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UN MATRIMONIO DIFERENTE — capítulo 8
Hermione estaba sentada en la playa, a orillas del mar, abrazada a sus piernas flexionadas, escuchando el susurro del viento. El ritmo de las olas tenía un efecto tranquilizante, y el calor que iba dorando poco a poco su piel, la dejaba en un estado de pereza y calma que casi la adormilaba. ¿Cuántos días habían pasado? ¿Diez, once? Había perdido la noción. Lo importante era que Draco estaba con ella. No estaba por llegar, ni por irse, ni la iba a dejar sola durante interminables semanas, y ese convencimiento le daba una creciente seguridad.
Se sentía feliz, tanto que por momentos le daba miedo.
Cuando hacía un balance de su vida anterior, no recordaba haberse sentido así nunca. Y le asombraba que un motivo tan práctico como el que había llevado a Draco a poner lo mejor en su matrimonio hubiese producido el cambio, y que la hubiera hecho feliz.
Pero ella amaba a Draco Malfoy. Era normal que se sintiera feliz por compartir interminables horas con él, porque él le hiciera el amor una y otra vez, haciéndola sentir la mujer más deseable del mundo. ¿Entonces de qué se quejaba?
Nada… Era todo perfecto, pues ella tenía lo que siempre había deseado: Tenía a Draco. Tenía de Draco más de lo que cualquiera de sus mujeres había tenido. Se comportaba como un marido. Empezaba a hablar de "nosotros", "nuestros", y parecía pensar en términos de una pareja. Y eso era un logro en él…
Hermione jugaba con la arena y se preguntaba si realmente importaba que él no la ame… Porque él la deseaba, la deseaba siempre, en todo momento. ¿Pero alcanzaría eso? ¿Adónde iría a parar ese sentimiento con el tiempo? ¿Se aburriría Draco? ¿Qué sería de ellos después de un año de relaciones? Ésa era una pregunta que nadie podía contestar.
Unos pasos interrumpieron los pensamientos de Hermione. Dimitri, un empleado de la casa, se acercaba a ella, con un paquete que parecía ser el almuerzo preparado como para hacer un picnic. La saludó en un inglés pausado y cuidadoso, y después, con gran ceremonia, extendió el mantel sobre la arena. Puso en él dos botellas de vino y dos vasos de cristal.
- El Sr. Malfoyllegará de un momento a otro - le informó Dimitri.
-
Gracias. Esto tiene muy buen aspecto - respondió ella espiando en la caja sin desenvolver y se le hizo agua la boca.
-
¿Sra. Malfoy? Debo atenderla, permítame por favor. - le dijo. Sacando el sacacorchos de una segunda caja.
-
No hace falta - respondió Hermione, tratando de disimular su entusiasmo por la exquisita comida. Se ruborizó un poco, pero, no podía negar que la brisa del mar, le había ocasionado un apetito impensable.
Era el último día que pasarían en la isla, pensó Hermione con tristeza. Al día siguiente volarían a Escocia, y conocería al resto de la familia. Alice se había ido hacía dos días, comprendiendo a la perfección, que tal vez era una molestia para dos enamorados.
Draco se aproximo a Hermione con una sonrisa ancha. Llevaba un par de vaqueros gastados y transformados en pantalones cortos, y el pecho desnudo. Su aspecto era irresistible, pero su sonrisa torcida era lo que más seducía a Hermione.
-
Te queda bien el blanco - le dijo mirando la ropa de Hermione y sentándose en la arena.
-
Iba de blanco el día que nos conocimos - no supo por qué se lo dijo, en realidad se le había escapado.
-
Sí - contestó Draco tenso, y levantó el sacacorchos. Se notaba que Draco no quería hablar del pasado. Era evidente. Pero ella, sin querer, ignoró su incomodidad.
-
¿Te has tomado una gran molestia viniendo hasta aquí para estar conmigo, no?
-
¿Sí? Dame tu vaso.
Hermione alzó los dos vasos, y centró su atención en la boca sensual de Draco mientras éste servía el vino.
Tenía la sensación de que cuánto más cerca estaban, él más se alejaba de ella, poniendo una distancia casi invisible, como si no confiara en ella. ¿Y por qué iba a confiar en ella? Al fin y al cabo, él pensaba que ella aún suspiraba por Ron.
