Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.6% · 90,776 de 95,911 páginas identificadas · 89,862/90,521 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 120142 · de

Historia 120142 — capítulo 50

Mientras Erik corría hacia el pueblo, casi con desesperación, sus amigos y familiares trataron de seguirle unos segundos después. Séun, Eva y Cann fueron los primeros en tomar parte en la acción, saliendo de la habitación sin esperar permisos, siendo seguido por Resa, Jack, Victoria, Shail, Christian, y el resto de los presentes.

Incluso el frío shek había quedado impresionado por los eventos que acababan de tener lugar. La vida de su hijastro corría grave peligro… él mismo lo sabía: no importaba como, al final los dioses siempre se salían con la suya.

A toda prisa, se dirigieron hacia el portón del castillo lo más deprisa que pudieron, pero no había rastro del joven dragón. ¿A qué velocidad había salido de allí? Era impensable… no estaba en buenas condiciones después de la batalla en Celestia, pero parecía que había sido capaz de moverse mucho más rápido que ellos.

El no encontrarle no hizo que se detuvieran, más bien todo lo contrario. Jack escrutó los cielos en busca de un dragón, pero no había ninguno, por lo que dedujo que seguía en su forma humana. -¡Rápido! -instó Jack, situándose al nivel de Séun y demostrando así cómo seguía en plena forma pese a haber madurado.

-No hace falta que lo digas dos veces -musitó el moreno, acelerando. Poco después entrarían dentro de la ciudad… si no había aparecido antes, sería muy difícil encontrar a Erik después, con todo el tumulto, o eso creían ellos…

////////////

Una vez Erik comenzó a caminar por las calles de Vanissar, se dio cuenta de que todo el mundo le miraba. No eran las típicas miradas que había sentido antes sobre él cuando iba a dar una vuelta con sus amigos o familiares.

Tampoco eran aquellas que se daban a un guerrero de Kyannaris, y mucho menos las que los sangrecaliente solían dirigir a los dragones, criaturas que inspiraban respeto y admiración. No, eran completamente diferentes. Los ojos de los habitantes de la capital de Vanis estaban llenos de miedo, pero también de desconfianza, amargura, y desdén.

El muchacho ladeó la cabeza, pensando que aquello era una broma de mal gusto, intentando encontrar al menos a alguien que no le dirigiera aquella mirada, sin resultado alguno. Mientras se movía, notaba cómo la gente se apartaba instintivamente de él,  dejándole paso, algo que nunca antes había ocurrido.

¿Qué había provocado ese cambio?

La pregunta no paraba de repetirse en los pensamientos del dragón, y la respuesta no tardó en materializarse en los labios de una de las personas, un hombre, que se adelantó, cubriendo con su cuerpo a quienes Erik distinguió como su mujer e hijos.

-Conocemos la profecía. Si tú no desapareces, Idhún no estará a salvo. No podremos sobrevivir al Séptimo. La voz de los dioses no se oye sólo en el castillo, ¿sabes? Y los rumores vuelan… un hombre que se transformó en un dragón negro que acabó con cinco sheks por su cuenta… No eres un dragón, tampoco humano. Eres un monstruo. Todos estamos en peligro por tu culpa -terminó el hombre, con duras palabras.

Erik apretó los dientes, viendo cómo más y más voces se alzaban en su contra. "Tiene razón." "¡Sí!" "¡Es cierto!" "¡No podemos perder el mundo por una sola persona!" eran palabras entendibles entre todo el griterío.

-¿Qué has dicho? ¡Repítelo si te atreves! -ladró el rubio, furioso con los Idhunitas. La historia se repetía… después de todo lo que su familia había hecho por ellos, ¿era esta la forma de devolverles el favor?

-"Yo quería venir a ayudarles… quería hacer todo lo que pudiera… ¿Y para qué?" -pensó el joven de cálidos ojos marrones. El ciudadano volvió a hablar.

-Es lo que has oído. ¡Eres una abominación, según los Seis, y nos pones a todos en peligro! La profecía debe cumplirse para que podamos salvarnos todos… ¡siempre hay sacrificios en una guerra! -replicó el que parecía ser el portavoz de la ciudad.

En aquel momento, Jack apareció, pasando al lado de su hijo y encarándose con el hombre.

