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Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre — capítulo 1

Rin estaba sentada en una roca situada en lo alto de una colina. Bajo ésta se encontraba el Valle Verde, lugar donde se asentaba la aldea de la anciana Kaede. Vivía allí desde que tenía unos once o doce años. No lo recordaba exactamente. Antes había viajado de un lado para otro bajo  la protección del señor Sesshomaru y su pequeño demonio Jaken y una especie de caballo de dos cabezas que volaba llamado A-Un, pero hacía ya mucho que esa fase de su vida había terminado.

Rin se miró los pies descalzos mientras los movía en el aire. Le gustaban las alturas y disfrutaba enormemente del paisaje que la envolvía, pero no era del todo feliz, por mucho que fingiera serlo.

Había nacido hacía diecisiete años en una diminuta cabaña a las afueras de un pequeño pueblo. En el Japón antiguo, época llena de demonios y criaturas maléficas, uno de ellos había atacado a su familia y a sus hermanos, dejándola huérfana con tan sólo cinco años. Había permanecido en su casita, intentando cazar peces del río y reuniendo trozos de pan y vestidos que le daban las mujeres del pueblo, pero cuando los hombres de la aldea descubrieron que cogía peces del río, decidieron golpearla para que aprendiera la lección. Fue uno de esos días cuando conoció al señor Sesshomaru. Todavía podía recordarlo como si hubiera sido ayer…

La niña tendría unos nueve años cuando todo sucedió. Iba caminando por el bosque en busca de algún alimento que llevarse a la boca cuando encontró un demonio tumbado entre los árboles. Se acercó sigilosamente y le contempló de cerca. No era la primera vez que estaba tan próxima a uno de ellos, pues fue testigo de la matanza de sus padres y hermanos, así que su primera reacción al ver al individuo fue correr, pero algo en su aspecto le dijo que no tenía por qué temerle. Ese demonio tenía la forma de un joven, un joven de unos veintidós años. Era alto y apuesto. También algo musculoso, pero no en exceso. Vestía unos pantalones blancos largos y una especie de armadura oscura le servía de camisa. Pero lo que más llamó la atención de la niña fue su hermoso rostro. Tenía la piel muy, muy pálida y brillante. Una nariz pequeña y definida y unos ojos grandes y hermosos, aunque ahora los tenía cerrados. Su pelo era de un color blanco luna totalmente albino y tan largo que le llegaba al final de la espalda. En la frente llevaba el dibujo de una luna y en sus mejillas había dos zarpazos dibujados. No había ninguna duda; era un demonio, y uno de los poderosos.

Antes de que la niña pudiera reaccionar, el joven abrió los ojos y se la vio. Unos ojos grandes y redondos, de un color amarillo salvaje. La muchacha se lo quedó mirando, atrapada por su mirada hipnótica. En ese momento supo que querría estar siempre a su lado.

-¡Rin! ¡Rin! ¿Dónde estás? - oyó que la llamaba una voz desde el valle - ¡Rin!

Era la anciana Kaede, la mujer más anciana y sabia de la aldea y también su cuidadora.

-¡Ya voy! - gritó desde lo alto del peñasco y se abalanzó colina abajo - Hola, Kaede - saludó llegando a la carrera - ¿Me llamabas?

-Sí. Necesito que me ayudes en una cosa.

La muchacha la miró expectante. Sentía curiosidad por saber a qué se debía tanta prisa.

-Es la señora Rumiko

  • explicó la anciana - se acaba de poner de parto de su tercer hijo. ¿Vienes a ayudarme?

-Claro.

Ambas anduvieron un par de minutos hasta llegar a la cabaña de la señora Rumiko y su marido. No es que a Rin le gustara mucho ayudar a traer bebés al mundo y hacer de asistente en los partos, pero lo que sí tenía claro era que quería ser una buena persona y eso requería hacer todo lo posible por ayudar a los demás. Después de unas horas intensas, Rumiko daba a luz a una preciosa niña. Le puso de nombre Miki."Un nombre bonito para una niña bonita" pensó Rin con una sonrisa.

-Hoy lo has hecho muy bien - le dijo Kaede cuando volvían a la casa que compartían. Ya se había hecho de noche - Cada vez lo haces mejor. Me tranquiliza saber que te has convertido en una joven muy habilidosa. Así sé que podrás cuidar de la aldea cuando yo no esté.

La chica se sonrojó un poco por los cumplidos, pero el hecho de ser la "sucesora" de la jefa de la aldea no le hacía mucha gracia.

-En realidad, abuela

  • así era como la llamaba cariñosamente la chica - no estoy muy segura de que sea una buena idea. Soy de las más jóvenes del pueblo y la que lleva viviendo aquí menos años. Estoy segura de que Sango, que es una gran exterminadora de demonios o Kagome, que es una sacerdotisa poderosa podrían hacerlo mucho mejor que yo. Son jóvenes también, pero veinticinco años son más que los diecisiete que tengo yo.

-Es cierto que son dos buenas candidatas. En realidad, en un principio pensé que la mejor para cuidar de la aldea sería Kagome, puesto que es la reencarnación de mi hermana y es una mujer de bastante sentido común, pero teniendo de marido al semi-demio Inuyasha… no sé yo si podrá mantener a flote las dos cosas.

Ambas empezaron a reír. Inuysha era el hermano menor de Sesshomaru. Hermanastro en realidad, y no se llevaban nada bien - los motivos se ven claramente en el anime - pero desde luego Inuyasha no era mal tipo, simplemente era una persona de carácter fuerte y algo bruto que actuaba primero y pensaba después. Era un tipo divertido.

-¿Y Sango?

-¡Ay, la pobre ya tiene bastante con tener que cuidar de sus niños!

-¡Por no hablar de su marido! - dijo la joven.

Volvieron a reírse. Tenía razón. Sango era una luchadora que exterminaba demonios con su boomerang gigante desde que era tan sólo una niña. Era una mujer hermosa, valiente, decidida pero algo tímida. Y su marido era el monje Miroku. Todo un ligón con las chicas y bastante pervertido, pero un buenazo al fin y al cabo, y quería mucho a Sango, aunque siempre estuviera molestando a jovencitas guapas, cosa por la que su mujer siempre le reñía. Era bastante divertido verlos en plena discusión después que Miroku hubiera ahuyentado a alguna chica joven intentando ligar con ella. Todo un espectáculo.

Por fin llegaron a la casa. Después de la cena, la anciana se quedó dormida junto al fuego casi al instante de arroparse, pero Rin permanecía despierta. Su humilde cama estaba junto a la ventana y entraba una brisa fría, pero a ella no le importaba. Su mente la ocupaban otros pensamientos. Miró al cielo con pesar y vio la luna en posición menguante, la misma forma que en la frente del señor Sesshomaru.

-Señor Sesshomaru, ¿cuándo volverá a visitarme? - dijo en un susurro triste mientras una lágrima resbalaba por su mejilla sonrosada.

Finalmente cerró los ojos y se sumió en un profundo sueño.


Muchas gracias por haber leído mi primer capítulo de este fic. Espero que os guste la serie anime de Inuyasha, pues es muy buena y quiero que disfrutéis con mi historia, pues es como la continuación desde el punto de vista de Rin. Quien no haya visto el anime, que lo veo, seguro que os enamoráis de él ;)