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Historia 120142 — capítulo 42

Erik y Séun continuaron el reconocimento de la zona durante unas horas más. Habían encontrado unas colinas preciosas dispuestas de forma circular cerca del pueblo, con un lago en el valle que se formaba entre ellas. Algún día irían a descansar allí cuando terminaran de hacer la patrulla. A lo largo del camino, el rubio había seguido dándole vueltas a las palabras de Kire, su álter-ego. "Los ojos azules te hicieron olvidar…". No importaba cómo lo viera, todo aquello le sonaba a acto de Christian. Mientras bajaban, Séun no pudo evitar preguntar.

-Erik… hay algo que no me has contado, ¿cierto? -dejó caer el chico.

El dragón titubeó un momento. No había problema en contárselo a Séun, al fin y al cabo, era su mejor amigo.

-Es verdad… prefería guardármelo hasta que estuviéramos lo suficientemente lejos, pero ahora supongo que te lo puedo decir. Sentémonos -dijo, señalando unas rocas en la cercanía.

Ambos guerreros se dejaron caer sobre la fría superficie pétrea, acomodándose. Erik, en ese momento, comenzó su relato.

-"Esto que te voy a decir no se lo he contado absolutamente a nadie. Y me gustaría que me guardaras el secreto. Si no lo saben los demás es porque sé que, con eso, se terminaría mi libertad en Idhún, y no pienso sentarme, quedarme quieto y seguir siendo débil. Verás, todo comenzó cuando me encontraba en coma. Me has contado que durante el sueño, un día, una explosión de oscuridad destrozó, literalmente, la sala en la que dormía. Pues bien… el causante no fue otro que el Séptimo."

-¡¿Qué?! ¿¡Lo viste?! ¡Markash no lo detectó! -se alarmó Séun, pero se calló ante el gesto serio de su amigo, que continuó con la narración.

-"Sí. No lo entiendo, pero se presentó ante mí, y después de vapulearme, creo que liberó algo en mi interior, y no estaba seguro del qué. Pero pronto comprendí lo que era… Tras haber luchado con unas cuantas criaturas negras, a las que el Séptimo llamó "Oscuros", me encontré con algo completamente surrealista. Una persona apareció ante mí, alguien completamente igual a mí en lo que a voz y técnicas de combate se refiere. Desafortunadamente, no pude verle la cara… No solo eso, sino que además tenía una versión de mi propia espada." -siguió, invocando su arma plateada, cuyo filo llameó con intensidad al contacto con su mano durante un segundo.

-¿¡Tienes una espada legendaria!? ¿Y ahora, qué viene? ¿Te has ligado a una chica sin decírmelo, pillín? -Séun no salía de su asombro, y sin saberlo, había dado en el clavo, más o menos.

-"Si me dejaras seguir… Luchamos durante todo el mes, sin descansar. Mis habilidades mejoraron drásticamente, y me parece que ahora podría ser capaz de derrotar a mi hermana. Pero todo lo que mejoraba yo, lo hacía también Kire. Y al final, la prisión no pudo contenernos… Aprendí tres cosas ahí dentro. Una, que el verdadero nombre del Séptimo es Siebten. Otra, que controla los oscuros a voluntad, y puede aparecerse en el plano astral. Y, la última… es algo que no podía imaginar.

En los últimos segundos, Kire me dijo que mi amor por Res era una farsa, un montaje para contentarme. Me preguntó, casi con…¿rabia? que cómo era posible que no la recordara y que la hubiera sustituido, y terminó con la frase que, me imagino, ya te habrán repetido mi madre o mi hermana. Los ojos azules…"

-…te hicieron olvidar -completó Séun, mirándole preocupado. -Pero, si es cierto lo que has dicho, Kire podría estar tratando de confundirte para separarte de tu familia y de Vanissar, ¿no?

Erik negó con la cabeza.

