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Historia 120142 — capítulo 43

Ya estaban poniéndose los soles Idhunitas en el horizonte. Los habitantes del pequeño pueblo en Celestia, llamado Ahnsur, hacían compras de última hora, vigilaban a sus pequeños, o simplemente disfrutaban de la puesta de Sol, cuando dos figuras que bajaban hacia su pueblo les alertaron. No solo se acercaban a toda velocidad, sino que además iban chocando violentamente. Uno de los chicos en la calle aguzó el oído. Entonces, pudo oír cómo discutían.

-¡Aparta! ¡No vale cruzarse! -decía el rubio, mientras su hombro derecho chocaba con el  izquierdo del hombre a su lado.

-¡Tiene gracia que eso lo digas tú, cerdo! -gritó, tratando de adelantarse.

-¡Saliste con ventaja! ¡Deberíamos darlo por invalidado! -continuó el primero.

No pasó mucho tiempo hasta que ambos jóvenes atravesaron el lugar, tan centrados en su pequeña competición que no se dieron cuenta de que a tan solo unos metros de ellos, se extendía un bordillo. Todavía mirándose, ambos tropezaron a la vez. Como a cámara lenta, ambos tuvieron tiempo de soltar un "Oh,¡¡¡¡ MIER…!!!!" antes de caer estrepitosamente sobre el terreno, rodando por el suelo.

Tras unos segundos revolcándose por el suelo, lograron pararse. Entre quejidos, ambos se levantaron, doloridos. Mientras se frotaban la espalda, ambos volvieron a mirarse, con un ojo cerrado por el dolor de la caída. Erik fue el primero en hablar.

-Bueno… supongo que esto es un empate, ¿no? -dijo, con voz vacilante.

-Será mejor que lo dejemos así… cada uno paga lo suyo, como siempre. ¿De acuerdo? -terminó Séun, mientras se estiraba. Ambos estaban muertos de hambre, y con aquella carrera desde las colinas habían agotado sus fuerzas del todo. Con las pocas que les quedaban, buscarían una taberna y volverían a casa de Onet, con cuidado de no llegar demasiado tarde, ya que tenían que madrugar.

No tardaron mucho en encontrar lo que buscaban. En un lugar anunciado como "El mesón Celeste" ofrecían comida a un precio más bien asequible, por lo que se metieron sin dudar. No tardaron mucho en ser atendidos, pues ya se había corrido la noticia de que dos guerreros de Vanissar habían llegado a la ciudad vía pájaros Haai, y todo el mundo sabía ya quiénes eran aquellos visitantes extraños que habían llegado hacía unas horas.

Aunque Erik se sentía incómodo siendo el centro de atención, Séun parecía más que acostumbrado. Aunque el pueblo no era grande, tampoco era tan pequeño. Tendría alrededor de 2000 habitantes, entre los cuales había chicos y chicas jóvenes, por lo que el espectáculo estaba servido cuando comenzaron a notar las miradas angustiadas del sexo opuesto. Poco después, el recelo de adolescentes y jóvenes adultos no tardaría en llegar.

Una vez les trajeron la comida, comenzaron a dar buena cuenta de ella mientras mantenían una ligera conversación.

-Hay que joderse… No nos van a dejar cenar tranquilos, ¿eh? -musitó Erik, cerrando los ojos de forma cansada mientras se metía la comida en la boca.

-Eso parece. Pero no parece que sea la primera vez que te pasa. ¿En la Tierra también son así? -inquirió Séun, curioso.

-Ya te digo. No sabes la de amenazas que le llegaron a Resa cuando salía conmigo por Nueva York de vez en cuando -su voz cambió ligeramente cuando mencionó a la chica -¿A ti también te pasa?

-Sí, más a menudo de lo que me gustaría, créeme. Aunque suele ser bastante divertido si te dejas llevar, en vez de evitarlas. Y no te preocupes, no tiene por qué llegar a pasar nada: tan sólo vas a pasártelo bien.

-Hmm… tal vez debería haber tonteado un poco con las de mi instituto. Ahora que lo pienso, podría haberme resultado entretenido -sonrió el rubio ante la sugerencia de su amigo. Al fin y al cabo, tampoco había ningún motivo para no hacerlo, ¿no? Aunque en un pasado no lo había intentado por respeto a la chica a la que amaba, a la que había creído su primer amor, ¿cuál había sido el resultado? Su dignidad y sentimientos, utilizados para fregar el suelo.

-Eso es. No pasa nada por soltarse de vez en cuando -guiñó un ojo el moreno, mientras se giraba y le lanzó una mirada a una de las chicas que no paraban de mirarles. La susodicha se puso nerviosa, sin saber a dónde mirar, lo cual hizo que Séun riera ligeramente.

Continuando con su conversación, que derivó hacia otros temas más triviales, la cena pronto se terminó. Pagando la cuenta, ambos salieron de la taberna y se encaminaron hacia su hogar temporal. Con una ligera llamada, Onet no tardó más de 5 segundos en recibir a los dos chicos.

