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Historia 120142 — capítulo 40
La noche había caído en Vannisar tras un largo y ajetreado día. En el camino al castillo, dos figuras podían distinguirse desde la lejanía: Resa y Eva regresaban al castillo de Alsan, riendo a carcajadas tras una ingeniosa broma de la segunda. Ambas estaban muertas de hambre, lo cual no era de extrañar, pues habían pasado toda la tarde de compras y dando una vuelta por la ciudad, por lo que esperaban la cena y una ducha caliente para terminar la noche. Sin embargo, el recibimiento que tendrían sería muy distinto. Antes de que pudieran entrar, tres personas salieron de allí, discutiendo y hablando tan rápido que no pudieron entenderles.
Sí sabían quiénes eran: Christian, Shail y Victoria, que en cuanto se dieron cuenta de su presencia, ya estaban zarandeando a las muchachas de los hombros, interrogándolas con un tono de voz mucho más elevado que el que solían emplear.
-¡Decidme que lo habéis visto por la ciudad! -gritaba Victoria, acalorada, mientras Shail y Christian preguntaban a sus dos hijas. Las dos muchachas se miraron, confusas, por lo que contestaron al unísono:
-¿A quién?
El rostro de Christian se ensombreció mientras pronunciaba el nombre del perdido.
-A Erik.
La semiceleste se llevó la mano a la boca a la vez que Eva abrió mucho los ojos tras aquella revelación. Que no hubieran visto al muchacho en todo el día no era debido a que las estuviera evitando, sino porque había desaparecido. Unas palabras de Resa y una mirada de Eva bastó para que tanto Shail como Christian confirmaran sus peores temores. Este último se pasó una mano por la cara, en un gesto de cansancio.
-Maldita sea… Nuestro dragoncito no aprenderá nunca… -musitó para sí, mientras le comunicaba a Jack sus pensamientos vía poderes telepáticos. Mientras tanto, Shail se acercó a Victoria, intentando tranquilizarla, aunque sin resultado.
Por su parte, Eva comenzó a morderse las uñas, nerviosa. -"Si Erik se aleja mucho del castillo, terminarán por encontrarlo. Y entonces, ¡los sheks acabarán con él! Maldita sea, hermano, ¿por qué no escuchas a nadie?" -pensó, angustiada.
Unos momentos después, Jack bajó al encuentro de los demás junto a Alsan y Kimara, con una calma poco habitual en lo que todos esperarían de él en semejante situación. Lo primero que recibió al llegar allí fue un abrazo de Victoria, que se desmoronó en sus brazos, sollozando.
-¡Oh, Jack…! ¡Nuestro Erik ha… ha… ha desaparecido! ¡Es horrible!
El rubio intentó tranquilizarla con susurros.
-No te preocupes, cielo, cálmate… -dijo, conciliador, pero la unicornio no atendía a razones cuando se trataban de sus pequeños.
-¿Cómo me voy a calmar? ¡Se ha ido, Jack! ¿Qué vamos a hacer? -inquirió ella, con un hilo de voz entre lágrimas, mientras él calló por un instante, y tras levantar Victoria la mirada en busca de respuestas, se encontró con sus labios, cuyo contacto cálido y reconfortante hizo que se sintiera mucho mejor.
Sin embargo, lo que vino a continuación no podría haberlo previsto nadie, ni siquiera Christian, Markash, o cualquier otro shek. El dragón, que sin ninguna duda lideraría la búsqueda para descubrir el paradero de su hijo perdido, se limitó en su lugar a mirar a su esposa y a decir dos frases que harían que el corazón de todos diera un vuelco.
-Mejor te diré qué no vamos a hacer, cielo… No vamos a ir a buscar a Erik -terminó, con el rostro cansado. Su mujer se separó de él, horrorizada, como si ante ella tuviera a otra persona. Buceó en sus ojos, en busca de un sentimiento contradictorio en el fuego del muchacho, pero no se encontró con nada más que con esa vaga respuesta. Christian fue el primero en retomar la discusión.
