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Sesshomaru y Rin lágrimas de sangre — capítulo 4

A la mañana siguiente, Rin abrió los ojos y se encontró tumbada en su cama de la casa de la abuela Kaede. Tenía la pierna y el brazo vendados, pero, por lo demás, no parecía estar herida.

Se sentó con cuidado y miró a su alrededor.

-¡Por fin despiertas!

-Lo siento mucho, abuela. No quería preocupar a nadie.

La anciana sonrió un poco.

-Bueno, al menos no tenemos que lamentar ninguna muerte. Pero ¡no vuelvas a salir de noche al bosque! ¿Queda claro?

Rin asintió con la cabeza. De repente recordó algo.

-¡Kaede! ¿Dónde está Shippo? ¿Está herido?

-No te preocupes - la tranquilizó la anciana - Se encuentra bien. No tiene ningún tipo de herida. Duerme en casa de Kagome e Inuyasha.

La morena se sintió algo más aliviada, aunque se sentía un poco culpable por haberle estropeado la noche a su amigo. No había sido culpa suya, pero aún así lamentaba no haber sabido defenderse sola y haberlo llevado hasta una zona demasiado profunda del bosque.

-Kaede, ¿cómo es que estoy bien? ¿Cómo me encontrasteis?

La anciana sonrió ampliamente y le guiñó un ojo.

-Él te rescató - dijo a la pequeña dando a entender que ese élno necesitaba aclaración - Estaba por la zona cuando olió tu sangre y te oyó gritar su nombre.

Las mejillas de la joven se llenaron de rubor. Élla había oído llamándolo. No pudo dejar de sonreír.

-¿Dónde está ahora?

  • quiso saber de inmediato - ¿Puedo verlo?

-Pasó toda la noche junto a ti en la cabaña. Quería asegurarse de que estarías bien, pero en cuanto se hizo de día se marchó al bosque. Te ha dejado unos regalos.

Rin se levantó en seguida, sin que le importara la tremenda herida de la pierna y salió cojeando hacia el exterior, sin mirar atrás.

Kaede se la quedó mirando mientras salía por la puerta. Acababa de decirle que el señor Sesshomaru le había traído regalos y ni siquiera los había mirado. Había junto a su cama un precioso kimono blanco con bordados de flores color oro. Era realmente bonito. Estaba claro que Sesshomaru sabía qué colores le sentarían bien al rostro de la chica. También había una pequeña caja plateada con dibujos de mariposas. Era una especie de joyero, y en su interior había un espejo. Kaede sonrió al imaginarse al frío y distante Sesshomaru pensando en regalos delicados para una chica. Era difícil de imaginar. Pero la anciana estaba muy segura de por qué lo hacía.

*          *          *

Rin cayó de bruces contra el suelo y se llenó de tierra. Otra chica cualquiera se hubiera hecho daño o habría empezado a llorar, sin embargo, la morena se levantó sin derramar una sola lágrima y siguió caminando a trompicones, coja de una pierna debido a la herida, con las manos sucias debido a la caída y el vestido algo desgarrado. Pero nada le importaba, tenía una gran fuerza de voluntad. Y ahora sólo tenía un deseo, uno que la hacía más fuerte cada día… ver al señor Sesshomaru.

En medio del bosque había un río. Rin pudo divisar en la orilla un caballo de dos cabezas bebiendo agua y al lado un demonio bajito y verde que dormía tranquilamente.

-¡¡Señor Jaken!! - exclamó la niña yendo a su encuentro.

-¡¡Ahh!! ¡¿Quién anda ahí?! - se sobresaltó.

-¡Ja, ja, ja, ja! Soy yo, Jaken; la pequeña Rin.

