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Historia 120142 — capítulo 41
A la mañana siguiente, en el castillo de Vanissar, Eva retomó su entrenamiento shek con su padre. Tras bajar a desayunar a primera hora, se quedó quieta unos minutos mirando a su taza de leche fría. No podía dejar de pensar en su hermano y en Séun: deseaba con todo su corazón que volvieran sanos y salvos. Ella jamás había sido muy partícipe de la religión, pero en esta ocasión deseó con todas sus fuerzas que los dioses se los devolviera a salvo.
Sacudió la cabeza. No era tiempo de pensar en esas cosas. Erik se había ido para hacerse más fuerte, y ella no podía quedarse atrás, por mucha ventaja que llevara sobre él, la cual creía se había desvanecido. Ya sospechaba que el culpable de la desaparición de aquel ataque de Oscuros sobre Vanissar había sido su hermano, y que no habían sido imaginaciones de Markash, como Victoria pensaba.
Lo único que tenía claro era que algo había cambiado en su hermano, para bien o para mal.
Dando los últimos sorbos, mordió el bollo con el que siempre acompañaba su desayuno con pereza. Pocos segundos después ya se estaba levantando, preparada para encontrarse con Christian, dispuesta a desarrollar su parte shek todo lo que pudiera para lograr aumentar su fuerza de gran manera.
-Ojalá logre leer la mente de alguien pronto… ¡no me puedo imaginar cómo sería eso! -dijo en voz baja. Hasta ahora sólo había tenido una pequeña intuición de lo que las personas podían estar maquinando en sus cabezas, pero era eso, una intuición. No era para nada como hablar telepáticamente con su padre, ya que eso podían hacerlo su hermano, Jack, su madre…
Avanzó con celeridad por los pasillos del castillo hasta llegar al lugar en el que solía entrenar con su padre, quien, como siempre, la saludó con una media sonrisa y un sencillo "buenos días", algo que apreciaba la muchacha.
-Espero que estés lista, porque hoy vamos a ir fuerte, ¿de acuerdo? Una vez hayas aprendido a leer la mente y a manipular la consciencia de la gente a través de sus ojos, deberías poder transformarte sin problemas.
-Papá… lo segundo me da algo de miedo. ¿Y si hago algo mal y…? -dijo ella, ligeramente preocupada. Christian se enterneció. Ella siempre había mostrado ese lado humano en conjunción con su parte shek, algo que él había deseado tener en alguna ocasión.
-No te preocupes. Lo que sea que hagas, yo puedo arreglarlo hija. Tranquila -le consoló.
Ya más segura, ambos decidieron comenzar con su entrenamiento, al mismo tiempo que Victoria y Shail ayudaban a Resa a controlar su magia. La chica había avanzado mucho desde el momento en que comenzó, hacía ya varios meses, hasta ponerse al nivel de su padre cuando conoció a Jack y Victoria por primera vez, lo cual le sorprendió, pues ella era mucho más joven que él, y muchos decían que Shail siempre tuvo un talento natural para la magia.
Estaba orgulloso, y su hija lo sabía.
Por su parte, Resa se sentía algo mejor, pero seguía echando en falta a su dragón. Por aquel desliz, tal vez podía haberlo perdido para siempre, pero dudaba que eso pudiera interponerse entre tantos años de amistad y amor, aunque no ayudaba que el muchacho se hubiera ido. Todavía seguía dando vueltas a lo que había dicho Jack. Sabía que era por su culpa, lo había asumido desde el primer momento. ¿Para qué negarlo?
Distraída, perdió el control del hechizo que estaba practicando, y la esfera de agua que había conjurado se estrelló contra su padre, que quedó sorprendido y más tieso que un palo. La unicornio estalló en carcajadas mientras Shail escurría su túnica con el ceño ligeramente fruncido y los ojos cerrados. Resa se disculpó rápidamente con su progenitor.
-Hija… concéntrate un poco más, por favor -dijo él, entre dientes, mientras tiritaba.
-Lo siento… -musitó ella con un hilillo de voz.