-Al principio, yo también lo pensé… pero, tras volver a ver a Res, me di cuenta de que extraño algo en ella. Ya no la veo como antes…

-Lógico, se enrolló con la puñetera serpiente delante d… Mierda, lo siento tío, no quería… -se disculpó Séun, pues mencionar aquella humillación no era plato de buen gusto para Erik.

-Da lo mismo. Lo que quiero decir es que, a veces, me sorprendo a mí mismo pensando en una chica que ni siquiera sé cómo es. No lo puedo explicar de otra manera, aunque sé que parece un cuento chino, de hadas, o como quieras llamarlo.

-¿Estás seguro? -inquirió el ojiverde, preocupado

-La negativa de mi familia a darme explicaciones y a la forma de eludir mis preguntas ha hecho que acabe aceptando, al menos internamente, que es verdad. Algo me ocurrió con una chica antes de Resa, alguien a quien debía querer mucho. Pero no sé más allá de eso… -concluyó, apoyando la cabeza en sus manos entrelazadas.

Séun se levantó y le dio una palmada en el hombro.

-Así que por eso estabas triste este tiempo… Pues no te preocupes más. Primero acabemos esta misión, y después, yo mismo te ayudaré a encontrar a esa chica. Cuatro ojos mejor que dos, ¿no? -sonrió Séun, animando a su mejor amigo.

Erik sonrió con calidez.

-Séun… gracias. Sabía que tú me entenderías.

-¿Para qué están los amigos? ¿Aparte de para ser más guapos, más listos, más rápidos…? -picó el ojiverde.

-¿Qué insinúas?

-Que ni loco me ganarías a una carrera, tortuga. ¡Vamos! Se nos hace tarde y quiero cenar, pero si te espero llegaremos por la mañana.

-¡Eso se verá, Séun! ¡Si llego yo antes, me pagas la cena! -gritó Erik, con una media sonrisa.

-¡Ja! ¡Sigue soñando! -terminó mientras comenzó a correr, dejando atrás al rubio.

-¡Eh! ¡Tramposo! -retumbó la voz de Erik, mientras Séun reía a carcajadas.

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Eva se entrenaba en solitario con la espada. Quería mantener la cabeza despejada, sin centrarse en nada más que en sus habilidades de combate, las que su padre le había enseñado y Markash había pulido hasta volverla mucho más poderosa de lo que era hacía unos meses. La muchacha se encontraba repitiendo las mismas acciones periódicamente sobre una armadura mágica con una espada de entrenamiento clásica: de madera, ligera al tacto, pero fuerte y flexible.

En aquellos momentos no podía dejar de preguntarse qué habría pasado si, aquel día, su hermano no se hubiera desmayado en medio de su batalla. Si ella no se hubiera dejado llevar…

-"Si no hubiera entrenado a espaldas de todos… si Erik no hubiera peleado contra mí… tal vez esto no estaría pasando. No quiero estar a punto de volver a perder a ese imbécil que tengo por hermano otra vez…"

De repente, una pequeña lágrima cristalina brotó de uno de sus ojos, y resbaló por la correspondiente mejilla. Al darse cuenta, se limpió rápidamente, avergonzada de sí misma. Ella no podía ser como Resa, por mucho que le pesara decirlo así. Tenía que volverse fuerte. Tenía que convertirse en un shek antes de que volviera su hermano para poder ser de mayor utilidad. Y, entonces, podría surcar los cielos con su padre.

Con algo más de determinación, pero pensando en Erik y Séun, dejó la espada y continuó practicando lo que le había enseñado su padre durante unos minutos. Tuvo que concentrarse para expandir su mente a nivel de shek, ya que la mayor parte de su capacidad aún dormía en el interior de su alma, y tenía que hacer todo lo posible por despertarla.

Con los ojos cerrados, no fue consciente del paso del tiempo. Un minuto, diez, veinte… Sólo los volvió abrir cuando notó una mano fría en su hombro. Sabía de quién era: no había otra persona que se escapara a su percepción, ni siquiera el mismo Markash.

