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Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre — capítulo 3
La mañana del sábado había un gran alboroto en la plaza. La gente de la aldea se preparaba para hacer una importante celebración. Acababa de morir en el pueblo vecino un anciano monje muy popular y famoso en toda la región. Era costumbre que, al morir ese tiempo de eminencias, se hiciera una gran hoguera en el centro y le hicieran una especie de ritual de despedida. Se reunían todos los aldeanos con sus familias y, después de despedir al monje, comían, bebían y bailaban. Más bien era como una oportunidad para divertirse en comunidad.
Rin y Shippo estaban bastante ilusionados por esa fiesta. No es que a la pequeña le interesara mucho la gente que había allí, pero sabía que las veces que la había visitado el señor Sesshomaru lo hacía en noches de fiesta, donde nadie notara su presencia. Por otra parte, el zorrito no encontraba a ninguna chica zorro-demonio de su especie desde hacía mucho, y siempre le había hecho ilusión tener una novia. En realidad, durante los viajes con sus amigos Inuyasha, Kagome, Sango y Miroku, siempre había sido muy popular entre las nenas pequeñas (las que tenían su edad cuando él era pequeño), pero ahora sabía que debía hacer lo mismo que los pretendientes de Rin; pensar en una chica y presentarle su solicitud.
-Chicos, ¿podéis ayudarme? - les preguntó la hermosa Sango con un montón de leña entre las manos. A su lado estaba la gata de dos colas que le servía de transporte; Kirara.
-Si - corrieron en su ayuda.
Esa noche todos estaban sentados en la plaza. La hoguera era tan alta como una cabaña y el fuego ardía con velocidad. Después de que la anciana Kaede despidiera al monje muerto (puesto que ella era la sacerdotisa), dio comienzo la fiesta. Los hombres quemaban carne y se la ofrecían a sus mujeres, mientras ellas daban de mamar a sus pequeños bebés. Los niños jugaban a la pelota y los adolescentes formaban corrillos para bailar. Rin observó cómo un muchacho de unos veinte años le ofrecía unas flores a una chica de dieciséis. La chica era verdaderamente bonita, con los ojos verdes y el pelo castaño muy claro, casi rubio. Aun así, no superaba la belleza de Rin.
La morena se percató de que Shippo se había tensado cuando vio que aquel chico le tendía las flores a la pequeña. Rin sonrió.
-Guapa, ¿verdad?
El zorro se sonrojó al instante.
-Sí, bueno… no sé de quién me hablas - intentó disimilar.
Rin lo miró, comprensiva.
-Se llama Yuuki. Es muy simpática. También está en edad casadera y le rondan muchos muchachos. Ella acepta todos los regalos, pero todavía se está decidiendo.
-Ah - dijo Shippo fingiendo desinterés, pero en realidad se había quedado contemplando a la joven. Era realmente hermosa. Al ver su cabello castaño casi rubio y los ojos verdes le había recordado a las chicas-zorro de su especie, aunque Yuuki, por supuesto, era humana.
-Quizá debería decirle algo. ¿Tú qué crees, Rin?
-Mmm… conozco un lugar donde hay unas rosas preciosas. Seguro que le gustan más que las margaritas mustias que le ha dado el otro chico.
Ambos se rieron alegres y se alejaron corriendo hacia la parte más profunda del bosque, donde crecían esas rosas tan adorables y salvajes.
-¿Falta mucho? - se quejó Shippo cansado - No me habías dicho que estuvieran tan lejos. En esta zona hay muchos demonios peligrosos.
-No todos sois peligrosos - hizo notar la morena.
El chico levantó una ceja.
-Ya sabes a qué me refiero. Yo sé defenderme solo, pero tú no.
-¿Cómo que no? - hizo una mueca molesta - Soy tan fuerte como cualquiera. No me juzgues así sólo por ser mujer.
-No es por eso. El resto de aldeanos y aldeanas tampoco sabrían defenderse, y entre ellos cuento a todos los hombres que tenemos.
Rin no parecía convencida. Ella sabía que no era ninguna guerrera, pero estaba convencida de que tampoco era una debilucha como el resto de los del pueblo. Aunque si los hombres no eran capaces de acabar con sus propias manos con los demonios, sería ella capaz de tales cosas. No estaba segura de nada.
-Aquí es - anunció con una sonrisa - Mira, son todas rojas.
-Seguro que a Yuuki le gustarán - y empezaron a recogerlas.