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Los dos días del viaje pasaron, y Erik y Séun por fin llegaron a Les, donde los magos les transportaron gustosamente a Awa. No habían tenido ningún problema con las criaturas el resto del camino, por lo que estaban aliviados de poder montarse en los pájaros haai que les llevarían a Celestia en pocas horas, ya seguros. Los sheks enemigos no podían entrar en el dominio de Alsan, y eso se debía a que su red telepática se interceptaba con las de los sheks del lado de Kyannaris, lo cual no permitía un avance coordinado y en masa.
Ambos se durmieron nada más subir a las aves, que ya sabían a dónde tenían que ir, permitiendo el descanso de los muchachos. Ahora tan solo les quedaba despertar y terminar el viaje hasta la región de Celestia, donde pasarían un tiempo. Aquella misión serviría de retiro a Erik para pensar y pasar un tiempo alejado de todo.
El chico tenía cada vez más dudas sobre aquella misteriosa frase, pero más aún sobre sus sentimientos hacia Resa. Todo aquello le perseguía hasta en sueños, donde llamaba a la chica, pero al girarse, esta parecía transformarse en otra muchacha, para luego desaparecer en la oscuridad. Eso le desconcertaba cada vez más, y sabiendo que sus familiares no le darían respuestas sobre lo que estaba ocurriendo, no tenía otro remedio que buscarlas por sí mismo.
Varias horas después, por fin habían llegado a su destino. Las amistosas aves les despertaron con un suave graznido, a lo que tanto Erik como Séun respondieron desperezándose con un sonoro bostezo. Una vez hubieron aterrizado, se deslizaron como pudieron del lomo de sus transportes, y se lo agradecieron con una palmada.
Una humana les fue a recibir.
-Vosotros sois los guerreros de Vanissar que venían de patrulla, ¿verdad? -ambos asintieron con la cabeza -Muy bien. Venid por aquí, por favor -dijo la mujer, con una sonrisa.
Erik se fijó más en ella. Parecía unos quince años más mayor que él, por lo que tendría unos treinta y dos. Llevaba el pelo negro suelto, con unas ropas algo diferentes a las de las mujeres de Vanissar, por lo que supuso que allí no habría los mismos medios que en la ciudad.
La chica se presentó: se llamaba Onet, y era la propietaria del albergue en el que se suponía que Erik y Séun podían alojarse. Sin embargo, cuando ambos se lo comentaron, ella se lamentó. -Lo siento mucho, pero el albergue está lleno. Hay muchos celestes que quieren ir a Awa en pájaros haai, y una de las estaciones más cercanas está aquí, por lo que no quedan habitaciones libres…
-Bueno, no pasa nada. Podemos dormir al raso -comentó Erik, sonriendo, mientras Séun asentía. Ella, sin embargo, no se lo tomó tan bien.
-¡De eso nada! No puedo permitir que vosotros dos os quedéis en la calle, así que, en previsión, ya os he preparado una habitación en mi casa. No es bastante grande, y tendréis que dormir con mi hijo pequeño, pero… es lo menos que puedo ofrecer. Alsan nos ofrece protección. Además… sé muy bien quién eres -dijo, mirando a Séun - ¡Todo el mundo conoce al hijo adoptivo del rey! Un héroe que desde pequeño fue entrenado para defendernos a todos, ¡el mejor con la espada en todo Vanis!
Séun se ruborizó ligeramente, mientras Erik bromeó acerca de lo famoso que podía llegar a ser su amigo. Tras una ligera caminata, pronto llegaron al hogar de aquella mujer. Onet llamó a alguien que se encontraba en el interior mientras abría la puerta.
-¡Cann, hijo! ¡Ya estoy en casa!
Casi inmediatamente, un ritmo de pasos comenzó a oírse, proveniente de una de las habitaciones de aquella casa. Un niño dobló la esquina de una de las habitaciones que partían de la entrada, y su expresión de alegría se transformó al instante en una seria y severa, que miraba a Erik y Séun con recelo. Los dos se sobresaltaron: el muchacho era increíblemente parecido al joven dragón, tanto que cualquiera podría tomarlos por hermanos. Pelo rubio, ojos marrones, un rostro cálido… Inmediatamente, el pequeño, que no debía tener más de doce años, se puso a la defensiva, echándose ligeramente hacia atrás.