-Repite eso que acabas de decir, si es que tienes lo que hay que tener -musitó con un gesto sombrío, dispuesto a cualquier cosa. Si tenía que elegir entre su hijo y un Idhunita, estaba claro que iba a tomar partido por la sangre y el fuego que corrían por sus venas. Christian saltó en medio de los dos.

-Ya basta. No hemos venido a buscar problemas -siseó fríamente, manteniendo la calma. Con un gruñido, hizo como se le pidió y se separó, dirigiéndose al lado de su hijo, mientras Eva y Resa corrían hacia él, tratando de abrazarle. Sin embargo… ambas se detuvieron en seco cuando percibieron los sentimientos y pensamientos de las gentes de Vanissar.

Eva no pudo contenerse cuando notó que, una vez se percataron de su presencia, comenzaron a murmurar "es ella", "la que se enfrentará al Séptimo", "Por los Seis, qué valiente…".

-¡Basta! ¡¡No somos sólo peones!! ¡¡Somos como vosotros, también tenemos un futuro, unos sueños, y una vida por delante!! ¡Es injusto que tratéis de arrebatar a mi hermano ese derecho sólo porque los dioses lo dicen! -gritó ella, pero Séun la mandó callar con un gesto, al tiempo que sujetaba a Cannais, quien también trataba de moverse.

-Pero… -susurró ella.

-Sin peros. Vamos a dejarlo aquí, ¿vale? Si no, lograrás el efecto contrario -replicó el ojiverde con mucha más seriedad de la habitual. Eva calló, pero su gélida mirada se clavó en todos y cada uno de los residentes, como si de puñales helados se tratara, maldiciéndoles a todos.

Victoria, mientras, atendía a su hijo junto a Resa, hasta que el muchacho se desasió de ambas.

-¡Dejadme en paz! -gritó, escapando de aquella realidad que parecía regocijarse en el mal que le ocurriera a su persona. ¿Qué había hecho él para merecerse todo aquello? ¿Por qué querían matarle precisamente a él? ¿Por qué era una "abominación"?

Demasiadas preguntas, todas ellas sin ninguna respuesta, atormentaban al hijo mayor de la Tríada. Al fin y al cabo, nunca había dejado de ser un simple adolescente del que se esperaban demasiadas cosas, hasta el punto de que tenía que dar su vida por un mundo que había despreciado su presencia en él, y la existencia de su hermana y de Christian.

A pesar de que recorrió las calles de Vanissar, no logró encontrar el ápice de humanidad que necesitaba. Pensó que los celestes podrían empatizar con él, pero no había ninguno fuera, lo cual era natural: la atmósfera era tan negativa que él mismo podía notarlo.

Por parte de su familia, Victoria trató de seguirle, pero Alsan la detuvo.

-Vic… necesita tiempo. Tiene que pensar en todo esto…

-¿¡Qué hay que pensar, Alsan!? ¡¡No pienso sacrificar a mi hijo!! -gritó ella de manera histérica, forzando otra respuesta del monarca.

-Nadie ha dicho que vaya a permitir que eso ocurra. Tiene que haber otra manera… y sea cual sea, la encontraremos. No puedo prometerlo, pero… lo que sí puedo prometerte es que no quiero que pase nada malo. Por los siete, ese chico podría ser mi nieto -terminó, recordando cómo había encontrado a Yandrak en su juventud… ¿le convertía eso en abuelo? ¿O se consideraría uno cuando Séun tuviera sus propios retoños?

Jack suspiró una, dos, y luego tres veces, tratando de calmarse, y habló lentamente.

-Alsan tiene razón, Victoria. Todo esto debe ser muy difícil para él, y no podemos hacer nada más que esperar a que se calme un poco. Yo soy el primero que está furioso por todo esto, pero… no nos va a llevar a ninguna parte -le dijo su marido, abrazándola con fuerza.

Él también tenía miedo. Pero si lo dejaba verse, entonces ella perdería la poca calma que podía tener.

Christian miró fríamente a todos los presentes. No dijo nada, y se limitó a darles la espalda. De nuevo, Idhún le decepcionaba a tantos niveles que era incapaz de expresarlo… sin embargo, era incapaz de culparles.

-"Están indefensos, saben que no pueden hacer nada. Por eso, se aferrarán a la más mínima posibilidad de salvarse… nosotros hicimos lo mismo cuando Ashran pactó nuestro retorno, al fin y al cabo" -su racionalidad se impuso de nuevo a sus sentimientos, haciendo aflorar su parte shek.