El pequeño demonio abrió los ojos de par en par. Desde que habían dejado a la niña en la aldea la habían visitado con frecuencia, pero por asuntos importantes de Sesshomaru, hacía ya casi un año desde la última visita que le hicieron. Así que Jaken casi no podía reconocer a la que había sido una pequeña mocosa que siempre le molestaba. Se había convertido en una hermosa y adorable joven, la envidia de toda chica de su edad.

-¿Rin? ¡Casi no puede reconocerte! ¡Has crecido mucho!

-Ja, ja, ja, ¡claro! Los humanos crecemos deprisa, tú en cambio, estás igual de cascarrabias - se rió.

Jaken se cruzó de brazos molesto.

-¡Maldita mocosa! - dijo, pero en realidad ya no estaba enfadado. Se alegraba de ver tan bien de salud y aspecto a la chica.

-¿Dónde está el señor Sesshomaru? ¿Anda por aquí cerca? - preguntó y Jaken pudo notar su mirada desesperada y su sonrisa llena de esperanza.

-Sí, está cerca.

Al momento notaron una suave brisa y el demonio de cabellos blancos apareció ante los presentes. La niña abrió los ojos; no había cambiado nada. Seguía teniendo la apariencia de un joven de veintidós años, aunque tenía más de cien. Sus cabellos eran algo más largos, pero siempre tan albinos como la luna. Y sus ojos amarillos, ojos casi felinos, la miraban con detenimiento y le atravesaban el alma. Rin dio un suspiro. De repente se sentía aliviada y… feliz. Corrió hacia su demonio y lo abrazó con fuerza.

El señor Sesshomaru se sorprendió ante la demostración de afecto de la chica, pero no se movió. Dejó que ésta le abrazara y se sintiera feliz. Al fin y al cabo, ella siempre había sido así, tan cálida, tan espontánea, tan diferente a como era él.

Por su parte, Rin sentía la calidez del cuerpo de Sesshomaru bajo sus brazos. Su ropa, siempre la misma ropa, la misma armadura… desprendían su olor, el olor que a la chica tanto le gustaba. Había sentido la necesidad de abrazarle en cuanto le vio aparecer en el claro. Sabía que el demonio no era cariñoso, sino frío y distante, pero con ella siempre había sido diferente, y lo estaba demostrando ahora al no apartarla de un empujón. Rin necesitaba de la presencia del demonio. No se había dado cuenta hasta ahora de hasta qué punto lo necesitaba. Finalmente se apartó de él y lo miró a los ojos.

-¿Por qué has tardado tanto en visitarme? - inquirió la niña y la pregunta sorprendió al demonio. Él se esperaba que dijera algo como *"Pensé que ya no volverías"*o algo así, pero no. Ella había hecho otra pregunta porque Rin siempre confió en que Sesshomaru volvería. Nunca tuvo la menor duda.

-¿Qué te ha pasado?

  • dijo él eludiendo la pregunta y acercándose al agua del río.

Rin sonrió en silencio. Estaba acostumbrada a los cambios de tema de su señor. Era un guerrero fuerte con muy mal carácter y acostumbrado a que nadie le quisiera, así que cuando Rin le hacía una muestra de cariño, evitaba mirarla y se alejaba un poco.

-Me caí cuando venía. Es que estaba corriendo.

-No deberías correr con la herida que tienes. Podrías hacerte daño.

Ese era otro de los puntos del señor Sesshomaru. Puede que fuera distante, porque lo era y mucho, pero se preocupaba por ella… sólopor ella. Al ser un demonio cruel, nunca le había importado la vida de los humanos. Se dedicaba a ignorarlos y si era necesario, los mataba, pero desde que la conoció a ella, había evitado matar a cualquier humano, pues no quería disgustarla. Algo en su interior cambió cuando salvó la vida de la pequeña cuando tenía unos nueve años. Fue la primera en no temerle, en ver más allá de lo que él dejaba ver, en quererle como a un padre o a un hermano. Y Sesshomaru aprendió que lo más valioso que tenía en su vida… era Rin. Por eso se preocupaba por ella. Parecía que la abandonaba en la aldea por egoísmo, pero no era así. Lo hacía porque sabía que una vida con demonios era peligrosa para una simple humana. Lo hacía para protegerla.

