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Historia 120142 — capítulo 38

Christian se mostraba impasible en el exterior, de manera que su hijo no percibiera lo turbado que se encontraba en ese momento. ¿Por qué le hacía esa pregunta ahora? Había pasado ya tanto tiempo desde aquello que ni siquiera él parecía haberlo recordado hasta aquel instante.

Erik continuaba mirando a su padrastro, el fuego en sus ojos temblando, delatando su emoción. Si no hubiera vivido tantos años con él, probablemente no le hubiera seleccionado como el destinatario de su interrogatorio. Pero le conocía demasiado bien, y sabía que, a casi todas las preguntas, el otro marido de su madre solía tener una respuesta.

Para su desagrado, se negaba a soltar prenda.

-Sigo sin entenderte. Explícamelo más detenidamente, hijo, y tal vez así pueda darte las respuestas que buscas -le pidió Christian, tratando de idear una estrategia para quitarse de encima a su hijastro sin que se diera cuenta.

El rubio comenzó a hablar de nuevo, decidido:

-Es bastante sencillo, la verdad. Estaba pensando en una conversación que mantuve con… alguien a quien conocí no hace mucho -dijo él, consciente de que si confesaba que Kire era su álter-ego oscuro, creado por el Séptimo además,  todo lo que conseguiría sería tener que responder a las preguntas que le hiciera Christian, sin obtener respuesta a las suyas.

Por desgracia, como Erik no había desviado la mirada, el castaño percibió su ligera agitación en su mente.

-¿Y quién es esa persona, si puede saberse? -le preguntó el adulto, a sabiendas de que, si no obtenía una contestación satisfactoria, lo averiguaría de todas formas, puesto que sólo tenía que bucear en sus recuerdos más recientes.

El dragón titubeó, deleitando al shek.

-Erik… contéstame -exigió Christian.

-No. Primero contéstame tú a mí… -exigió el muchacho- ¡Llevo casi toda la vida engañado por ti, mamá y… seguro que también por papá! Primero con que era un chico normal, y después resultó que era medio dragón; luego, con lo de nuestros entrenamientos de esgrima, porque no aprendí absolutamente nada que fuera a servirme para defenderme, gracias a la preocupación de Victoria… Y, ahora, con esto… ¡estoy convencido de que sabéis algo que yo no sé, como siempre! -terminó el dragón, levantando la voz.

-Erik, esa no es forma de hablar a tu padre. Discúlpate -se endureció el tono de Christian, pero eso no amedrentó al joven.

-Llevo toda la vida disculpándome sin pedir explicaciones, callando, y aceptando vuestras decisiones sin tomar en cuenta mis criterios o los de Eva… O mejor dicho, los míos, porque  ella lo sabe todo, ¡¿o no es así?! -continuó Erik, gritando.

-Escúchame bien. Eva, aun siendo la pequeña, es diez veces más madura que tú. Y todo lo que hemos hecho, ha sido para protegeros, ¡especialmente a ti! Eres impulsivo, no temes al peligro, y no puedes reconocer que algo te viene grande hasta que es demasiado tarde. Pero Eva sí, y esa es la diferencia entre tu hermana y tú…

-Entonces tenía razón. Así que ella también… Entonces me parece que, si tú no quieres contestarme, tendré que pedirle respuestas a mamá o a mi hermanita…  -musitó mirando a su padre, con una media sonrisa.

-Y, exactamente, ¿qué te tenemos que decir, hijo? -sorprendió Victoria a su hijo.

Erik se giró, y vio que Eva, Jack, Victoria y Shail se encontraban allí en ese momento.

-¿Qué estáis haciendo aquí? -preguntó el joven dragón, de mala gana.

-Estábamos esperando a que volvieras, hermanito. Después de lo que pasó fuera con aquellas criaturas, pensamos que los ataques se podrían repetir, puesto que eres un objetivo fácil para el Séptimo.

-¿Qué quieres decir? -soltó Erik, ante el comentario de su hermana.

-Llevas un mes tumbado en una cama, por lo que has perdido movilidad y fuerza; ibas solo, lo que te hace muy vulnerable; y, además…

-Además, ¿qué? -susurró él, tratando de contenerse.

-De entre tu padre, tu hermana, y Christian, eres el que peor maneja la espada; -cortó su madre -si te atacan y estás solo, como esta noche…

Erik se rio sonoramente.

-Estaría indefenso, ¿verdad? ¡¿Y de quién cojones crees que es la culpa si esto es así?! ¿¡Mía!? ¡No me jodas, mamá! -rugió el muchacho.

-Erik, cálmate -le exigió su madre, pero el chico continuó.

-¡No pienso hacerlo! ¡Nunca se me ha tenido en cuenta para nada, siempre se me ocultan las cosas! En cambio a Eva se lo decís todo… Jamás os he pedido que me deis respuestas, pero si alguien me dice que los ojos azules me hicieron olvidar, y me respondéis a base de evasivas, ¡¡cada vez resulta más evidente que tanto tú como la puñetera serpiente me estáis ocultando algo!!