… De pronto, una pregunto rodó su cabeza… ¿Por qué no le había dicho la verdad aún? ¿Por orgullo? ¿Por ego? ó ¿porque la existencia de Ron lo había llevado a querer a demostrarle que era su verdadera esposa?
Draco era muy competitivo, posesivo, defendía su territorio. La había mantenido atrapada como a una mariposa, a quien había impedido el vuelo durante cinco años, pero en el momento en que ella había podido escaparse y levantar sola el vuelo sin previo aviso, había originado en Draco un desafío, una invasión a su territorio, y eso, él no podía soportarlo.
Pero… Y si le contaba la verdad, ¿perdería Draco su interés en ella?... un escalofrío la hizo sentirse incómoda frente a esta realidad… No le parecía muy conveniente jugar con una persona como Draco.
- Esto es para ti - le dijo él extendiéndole una caja ante sus ojos. Agachó un poco la mirada.
Cuando Hermione abrió le encandiló el brillo del zafiro y el diamante que formaba el hermoso anillo.
-
Es exquisito - atinó a decir ella, con cierta timidez, y luego por fin, se atrevió a mirarlo.
-
Es un anillo para la eternidad. - le sonrió torcidamente levantando un poco la mirada… como apenado.
-
Sí, lo sé - dijo ella haciendo esfuerzos por no llorar de emoción.
-
¿Por qué estás tan impresionada? Es un regalo simplemente. Bebe tu vino antes de que se caliente - la incitó Draco, cambiando un poco el tono de su voz…
Uno de los tantos cambios de humor de Draco…
Él sabía perfectamente por qué ella estaba tan asombrada. Draco jamás le había comprado un regalo. Nunca le había dado más que dinero. Y todas las joyas se las había comprado ella. Muchas veces en las cenas que preparaba, le preguntaban por alguna pieza especialmente bonita, y ella decía que Draco se la había regalado, pensando en que efectivamente el dinero era de Draco, pero sabiendo que no era del todo cierto lo que decía. Y el recuerdo amargo de otro tiempo en ese momento le dio ganas de llorar.
-
No lo quieres - afirmó él con una actitud hostil, que la sorprendió.
-
¡Por supuesto que sí! - dijo ella poniéndoselo junto al anillo de boda rápidamente, en la sospecha de que si no lo hacía en cualquier momento se lo quitaría y lo arrojaría al mar.
Draco aflojó la tensión del rostro. Ella entonces se dio cuenta de que a él también le inquietaba la situación, y de que se sentía culpable de esos terribles años de regalos impersonales.
-
Mi padre solía regalarme dinero también. - contó Hermione tratando de disimular aún más las lágrimas. - Y nunca esperé otra cosa de él. La única vez que me hizo un regalo…
-
¿Fui yo? Y yo no fui un regalo propiamente dicho, ¿no? - dijo él con una risa forzada y triste.
-
Iba a decir que lo único que me regaló fue el escritorio de mi madre. Y ya sabes que no vale gran cosa. Es bonito, pero él no sentía nada especial por ese mueble. De hecho estaba en el ático, y lo tuvo que hacer restaurar, pero él dijo... ¿Sabes lo que dijo? - terminó ella con entusiasmo.
-
¡No me interesa en lo más mínimo! - dijo él con impaciencia, y una sombra que expresaba intensas emociones.
Draco se acercó a ella para que le prestara atención.
-
Lo que quiero decirte es... - dudó Draco -. ¡Dios! ¡Desearía no haberme pasado cinco años siendo un cerdo, y un arrogante, haciéndote pagar lo que David hizo conmigo! ¡Aunque ahora no veo las cosas de ese modo! - Draco daba golpecitos nerviosos en la muñeca de Hermione, expresando lo difícil que le resultaba admitir esos sentimientos y simplemente no podía pensar en el escritorio del que le hablaba ella.
-
Ahora comprendo tu manera de comportarte en todo ese tiempo...
-
Tú tenías diecisiete años y estabas encaprichada conmigo...
Ella bajó la vista y bebió el vino.
-
Y creo que entonces también tuve la vaga idea de que eras inocente y de que no sabías nada del chantaje de tu padre. Podría haber sido más amable. Tú eras casi una niña. Era más inocente de lo que es actualmente Alice. Cuando las veo juntas ahora, veo cosas que no quise ver hace cinco años.
