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Mi último deseo (los juegos del hambre — capítulo 18
― ¡Peeta! ¡Peeta cuéntame otra vez como lograsteis ganar los juegos del hambre!
Era un sábado cualquiera por la tarde, Katniss había ido a ver a Johanna, como todos los sábados por la tarde. Desde nuestra boda y desde que Gale se había decidido a seguir nuestro ejemplo y pedirle a Johanna que se casara con él que habían acordado quedarse en el distrito 12. Aunque seguíamos llamándolos distritos no existían fronteras entre ellos. Disponíamos de desplazamiento para transportar materias primas a todos los distritos que lo necesitaran. Ahora, nosotros éramos nuestros mayores inversores y fuentes de productos. Nadie nos robaba nuestros productos, simplemente lo intercambiábamos por otros que necesitábamos. Era sencillo. Por otro lado, también podíamos ir al nuevo Capitolio, que ahora era simplemente la ciudad. Una ciudad que podíamos ir y visitar siempre que quisiéramos. Katniss iba a menudo, según había acordado con Haymitch y Effie, para grabar unas canciones. Según habían dicho, su hermosa voz y su decisión por plasmar la rebelión de un modo que ella podría expresar, dieron paso a un proyecto que la ayudó mucho a recomponerse y volver a unir todas sus piezas. El disco que había gravado se hacía llamar Sinsajo, en honor al símbolo de la revolución. Incluía una canción dedicada a Prim y otra a su madre. Por desgracia, su madre solo permaneció con nosotros un par de años más. Se quedó en el distrito hasta que la enfermedad la venció, sin embargo, en ningún momento perdió la sonrisa.
Las demás canciones, por otro lado, la mayoría hablaban de nosotros y los juegos, de nosotros y la rebelión, de nosotros…
¡Oh, sí! Es cierto, sorprendentemente Haymitch y Effie habían iniciado una especie de adicción el uno por el otro. Lo expreso de ese modo porque no han dicho nada seguro a ninguno de nosotros, sin embrago, hemos visto a Effie en casa de Haymitch más de lo usual, y viceversa. Así que, simplemente, no decimos nada seguro nosotros tampoco. Sea lo que sea lo que tienen, le va muy bien a Haymitch. Ha dejado de beber y parece estar más centrado, razón por la cual pasa bastante tiempo con Katniss preparando el lanzamiento de sus canciones.
Por otro lado, tanto Katniss como yo le pedimos a Anne que se quedara en el distrito 12. Dado su embarazo y lo sola que se había quedado después de la muerte de Finnick, le propusimos ayudarla con el futuro bebe, el cual le habían puesto el nombre de su padre. Anne decía que de ese modo sería como si él jamás se hubiese ido.
Así pues, mientras Katniss y Johanna pasaban tiempo juntas junto con Anne, que se había apuntado hace relativamente poco, pues necesitó pasar tiempo con su hijo para recuperarse de todo lo que había pasado, yo me quedaba con el pequeño Finnick. No me importaba nada hacerlo, había creado una especie de vinculo con el pequeño, la verdad era que me encantaban los niños. Ansiaba que llegara el día que Katniss quisiera tener uno conmigo.
― ¡Pero si te he contado esa historia un millón de veces! ―dije entre risas.
El pequeño Finnick estaba, literalmente, con las manos en la masa. Estaba enseñándole a hacer magdalenas, algo sencillito para empezar. El pequeño parecía estar pasándoselo de lo lindo, sin embargo, hacer magdalenas lo que se dice hacer… bueno, digamos que si horneáramos la mesa entera seguramente se podría comer.
― ¡Ya lo sé, pero me encanta la historia! Mi parte favorita es cuando Katniss saca las bayas venenosas para desafiar al Capitolio y que los dos salgáis vencedores. ―dice el pequeño entusiasmado.
― Debo confesar que la mía es una muy distinta… ―dije en un susurro mientras intentaba recuperar algo de la masa.
―Ya… Cuando Katniss te besa, ¿no? ―dice mientras pone cara de ascos a la vez que se ríe de mí.
Entre carcajadas lo cojo en volandas y empiezo a hacerle cosquillas.
―Con que esas tenemos, ¿eh? ―digo a la vez que, prácticamente, quedamos rebozados en harina y pasta de magdalenas.
― ¡Peeta! ¡No soy una magdalena! ¡Mi madre me va a matar si llego así a casa! ―decía entre carcajadas.
