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Historia 120142 — capítulo 37

Resa continuaba mirando al muchacho, mientras la habitación aumentaba rápidamente de temperatura. Erik se concentró, y un remolino de fuego se comenzó a formar en torno a su mano, mientras mantenía una mirada asesina hacia el joven que le había quitado a Resa. Pero, de pronto, se detuvo, al darse cuenta de algo.

Él mismo se sorprendió, y abrió mucho los ojos cuando aquellos pensamientos cruzaron su cabeza. Le dolía, sí, y las ganas de matar al maldito shek aumentaban… pero, por otro lado…

El joven dragón no se relajó, pero el remolino de llamas se detuvo. Con el fuego ardiendo en sus ojos, el chico salió de la habitación a un ritmo lento, con las manos en los bolsillos, todos los que le conocían mirándolo boquiabiertos. El primero que no se esperaba esa reacción era Séun. Si conocía bien a Erik, que lo hacía, hubiera jurado que saltaría a por Markash nada más contemplar la escena.

Resa contempló la marcha del muchacho y trató de seguirle, pero el shek la retuvo. La chica intentó desasirse de su mano, pero él negó con la cabeza.

-Lo empeorarías. Me parece que, después de esto, lo que menos necesita es tu compasión…

La chica le miró con rabia contenida, pensando que todo aquello era culpa de la serpiente, que la había embaucado para hacerle daño al chico al que amaba. Sin embargo, pronto oyó la voz de Markash resonando en su mente.

-"Sabes que querías hacerlo, y yo no te he obligado a nada. Ha sido tu decisión…"-fueron las únicas palabras antes de que la conexión se rompiera al desviar ella la mirada.

Eva también le dijo algo a Séun. Sabía que, después de eso, el chico se iría tras su amigo, como tantas otras veces, lo cual la desilusionaba. Cada momento que pasaban terminaba igual, pensó la chica, ¿tal vez apenada? De cualquier manera, le dio un toque en el hombro a su acompañante.

-Ve. Te necesita, y…

-Lo sé -para su sorpresa, el chico le cortó -pero no voy a volver a dejarte sola otra vez. Siempre pasa lo mismo, y siempre me arrepiento… -terminó en voz más baja, mirando hacia otro lado.

Aquello pilló de sorpresa a la chica, y su hielo se derritió por un momento. El tiempo justo para que no respondiera el shek, sino la humana.

-Entonces, vayamos juntos. Yo tampoco quiero que te vayas… -completó ella, también con un hilillo de voz, mostrándose tímida por primera vez en su vida. En ese momento el shek recuperó su parte de control, y la chica se preguntó:

-"¿Qué me está pasando?"

Cuando quiso darse cuenta, ya habían salido del gran salón, en pos de su hermano.

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Aunque hubiera podido controlarse, la rabia tendría que salir en cualquier momento. Y necesitaba desahogarse, pues no quería ningún incidente más por su causa, y estaba seguro de que, de ver a Resa o al mismo shek, iba a explotar. Por ello, el joven rubio se encontraba saliendo del castillo en busca de algún lugar en el cual pudiera blandir su espada. Con una normal no podría canalizar todo lo que sentía, pero tampoco quería inundar el lugar de llamas.

Ese pensamiento lo hizo sorprenderse aún más. Estaba furioso, muy furioso. Pero… no por lo que él esperaba estarlo. Mientras caminaba camino al pueblo, habiendo recorrido más o menos la mitad del camino, se vio rodeado por un grupo de seis sombras.

El muchacho entrecerró los ojos, y un remolino de llamas envolvió su brazo, extendiéndose más allá de su mano.

///////////////

En el castillo, Christian se sobresaltó. Lo había sentido. Aquellas criaturas habían vuelto otra vez para amenazar la paz de aquel lugar, aunque en un grupo simple y mucho más reducido.

El castaño cerró los ojos y difundió un mensaje a las mentes de Alsan, Jack, Victoria, Shail, Séun y Eva. Cuando terminó, se dirigió corriendo hacia el lugar en el que habían emergido los Oscuros. No había tiempo que perder.

Por el camino, se cruzó con Jack, que también corría hacia allí.

-¿Crees que estará bien? -dijo el rubio, entrecortadamente, mientras avanzaban a toda velocidad.

