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Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre — capítulo 2
Cuando Rin abrió los ojos, se encontró frente a frente con la mirada de un muchacho.
-¡Ahh! - se levantó en el acto - ¡Me has asustado!
-¡¡Ja, ja, ja, ja!! - se enjuagó una lágrima de la risa - Lo siento - seguía riendo - es que no he podido resistirme.
Rin se cruzó de brazos, algo indignada.
-Pues yo no le veo la gracia. Ya sabes que no me gustan este tipo de bromas.
El muchacho la miraba divertido, pues sabía que aunque la muchacha intentara simular enfado, en realidad estaba alegre de verlo. Shippo era un joven demonio-zorro de la edad de la morena. Puesto que era de la estirpe de los zorros, no era un chico demasiado alto. Rin le superaba casi de una cabeza entera, aun así, él tenía ya los dieciocho, así que la joven era técnicamente menor que él, aunque no quería admitirlo. Ese era uno de sus muchos juegos.
-Shippo, si tú estás aquí significa que Inuyasha y Kagome han vuelto - sonrió la pequeña.
-Sí, están fuera hablando con la abuela Kaede. ¿Vamos a verlos?
-¡Claro!
Salieron de la cabaña corriendo.
-¡¡Kagome!! ¡¡Inuyasha!!
-Hola, Rin, ¿Cómo te encuentras? - respondió la hermosa joven llamada Kagome.
-Muy bien. Espero que hayáis destruido a ese malvado demonio. ¿Cuál era el problema esta vez?
-Pues verás - empezó a explicarle Kagome - este demonio se dedicaba a devorar a los aldeanos que servían en un castillo. El monstruo había tomado la forma de la señora del castillo y, cuando los llamaba, ninguno sabía que iban hacia una trampa.
Rin abrió la boca de admiración. Seguro que ese era un demonio poderoso y difícil de vencer.
-Pero entonces llegué yo y con un toque de mi espada acabé fácilmente con él - dijo Inuyasha con soberbia.
Kagome le dio un buen tirón de orejas.
-¡¿Pero qué dices, creído?! Empezaste a luchar con él y casi te había vencido cuando tuve que lanzarle una flecha sagrada de las mías y acabar con él.
-Bueno, bueno, si quieres verlo de esa manera… - dijo Inuyasha, viendo que su mujer acababa de dejarlo en ridículo.
-¿Por qué no entráis a mi casa y me lo contáis todo? - invitó la anciana Kaede - Os serviré algo de té.
Kagome e Inuyasha accedieron enseguida, pero Rin y Shippo preferían salir a jugar un rato.
-Volveremos más tarde - anunció la niña, y salieron corriendo hacia el centro de la aldea.
-¿Cómo te lo pasas con la anciana Kaede? - preguntó de repente el joven Shippo, después de mucho rato sin hablar.
-Pues bien, supongo. Es bastante interesante estar con otros humanos.
Shippo reflexionó sobre la respuesta de su amiga.
-La verdad es que la vida que llevabas con el Sesshomaru no era muy apropiada para una niña. Él no es muy hablador, y a parte sólo estaba su sirviente el demonio Jaken.
Rin bufó algo molesta.
-Sé que tienes razón, pero a mí nunca me molestó vivir de esa manera. Siempre era mejor que estar en aquella aldea de mala muerte donde murió mi familia y los aldeanos me pegaban por pescar en su río. Por ni hablar de los lobos que me atacaron hasta dejarme moribunda. Si el señor Sesshomaru no me hubiera encontrado esa noche, ahora estaría muerta.
Shippo sabía lo que su amiga sentía. Se conocían desde que Sesshomaru había dejado a la morena en la aldea. "Necesitas vivir con otros humanos como tú. No es bueno para una niña ir viajando de un lado para otro con dos demonios" le había dicho. Desde entonces la chica había vivido bajo los cuidados de la anciana Kaede, aprendiendo de su oficio y relacionándose con otras personas, pero ella no era feliz del todo. Shippo lo había sabido siempre. Ella era su mejor amiga y se lo contaban todo, y comprendía más que nadie como se sentía.