-¿Nuestro hijo está perdido por Idhún, y tú quieres quedarte aquí sin hacer nada? ¡¿Es que finalmente has perdido el juicio, maldito dragón?! ¡Sabes muy bien que los sheks estarán a acecho en cualquier rincón del mundo!
Después, Shail también cuestionó su actitud ante la desaparición de Erik.
-Jack, maldita sea, ¿qué te pasa? ¡Antes hubieras removido cielo y tierra para buscarle! ¿Qué narices tienes en la cabeza para dejar esto así?
Todos comenzaron a lanzar sus acusaciones ante la pasividad del rubio, que se esforzaba por contenerse, diciéndose a sí mismo que todo aquello no solucionaría nada. Sin embargo, cuando las voces subieron de tono, la suya sobre todas las demás, entre el griterío.
-¡¡¡¡CALLAOS TODOS DE UNA MALDITA VEZ!!!!! -rugió con su voz de dragón, resonando por los muros del castillo como si del eco de una explosión se tratara. Todos se encogieron, salvo Christian y Victoria.
-¿¡Creéis que no quiero ir a buscarle!? ¿¡Creéis que no estoy preocupado!? ¡¡Pues claro que sí, tanto o más que vosotros, porque yo soy como él!! ¡¡Y es precisamente por eso por lo que no pienso mover un dedo!!
Hizo una pausa para calmarse, y comenzó su explicación algo más relajado.
-"Sabéis por qué Erik se ha ido. Todos lo sabemos. Después de lo que ha pasado entre él y Resa, después de la humillación ante Markash, y tras haber tratado de obtener respuestas de nosotros sin éxito, ¿no creéis que lo último que querría es vernos las caras? Porque a mí me parece evidente...
Durante toda la vida hemos estado protegiéndolos, tanto a él como a Eva. Sin embargo, debido a que Eva es hija tuya, serpiente, de una forma o de otra ha terminado por obtener esa preparación para poder defenderse por sí misma, a diferencia de Erik, al que hemos seguido sobreprotegiendo, ¡y no por gusto mío, Victoria! Desde el primer momento os lo dije. Y no sólo eso, ¡sino que hemos estado ocultándole aquello que ocurrió hace ya cinco años, después de que Christian le borrara la memoria!
Su búsqueda de respuestas le ha llevado a su viaje, a un viaje que, para bien o para mal, yo también hice en su día, Victoria. Y al igual que yo, también lo hace en compañía, así que no está solo, ni mucho menos."
Eva comprendió al instante.
-Séun… -susurró, con el corazón ligeramente agitado al darse cuenta de quién era el acompañante de su hermano.
-Exactamente -contestó Alsan. -Mi hijo va con él: acabamos de recibir la noticia de los barracones de que han tomado una misión para vigilar una zona fronteriza. No está lejos, tal vez a tres días tomando los pájaros Haai y sin caminar nada. Es en Celestia, de hecho, por lo que no deberíais preocuparos por nada. Allí son hospitalarios, y no hay nada que los sheks puedan querer, por lo que están a salvo de ellos. Recordad que ninguno que no sea aliado interfiere con la red de nuestros sheks, por lo que están protegidos.
-Además -siguió Kimara, hablando rápido, como los yan, debido a los nervios -nuestrohijoesunodelosmejoresconlaespadaentodoIdhún. Noospreocupéis.
Jack, sin embargo, no había terminado.
-Tal vez esté equivocado, Res, y no quiero que te sientas mal por nada. Pero uno de los mayores motivos de la marcha de Erik se debe a lo que pasó entre tú y la serpiente. Es como lo que ocurrió entre Victoria y yo… solo que él no se ha quedado quieto. Gracias a ello se ha desengañado, ha encontrado un cabo desde donde tirar… Y tan solo es cuestión de tiempo que descubra todo.
Christian carraspeó.
-Imposible. Me aseguré de borrar todos esos recuerdos y emociones -dijo, altanero. Confiaba plenamente en sus capacidades y sabía que había hecho bien su trabajo.
-¿De verdad lo crees? Porque yo no estaría tan seguro si fuera tú.