-
Eso no importa ahora...
-
Debo haberte hecho mucho daño. - confesó por fin Draco. Tenía las palabras de "perdón" anudadas en la garganta… pero no podía pronunciarlas aún… como tampoco podía creer todo lo que sufrió su Hermione.
-
Sí. Pero ya lo he superado - Hermione forzó una sonrisa inestable. Se sentó de rodillas y alargó la mano hasta la caja de la comida para desenvolverla -. ¿Qué quieres comer?
-
¿La comida? - explotó Draco.
Se acercó a ella y, sujetándola fuertemente y tomándole la cara entre sus manos, le dijo:
- Olvídate de la comida - le dijo Draco algo enfadado. Pero también empleaba un tono de disculpa y deseo.
Y olvidó rápidamente la comida, tan pronto como él acercó la boca a la de ella. Hermione perdía el control en sus brazos. Le deseaba una pasión que la consumía. No se trataba de una seducción de los sentidos, sino de un asalto repentino, en el que se despojaban de la ropa en un acto desesperado. La excitación se abrió paso, borrando todo, excepto la necesidad que tenía del cuerpo de Draco.
Hermione echó la cabeza hacia atrás cuando él se dispuso a recorrerla, con gemidos de placer y satisfacción. A partir de ese momento no hubo más que sensaciones, alcanzando juntos el éxtasis. Y finalmente la dejó en una quietud casi sobrenatural.
Draco le dijo algo en francés abrazándose a ella.
- ¿Te he hecho daño? - preguntó él entonces.
La había sorprendido una vez más. Hermione entonces le recorrió la espalda con su mano, en un gesto que también indicaba posesión. Pero era evidente que Draco siempre la sorprendía, dentro y fuera de la cama.
-
No - dijo ella sonriendo.
-
¡Dios mío! Podría estar aquí todo el día - dijo él, y se giró con ella encima -. Cada vez que te miro estás más hermosa,ma belle vie. A los diecisiete parecías un ángel, pura, inmaculada. Ahora eres una mujer, con los labios hinchados de mis besos, tu pelo hecho un lío. - murmuró él entusiasmado. - Pero todavía me quitas el aliento.
-
¿Si?
-
¿Y todavía lo dudas? Es la única vez en mi vida que hice el amor en la playa. - la incorporó al mismo tiempo que él se levantó. - Ahora comamos. - le dijo con una sonrisa burlona.
Toda su tensión se había ido. Había dicho todo lo que necesitaba decir. Había mostrado arrepentimiento por todos esos cinco años. La culpa lo había golpeado por fin. Y era ahora cuando comprendía que no sólo él había sido la víctima de David.
David había podido prever que Draco guardaba rencor a su hija y se sentiría una terrible amargura por ser obligado a casarse, incluso había podido pensar que él podría tener otras mujeres, pero de lo que no se había preocupado en absoluto era que ella fuese feliz. Sólo le había interesado un marido poderoso y rico.
-
¿Por qué estás tan seria? -
-
Estaba pensando en mi padre.
-
Dondequiera que esté, se debe estar riendo como una hiena ahora mismo. Aquí estamos, haciendo lo que él quería que hiciéramos, y tarde o temprano seguramente también tendremos un hijo...
-
¿Un hijo? - Hermione no podía creerlo.
-
Sí, una de esas cosas rosadas, que se pasan el día llorando y que requieren bastante práctica en sus cuidados. Hay gente a la que les gustan mucho. Pero tal vez a ti no te gusten.
-
agregó bajando la voz.
-
Sí, me gustan. Sólo que no se me había ocurrido pensarlo - realmente no lo había pensado, pero en ese momento la idea le gustó.
Draco la rodeó con sus brazos, y la abrazó.
-
Tal vez el año que viene - le dijo él con una sonrisa que premiaba la respuesta afirmativa de ella.
-
Sería un problema para ti si rechazara esa idea, ¿no? Teniendo en cuenta que estás obligado a estar conmigo...
-
¿Es eso lo que piensas? - le preguntó Draco un poco serio.
-
Es la verdad, ¿no es así? - Hermione deseó no haber hablado, porque temió que la felicidad de los días pasados se desvaneciera.