Con gesto torvo, la cabeza baja y paso lento, la Tríada, Séun, Alsan y Shail abandonaron el lugar, mientras los ciudadanos regresaban a sus tareas. No les impresionaba ver allí a su rey: era muy frecuente que bajara al pueblo de vez en cuando, y muchos ya le conocían bien.

Las horas pasaron. La tarde avanzó al son de los tres soles, que comenzaron a ocultarse posteriormente, al tiempo que las lunas comenzaban a alzarse para presidir el cielo nocturno con su habitual solemnidad.

Casi estaban llenas… no disponían de mucho tiempo. Erik se salió del camino al castillo, encontrando un árbol lo suficientemente confortable, apoyando su espalda en el tronco mientras se deslizaba pesadamente, sentándose en el suelo mientras sus manos tapaban su cara.

-¿De verdad no puedo hacer nada…? -se lamentó, derrumbándose sobre sí mismo.

///////////////////

Mannon sonrió hacia su otro yo con malicia.

-¿Lo ves? El propio Aldun tiene miedo de su criatura… y su muerte ha quedado escrita en la profecía. Ya no tiene salvación… -dijo con un aire de superioridad, a lo que Talmannon no pudo evitar devolverle la media sonrisa.

-Ja. Ahora entiendo por qué estabas tan calmado… de todas maneras, es un chico interesante, cuanto menos… quién iba a decir que las esencias de dragón y el unicornio podían entremezclarse hasta tal punto.

-Es fascinante, ¿verdad? Y aquí no acaban las sorpresas… -paró un momento, y giró su cabeza hacia la entrada - entra, hijo mío.

Un muchacho con un extraño traje de apariencia orgánica en colores rojo y negro apareció en la sala. Su cabeza, cubierta con un casco, se giró hacia Talmannon, quien le dirigió una mirada extrañada.

-¿Así que ya está listo tu zombie? -inquirió Kire.

-¡Qué osadía! ¿Acaso sabes con quién estás hablando? -rió Talmannon con un aire siniestro. -Sin embargo… tienes agallas…

Mannon le lanzó un gesto significativo al ente oscuro, cuyas manos se alzaron hacia su cabeza.

-Aquí no acaban las sorpresas… -se limitó a decir la nueva encarnación del Séptimo, al tiempo que Kire retiraba el casco que cubría sus facciones. Un sonido de asombro hizo eco en las paredes de la habitación cuando el antiguo emperador de Idhún vio la verdadera identidad de aquel ser.

-Este es Kire. Mi mejor Oscuro -terminó con orgullo, ladeando su cabeza hacia el susodicho. Su pelo, color cenizo, y unos ojos que refulgían con un brillo amarillento, eran posiblemente lo único que le diferenciaba de Erik. El resto de su rostro era alarmantemente similar al del muchacho.

-Ah, ya entiendo… le has hecho una visita a nuestro dragón, ¿cierto?

-Exactamente. Y déjame decirte algo: Kire es igual de poderoso que él, tiene su mismo potencial. Al fin y al cabo, son las dos caras de la misma moneda. Mi obra maestra -sonrió el Dios, pero Kire no lo hizo.

-Nos será muy útil… -Talmannon estaba encantado. Para su sorpresa, la criatura habló.

-Yo no soy el peón de nadie -se limitó a decir, saliendo de allí con la misma rapidez y calma con la que había entrado. Una vez hubo abandonado el habitáculo, el más joven de las encarnaciones de Siebten mantuvo la sonrisa.

-Todo un carácter, ¿verdad? Al fin y al cabo, su origen está en el dragón… Que un poder así se perdiera por la cobardía de Aldun sería una lástima, ¿cierto? ¿Por qué si no iba a haberme tomado tantas molestias?

Talmannon continuó mirando hacia la imagen de Erik que se proyectaba en la fuente de agua frente a ellos.  -"Todos tememos lo que no podemos comprender… ¿verdad, viejo amigo?" -sus pensamientos se dirigieron a la deidad idhunita del fuego.

-El triple plenilunio es dentro de seis días, empezando hoy. Veamos cómo se desarrollan los acontecimientos… será divertido, eso puedo asegurarlo.

