teniendo en cuenta que a ella también la había sacrificado.
"Dios mío", pensó. ¿Cómo puedo vivir en un matrimonio en el que no se compartía nada más que una cama?"
Pero era tarde para esas reflexiones. No tenía elección. Si hubiese tenido elección, ¿realmente hubiera tenido fuerzas para dejar a Draco? ¿Era mejor aceptar estas migajas que quedarse sin pan?
Hermione, fuera de sí, levantó las manos del teclado.
- ¡No pares! - le exhortó una voz.
Hermione se quedó rígida. Lentamente giró la butaca, y se encontró con Draco en la sombra, al lado de la ventana. Parecía estar tenso. Le brillaban los ojos, llevaba la camisa medio desabrochada y una barba incipiente y oscura.
- Toca para mí - dijo cortante.
Hermione volvió al teclado, y tocó nerviosamente, expresando en cada nota discordante un cierto desafío.
De pronto unas manos le apresaron las muñecas. Se hizo el silencio, interrumpido apenas por su respiración entrecortada. Sintió un escalofrío en todo el cuerpo cuando él se inclinó por encima de ella.
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¿Por qué? - preguntó él soltándole las muñecas.
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No soy tu esclava - murmuró temblando. Pero no era ese el motivo de su agresividad en el piano. Hermione recordaba la primera vez que había tocado para él. La música era para ella una forma muy personal de expresión. Tanto que no la podía compartir con él.
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Toca - dijo él nuevamente.
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No tengo partitura.
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Puedes tocar durante horas sin ella - le recordó él.
Hermione, intimidada y disgustada por la presencia de Draco comenzó a tocar con desenfreno, un trozo de aquí, otro de allá. Pero no quería tocar, por lo que cometió varios errores, y finalmente abandonó.
- Eres muy obstinada. Detrás de ese aspecto frágil, se esconde una personalidad fuerte. - le retó.
Sin embargo, Hermione se sentía muy débil en ese momento. Se levantó lentamente, sin mirar alrededor.
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Háblame de él - le dijo Draco con calma. Pero le había interrumpido el paso, y no la dejaba salir.
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No sé de qué me hablas...
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De tu amante...
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No creo que te interese saber nada de él.
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¿No? ¿Dónde lo has conocido?
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En Harrods.
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¿En Harrods? - preguntó con sorna.
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Sí, nos conocimos allí y me invitó a tomar un café.
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¿Ligaste con él en Harrods?
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¡No ligué con él!
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¡En Harrods! - repitió él como si no pudiese creerlo -. ¿Y dónde fue a parar el asunto después del café?
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A ningún sitio. Me lo encontré nuevamente a la semana siguiente.
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Déjame que adivine, el mismo día, en el mismo sitio, a la misma hora...
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No me acuerdo.
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Esperabas verlo otra vez.
Hermione se quedó callada. Fue hacia la ventana y se quedó mirando la oscuridad de la noche iluminada por las estrellas, y el mar allí abajo. Draco no tenía derecho a hacerle esas preguntas. Se puso furiosa.
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O sea que el affaire comenzó en Harrods... ¿Y en qué zona de Harrods?
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¿Y qué importa dónde?
Draco se sentó en un sofá y estiró las piernas, simulando que se relajaba.
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Quiero hacerme una idea de la escena. ¿Fue en una lencería fina o en el salón de comidas?
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Me niego a contestar a una pregunta así.
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Mejor dejarlo librado a la imaginación. Pero, cuéntame, cómo fue ganando territorio...
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Muy fácil.
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Yo no estaba allí, ésa es la única razón por la que le fue fácil.
La arrogancia de Draco la decidió a no confesarle la verdad sobre su ruptura con Ron. Veía que Ron era la única arma para defenderse. Y Hermione tampoco le confesaría que en brazos de su marido había sentido algo más que atracción sexual. Por nada del mundo iba a dejarle saber que estaba enamorada de él.
Recordaba perfectamente aquel día en París en que tanto la había despreciado pensando que ella aún lo amaba. Y no se perdonaría jamás decírselo.
El que amase a Draco no quería decir que no supiera lo despiadado que podía llegar a ser. Y el admitir su amor la haría totalmente vulnerable.
Tal vez fuese el tipo de mujer que asociara el amor con el dolor, una víctima de su propia condición.
Sentía una rabia hacia Draco, pero era consciente de que también disfrutaba de que en ese momento él tuviese puesta toda la atención en ella.
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No lo amas. Si lo amases te hubieses ido a la cama con él en la primera oportunidad que se presentase. -
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¡Lo creas o no, hay gente que es capaz de contenerse!
Draco se acomodó en el sofá y con ojos burlones le dijo:
- No parece que te hayas contenido mucho conmigo. - le dijo Draco acomodándose en el sofá, y mirándola con ojos burlones, él sabía perfectamente que su mujer no se había resistido a él en ningún momento… y eso hizo sentir peor a Hermione.
Ella lo miró acusadoramente, haciendo resaltar la extrañeza de sus ojos chocolates…
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No es que me queje. - sonrió Draco. - Además, el deseo es algo mucho mejor que enamorarse cruzando miradas entre coles de bruselas. ¿Fue en la planta de comida que lo conociste, verdad? Un verdadero romance. - agregó.
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Ron tiene más de romántico en un solo dedo de lo que tú puedes tener en todo tu cuerpo - le gritó Hermione enfadada.
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Sí, te invito a un café. Yo te hubiese llevado a un hotel cercano y te hubiese derramado champaña sobre los pechos... Y te aseguro que a ti te hubiese gustado más.