-No lo sé. No creo que esté preparado para ello. Pero Séun y Eva iban un poco por detrás de él, así que no estará solo. Y por si no fuera suficiente… ya les he llamado a todos.

Los dos padres se detuvieron a la entrada, donde los demás ya les estaban esperando. Sin más dilación ni mediar palabra, todos se lanzaron a la búsqueda de aquellos seres.

///////////////

Erik echó un vistazo a lo que le rodeaba. Recordaba haberse enfrentado a todas aquellas criaturas en el mundo extraño en el cual se había enfrentado con Kire, su alter-ego. Tres criaturas cuadrúpedas, totalmente negras y homogéneas, de brillantes ojos marrones, y otras tres bípedas con aspecto de armadura de batalla, con partes de la misma diferenciables en su cuerpo.

No se lo pensó demasiado. En cuanto la primera criatura se lanzó a por él, el joven se giró rápidamente para esquivar su ataque, y descargó la furia de su espada plateada sobre el cuerpo de la criatura, haciéndola explotar debido a las violentas llamas liberadas de golpe.

Una vez realizada la acción, debería haber saltado hacia atrás, para evitar que el círculo se estrechara, pero estaba demasiado cabreado para pensar con claridad, por lo que se lanzó a por la siguiente víctima, esta vez a por uno de los Oscuros bípedos.

Con un tajo horizontal descargó una pequeña llamarada para amedrentar a los otros, y comenzó a lanzar ataques a su enemigo, quien solo podía tratar de defenderse, mientras el filo llameante penetraba violentamente sus defensas y llegaba a su cuerpo. Tras unos segundos, cayó muerta, al suelo, y comenzó a desvanecerse.

De igual manera, el muchacho despachó rápidamente a los otros monstruos, que no pudieron hacer gran cosa por el muchacho, debido a que no habían atacado al principio a la vez, cuando contaban con mayor superioridad numérica y el factor sorpresa.

Una por una, cayeron víctimas de la rabia del muchacho, quien las mutilaba sin mostrar signos de clemencia o piedad alguna. Ya había acabado con muchas de ellas antes, por lo que le daba igual mandar a otras cuantas más a la tumba.

Una vez se hubieron desvanecido, el chico relajó su mano y soltó su espada, la cual se desvaneció en el aire con unas chispas de fuego. Mientras lo hacía, oyó pasos rápidos y jadeos, por lo que se giró una vez hubo terminado.

Y allí estaban sus familiares, amigos y conocidos, preparados para tratar de contener una amenaza ya inexistente.

Jack, Victoria y Christian no podían entender lo que acababa de pasar. Las criaturas que emitían aquel odio tan intenso y esa ominosa presencia acababan de desvanecerse en el lugar en el que su hijo se encontraba.

Séun se acercó a él rápidamente, seguido por Eva.

-Tío, ¿estás bien? ¿Ha pasado algo? -inquirió su amigo, a la vez que su hermana miraba su cuerpo en busca de rastros de heridas. Acto seguido, la muchacha le dio un pequeño, pero sentido abrazo.

El chico, a pesar de lo repulsivo del contacto, sonrió, y le devolvió el gesto con una pequeña sonrisa. Acto seguido, todos se acercaron para comprobar el estado del muchacho, y para expresar su alegría de que hubiera despertado. Él decía que estaba mejor que nunca, y que la siesta le había sentado muy bien, mientras reía, ante las lágrimas de felicidad de su madre.

Una chica, sin embargo, se quedó algo más rezagada, y comenzó a acercarse, vacilante. En el momento en que su mirada se cruzó con la de Erik, el chico tuvo que esforzarse para poder reprimirse.

-¿Qué hace ella aquí? -susurró, temblándole la voz.

Ella lo oyó, y rápidamente se acercó a él, mientras una lágrima bañaba su ojo izquierdo.

-¡Oh, Erik, menos mal que estás bien! ¡Estaba tan preocupada por ti…! ¡Siento mucho todo lo que ha ocurrido, de verdad! Ahora que estás bien… me he dado cuenta de que yo siempre te he…

-Mira, Res… no me apetece hablar ahora mismo-cortó él, secamente, algo muy impropio de él. Resa quedó en shock por un segundo, y el dragón miró a Séun y a su hermana.