/////////////////////////

Poco a poco, el tiempo fueron transcurriendo, lo cual sólo servía para aumentar la histeria de Victoria y la tristeza de todos los demás. El mundo miraba a Erik con lástima, algo que el chico no podía soportar: demasiado para su ya herido orgullo. ¿De qué le había servido haberse vuelto más fuerte?

Era como si, de alguna manera, todos hubieran aceptado que iba a morir. ¿Por qué era él incapaz de hacerlo? La respuesta yacía en la gran incógnita que rodeaba su pasado: justo cuando comenzaba a discernir que su vida no había como él creía, el mundo quería quitarle de en medio.

Durante aquellos días, el chico no hablaba con nadie. Salía a primera hora de la mañana y volvía cuando todos estaban durmiendo, a excepción de Séun, y a veces, su hermana, aunque fuera solo cruzar un par de frases con ellos. Tenía que aprovechar su tiempo al máximo, tratando de buscar las respuestas que anhelaba encontrar con toda su alma.

Erik ignoraba que sería incapaz de hallarlas a no ser que sus padres se decidieran a hablar… lo cual no iba a suceder, pese a que lo estaban discutiendo acaloradamente.

-No puedo soportar verle así… -repetía Jack una y otra vez.

-No -era la respuesta tajante de Victoria. Pero, por una vez, Christian estaba de acuerdo con su rival.

-Criatura… no podemos dejar que Erik persiga una quimera. No ahora que su vida está en juego. Sabéis que, por más que busque, no la va a encontrar jamás… yo mismo me encargué de ello. Lo único que conseguirá será consumirse para nada-musitó el shek.

-Entonces, ¿qué proponéis? Aunque le contemos toda la verdad, nada iba a cambiar, ¿no lo entendéis? -Victoria estaba convencida de tener razón, pero Jack carraspeó, haciendo evidente su contrariedad respecto al asunto.

-Es ahí donde te equivocas… al menos, se quedará más tranquilo. Y recordad que lo que ocurrió fue asunto vuestro; yo nunca quise que pasara nada como aquello. ¡Ni siquiera me escuchasteis, maldita sea!

-¿Qué insinúas, cariño? ¿Que esto es por nuestra culpa? -inquirió la unicornio, levantando una ceja mientras entrecerraba los ojos. Conociendo la respuesta, volvió a hablar, heladora.

-Yo solo miro por el bien de nuestro hijo -soltó ella, pero Jack la miró con rabia.

-¿¡Pero es que aún no lo comprendes!? ¡Es esa actitud sobreprotectora la que ha hecho que Erik sufra tanto, Victoria! ¡Jamás te he visto estar tan encima de Eva como lo estás de él, y no entiendo el por qué! -ladró el dragón. Ya estaba dicho. Victoria mantuvo la mirada, pero era evidente que tenía los ojos llorosos.

Jack jamás le había dicho nada semejante, excepto tal vez cuando se separaron durante esos dos años cuando eran jóvenes. Cuando apartó la vista, tenía los puños apretados. Christian se levantó, encarándose al rubio.

-Dragón, tú no tienes ni idea… Ni tú, ni Erik.

-Te equivocas, serpiente… sé perfectamente cómo se siente -musitó con una voz sorprendentemente calmada, dándose la vuelta y saliendo de la habitación con un suspiro. Una vez cerró la puerta, Victoria volvió a hablar.

-Oh, Christian… tiene toda la razón, pero… me da miedo lo que pueda hacer Erik. Es demasiado impulsivo… -susurró mientras el moreno la mecía en sus brazos, besándole el cabello mientras susurraba que todo saldría bien.

Definitivamente, aquel capítulo de la historia de la Tríada debía caer en el olvido para siempre. No solo por su bien, sino por el de su propio hijo. ¿O acaso podían contarle lo que había ocurrido aquella lluviosa tarde en la ciudad de Nueva York, años atrás?

///////////////////

Había caído la sexta noche en Idhún desde que la profecía del dragón se había anunciado por obra de las divinidades que gobernaban el mágico mundo. Erik, como siempre, se deslizó en la cama sin haber encontrado nada, para mayor frustración. Con un gruñido de rabia, se quitó la ropa, la lanzó contra la pared, y se echó en la cama, cerrando los ojos.