-Bienvenidos. Podéis pasar, Cann ya está en la cama. Os he preparado las cosas en la habitación para que paséis una buena noche. Oh, por cierto, levantaros cuando queráis. Yo me iré a la posada rápido por la mañana, pero si salgo antes, haced el favor de traerme las llaves de casa, ¿de acuerdo?

-¿Y el pequeño? -preguntó Erik, curioso.

-Él tiene su copia. Y lo más seguro es que pase el día con otros chicos, o viendo a los adultos trabajar. Tiene que disfrutar, está de vacaciones.

Erik se llevó la mano a la barbilla.

-Entiendo, -terminó Séun - muchas gracias, Onet. Ahora mismo nos vamos a dormir, estamos hechos polvo. No te preocupes, cuando nos levantemos, te llevaremos las llaves lo antes posible.

La mujer asintió, agradecida, y se retiró a su habitación, visiblemente cansada. Con paso silencioso, ambos se deslizaron a su habitación para no despertar al joven Cann, que dormía, enterrado bajo las sábanas de su litera, la más baja de las tres.

Los dos muchachos no tardaron más de dos minutos en cambiarse y meterse en la sábana. Al poco rato, Morfeo ya les acunaba entre sus brazos, y el silencio comenzó a gobernar la pequeña casa, alterado por la respiración ocasional de sus habitantes. Poco a poco, las luces comenzaron a apagarse, sumiendo la aldea en la oscuridad de la noche.

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Eva se dejó caer en la cama, en la soledad de su habitación. Ahora que había sido revelado su papel en el destino de Idhún, se sentía desfallecer. Lo único que quería era dormir y desear que todo aquello fuera una pesadilla. Tal vez a su hermano le hubiera gustado la idea de ser el héroe que salvara al mundo, pero ella era diferente.

Al igual que su madre, ella odiaba la idea de luchar por un mundo que la había repudiado por el mero hecho de haber nacido. Era algo que encontraba antinatural, sin sentido. ¿Por qué ella, la supuesta heredera de Ashran, tenía que liberar al mundo del Séptimo?

Por primera vez en su vida, por primera vez desde que se conocía a ella misma, sintió miedo. Y era un miedo tan profundo que asolaba su alma. Girándose, miró hacia la cama vacía. Sin él cerca para aliviarla con su sentido del humor ni palabras reconfortantes, se encontraba perdida.

-Séun… -susurró, echándole de menos. Una lágrima brotó por sus mejillas, mientras cerraba los ojos y trataba de dormirse, deseando que todo aquello no hubiera sido más que un mal sueño, una pesadilla, una ilusión. Pronto, la noche Idhunita se apoderó de ella. Sin saberlo ni ella ni Resa, la Tríada y los demás se habían reunido de nuevo durante la noche.

Jack le lanzó una mirada a Christian, pero ni siquiera aquello le hizo reaccionar. El dragón empezaba a preocuparse: era la primera vez que veía a su rival, compañero, y tal vez amigo, derrumbarse de semejante manera, casi como Victoria, que era un manojo de nervios. Aunque no lo manifestaba, se notaba en sus ojos, sin el frío que los caracterizaba. En aquel momento, lo único que eran capaces de comunicar era la desesperación que sufría el shek.

-Christian… no te preocupes. No permitiremos que nada le pase a nuestra hija -dijo el joven rubio, quien, vacilante, le puso una mano en el hombro, por mucho que le desagradara el contacto.

Sin embargo, el castaño pareció reírse ligeramente antes de contestarle.

-No lo entiendes, ¿verdad, dragón? No hay forma de escaparse de ellos. No cuando han formulado una profecía. ¿No lo recuerdas? Yo, que había sido creado para mataros, acabé en vuestro bando porque así lo dictaban aquellas malditas palabras. Y me alegro mucho de que haya sido así, pero hay una diferencia. En aquella profecía, se decía expresamente que venceríamos a Ashran. Y aun así, casi le cuesta la vida a Victoria. Y esta vez, nada parece indicar que Eva vaya a vencer. ¿Qué vamos a perder esta vez? -habló Christian, no solo para Jack, sino para todos los presentes.

-Serpiente… -musitó Jack, mientras Victoria hablaba.

-Alsan, me niego a que mis hijos participen en esto, y lo sabes. Pero Christian tiene razón… ya no podemos hacer nada. Como mucho, ofrecerle todo el apoyo que podamos a Eva. Ella es la que peor lo está pasando en este momento…

Zaisei asintió. Había sentido la desolación de Eva ante las aciagas palabras de los dioses, y casi le había llegado a hacer llorar a ella misma. Sentía pena por ella, lo último que nadie querría que sintieran por uno mismo.

Jack se aclaró la garganta.

-Tenéis razón, pero por otra parte, nadie ha dicho que a Eva le vaya a pasar algo, ¿verdad? Yo creo que, antes de saltar a conclusiones de este tipo, deberíamos esperar a tener el resto de las partes de la profecía. Tal vez cuando se complete encontraremos las respuestas a nuestras preguntas sobre Eva -habló, tratando de infundir ánimos en los demás, con poco éxito.