Dicho esto, se volvió hacia la puerta y volvió a entrar, seguido de los reyes de Vanisar. Cuando se perdieron tras las puertas, Shail miró con expresión interrogante tanto a Victoria como a Christian.
-¿De qué demonios estáis hablando? ¿Qué le habéis estado ocultando a Erik, y no solo a él, sino a Zaisei y a mí? -quiso saber el mago.
El rostro de Victoria se entristeció un ligero instante, pero contestó calmadamente.
-Lo siento, Shail. Pero es algo que no os podemos decir, porque no fue un momento feliz precisamente… y es bastante grave. No sé cómo reaccionaríais, o cómo os comportaríais con Erik después de saberlo.
El moreno la miró con expresión preocupada, al mismo tiempo que Christian giraba la cabeza hacia el horizonte.
-"Erik… más vale que vuelvas sano y salvo."
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La noche se cernía sobre los páramos del reino de Vanis mientras Séun y Erik continuaban su camino. Iluminados por las tres lunas, ambos seguían conversando animadamente, pero se notaba por su tono de voz que el cansancio anidaba ya en sus cuerpos. Iba siendo hora de establecer el campamento.
-Erik, vamos a buscar un lugar para dormir, ¿de acuerdo? -preguntó Séun, recibiendo un gesto afirmativo como respuesta. Tras unos cinco minutos, lograron ver un pequeño risco con un nicho apetecible para descansar unas horas.
-Eh, mira. Allí hay un buen lugar -comentó el rubio, dirigiéndose hacia allí para echarle un vistazo, seguido de su amigo. Pensando en dormir, llegaron al lugar y dejaron las mochilas, preparándolo todo para descansar. Encendieron un pequeño fuego, y se sentaron a cenar parte de la comida que habían traído.
Mientras saboreaban la comida, comenzaron a hablar, algo más animados por tener el estómago lleno.
-Oye, Séun -llamó el rubio.
-Dime.
-Ya sabes que he estado dormido un mes… ¿qué me he perdido?
-No gran cosa, aparte de un baile sin importancia y días de entrenar -contestó su compañero, recibiendo un golpe suave en el hombro. Una sonrisa pícara iluminó el rostro de Erik.
-Vamos, seguro que me has entendido… ¡Quería decir si has avanzado con Eva! -se empezó a reír, a la vista de que el ojiverde se había ruborizado el instante después de mencionar a su hermana.
-Pues… no mucho. Pero es verdad que hemos estado mucho tiempo juntos últimamente. Un día casi nos besamos… y justo te ocurrió algo mientras dormías.
Erik puso una mueca de falso disgusto.
-Oh, dioses, perdóname -se carcajeó el rubio.
-Ya me lo puedes compensar, cabrón -sonrió de nuevo Séun, pero su sonrisa se desvaneció al instante. Erik también se había callado y se había puesto serio. Ambos se levantaron y miraron a su alrededor. El primero desenvainó su espada legendaria.
-¿Has oído eso?
-Sí. Algo anda ahí fuera. Y vamos a darle una buena bienvenida -contestó Séun.
Los dos corrieron hacia el camino de nuevo, con una antorcha en la mano, sacada de la hoguera que habían hecho antes para tener calor. Sin embargo, no vieron nada. Se extrañaron, pero siguieron mirando, y casi al instante, se encontraron rodeados por un grupo de sombras negras. Diez Oscuros comenzaron a emerger del suelo, rodeando a los dos compañeros. Erik reconoció a varios de su sueño: cinco de ellos eran armaduras semejantes a las que se había enfrentado antes.
Por el contrario, Séun no tenía ni idea de su estilo de lucha, pero sí tenía su espada legendaria, que blandía con maestría.
-"Maldita sea. Las armas convencionales no sirven contra ellos, y Erik no tiene un arma legendaria…" -pensó. Las criaturas se lanzaron al ataque, aunque Séun logró destrozar a las dos primeras cuadrúpedas que se lanzaron a por él. Por otro lado, las armaduras presentarían más batalla. Las criaturas lograron separar a ambos en dos círculos, para disgusto del muchacho.