De repente, Rin notó una suave corriente de aire y un sonido familiar a lo lejos. Parecía como un gruñido. ¿Por qué le sonaba ese ruido? Miró a Shippo, pero él no parecía estar oyendo nada. Otra vez el gruñido. Se le paró el corazón… ¿Sería, sería A-Un, el caballo volador de dos cabezas del señor Sesshomaru?
Escrutó el cielo nocturno con la mirada, pero no pudo ver nada.
-¿Qué haces?
-…en realidad, nada
- dijo mirando el cielo por última vez y continuando con las rosas.
-¡Ya tenemos suficientes! - anunció el zorro - Regresemos.
Estaban tan sólo a medio camino de la aldea cuando un nuevo ruido les sobresaltó. No era el gruñido que Rin había oído hacía un rato, sino el crujir de ramas y hojas secas.
-¿Qué ha sido eso? - exclamó la joven, asustada.
-No estamos solos.
Al instante, aparecieron tres extrañas figuras que se acercaron con rapidez. No fue difícil distinguirlas. Eran tres enormes bestias, similares a los osos, pero con unos ojos gigantes y rojos, y unas zarpas que se asemejaban a cuchillas. Tenían el pelo erizado y gruñían de forma salvaje. No eran animales; ¡eran demonios!
-¡Corre! - le ordenó Shippo poniéndose frente a ella para defenderla.
La muchacha quería ayudarle, pero por el momento obedeció y empezó a correr. Al verla, los tres demonio-osos embistieron contra los chicos, pero Shippo golpeó en la cabeza a uno de ellos y consiguió distraerlo. Pronto el segundo también tenía la mirada fija en Shippo y el zorro los alejó del lugar, guiándolos hacia las profundidades del bosque. Pero, ¿y el tercero?
Rin estaba escondida entre unos arbustos. Había agarrado una piedra grande por si se veía obligada a ir a ayudar a su amigo, pero sabía que de momento se las apañaría bien. La morena no era ninguna cobarde, todo lo contrario, era una joven de gran valor y coraje, pero debía admitir que, al verse frente a frente con esos diablos, se había sentido pequeña y asustada en comparación con ellos. Tal vez no fuera tan fuerte como ella creía.
Estaba envuelta en esos pensamientos cuando oyó crujir una rama. Se volvió en el acto.
-¿Shippo? ¿Eres tú?
Ninguna respuesta.
-¡Shippo, no es momento para bromas! - gritó la morena, pero la verdad es que estaba muy asustada.
Otro crujido.
-¿Shippo? ¡Oh, dios mío!
El más grande y fiero de los tres demonio-osos la había seguido y ahora estaba justo delante de ella, abriendo sus fauces mientras mostraba sus enormes dientes.
-¡¡¡¡Ahhhh!!!!
Rin dio un ágil saltó y se colgó de la rama más baja del árbol. A duras penas consiguió subirse a la rama y no caerse. Pero el diablo no se dejó sorprender; se acercó al tronco del árbol y empezó a escalarlo.
-¡Estoy perdida! ¡Sabe trepar! - pensó en ese instante la pobre joven.
Antes de que el oso le diera un zarpazo, Rin dio otro salto y se agarró a la siguiente rama del árbol. No sabía hacia donde huir.
-¡¡¡¡Grrrr!!!! - era el sonido de la bestia. Intentó darle otro zarpazo, pero Rin había vuelto a trepar a la siguiente rama.
Se habían adentrado tanto en el bosque que no los oiría nadie en la aldea. Estaban solos e indefensos. No había nada que hacer. "Ojalá Shippo vuelva pronto" pensaba la chica viendo que su fin se acercaba. De repente, el oso se dio impulso y consiguió alcanzar con la pata delantera la rama en la que estaba la pobre Rin. Con mucha brutalidad, le dio un manotazo en la pierna de la joven. Ésta sintió el dolor de la herida y el correr de su sangre. Se sintió desfallecer y casi cae de la rama. Otro zarpazo le dio en el brazo y perdió el equilibrio. Ahora tan sólo se sujetaba de una mano. ¡¡Estaba colgada de la rama solamente de un brazo!!
Sin poder evitarlo empezó a llorar. *"¡Es el fin!"*pensó "Lo siento mucho Shippo. Kaede, Kagome, Sango, Inuyasha, Miroku, Kirara… Adiós"
Y se resbaló de la rama.
-¡¡Señor Sesshomaru!! - dijo mientras caía del árbol sin poder remediarlo.
Espero que os haya gustado este último capítulo. A partir de ahora actualizaré sólo los viernes (porque empezamos el colegio y eso)
Nos leemos =D