-Iba a dar un paseo, ¡necesito despejarme un rato!  No os preocupéis, vuelvo en un momento. Y tú, Séun, no cierres el castillo conmigo fuera, ¿eh? Ah… y suerte, tío -le sonrió él, a lo que el ojiverde se tranquilizó, y asintió, sonriendo también. Erik le dio un codazo, pensando "A por ella, tigre". Después, se despidió de los demás, jurando a su madre por los seis astros y los siete dioses que no tardaría, y continuó su camino.

Resa le miró mientras se marchaba. Parecía el mismo de siempre, parecía que lo que había pasado le daba igual. Sin embargo, Eva lo había visto en sus ojos. Aquella marcha forzada se debía a que, dado que compartía habitación con Resa… El ambiente iba a estar muy tenso. Y eso no era algo que pudiera solucionarse, porque su hermano no iba a pasar toda la noche fuera.

El ojiverde la llamó, y ella se giró. Se había quedado tan ensimismada en sus pensamientos que no se había dado cuenta de que sólo Resa, ella y él seguían allí, y Séun miraba a la primera con gravedad.

-Tienes bastante que explicar, creo.

-Séun, yo… -comenzó la castaña, pero de nuevo fue cortada a mitad de frase.

-Volvamos. No quiero quedarme a hablar aquí fuera, esas criaturas podrían volver en cualquier momento… -terminó él, girándose hacia la gran edificación que durante tantos años le había servido de hogar.

////////////

Erik se había sentado bajo un árbol, y estaba pensativo. Se habría tirado al cuello de Markash de buena gana después de verle besar aquellos labios que tanto había deseado sentir entre los suyos. Su padre lo había hecho cuando vio cómo una situación semejante ocurría entre Victoria y Christian.

Pero él… No lo había hecho. Y el motivo se le antojaba incomprensible. La última vez que discutió con Markash por la muchacha, había explotado ante el pensamiento de que la serpiente pudiera ser más conveniente para ella que él, quien le había perdonado sólo por compasión de la chica, humillándolo.

Sin embargo, en aquel momento… la chica le había dado igual. No era por eso por lo que había salido de allí.

-"Dioses… esto es de locos. Toda mi vida enamorado de ella, siendo tan cercano a ella, y ella a mí… Aquellas miradas, aquellas palabras, incluso esa noche que dormí con ella entre mis brazos… ¿Es que no significó nada para ella? Me pone furioso pensarlo. Pero, con todo… me duele más que haya sido él. Que la maldita serpiente me la haya quitado, tal vez para siempre.

Sin embargo… es como si todo lo mío con Res, si es que hubo algo, se  desvaneciera como si nada. Me sigue gustando, sí… o eso ¿creo? Mierda, tengo la cabeza  en otra parte…"

El chico enterró la cara entre las manos, intentando preguntarse el porqué de todo aquello. En ese momento, se sorprendió a sí mismo pensando en las palabras de Kire.

-" Vaya vaya… Esa chica es muy especial, ¿verdad?  Resa… está bastante bien. O, tal vez, no tanto. Al fin y al cabo, tan solo es una mera sustitución de ella." -había dicho, con desprecio.

Pero, ¿a quién se refería? En aquel momento le pareció que todo lo que decía eran sandeces… Y él mismo se encontró tratando de recordar más de aquella conversación, que aunque había sido hacía apenas unas horas, ya le parecía que todo aquello quedaba días atrás.

-"Se me olvidaba que ya no la recuerdas. Muy patético por tu parte… después de lo que le prometiste. Pero no es culpa tuya… los ojos azules te hicieron olvidar…"

-Le prometí… ¿algo? Sé que todo esto me es familiar… y por otro lado, ¡no me acuerdo de nada!

Los ojos azules… ¿azules como los de su hermana, o su padre? ¿Qué significaba todo aquello? Por una vez, deseó haber podido hablar con Kire un poco más antes de separarse. Pero ahora ya no podía hacerlo. El chico se levantó, decidido. Ojos azules… Las respuestas las tenía que tener Christian.

//////////////

En la habitación de Eva y Séun, el ambiente estaba bastante caldeado.

-¡¿Puedes decirme en qué cojones estabas pensando?! -gruñía Séun, mientras paseaba de lado a lado del habitáculo. -Y, encima, ¡no se te ocurre otra cosa que enrollarte con la persona que Erik probablemente odie más aquí!