-"Papá…" -se comunicó ella mentalmente, con un susurro.

-"Hija, es hora de continuar con la litografía. Hemos descubierto algo interesante: parte de los versos conforman grabados con formas sheks casi imperceptibles. Tal vez esa sea la parte que nos atañe a ti y a mí".

Eva se sobresaltó: ciertamente, aquello despertaba su curiosidad. ¿Cuál sería su papel en todo aquello? Tenía que saberlo. Tan solo esperaba que no fuera demasiado importante. Tal vez a su hermano le gustara la gloria, pero ella sabía el peligro que corrían todos. Nadie sabía aún qué futuro habían preparado los dioses para ellos, pero, para su suerte o infortunio, ellos serían los primeros, si trabajaban rápido.

Una vez subieron a la habitación en la que se estudiaba la litografía, Shail y Victoria les hicieron entrar rápido.

-Eva, ¿podrías echarle un vistazo a esto? -pidió el mago a la joven, quien lentamente se acercó a la piedra. Un grabado brillaba tenuemente, pero la chica notó algo extraño: según se acercaba, el brillo se acentuaba casi imperceptiblemente.

-De repente, la litografía cambió. Las letras, no sé cómo, comenzaron a brillar y a reformarse, destruyendo nuestras teorías. Pero, ¿has visto esos grabados? Tienen forma shek, ¿verdad?

-Sí… pero no entiendo a dónde quieres llegar.

-Bueno -continuó Markash -creemos que, como los dioses dijeron en la parte inicial que tú y Christian participaríais en la Nueva Profecía, podríais ser capaces de entenderlo, ya que afecta a nuestra raza. Y nuestras sospechas se confirman, Eva… ¿no ves cómo brilla cuando te acercas? -sonrió el joven heredero de los sheks.

Sin saber por qué, Eva alargó la mano hacia el grabado, como si fuera sola, dirigida por una fuerza superior. Una vez sus yemas de los dedos acariciaron la pétrea superficie, una burbuja de luz engulló a Eva.

-¡EVA! -gritó Christian, agarrándola del hombro, pero tuvo que cerrar los ojos, cegado por la luz. No soltó el hombro de su hija, decidido a estar con ella para protegerla de lo que fuera a pasar. Por ello fue mayor su sorpresa cuando, al abrir los ojos, se encontraron en un espacio sin suelo. Flotando, miraban a su alrededor. Un tenue resplandor azul oscuro, como el del cielo nocturno, les envolvía.

-¡Papá, mira! -gritó Eva, sacándole de su ensoñación. Una serie de imágenes comenzaron a aparecer y deslizarse con rapidez a su alrededor, difuminándose al pasar con los laterales, como si viajaran en un coche en la Tierra y aquello fuera el paisaje. Tratando de observar el paisaje, las imágenes se hicieron más claras, hasta el punto de que pasaban lentamente. Christian vio que estaban animadas, contando una historia.

Lo que entonces vieron les sorprendió: Eva se vio a sí misma, al lado de Séun y un chico rubio desconocido, que sorprendentemente se parecía enormemente a su hermano, solo que más pequeño y con una sensación de lejanía que desconcertó a la muchacha, subiendo unas escaleras. Una vez salían de allí, se encontraron cara a cara con una figura ominosa, que le inspiraba respeto. Ella y los otros dos hombres desenfundaron sus armas, y se lanzaron al ataque. En ese momento, la imagen se difuminó, y Eva desapareció de allí.

Ahora le tocó el turno a Christian. Se vio a sí mismo dando una orden a su hija, instándola a cumplir su destino. Mientras, él y Markash se quedaban atrás, combatiendo a un misterioso hombre con un casco que le cubría la cara, un traje con una textura parecida a fibras musculares rojo sangre con colores negros y una espada plateada deslustrada, casi gris. Cuando se lanzaron a por él, la imagen se difuminó de nuevo, y esta vez, quien cerró los ojos  y desapareció del lugar fue Christian.