Christian se movió hacia el dragón, pero Jack se le adelantó. Su mano cruzó la cara de su hijo, que dio un paso hacia atrás.

-No vuelvas a hablarle así a tu madre… ni a Christian, ¿¡me has entendido!? -le reprochó su padre biológico.

Erik se calmó, y comenzó a temblar. Cerró los ojos, apretó los puños, y bajó la cabeza, sin llevarse la mano a la cara. La temperatura, que había subido conforme lo hacía la rabia del muchacho, bajó de golpe.

-¿Y bien? ¿Qué tienes que decir? -quiso saber Jack.

El joven pareció pensar un momento, y después habló.

-Tienes razón, papá. Siento haberos dicho todo eso… Sé que lo único que queréis es protegerme -terminó el chico, aunque no creía ni una palabra de lo que acababa de decir. Sus padres sonrieron.

-No te preocupes, cariño -le consoló su madre -Tienes razón en que deberíamos darte más explicaciones… intentaremos hacerlo a partir de ahora.

Tras unas palabras de disculpa, y las típicas "buenas noches", todos salieron de allí. Erik siguió en la terraza, meditando sobre lo que acababa de suceder. No le habían convencido con eso, y, si no le querían decir nada, tendría que indagar él, pero, ¿por dónde empezar? Trató de idear algo, aprovechando la ausencia de personas a su alrededor para concentrarse

 La tranquilidad no duró mucho. Una persona volvió a salir a su encuentro.

-Erik… ¿podemos hablar un momento? -le preguntó Shail, poniéndole la mano en el hombro.

-Como quieras. Aunque, de todas formas, no tengo nada interesante que decir… -comentó el rubio, con tristeza.

-Me gustaría hablarte de Resa, y de lo que ha pasado hoy… no es culpa de ella -comenzó el adulto, pero Erik cortó de nuevo la conversación.

-Después de todo lo que ha ocurrido hoy, de lo último de lo que tengo ganas de hablar es de ella. Si te sirve de consuelo, no me he enfadado con ella por nada, sino con esa maldita serpiente embaucadora.

A Shail se le iluminó la cara.

-Entonces, ¡tienes que decirle que la quieres! Por favor, Erik… su parte celeste no soporta haber cambiado el amor por el deseo… y fui yo el que le dijo que lo hiciera -confesó el mago, temeroso de la reacción del dragón, pero, para su sorpresa, ni una palabra acusatoria salió de su boca.

-No me malinterpretes, Shail. Si no me he enfadado con ella, no es porque no me haya parecido mal, ni me haya dolido lo que me ha hecho. Sé que no teníamos nada, y siento no haberme lanzado antes, pero ya no puedo hacer más. -se sinceró el dragón.

-Si es así… ¿qué problema hay? ¿Por qué no puedes hacer más? -inquirió el mago, levantando la ceja.

-El problema es que no sé si la quiero. -disparó Erik, provocando que Shail abriera mucho los ojos durante un segundo. Iba a decir algo, pero el muchacho se adelantó.

-Lo siento, pero… ahora mismo, no quiero pensar en esto. Me iré a dormir… -dio por zanjada la conversación el rubio, abandonando el lugar.

En ese momento notó que el mago le agarraba del brazo fuertemente.

-¡Maldita sea, Erik! ¡Ella te necesita a su lado, tú la necesitas a tu lado! Sabes perfectamente que bebe los vientos por ti y… maldita sea, ¡ninguna otra chica te ha querido tanto como ella! -le gritó.

Esperaba que el chico recapacitara, o al menos, gritara también… pero su respuesta fue otra muy diferente. El dragón se desasió del moreno, y le miró a los ojos. El fuego llameaba con fuerza en su interior, lo cual intimidó al mago.

-No es ella a la que necesito. Pero debo darte las gracias… me has aclarado muchas dudas con esa última frase -sonrió él, con un toque siniestro en su rostro.

Inmediatamente Shail se arrepintió de lo que había dicho hacía apenas unos segundos, pero ya era muy tarde. El chico abandonó el lugar, internándose en los pasillos del castillo, en busca de la puerta de su habitación, y el moreno se apresuró a avisar a Christian, Jack, y Victoria de lo que acababa de pasar.

Por el camino, Erik se encontró con Séun, que no se había metido en su cuarto a la espera de que su amigo volviera de aquel paseo nocturno. Los dos se saludaron con una sonrisa en el rostro.

-Qué pronto has vuelto, ¿no? -comentó el ojiverde.

-Ya, es que estuve pensando en algo… ya te lo iré contando. Pero antes…

-¿Antes? -inquirió su amigo.

-Antes ayúdame. Lo creas o no, tengo que salir de aquí. Quiero alejarme de todo esto… de mis padres, de Christian, de Shail… todos ellos me están ocultando algo, algo que tengo que saber. Y aparte de eso…

-La idea de dormir con Res no se te hace apetecible, ¿verdad? -terminó Séun por Erik, quien asintió. Séun pensó durante unos instantes, y una idea se le venía a la cabeza.