-Séun, la verdad es que…

-Ni Séun, ni leches, que Erik lleva un mes en coma, ¡un jodido mes! Y, claro, como uno está fuera de servicio, me enrollo con el otro, y…

En ese momento la chica le cruzó la cara. El ojiverde recapacitó en lo que estaba diciendo a la que consideraba su amiga.

-Lo siento, Res…

-Mira… lo siento, pero estoy ya hasta las narices de que me reprochéis lo que ha pasado. ¡Yo no soy más que una amiga de Erik, por el amor de dios! Él me gusta, y yo le gusto, por lo que parece, y eso me duele mucho, porque hemos perdido tanto tiempo… Pero no se sabía si se iba a despertar, no tenía claro sus sentimientos, y, por los dioses, ¡sólo éramos amigos! ¿O es que había algo más? -terminó gritando la chica, con una lágrima en su mejilla izquierda.

Eva y Séun pensaron en lo que había dicho la semiceleste, y tenía razón. Ella no tenía la culpa de lo que había pasado. Todo era culpa de la indecisión de ambos para confesarse al otro, de no abrazarse y decirse lo mucho que se querían, y de todas las discusiones que habían tenido y de las que ellos habían sido testigos, que habían provocado que la muchacha se refugiara en los tranquilizadores brazos de Markash.

-Res… pérdonanos, por favor -le pidió Eva.

-Tranquila, Eva… Lo comprendo. Erik es mi mejor amigo, al fin y al cabo… yo también me enfadaría así de ser diferente la situación -musitó ella, bajando la cabeza.

Era evidente que ella estaba sufriendo tanto o más que el dragón, pues a los remordimientos y el sentimiento de culpa había que sumarle que ahora sabía que podían haber estado juntos, y ese amor denegado causaba un profundo dolor a la parte celeste de la chica.

En aquel momento, la chica se levantó y susurró para sí "Le debo una disculpa a Erik.", abandonando la sala y encaminándose hacia su habitación.

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Christian estaba de pie en las alamenas del castillo, observando el cielo nocturno, mientras se devanaba los sesos pensando en el siguiente movimiento del Séptimo en pos de evitar la nueva predestinación que habían pronosticado los seis y que influía tanto a la Tríada como a sus hijos.

-"Si queremos saber cómo continuar, debemos descifrar la parte de la nueva profecía que trajo el dragón. Ignoro qué puede estar pasando ahora mismo en el frente de batalla, pero lo mejor es que nos centremos en recomponer las palabras de los dioses. Al menos, ya no parece que sea un texto completo de tres líneas, como la última vez." -pensó, estirándose ligeramente.

El sonido de pasos puso al castaño en alerta, pero al sentir la repugnancia y el odio por un momento, se dio cuenta de que sólo podían ser dos personas. Y Jack estaba durmiendo, lo notaba en por su conexión mental con él.

-Vaya, Erik… parece que has vuelto bastante pronto. Me imagino que no habrás venido a darme las buenas noches, hijo -sonrió Christian a su hijastro, quien hizo lo mismo.

-En parte, sí. Pero no es esa la razón…

-Lo imaginaba -respondió su padrastro, mientras se acercaba -y, dime, ¿qué puedo hacer por ti? Necesitas consejo acerca de qué hacer con lo que ha ocurrido hoy, ¿cierto?

El chico negó con la cabeza.

-Por primera vez desde que te conozco, te equivocas. Tenemos que hablar, pero no de eso… -Erik se puso repentinamente serio.

-Ya veo. Así que es otra cosa… Cuéntame.

Erik se calló un momento, y susurró una frase para sí, que el fino oído de Christian captó. Su rostro se transformó en una cara de sorpresa por un momento, pero rápidamente reaccionó.

-No entiendo lo que me quieres decir -comenzó su padre, pero fue rápidamente cortado por el rubio.

-Pues yo creo que sí -le dijo, mirándole directamente a los ojos sin vacilar, algo que jamás había hecho -Los ojos azules me hicieron olvidar.  Y quiero saber lo que significa.

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Y hasta aquí el capítulo 37! Espero que os haya gustado, y perdón por la tardanza, pero entre los exámenes, trabajos, y demás, no puedo dedicar a la historia tanto tiempo como me gustaría. Muchas gracias a los que comentaron el capítulo anterior!

Ahora, una sola pregunta para este capítulo. ¿Qué creéis que ha olvidado Erik?

Gracias por seguir la historia! Un beso!

zalitrix