En la oscuridad, el shek oyó la voz de su hija llamándole. El sonido se hacía cada vez más claro.

-a…a…pa…a… ¡Papá! -el shek pudo abrir los ojos, y vio a su hija, quien le zarandeaba, tratando de despertarle.

-¿Qué…?

-¡No importa! ¡Ven a ver esto! -le urgió su hija. El shek se levantó con celeridad, para echar un vistazo a lo que le querían mostrar. Shail y Victoria miraban la escena boquiabiertos: justo después de la explosión de luz, jurarían haber oído una voz que retumbaba.

Aunque más sorprendente era lo ocurrido con la litografía. Ahora, las letras de los grabado  brillaban, y formaban unos versos que, a la vez, conformaban una de las partes de la Nueva Profecía que les llevaría a restaurar la paz en Idhún, a traer al Octavo dios, y a sellar su destino.

"Sheks, criaturas originarias de la oscuridad, aliadas con la luz, desprovistas de maldad. Luchando con su peor enemigo, el padre deberá hacer frente a sus propios miedos y enviar a su hija a la lucha, sin cubrirla con sus alas. Pues como el polluelo debe volar del nido, la nueva heredera de la Tríada deberá volverse fuerte, y cumplir así su destino con una lucha a muerte. ¿Su enemigo? Su propia esencia, sus orígenes. Su creador. La sombra sin nombre, dotada finalmente de uno. Siebten."

Una vez lo hubieron leído, Eva comenzó a tiritar.

-Si…Siebten… Se refieren a… -no continuó, pues no podía creerlo. De todos los que debían participar en aquella historia, ella debía ser quien terminara con todo.

Victoria comprendió, con un grito de agonía, a quién tendría que enfrentarse su hija menor. Y no había forma de escapar de aquel destino.

-No… ¿por qué ella…? -se derrumbó en el suelo.

Jack fue corriendo a su lado, mientras Christian salió al balcón, mirando con rabia al cielo. En la profecía no se decía que su hija fuera a vencer. No iban a ayudarla si era incapaz de vencer.

-¡Malditos seáis! Os juro que como os la llevéis, como me la arrebatéis, acabaré con todos vosotros, ¡AUNQUE ARDA EN EL INFIERNO TODA LA ETERNIDAD! ¿¡ME OÍS!? -gritó desesperado, algo poco habitual en él, mientras miraba al cielo con sus ojos tornándose irisados a causa de la rabia del shek. Su mirada se dirigía a donde residían aquellos dioses que no dudaban en utilizar su existencia para sus propios fines, como quien sacrifica un peón en un tablero de ajedrez para proteger al rey.

Alsan miró a Christian. Era la primera vez que le veía así. Vio, a su vez, cómo Eva se derrumbaba ligeramente y caía al suelo, como su madre. Estaba claro que no quería verse involucrada en todo aquello. Ella no deseaba luchar, sino acabar con su parte y continuar su vida. Pero había una gran posibilidad de que no le quedara tanta vida por delante como creían.

-"Y la peor parte es que no podemos hacer nada. No hay forma de cambiar el destino… no cuando está escrito" -se lamentó el monarca, preocupado por aquellas personas que, aunque no estuvieran unidas a él por sangre, eran como su familia.

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Buenas a todos! Aquí os dejo con mi nuevo capítulo, para que no digáis que tardo en actualizar. ¡Que se note que estamos en verano! Esta vez lo dejamos con un poco de suspense. Muchas gracias a todos los comentarios del capítulo anterior! Sois geniales, en serio.

Y ahora, vuestras opiniones... ¿Podrá Eva hacer frente al destino que se le ha impuesto? ¿O, por el contrario, tratarán de evitarlo a toda costa, aun sabiendo que no funcionará? ¿Qué papel juega Erik en todo este asunto? ¿Por qué no está en la batalla final?

Pues nada, ahí lo dejo. ¡Un beso!

zalitrix