No tenía mucho tiempo para dormir, pero tampoco podía hacer nada sin haber recuperado fuerzas, y el primer paso era un sueño reparador que renovara sus energías; lo demás en aquel momento era completamente secundario.

Por más que lo intentaba, su búsqueda era infructuosa. No tenía ni una pequeña pista, amén de lo que Kire le había revelado, que había resultado ser cierto. Deseó poder hablar con él una vez más, concentrándose en dormir. La realidad se desvaneció a su alrededor…

-Eh, imbécil, despierta -una voz que conocía perfectamente le sobresaltó un tiempo después, haciéndole abrir los ojos. Se encontraba de pie, rodeado de oscuridad, pero su cuerpo emitía la suficiente luz como para ver a su alrededor. ¿Un sueño?

-¿No querías hablar? Pues aquí me tienes… ¿O es que quieres volver a luchar? -la voz arremetió contra él, haciéndole caer en la cuenta.

-¡Kire! -exclamó el joven dragón, escrutando los alrededores con sus ojos marrones en busca de una silueta. Poco después, se apareció ante él una versión espectral, casi difuminada, del Oscuro, que esta vez llevaba el casco puesto, ocultando su rostro.

-¿Me vas a decir qué demonios quieres, o puedo volver a dormirme? Es muy molesto que exista esta conexión entre nosotros… Si no tienes nada interesante que decir, mejor cállate y vuelve a hacer lo que sea que hagas normalmente en la cama -gruñó el Oscuro.

-¡Espera! Necesito… tu ayuda.

-Oh, qué gran honor. El hijo del dragón necesita la ayuda de un pobre Oscuro… ¿Y si me niego? -inquirió el otro hombre. Era evidente que estaba disfrutando de aquella conversación.

-¡¿Qué sabes de ella?! ¡Tengo que encontrar respuestas, y tú eres el único que puede dármelas! -gritó el rubio, mientras su contraparte oscura, que hasta aquel momento se había reído apáticamente, se calló como si hubiera caído una bomba.

-Si es sobre eso… no puedo ayudarte. No sé absolutamente nada sobre ella, aparte de su nombre y de lo que ocurrió.

-¡No importa qué ocurrió! Tengo que hablar con ella al menos una vez… entonces, podré morir tranquilo. Desapareceré, y el mundo se salvará. ¿No es eso lo que dice la profecía? -musitó el chico de ojos marrones, a lo que Kire rechinó los dientes. Él aún no lo había oído… pero que alguien pudiera decidir sobre su destino era algo que le repugnaba completamente.

-Mira, por mucho que la busques, no está en Idhún. Podría estar en la Tierra… pero lo dudo. Ya sabes que hay otros mundos aparte de esos dos… por lo que sabemos, podría estar en cualquier parte. O, directamente, muerta.

-Eso no me importa. Dime a dónde tengo que ir, y me marcharé.

Aquel comentario hizo reír al Oscuro de nuevo, que le miró con una mueca sarcástica y burlona.

-¿Vas a fiarte del enemigo? Serías muy idiota si lo hicieras… podría mandarte a una emboscada, e irías derechito hacia ella, ¿cierto? Piensa un poco y deja de ser tan crío…

Para su sorpresa, Erik no contraatacó.

-Sí, me fiaré de ti. Porque aunque sea cierto lo que dices… yo ya no tengo nada que perder. A los ojos del mundo, estoy muerto. Solo soy una pieza lista para ser sacrificada. Eso es todo lo que valgo para ellos… Seguro que sabes cómo me siento, ¿no es así?

-Eres un estúpido. Lo único que conseguirás será matarte.

-Te lo he dicho, ya estoy muerto. Pero no pienso desaparecer sin verla una vez más… -terminó el rubio. Kire se paró un momento, y volvió a hablar momentos después. El recuerdo de aquella joven le hizo sonreír con nostalgia para sí mismo.

-Si tengo que salir de Idhún, pero no puedo ir por una Puerta… tendré que buscar otro camino. Aunque no sepa qué hacer o a dónde ir, es mejor que quedarse sentado a esperar. Eres parte de mí, ¿cierto? Entonces, tú también quieres volver a verla… Y sabes que no me detendré ante nada para hacerlo.