Hermione se puso pálida, la idea de ser rociada con champaña era exquisita… y muy excitante… pero, el solo pensar en cuántas mujeres habrían sido tratadas así por su marido, la lastimó…
- ¡No me metas en un mismo saco con todas tus mujeres! ¡Me voy a la cama!
Y decidió que no iría a su cama. Por lo que entró en el dormitorio principal, recogió unas pocas cosas, y salió.
Un cuarto de hora más tarde, ella estaba acostada en la cama de un dormitorio al final del corredor y con la puerta con cerrojo.
Si estaban condenados a estar juntos, eso no quería decir que tuviese que dormir con él. Y se arrepentía de haber estado en la cama con él. Se había perdido el respeto.
Un ruido la alertó. Entonces vio una sombra oscura y silenciosa que entraba por la ventana de la habitación. Estuvo a punto de gritar, hasta que vio los rasgos cincelados de Draco que iluminaban con la luz de la luna.
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Dime, ¿este juego de camas separadas es parte del plan para hacer más romántica nuestra relación? ¿Se suponía que yo iba a trepar con una rosa entre los dientes y una caja de chocolates?
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Hay una altura considerable desde la ventana hasta la playa ahí abajo. ¡Te podrías haber matado!
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Y si me cayese, sería una molestia para ti. ¿Tendrías mucho que explicar?
Draco ni se había inmutado ante las muestras de horror que había dado ella al saber cómo se había arriesgado. Y era un riesgo inútil, absurdo para alguien como ella. Pero no para Draco. Le gustaba el riesgo.
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¡Estás loco! - dijo ella nerviosa ante lo que podría haber pasado.
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Dar patadas a la puerta no era un buen sistema con Pansy en casa. Y hubiese asustado a los criados. No me hubiese gustado hacerte quedar mal.
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¿Y tú no hubieses quedado mal? - preguntó ella, impresionada todavía por lo que había hecho.
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No, porque es la habitación de mi esposa, y estaba con cerrojo. Para los ingleses eso es una provocación. Quizá los norteamericanos como tú, no entienden estas cosas.
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¡Te podrías haber matado! ¿Y hubiera valido la pena?
Draco se metió en el otro lado de la cama, y le dedicó una sonrisa de satisfacción.
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Pregúntamelo por la mañana - aclaró él, acercándose a ella.
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¡No! - gritó Hermione con pánico -. ¡Si vas a dormir aquí, yo dormiré en otra parte!
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¿Esperas que me disculpe por lo que te he dicho hoy? - dijo él apoyándose sobre las almohadas.
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¿Qué? - Hermione se hizo la desentendida, claro que quería una disculpa…no era posible que alguien, sobre todo él, diga que era una mujer "caliente como el mismo fuego"… y las miles de cosas más que le dijo….
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Pero lo que tú te has tomado como un insulto, yo lo considero un cumplido. Muéstrame a algún hombre casado que no quiera una esposa apasionada. - aclaró Draco sin dejar de apoyar su cabeza de lado… le regaló una sonrisa torcida… la cual estremeció a Hermione.
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Me has llamado prostituta.
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No es cierto. He dicho que me alegraba que te comportases como una de ellas en mi cama. Aunque necesitarías unas pocas lecciones para tener el diploma -murmuró él con provocación -. Y me muero por dártelas. ¿Qué más puedo decir en mi defensa?
Hermione cerró los ojos, y se concentró en las últimas palabras de su esposo... muy a pesar que ella estaba enfadada con él, sintió ligeras sacudidas que azotaron su cuerpo y se refugiaron en su centro… Draco la fascinaba… aunque seguía sin entender esos cambios de humor tan fortuitos.
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No podemos vivir juntos de este modo. - aseguró Hermione.
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Acabamos de empezar - Draco saltó de la cama, y la estrechó antes de que ella pudiera remediarlo.
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¡No! - la furia de la boca de Draco la silenció. La fuerza de sus brazos la tomó por sorpresa. Hermione apretó los puños y le pegó. Pero inmediatamente el deseo también se apoderó de ella.
Los labios de él presionaron la boca de Hermione, sumergiéndola en una oleada de excitación. La sangre galopaba en sus venas, el calor en su cuerpo iba aumentando.
Sintió el frío de la sábana en la espalda cuando él la apoyó de espaldas en la cama. Lo miró con desesperación, y él fue hasta sus pechos, que tomó y acarició con gesto posesivo. La respuesta de ella no se hizo esperar, y tampoco la pudo ocultar.
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Esto no es lo que quiero... - murmuró ella suavemente, tratando de vencer el deseo que la amenazaba.
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Pero tú me deseas...
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¡No!
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Sí.
Draco jugó con sus labios. Ella descubrió la dulzura del whisky en su boca, y la aceptó, resignada a que la maestría de él la llevase por caminos de placer inexplorados.
- Me deseas... tanto como yo.
Hermione gimió de placer cuando él se acercó con su boca a los pezones, tensando el cuerpo de ella como un instrumento de placer.
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Admítelo... - le exigió Draco, hundiendo sus manos detrás de la cadera de ella y empujándola contra él.
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¡Sí, sí! - por fin admitió Hermione
Había sido un grito de derrota. Ella se había rendido al calor de su boca y a sus manos seguras y diestras, pero en su interior, ella sentía que había cedido algo más importante aún, imprescindible para su supervivencia, pero, quizá, fatal para su integridad…