-¿Qué hacen ellos aquí? -dijo, respirando pesadamente, con una rabia claramente impresa en su tono de voz.
-Hijo, ellos son… -intentó explicar la mujer, pero el chico no le dio tiempo.
-¡Me da igual quiénes sean! -gritó, y salió corriendo, posiblemente hacia su habitación. Séun se quedó extrañado y no le dio más importancia, posiblemente un berrinche de preadolescente. Sin embargo, a Erik no le pareció así. En aquel preciso momento se vio a sí mismo reflejado en aquel joven. Preocupado, se giró hacia la madre del chico, que trató de excusarse por todos los medios.
-Lo siento muchísimo, de verdad -dijo, con la vergüenza reflejada en su rostro -normalmente es un chico muy bueno y amable, amigable y simpático con toda la gente del pueblo. Pero con los extraños… es algo completamente diferente. Todo desde aquel incidente…
Séun sabía de qué estaba hablando. De hecho, conocía aquel suceso perfectamente.
-Se refiere a cuando los sheks invadieron esta parte de la frontera, ¿verdad? -inquirió él. La mujer asintió con timidez. Había sido mencionar ese momento y su rostro se había puesto ligeramente enrojecido, como si fuera a llorar. El ojiverde sabía por qué, pero Erik no tenía ni idea de ello. Aunque ya le pediría respuestas después, ahora lo fundamental era animar a la mujer.
-Perdone, no debimos decir eso. Lo sentimos mucho, pero anímese, por favor. Si quiere, puede contárnoslo cuando se sienta preparada para ello, ¿de acuerdo? -sonrió él, conciliador, mientras posaba las manos en sus hombros. La mujer sonrió a su vez, algo mejor.
-Disculpadme. Si queréis, puedo haceros algo de comer…
-Ni lo mencione, acabamos de tomar algo por el camino, pero muchas gracias -respondió Séun, que aunque se estaba muriendo de hambre, no quería dar trabajo. Tenían dos sándwiches listos en la mochila.
-Entonces, por lo menos, os enseñaré vuestra habitación, ¿de acuerdo?
Ambos la siguieron por la casa. Erik se fijó en diferentes retratos a lo largo de los pasillos, posiblemente dibujados o creados mediante la magia, dado que dudaba que en Idhún existiera la fotografía. En él, se veían distintas personas, entre las cuales pudo reconocer a Cann en unos y a Onet en otros, pero los demás eran desconocidos.
Tras un corto recorrido, se encontraron con un pequeño habitáculo con tres literas y una decoración, cuanto menos, escasa. El chico de antes estaba en la cama, tirado, pero según los vio, se levantó y trató de salir por la puerta. Su madre se lo impidió.
-Antes de nada, discúlpate por lo de antes, y preséntate -exigió ella.
El joven respondió de mala gana.
-Me llamo Cann. Pero no pienso disculparme -soltó con un siseo de rabia, y salió por la fuerza.
Mientras la mujer volvía a pedirles que excusaran el comportamiento de su hijo, volvieron a restarle importancia. Dejaron sus cosas dentro, y con la excusa de que aún era pronto, decidieron dar una vuelta por el pueblo, a ver en qué estado se encontraban los habitantes. No les vendría mal ganarse su confianza.
Erik, para sorpresa de Séun, estaba raro. Cuando le preguntó el motivo, no supo qué responder.
-No estoy seguro de lo que me pasa. Es ver al chico y me veo a mí mismo…
-La verdad es que sois como clones, tío. Caprichos de Wina -sonrió el moreno.
-Tal vez sea por esa similitud que me preocupa tanto esa rabia que tiene… pero, como te he dicho, no lo sé.
Séun le dio un codazo amistoso mientras sonreía.
-Vamos, ¡deja de comerte el tarro, sonríe, y busquemos algo interesante que hacer por aquí! Porque aunque yo alegre la vida a todo el mundo, también me aburro de vez en cuando, ¿sabes? ¡Das muy poca conversación! -comentó, haciéndose la víctima.