-¡Mierda! Erik, ¡tienes que salir de ahí! ¡No puedes luchar contra ellos! -gritó el ojiverde mientras se enfrentaba a los pesados bípedos del grupo, que se movían con lentitud. Erik retrocedía, inseguro.
-"No puedo revelar nada. Eso daría una pista a ese maldito Mannon sobre mis nuevos poderes… Tengo que esperar".
A la vista de que su amigo no podía reaccionar, Séun blandió su espada, clavó la punta en el suelo, giró, y cortó esa porción de tierra de un tajo, mientras su espada adquiría un brillo pardizo. Casi al instante, una ola de pilares de piedra emergió del suelo, avanzando en dirección al rubio y empalando a las criaturas que se acercaban a él. Tres de ellas desaparecieron, mientras que dos sobrevivieron, pero quedaron separadas por el muro que se formó.
El rubio miró a su amigo, asombrado.
-¡Menuda pasada! -gritó, mientras observaba a su amigo enfrentarse a los seres. Vacilando, agarró el pomo de su espada de hierro, y le ayudó a crear huecos para enfrentarse a ellos. Combinando sus esfuerzos, lograron destruir a los seres que les habían tendido aquella emboscada.
Espalda con espalda, los dos jóvenes buscaron señales de algún otro ataque en las cercanías, pero no lograron detectar nada raro. Erik intentó percibir su presencia, pues había notado que, cuando esos monstruos aparecían, había una disminución casi imperceptible de la luz en la zona, algo de lo que Séun pareció no darse cuenta. Sus cuerpos se relajaron.
-Maldita sea… no esperaba que pudieran llegar a atacarnos aquí -masculló el rubio.
-Deberíamos haberlo previsto… ten en cuenta que esas cosas también atacaron en Vanissar…
-Sí, pero hay algo extraño. Parece que la mayoría de las veces que atacan, siempre lo hacen de noche. ¿Puede ser que no sean capaces de materializarse a plena luz del día? -inquirió Erik.
-No lo sé, pero lo que tengo claro es que uno de los dos va a tener que hacer guardia, porque si nos han atacado una vez es muy posible que vuelvan a hacerlo, y prefiero no arriesgarme… -contestó el ojiverde, ligeramente preocupado.
Tras aquella escaramuza, los dos volvieron al calor de su hoguera en el risco, pero había un tema del que Erik quería hablar con su compañero.
-¡Lo que has hecho con la espada ha sido increíble, tío! ¿Cómo es posible?
Séun rió, y miró con cariño su espada.
-Es el poder de mi espada: puedo "controlar" la tierra con mis mandobles. No he podido probarla del todo, pero ese truquito en concreto lo aprendí la última vez que fui al frente.
-Vaya… ¡como mola! Ojalá pudiera hacer yo algo parecido… -musitó Erik para sí -Y, ¿has pensado ya un nombre?
-Pues lo cierto es que no…
-Mmm… en la Tierra ha habido muchas religiones, y me acuerdo de una diosa de la tierra de mis clases de historia.
-¿Y cómo se llamaba?
-Gaia... -contestó el rubio.
Séun sonrió.
-Me gusta como suena.
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Una figura contemplaba la noche oscura tirado en su habitación. Mirando por la ventana, Kire pensaba para sí. Le habían llegado las noticias de los Oscuros: habían sido eliminados por Erik y un acompañante. Lo cual significaba que el muchacho había salido a buscar respuestas.
Recordó lo que le había dicho antes de separarse de él. Le había dado falsas esperanzas: él sabía que jamás la podría encontrar, por una razón más que evidente para el misterioso ser. Sin embargo, ¿por qué deseaba con todas sus fuerzas que fuera real?
-Imbécil...
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Muy buenas! Perdón por la espera por este capítulo, es que últimamente no tengo ganas de escribir, pero me ha vuelto a entrar el gusanillo :P No os preocupéis por las actualizaciones, creo que puedo tener otro capítulo para el domingo, y así os compenso ;)
Un saludo!!!!
zalitrix