Sesshomaru se sentó junto al caballo de dos cabezas y dijo sin mirarla todavía:

-¿Has visto ya los regalos?

-No. Quería verte a ti primero.

Se hizo un silencio algo incómodo porque el apuesto demonio sabía lo que la chica le iba a decir y no sabía cómo evitarlo.

-Señor Sesshomaru - empezó.

-¿Qué quieres?

-En realidad, quería pedirle algo que llevo deseando desde hace mucho tiempo - hizo una pausa. Tenía la esperanza de que esta vez todo saldría bien. Sonrió y dejó que ese pensamiento la envolviera y le diera fuerzas - Sesshomaru, quiero que me lleves contigo.

Él no dijo nada. Rin se acercó un poco y se quedó observándolo, expectante. Al fin, levantó el rostro y la taladró con la mirada.

-No, Rin, lo siento.

La morena abrió los ojos sorprendida. No lo entendía.

-¿Por qué? - dijo alzando la voz, a punto de llorar - Siempre que te lo pido dices lo mismo. No lo entiendo.

-Porque aún eres joven, Rin. Ya te lo he dicho muchas veces - él mantuvo su tono sereno e impasible. Le hablaba con su melodiosa voz llena de tranquilidad.

-Sí, sí, ya lo sé - alzó la chica los brazos - Soy demasiado pequeña para esto, soy demasiado pequeña para lo otro. Eso me lo decían hasta que cumplí quince. Sesshomaru, ahora tengo diecisiete, y en un mes cumpliré los dieciocho. Ya nadie puede decirme que soy demasiado pequeña para nada.

Él asintió. De repente fue consciente de lo mucho que había crecido su pequeña humana y de lo inteligente que era. La miró fijándose por primera vez en lo hermosa que era ahora. Suspiró tristemente.

-No vendrás.

Rin lo miró duramente. Se sostuvieron la mirada largo rato y ella sabía que tenía todas las de perder, pues Sesshomaru no cedía nunca. Pero aun así quería demostrarle lo valiente y decidida que era.

-De acuerdo - dijo ella, sin dejar de taladrarlo con la mirada - No iré si me das una buena razón

  • le retó.

Él la ignoró por completo y se acercó al lago para limpiarse las manos. Claro que tenía una respuesta, una buena respuesta, pero nunca había querido decírselo. Sabía que en cuanto le contara la verdad se le partiría el corazón. Con la excusa de que era muy pequeña había podido eludir la verdad muchos años, pero ahora…

Rin lo miró enfadada. Quería su respuesta.

-No me iré hasta que no me lo digas. Si de verdad no puedo acompañarte, quiero saber por qué.

El señor Sesshomaru se giró y la miró con hostilidad. Era la primera vez que la miraba así y ella se asustó un poco.

-No puedes venir porque yo no quiero que vengas.

En ese momento Rin sintió cómo su corazón se hacía pedazos de golpe. Sesshomaru, la persona que más quería en este mundo acababa de decirle que no quería estar con ella.

-Entonces… - continuó ella con la voz quebrada y Sesshomaru supo el daño que le había hecho con esas palabras - … ¿da igual cuanto crezca yo? ¿Nunca querrás que vaya contigo?

-Nunca - confirmó él dándose la vuelta. No podía mirarla a la cara después de lo que le había dicho.

Rin no dijo más. Las lágrimas empezaron a salirse silenciosas de los ojos y se sintió desfallecer. Salió corriendo del claro y se adentró en las profundidades del bosque, sintiendo que su mundo se desmoronaba bajo sus pies.


Espero que os guste el capítulo. He intentado que la historia se vuelva un poco más interesante y acelerar algo el ritmo :) Nos vemos la semana que viene n_n