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Historia 120142 — capítulo 51

Mannon y Talmannon sonrieron de forma siniestra al unísono.

-¿Qué te había dicho? Se acabó el problema, amigo mío. Nuestros enemigos se han encargado de ello, y lo único que hemos tenido que hacer ha sido echarles una mano.

-He de admitir que tenías razón… es irónico que, siendo la misma persona, pensemos de manera distinta. Será, tal vez, un efecto de que nuestros cuerpos terrenales sean distintos…

-En cualquier caso, ahora podemos dejar de preocuparnos. Kyanaris acaba de perder al dragón negro, y eso va a suponer un duro golpe para ellos. Dudo mucho que la Tríada siga teniendo el valor para luchar, al menos durante unas semanas. Lo mismo puedo decir de aquellos que lo conocían.

-Hmmm… así que un golpe de efecto en el ejército enemigo, al tiempo que la profecía se cumple, para confundirles y hacerles más daño del que jamás podríamos haber hecho físicamente. Sencillamente perfecto -celebró Talmannon.

Finalmente, el dios hizo un comunicado global a todas sus tropas.

-"A todos los sangre fría que puedan escucharme… el dragón oscuro ha muerto".  Inmediatamente después, su mente se llenó de gritos de alegría, júbilo, y similares. Una mente en particular estaba completamente en silencio… En su habitación, Kire dirigió una mirada a las tres lunas.

-¿De verdad vas a morir así…? Ahora jamás podré vencerte... -dijo el Oscuro con un tinte apenado en su voz. Nunca podría comprobar cuál de los dos era el más fuerte, y por alguna razón, aquello le entristecía enormemente.

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Aquellos ojos marrones lograron escrutar el cielo Idhunita, pese a encontrarse moribundo. Su mirada se posó en las tres lunas, tan majestuosas como el primer día que las había observado… sin embargo, en vez de maravilla, lo único que sintió fue rabia. Una rabia tan intensa y tan profunda que no podía ser descrita en meras palabras.

Ellas eran las culpables de todo. No las lunas, sino las diosas que se escondían detrás de ellas. Neliam, Irial, Wina, Karevan, Yohavir… Aldun. Y, cómo olvidar a aquel que no tenía astro: Siebten. Estaba muriendo… no, había muerto por mero capricho. Una mueca de oscuro odio se apoderó de su rostro y sus ojos, mientras trataba de decir sus últimas palabras, que en vez de un grito fueron un susurro, ya que su pecho estaba destrozado.

-Mierda…  ¡Mierda, mierda! Esto no va a acabar aquí, ¿¡me oís!? ¡No pienso dejar que os salgáis con la vuestra! Acabaré con todos vosotros… ni uno solo quedará vivo… ¡¡YO MISMO OS DESTRUIRÉ!! -susurró. Finalmente su cuerpo se relajó, sus ojos se cerraron, y su cuerpo cayó pesadamente en el mar, desapareciendo bajo la supercicie. El sonido de la salpicadura fue acompañado de los gritos de júbilo de las serpientes y de los de dolor de sus amigos familiares.

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Lejos, muy lejos de allí, lejos de Idhún, de la Tierra y de Umadhún, la noche acababa de entrar, una luna llena y otra creciente alzándose en un cielo estrellado. Las olas golpeaban pacíficamente un acantilado desde el cual se podía observar el horizonte. La parte de costa llana era tenuemente iluminada por las luces de una pequeña ciudad, cuyos habitantes volvían a sus casas a descansar tras otro duro día.

Una solitaria figura caminaba hacia el risco con paso lento y calmado. Su cuerpo esbelto se distinguía gracias a la luz de los astros que iluminaban el cielo nocturno. Una vez hubo llegado al borde, inspiró el aire y lo expulsó lentamente. Aquel aroma a sal le traía muchos recuerdos…

Por fin había vuelto a casa, aunque solo fuera durante un par de días. Después, tendría que volver al trabajo; pero no era tiempo de pensar en aquello. Le habían dicho que se relajara, que disfrutara de aquellas cortas pero merecidas vacaciones. ¿Y qué mejor lugar que la costa en la que había crecido desde que tenía trece años? Ya había pasado a saludar a su padre adoptivo y a su hermana, por supuesto, así que disponía de unas horas para relajarse en su lugar favorito.

A sabiendas de que nadie la oiría, pues no tenía a nadie alrededor, se sentó. Tras sentarse, se apartó un mechón de su suave pelo castaño claro, que caía sobre sus hombros, bifurcándose hacia su pecho y su espalda.

Una vez cogió un poco de aire, comenzó a cantar con una voz suave y dulce. A menudo le decían que debía haberse dedicado a aquello, pero nunca encontró mayor placer en ello que el de un simple pasatiempo. Era relajante… y ciertamente, menos peligroso que lo que solía hacer.

Mientras las notas escapaban sus labios, no pudo evitar sonreír.

-"Todo está como siempre…" -pensó, observando el cielo. -"Nada ha cambiado desde la última vez… Lo siento mucho por Anne y papá, pero no tengo mucho tiempo para disfrutarlo con ellos."

Una vez hubo terminado su canción, se tumbó en el suelo, descansando. Pronto observó, para su mala suerte, como un nubarrón escondía parcialmente el cielo, oscureciendo todavía más la noche, pues las lunas habían quedado atrapadas tras él. Tal vez debería volver al día siguiente… en la ciudad le habían dicho que haría buen día.

Ya se estaba incorporando de nuevo cuando, de repente, un repentino fulgor provino de encima de las nubes, casi como un relámpago. No le dio mayor importancia en primera instancia, pero el fulgor se repitió de nuevo; y aquella vez, un boquete se abrió en el centro de la nube. Pudo ver, a su vez, cómo los habitantes de las casas más cercanas a la costa salían a sus porches y terrazas, posiblemente atraídos por el extraño suceso.

Algo estaba cayendo hacia el mar, aunque a esa distancia, era imposible saber el qué. Un muchacho inconsciente, de pelo rubio, con los ojos cerrados y una herida en el pecho se precipitaba hacia el vacío, su ropa sesgada ondeando suavemente.

En aquel momento, las dos lunas volvieron a aparecer, iluminando los ojos de aquella figura misteriosa… el impacto del extraño cuerpo con la superficie marina quedó grabado en un par de preciosos ojos azules.

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La ciudad de Nueva York. Antaño, la gente habría estado por las calles a aquellas horas de la madrugada, pero en aquella ocasión, estaba completamente vacía, salvo por una solitaria persona. La lluvia caía pesadamente sobre su abrigo de color negro…

(VÍDEO: Mejor verlo en HD a pantalla completa)

CONTINUARÁ…

 EN MEMORIAS DE IDHÚN V: LA BATALLA DE LOS HÍBRIDOS.