-
Nuestro matrimonio será lo que nosotros hagamos de él - se dio la vuelta, y la colocó entre sus muslos. Entonces la miró intensamente y le dijo éndelo. Acéptalo. No mires atrás.
Entonces la besó, y le sirvió vino y le ofreció comida. Pero ella no tenía hambre realmente. Lo observaba atentamente, y por primera vez fue optimista acerca del futuro juntos. Si él podía olvidarse del pasado ella haría lo mismo. Y tal vez lo primero que debía hacer era contarle la verdad sobre Ron.
- ¿Draco...?
En el mismo momento en que ella se disponía a hablar alguien desde la casa llamó a Draco. Éste se puso de pie en un salto, y con enfado dijo:
- ¡He dicho que ninguna llamada, ninguna! ¡Ninguna interrupción!
Entonces el criado se acercó y le respondió:
-
Es urgente.
-
¡Espero que sea muy urgente! Quédate aquí...espérame - le dijo a ella en un aparte.
Lo vio alejarse por el sendero que iba hacia la casa. Hermione se sirvió unas fresas del almuerzo. Miró su anillo desde todos los ángulos, y de pronto se sintió eufórica. Aunque sería un esfuerzo contarle la verdad sobre Ron cuando regresara… ya que se sentía tan relajada y plena, que se vio envuelta en la oscura serenidad del sueño.
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La despertó un ruido. Estaba sobresaltada, desorientada. Vio un helicóptero en el cielo, colgando como un pájaro gigante negro. Un momento después estaba atravesando la bahía. Se quitó el pelo de la cara y miró el reloj. Había dormido un par de horas y Draco no había vuelto.
Recordó entonces la llamada telefónica. Al menos ella habría creído que había sido una llamada telefónica urgente. Descubrió las medias a un costado y se las puso sonriéndose y se acomodó el vestido arrugado. Cuando llegó a la mansión notó un silencio abrumador. Dejó las cosas del picnic a un costado. El personal parecía haberse esfumado. Sintió que algo no marchaba bien, era un presentimiento. Draco estaba en su oficina mirando algo en su escritorio.
- Te has olvidado de mí. Pero te perdono - dijo ella bromeando desde el quicio de la puerta.
Él levantó la vista y la miró con ojos de hielo. Hermione sintió que la pulverizaban. Y supo que su sexto sentido no la había engañado. Él la escudriñaba con el gesto grave, reprimiendo una rabia que se le escapaba en la mirada, intimidándola como él lo sabía hacer.
Hermione se puso pálida.
-
¿Qué ocurre?
-
¿Cómo lo sabes? - preguntó él con ira contenida.
-
¿Qué es lo que ocurre? - preguntó ella con ansia.
-
Ven aquí. Tengo algo que mostrarte.
Sobre el escritorio había una colección de fotos. Hermione se acercó a ellas y se inclinó para verlas bien. Sintió vértigo en el estómago. Hubiera querido morirse. En las fotos estaba ella con Ron.
No podía creerlo. Miraba una tras otra como para convencerse. Ron y ella caminando por una calle llena de gente, besándose en un pub, abrazados a la entrada de otro establecimiento, sonriéndose. Se le debilitaron las piernas, empezó a sudar frío, y su respiración se volvió entrecortada…
"¿Por qué ahora?",hubiese querido gritar."¿Por qué en ese momento que eran tan felices?"
-
¿De dónde han salido? - dijo ella.
-
¿Sabías que tenías a un fotógrafo detrás de ti?
-
No.
-
¿Sabes lo que vale en el mercado una foto de mi mujer con otro hombre?
Hermione miraba a la nada, sin poder reaccionar. A pesar de las precauciones que había tomado, la habían reconocido y le habían tomado fotos. Y ella ni siquiera lo había sospechado.
Draco habló de una suma extraordinaria y se quedó como esperando alguna respuesta de parte de ella. Pero Hermione no podía pensar ni hablar.
Esta foto ha sido ofrecida a la prensa. Si el dueño del periódico no hubiese sido uno de mis amigos más íntimos y su editor no se hubiese dado cuenta, ¡las hubiesen publicado!
-
Las has comprado...
-
¡Eres mi esposa! ¿Qué iba a hacer? - gritó él con furia.
-
¡Deja de gritarme! - dijo ella desesperada -. Lo lamento, no he podido evitarlo. Y además lo de Ron terminó. ¡Terminó cuando volvimos a Londres! Debería habértelo dicho antes.