-Ya sé lo que podemos hacer. Iba a coger una misión mañana mismo, pero ir solo hasta Celestia se me hará muy aburrido…

-Ah, ¿y no me lo pensabas decir, so cerdo? -rio el rubio.

-Si me dejas terminar te lo agradezco, inútil -respondió el moreno con una sonrisa - Verás, se trata de ir a vigilar un pueblo que a la vez nos sirve de puesto de avanzada. Nada complicado, pero la zona es fronteriza y conviene poner un ojo en esa clase de sitios, porque pueden volverse clave. Me parece que me llevaría bastante tiempo, casi un mes o así, entre viaje, estancia, y volver aquí.

-Y el plan es… -preguntó el joven dragón.

-Que te vengas conmigo. Lo pasaremos genial yendo los dos, y perderemos de vista al chulo de Markash y a Resa, amén de tus familiares, lo que creo que te gustará -comentó, observando la media sonrisa que se formaba en el rostro de su compañero.

-Suena genial… Un tiempo fuera, con libertad… Iré, tenlo por seguro.

-Tendrás que llevarte una espada. Yo llevaré mi espada legendaria, que no quiero correr riesgos. Posiblemente nos encontremos con algún escuadrón de szish al bordear la frontera, o con esas cosas negras…

-Oscuros, se llaman Oscuros -musitó Erik.

-¿Cómo sabes…? Bueno, da lo mismo. El caso es que más vale prevenir que curar, así que ve a prepararlo todo… y lo mejor es que se enteren a toro pasado, no ahora. Déjales una notita o algo por el estilo, lo que se te ocurra.

-Déjalo en mis manos. Llevaré algo de ropa, comida o…

-No hará falta. La ropa nos la proporcionan allí, así que céntrate en la comida. Bajaremos mañana a primera hora a los barracones, aprovechando que Alsan y los demás estarán ocupados descifrando la litografía que encontró tu padre. Después de guardarlo todo, nos largamos. Si cogemos un pájaro haai, llegaremos en tres días, más o menos. Pero para llegar hasta ellos, tenemos que avanzar a pie hasta Awa… y habrá que correr. Dudo que tarden mucho en ponerse a buscarte, porque Alsan sabe que me voy, pero de ti no he dicho nada, como comprenderás.

-Sin problema, tío. Cuenta conmigo.

Los dos se despidieron, y fueron hacia sus habitaciones a preparar las cosas. Erik se deslizó hasta la sala de entrenamientos para coger una espada de hierro. Dudaba de que fuera buena idea revelar su arma, al menos por el momento.

Séun, por su parte bajó a la aldea para pedir al encargado de las provisiones comida y agua para el viaje, en forma de un pedido para la mañana siguiente. No necesitaban mucho, podrían cazar algo si llegara a haber necesidad.

Posteriormente, guardaron todo lo que iban a llevar, y se dirigieron a acostarse.

Cuando Erik entró a su cuarto, se encontró a Resa hecha un ovillo metida en su cama, mirando las estrellas. Hasta hacía unas horas, se hubiera tumbado junto a ella, a ver qué era lo que le ocurría, pues sólo realizaba ese gesto cuando se sentía dolida, triste o preocupada. Pero no en aquella ocasión.

El joven dragón se limitó a desvestirse, preparar la ropa para el día siguiente tratando de no levantar sospechas, y meterse a la cama con un seco "buenas noches". Ella se estremeció. Trató de buscar su calor, moviéndose un poco más cerca del borde de su cama que conectaba con la del muchacho.

Pero no encontró más que frío.

Un frío desolador, que la hería profundamente y congelaba un corazón que había mantenido ardiendo el fuego de un dragón durante tantos años. La semiceleste cerró los ojos tristemente, y se dejó mecer por la quietud del mundo de los sueños. Erik hizo lo propio, y se durmió, cuidando de que su móvil terrestre, que aún conservaba allí, sirviera de algo en Idhún y la alarma le despertara en unas horas…

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Los dos muchachos se encontraron a la puerta del castillo. Aún no había amanecido el primer sol, y todo Vanissar dormía, excepto ellos y los novatos de los barracones, que seguían con el duro régimen de entrenamiento.

Una vez llegaron al mencionado lugar, y recibieron las provisiones, se dirigieron una larga mirada de excitación e impaciencia, y se dirigieron, codo con codo, hacia el bosque de Awa. La aventura acababa de comenzar para los dos jóvenes, en un viaje cuyo destino final eran las colinas de los puros…

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Buenas a todos/as! Espero que hayáis disfrutado del capítulo 38. Perdón por la espera, es que estoy muy vago, pero de propósito de año nuevo intentaré escribir más a menudo ^^. Un saludo, y hasta el próximo capi!

zalitrix