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Sobrenatural. — capítulo 3
Al mismo tiempo pero muy lejos de allí, en el cementerio viejo de la ciudad.
Anastasia, o Nastia como la llamaban todos sus conocidos, camino con pasos acelerados pasando las viejas tumbas que ya se conocía, era demasiado tarde y lo sabía pero no podía irse sin visitarlos, no se sentiría bien al llegar a su casa si se diera la vuelta en ese momento, ni siquiera aunque sabía que ellos la perdonarían por no haberlos ido a visitar. Por fin, a través de caminos viejos y empedrados dio con el lugar donde sus padres descansaban desde hacía tantos años.
-Hola papa, mama, se que llego tarde pero he tardado mucho haciendo un trabajo-con suavidad dejo las flores encima de la tumba-Es tan extraño no tener a John a mi lado, el siempre me ayudaba a hacer los trabajos, pero hace una semana desapareció ¿Sabéis? Lo único que me dijo fue que me echaría de menos pero que volvería…
Sin siquiera pararsea pensar en lo que decía Nastia siguió hablando durante cinco minutos más, ya no le daba vergüenza hablar con sus padres, la vergüenza inicial que había sentido la primera vez, cuando movida por un sentimiento de vacío y necesidad había acudido a hablar con sus padres. Pero con el paso del tiempo aquellas conversaciones con ella misma frente a la tumba de sus padres la dejaba más tranquila y relajada. Y en muchas de esas veces Nastia juraba que alguien la escuchaba aunque sabía que estaba completamente sola.
-Adiós papa, mama, aun tengo que ir a darle de comer a Mina y hacer la cena-se despidió, pasando la mano con nostalgia sobre las lapidas-Aun os sigo echando de menos…
Después de su breve conversación Nastia recogió su mochila del suelo y volvió por donde había venido. Estaba casi llegando a la entrada del cementerio cuando algo le llamo la atención, una de las lapidas, que Nastia conocía bastante bien, parecía temblar, la vieja piedra ennegrecida por el paso del tiempo brillaba en esos momentos. "¿Qué está pasando?" se pregunto pero aun así no paro, aunque sabía que lo que estaba viendo era real no podía apartar
de su mente lo que la siquiatra le había dicho años atrás después de la muerte de sus padres. "Lo que viste no es****real pequeña, solo es el producto de tu mente cansada y alterada"
Nastia había querido gritarle a la mujer que lo que había visto era completamente real, que el demonio que había matado a sus padres no era el producto de su mente alterada pero la parte lógica de su ser la había obligado a actuar con cautela y a ocultar sus verdaderos pensamientos. Un escalofrió la recorrió al recordar a la psiquiatra, una mujer bajita y rechoncha que parecía disfrutar humillándola cada vez que la recibía en su despacho. "¿Te crees importante pequeña? No eres más que una pobre huérfana y ni siquiera eres guapa, siempre pasaras desapercibida para todos" le solía decir con regularidad.
Pero eso no era lo peor, sino que Nastia había acabado por creérselo, no la parte de que era una pobre huérfana, porque tenía a su hermano que la adoraba sino en la parte que tenía que ver con su físico, desde que Nastia había tenido uso de razón siempre había sido comparada con la belleza de su madre y nunca, en todos esos años había sido ella la que ganaba a la belleza de su madre. Al parecer su destino era ser un ratón de biblioteca, cuyo trabajo futuro sería el de bibliotecaria y que, posiblemente, moriría virgen.
Un temblor de la tierra interrumpió todos sus pensamientos, al girarse Nastia descubrió, horrorizada que la lapida no solo seguía temblando y brillando sino que la losa de piedra estaba empezando a romperse por la mitad. ¿Qué demonios estaba pasando allí? ¡Eso no era nada normal! Y tampoco era un producto de su imaginación. Tan pronto como la tierra había empezado a temblar dejo de hacerlo, el agujero que se había formado en la losa dejo de agrandarse durante unos segundos, hasta que una mano apareció desde bajo.
-Oh dios mío-susurro, empalideciendo.