-Anda, que sin mi tu vida sería un rollazo y lo sabes -picó Erik, mientras reían.
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Eva se sentó delante de Resa. La joven shek todavía no estaba muy convencida de violar la intimidad de su amiga de semejante manera, sin embargo, ella había aceptado completamente a la propuesta que le había hecho Christian para ayudarles a practicar.
-Verás, hija -dijo, una vez las dos muchachas estuvieron frente a frente- para un shek, es mucho más fácil indagar en la mente de criaturas no telepáticas, a pesar de la necesidad de mirarles a los ojos, debido a que no suelen poner barreras, aunque es posible que aprendan. Además su mente, y perdóname, Resa, suele ser mucho menos compleja de entender.
-Y por eso me haces leerle la mente a ella, ¿no? -contestó Eva, reticente a hacerlo.
-Tranquila, Eva. Ya sabes que no tenemos secretos, ¿no? Puedes mirar lo que quieras, dentro de un límite. Piénsalo como una invitación a mi "casa" -guiñó un ojo la muchacha para tranquilizar a la joven de ojos azules.
-Exacto. Así que intentémoslo de nuevo, ¿de acuerdo? Eva, concéntrate en los ojos de Resa: no apartes la mirada ni un momento, e intenta "introducirte" en ellos con todo tu ser. Tal vez con ella funcione -terminó Christian, dejándoles espacio.
La chica hizo como se le había dicho, y trató de entrar en la mente de Resa. Aunque al principio su parte humana se reveló ante tal invasión de la intimidad ajena, la parte shek no tardó en imponerse y reconocer el acto como algo instintivo y natural: sondear los pensamientos y recuerdos de un ser menos desarrollado y arcaico en lo que a poder mental se refiere.
Pronto, se desvaneció un segundo, pero volvió a despertar, solo para encontrarse en un mar de emociones, sentimientos, pensamientos, experiencias... Pudo verse a ella misma, a su hermano, a Séun, a sus padres, a todo el mundo que Resa conocía; cada recuerdo que ella tenía con la chica estaba ahí. Sin embargo,unos recuerdos parecieron moverse a la posición de Eva, como mandados por la propia Resa.
Así, Eva comprobó la necesidad y urgencia que la llevaron a su beso con Markash, la preocupación constante durante el tiempo que su hermano estuvo en coma, y, lo más importante, cómo el cambio de Erik la había herido profundamente. La shek comprendió: era la forma para probarle que sus sentimientos hacia su hermano eran sinceros.
Aunque le hubiera gustado ver más, no fue posible, puesto que todo se volvió oscuro de nuevo, y la imagen anterior regresó: ella sentada frente a Resa, con su padre emitiendo unas palabras de aprobación con su media sonrisa.
-Por tu expresión, veo que lo has logrado, hija. Enhorabuena, estás un paso más cerca de convertirte en shek.
La morena se sonrojó ligeramente mientras su amiga la felicitaba, y comenzó a sonreír también. Estaba un paso más cerca de poder surcar los cielos con su padre.
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De vuelta en la habitación, sin nadie más que él mismo, Cann lloraba ligeramente. Pero pronto sus lágrimas se tornaron puro odio, una vez recordó todo lo acontecido hacía tres años, cuando él ni siquiera había cumplido la década de edad. Aquella masacre había despertado algo en su interior. Ahora su vida sólo tenía un objetivo.
-Jamás se lo perdonaré. Algún día acabaré con esas malditas serpientes por todo lo que nos han hecho. Me da igual el precio que tenga que pagar -susurró entre sollozos, sombrío.
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Buenas y perdón por la espera!
Aquí tenéis el nuevo capítulo, espero que os guste :P Muchas gracias a todos los comentarios del capítulo anterior! Me gustaría preguntaros vuestras opiniones para el siguiente: ¿Qué ocurre con Cann? ¿Se transformará pronto Eva? ¿Volverán Erik y Resa a estar juntos?
Me gusta haceros pensar, pero me gusta más que me contestéis con vuestras opiniones! Trataré de subir el siguiente capítulo antes de que acabe la semana.
Un saludo!
zalitrix