-Dragón… es inútil. Ambos tendrán que enfrentarse, y Eva no es rival para ningún dios. Ni siquiera sabemos cuándo o dónde será… ¿Y si es mañana? ¿Y si es en este mismo lugar? -replicó Christian, fuera de sí. Jack no se resistió más y le agarró por el cuello de su camisa negra.

-Pues si es así, lo mínimo que podemos hacer es apoyar a Eva, no dejar que lo afronte sola ¡mientras nosotros nos lamentamos por algo que todavía no ha ocurrido! Te juro que, si pudiera, yo mismo me sacrificaría para que no le ocurriera nada a nuestra pequeña. ¡Pero no puedo, así que al menos voy a intentar ayudarla en todo lo que pueda! -terminó, casi levantando la voz. Esperaba una réplica cortante, o una mofa a su razonamiento, pero definitivamente, no palabras de agradecimiento.

-Jack… Tal vez tengas razón. No entiendo qué me ha ocurrido… Es pensar que le pasa algo a Eva, y…

-Te entiendo. Por muy serpiente que seas, tienes un corazón. Yo estaría igual que tú si a Erik le ocurriera algo similar, y con ello no quiero decir que le quiera más, pero ya sabes a qué me refiero.

Efectivamente, Christian lo sabía. Obviamente cada uno sentía más atracción y cariño por uno de sus hijos, pero los habían criado siendo iguales con los dos, sin cambiar su forma de ser sólo por estar con uno u otro. Compartían un vínculo especial debido a sus razas híbridas, una conexión muy fuerte, que Victoria no acababa de comprender del todo, ya que ella como unicornio sentía gran amor por todos ellos.

-Bien -alzó la voz Alsan -entonces, pondré como máxima prioridad la búsqueda de las litografías entre las fuerzas de búsqueda. Desde el aire, los sheks lo tendrán mucho más sencillo para encontrarlas. Lo único que necesitan es una descripción, una imagen que utilizar para buscarla. Y ahí es donde entras tú, Jack. Ya que has visto su forma original, intenta transmitirle a Markash la imagen, y él hará el resto -sonrió el monarca. Él también tenía que hacer lo que pudiera, no en vano estaban luchando por su mundo.

-De acuerdo pues, mañana nos ponemos manos a la obra. Ahora, id a descansar todos, necesitaréis las energías -pidió Kimara, arrimándose a Alsan con una ligera sonrisa. Ella usaría sus contactos por Awinor para ver si encontraban algo por allí, ya que un desierto casi inhabitable los dioses podrían esconder algo así perfectamente.

Sin ninguna pregunta más, todos abandonaron la sala, cansados y preocupados por Eva, pero también con un objetivo en mente: encontrar aquella maldita profecía y acabar con todo de una vez y para siempre.

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-"Bien. Ya están dormidos" -pensó para sí el joven Cann. Destapándose rápidamente, se deslizó fuera de la cama y abrió la ventana de par en par. Como todas las noches, la dejó ligeramente abierta para poder entrar después, sin miedo. En Celestia, el término "ladrón", era algo desconocido, y nadie osaba robar a otras personas, no con los celestes al lado, ya que los delatarían al instante.

Corriendo entre la hierba, pronto llegó a una zona con un par de árboles, alejada de la casa. Uno de ellos tenía una raja por la que se abría un hueco bastante escondido en el tronco. El chico alargó la mano, y sacó de allí una espada, enfundada en una vaina de color rojo. Al lado de aquel, se encontraba otro lleno de marcas. Todo el pueblo creía que sería un animal del bosque, pero se equivocaban del todo.

El chico desenfundó su arma, y comenzó a practicar movimientos, primero al aire, y luego contra el tronco. Sus movimientos eran pesados, puesto que la espada era demasiado grande, pero pronto se comenzaron a volver más rápidos, aunque a coste de las fuerzas del muchacho. Cada vez que paraba a descansar, unas palabras le volvían a la mente.

-"No puedes hacer nada, Cannais. Vuelve a casa y escóndete con tu madre"

-"¡Ja! Puede que los otros humanos fueran patéticos, pero podían luchar. Tú, en cambio, no puedes hacer nada. ¿Qué se siente siendo tan impotente?"

Sus dientes rechinaron mientras una serie de lágrimas brotó de sus ojos. "No pienso dejar las cosas así, ¿me oís? ¡Os enseñaré de lo que soy capaz! ¡Me haré fuerte, y entonces os cazaré, una a una, igual que hicisteis con nosotros, malditos sheks!" -pensó Cann, moviendo su acero con furia, rabia y odio.

Aquellas criaturas se lo habían arrebatado todo. Pero algún día pagarían todo lo que habían hecho a Idhún.

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Bueeenas! Aquí os dejo un capítulo nuevo, espero que os guste! Muchas gracias a todos los que comentaron el capítulo anterior, ¡sois geniales! Hoy me despido rápido, porque tengo un sueño que me caigo u.u

Un saludo!

zalitrix