-
No mientas - la interrumpió.
-
No miento. Terminó hace tiempo.
-
¡Serías capaz de decirme cualquier cosa con tal de protegerlo! - dijo él dando un golpe sobre las fotos, tensando las facciones en señal de disgusto.
-
No me estás escuchando. No me crees.
-
Da igual. ¡Nunca me han humillado tanto!
¿Daba igual entonces su relación con Ron? La idea de su matrimonio se venía abajo nuevamente. Había sido estúpida ilusionándose. A Draco sólo le importaba su imagen pública, su honor de macho humillado. Ella no tenía derecho a nada. Debía tener una conducta irreprochable en ese sentido.
Se sentía mareada. Lamentó haberse sentido culpable y haber sentido necesidad de pedir disculpas a Draco. Su deseo había sido no causar más daño a la relación entre ellos, pero ahora Draco había demostrado que su matrimonio era vacío, al menos por parte de él.
- ¡Si para ti esto es una humillación, es que has tenido una vida fácil! - dijo ella.
Él se quedó quieto, sin poder creer lo que oía.
- Yo he vivido cinco años de humillaciones. Todo el mundo sabelo que tú valoras tu matrimonio, Draco. De eso te has asegurado muy bien. Pero cuando las cosas ocurren del otro lado se trata de una ofensa inadmisible. Alégrate de tener los contactos y el dinero para impedir su publicación. Yo no contaba con ellos - dijo ella en un rapto de dignidad -. Y tuve que soportar las miradas de lástima de tus invitados en las cenas que organizabas...
Draco se puso blanco.
- Yo no me consideraba casado.
- agregó tenso, pero con un dejo de dolor.
Hermione miró nuevamente las fotografías, y respondió.
-
Yo tampoco...
-
Eso es diferente - siguió Draco irracionalmente, llevado de la ira.
-
Sí, yo fui más sensible - dijo ella con lágrimas asomando a sus ojos, pero reprimiéndolas al fin -. Y más cobarde también como para hacer algo. Pero no voy a agachar la cabeza como si fuera una pecadora y tampoco voy a decir "lo siento".
- ¡mon Dieu!...- dijo él en francés con los puños apretados.
-
Porque no lo siento. De hecho me hubiese gustado que tu amigo las publicase para que se supieras lo que siente durante un par de semanas. ¡Yo he tenido que soportarlo durante cinco años! - le gritó en un arranque de rabia y desesperación -. ¿Te sorprende Draco?
-
Tú, desgraciada... la miró con impasividad, como si todos sus sentimientos hubieran desaparecido de pronto.
Ella continuó.
- Pero es algo natural en los hombres, es algo que las mujeres no podemos comprender - dijo ella recordando las palabras de él, y hubiese querido callarse, pero descubrió que no podía frenar su deseo de hablar -. Sólo hice lo mismo que tú, pero más tarde que la mayoría claro, así como dijiste. Eso sí, no he sido tan retorcida como tú, justificándome, ni haciéndolo para hacer daño a nadie ni humillarlo.
Draco se dio la vuelta en silencio y se marchó, dejándola sola, temblando y dolorida en su interior. Se preguntaba de donde le habrían salido sus palabras. Pero supo que desde dentro de su ser. Tantos años aguantando la amargura y la pena, habían desembocado en esa explosión.
Draco se había sentido humillado. Algo muy grave para un londinense que aún estaba en la época de las cavernas. Su apreciado honor, era lo que más le pesaba. Había esperado que le pidiera perdón a sus pies. Con menos no se hubiera conformado. Lo que menos esperaba era el desafío de sus palabras. Él se regía por unas reglas, pero ella debía regirse por otras.
Hermione se tapó la cara con las manos. Se sentía vacía y sola, muy sola en esa habitación…
Había sido una tonta una vez más: En la Isla, era imposible que Hermione escape, o intente escapar… así que Draco, en ningún momento la había dejado abandonarlo, no, en cambio, la había llevado a la cama, había desplegado nuevamente sus encantos sobre ella, y ella había vuelto a caer.
¡Y en realidad le importaba tan poco a él!
Hermione se sintió fatal… Era muy doloroso saber que al hombre al que amaba no le importaba nada… absolutamente nada…
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