De repente la puerta se abrió, y una Anne con los brazos en jarra nos miró desde la puerta de la cocina.
― ¿Así es como cuidas a mi hijo? ¿O es que pretendes que sea nuestra cena de hoy? ―dice con fingido enfado.
― ¿Os gusta el niño a la magdalena? ―digo dejando a Finnick encima de la mesa y apoyándome con un brazo al tiempo que ponía el otro en mi cadera en una postura casual.
― Me parece que dadas las circunstancias, podríamos cocinaros a ambos. ―dice una Katniss desde detrás de Anne y junto a una Johanna acompañada de un recién llegado Gale.
―Mientras seas tú quien me coma… ―digo lanzándole una mirada que esperaba que Finnick no entendiera. Por su lado, al escuchar mi respuesta, Finnick hizo un gesto con los dedos en señal de vomitar. Típico en niños…
― ¡Vamos, panadero! Vas a tener que quitarte toda esta harina, tenemos visita. ―dijo ella mientras se acercaba a mí y me instaba a acompañarla. Al tiempo, Anne siguió a Katniss cogiendo al pequeño Finnick en brazos.
―Yo me ocupo de este, ¿donde hay un baño?
―Hay uno en esta planta, justo allí, al lado de la despensa de la cocina. ―dice Katniss por encima de su hombro. Luego mira a Johanna y a Gale, no entiendo su mirada pero se enseguida que no me está guiando hacia arriba solo para lavarme…
― ¡Buena suerte Peeta! ―me dice Gale desde abajo.
― ¡Sh! ¡Cállate! ―le replica Johanna dándole un codazo a Gale. Gale la mira con ternura y acaricia su barriga con cariño.
¡Ah es verdad, se me olvidaba! Johanna está embarazada, otra vez. En los años transcurridos ha tenido una niña preciosa, que ahora tiene exactamente seis años, dos años menos que el pequeño Finnick. Se llama Prim. Gale le pidió permiso a Katniss para ponerle el nombre, decía que quería ponerselo para que su niña fuese igual de valiente que ella. Katniss no le importó, sabía que Gale lo necesitaba.
Subimos los escalones hasta el piso de arriba, y cuando se que nadie nos puede ver, le doy la vuelta y empiezo a besarla. Hace tiempo que estamos casados, sin embargo, la llama sigue tan encendida como el primer día. En ocasiones pienso que parecemos adolescentes en plena etapa hormonal. Sin embargo, no puedo evitarlo, ella es todo lo que siempre había querido y siempre querré.
― Peeta… ―dice entre risas―. Me estas poniendo perdida…
―Mientras te ponga… ―digo cerca de su cuello. Ella deja escapar más risas e intenta apartarme.
―Tenemos invitados… ―dice en un susurro mientras la guío hacia el baño.
― Intentaremos no tardar, además… necesito lavarme. ¿Vas a dejar que lo haga yo solo? ―digo intentando parecer triste. Ella me da un pequeño golpe en el pecho y consigue apartarse un poco de mí.
― ¿Es que no te importa que haya gente? ―mi respuesta son más besos―. ¡Está Finnick!
―No haremos ruido… ―insisto.
―Peeta… no… ―me aparto de ella y la miro a los ojos.
― ¿Qué pasa? Nunca has tenido problemas… lo hemos hecho en sitios peores y en situaciones más comprometidas… ―digo extrañado.
―Es que… no puedo decirte esto si sigues así. Y créeme, querrás saberlo si vas a bajar ahí, dentro de unos minutos… ―la miro extrañado, sin embargo, en esos momentos no puedo pensar. No quiero escuchar nada en esos instantes, solo la quiero a ella. Después de relatar la "increíble historia" al pequeño Finnick, la necesito más que nunca… Así pues, empiezo a besarla de nuevo.
―Sea lo que sea puede esperar, te necesito. ―Katniss empieza a resistirse, sin mucha convicción, otra vez.
―Peeta… Peeta por favor… ―dice. Sin embargo, no la escucho. Sigo besándola y llegamos al cuarto de baño.
Mis manos empiezan a deshacerse de mi ropa sucia al tiempo que intentaba desnudarla a ella. Sin embargo, en el lugar más absurdo, en la situación más desesperante y con el aspecto más lamentable, la bomba cae sobre mí dejándome aturdido.
― ¡Peeta! ―dice apartándome con fuerza―. ¡Estoy embarazada!