No tardaron mucho en llegar a la plaza. Había algunos niños pequeños que jugaban a la pelota mientras sus madres hablaban sobre sus asuntos. Más allá había un grupo de tres chicos. Eran los algunos de los jóvenes de la aldea, y eran bastante apuestos. Tendrían entre los dieciocho y los veinte años y eran fuertes y bravos guerreros. Todas las chicas de la aldea esperaban poder salir con ellos algún día. Cuando los dos amigos pasaron por su lado, los tres chicos se quedaron mirando a la hermosa Rin e incluso uno le guiñó el ojo. Rin no les hizo caso.
-¡Pero qué bicho les ha picado! ¿Por qué me miran así? - dijo la chica indignada.
-Porque eres guapa - le dijo sinceramente su mejor amigo.
La chica se inclinó en el agua de la fuente y contempló su reflejo. Shippo tenía razón. La muchacha no era una chica alta, pero tampoco bajita; tenía la estatura y el peso ideal. Su cuerpo era tonificado y estaba lleno de bellas curvas que la convertían en una joven sexy. Tenía el pelo negro y largo, hasta la mitad de la espalda, y unos ojos grandes color entre la miel, el café y la avellana y brillaban con la luz del sol. Y cada vez que sonreía… parecía como si el cielo se iluminara en la noche más oscura. No había muchacha más bonita que ella en todo el pueblo, y eso podía notarlo cualquiera de los chicos que habitaran en él.
-No es verdad - se ruborizó un poco - Lo que pasa es que les gusta fastidiarme.
Shippo se rió.
-Sabes que no es por eso. ¡Vamos! ¿Aún no has escogido?
-¡No pienso hacerlo!
Era tradición que las muchachas se casaran en aquella época entre los dieciséis y los dieciocho años. Así pues, en ese tiempo se les presentaban todo tipo de pretendientes y ellas debían escoger con quien quedarse al final. Por supuesto no era obligatorio hacer eso, pero los que no lo hacían, no estaban bien vistos en la aldea. De esta manera, Rin había recibido ya varias solicitudes de compromiso, pero por alguna extraña razón, ella los rechazaba a todos y se negaba a decidirse.
-Shippo, no me gusta ningún chico de nuestra aldea. Eso ya lo sabes.
-Sí, pero tendrás que casarte igualmente. Más te vale enamorarte de alguno o no serás feliz nunca.
-Enamorarse no es tan fácil - dijo la pobre chica - Nadie decide de quién se enamora. Porque si pudiéramos elegir, te aseguro que habría querido enamorarme de ti - le dijo al demonio-zorro guiñándole un ojo - Eres mi mejor amigo y sé que puedo contarte cualquier cosa. Pero tampoco estoy enamorada de ti.
Shippo se sonrojó un poco ante la "especie de alago-confesión" que le había hecho la joven. Pero él estaba en las mismas. Era su amiga, pero tampoco sentía nada romántico por ella.
-¿Y qué me dices de Kohaku, el hermano de Sango? Es cierto que no es de la aldea, pero aún así es joven y guapo, y muy fuerte, puesto que es uno de los exterminadores de demonios más famosos de toda la comarca.
Rin se sonrojó del todo. *Kohaku…*sí, ese chico le gustaba mucho. Lo había visto tan sólo en contadas ocasiones, pero se habían ayudado mutuamente cuando Naraku aún vivía, pero Rin estaba segura de que ese chico no sentía nada por ella. Así que sus esperanzas en que se le confesara habían desaparecido muy pronto.
-Ojalá me lo pidiera él - dijo la niña.
Shippo asintió satisfecho y empezó a jugar con las piedras del camino. Pero Rin no estaba hablando de Kohaku, en realidad tenía la mente en otra parte, en un lugar muy lejano. Allá donde estuviera, estaba pensado en un hombre de unos veintidós años, con el pelo blanco ondeando al viento y una luna azul en la frente. Un hombre que atraía su pensamiento día tras día… y noche tras noche…