En ese instante, la conexión terminó, y el muchacho despertó. Se giró hacia la ventana… aún no había amanecido. No podía perder el tiempo empaquetando provisiones, o si no, tendría que enfrentarse a sus padres, a su hermana, y a todos los demás. No, tenía que ser sigiloso y rápido.

Minutos después de vestirse, cogió la misma mochila que había llevado con Séun. Todavía tenía algo de comida y agua… Lo suficiente para un día. Al día siguiente, se le acababa el plazo. Su vida tocaría a su fin…

Con los ojos llenos de resolución en forma del mismo fuego que moraba en su interior, salió de la habitación y se encaminó hacia la salida. No sabía que, desde que conocía su futuro, los ojos de cierto shek estaban puestos en él día y noche…

Tardó más de lo que le gustaría, debido a que tenía que andar con mucho cuidado para no levantar ninguna sospecha. Una vez llegó hasta la puerta, iba a suspirar, aliviado; fue entonces cuando su mirada se cruzó con la del hijo de Shizuko, que se hallaba frente a ella.

-Apártate de mi camino-ladró Erik con furia.

-No. He venido a evitar que cometas ninguna locura. Res tenía razón cuando me pidió que te vigilara… -la sangre del dragón hirvió cuando Markash utilizó el nombre por el cual él siempre la había llamado. -Fue muy sencillo espiar vuestra conversación sin que os dierais cuenta de nada… no sé quién es ese tal Kire, o qué te traes entre manos, pero vas derecho a una trampa enemiga.

-Y tú, ¿qué mierda sabes?

-Lo único que sé es que los sheks pueden saber dónde estás gracias a tu amiguito. Sé que planeas marcharte… pero, por desgracia para ti, no puedo permitírtelo. Tu mente es como la de un bebé si crees que puedes hacer lo que te venga en gana.

-¿Y a ti qué? Siempre te ha importado una mierda lo que me pase.

-No cuando algo tan delicado como el futuro del mundo está en juego. No puedes hacer lo que te venga en gana. No eres ningún héroe, por mucho que quieras pensar lo contrario.

Erik soltó una amarga carcajada.

-Exacto. No soy ningún héroe. Jamás lo he sido, y jamás lo seré. Soy una abominación, un monstruo, un engendro, según los Dioses y el resto de Idhún. Que te quede bien claro… si tanto tú como los demás pensáis que me voy a quedar sentado mientras la vida se me escapa, es que no tenéis ni idea de cómo me siento.

-Díselo a tus padres cuando les veas. Hablando de ellos… por ahí vienen -señaló detrás del joven, mientras varias figuras se acercaban.

-Tú… estabas ganando tiempo, maldito hijo de… -el rubio no pudo continuar. Rápido como el rayo, el hijo del Séptimo hizo gala de sus cualidades sobrehumanas y se plantó frente a él, fulminándolo con sus ojos azules. Sin tiempo a reaccionar, Erik notó cómo su conciencia se desvanecía, cayendo pesadamente al suelo.

Poco después, la Tríada, Eva, Séun y Resa llegaron a la entrada.  La semiceleste se acercó a Markash, abrazándolo.

-Mark… muchas gracias por salvarle… Si se fuera y le mataran, no sabría qué hacer -susurró Resa.

-No ha supuesto ningún problema. Es demasiado predecible… -comenzó, pero entonces se fijó en que la vegetación de los alrededores se marchitaba ligeramente, sobre todo el césped a su alrededor. Antes de que pudiera preguntar, una patada de taekwondo le hizo girarse bruscamente, cubriéndose, mientras Resa retrocedía.

Ante ellos, Erik se alzó, cubierto por un halo oscuro. Su expresión hizo a Victoria taparse la boca. Era exactamente la misma que había puesto aquella vez…

-Te dije que te apartaras de mi camino…

-¿Cómo… cómo puedes moverte?

Por toda respuesta, Erik extendió su mano hacia delante. Un segundo después, un torbellino de fuego y chispas saltaron, revelando una espada plateada, que agarró sin vacilar. Mientras los presentes se quedaban boquiabiertos ante aquella visión, los ojos del rubio relucieron con un brillo rojizo.

-Desaparece -musitó con rabia y odio, dando un tajo al aire. Un centenar de llamas rodeó el filo en ese momento y salió disparado como una onda, expandiéndose al frente mientras abrasaba todo a su paso. Rápido como el rayo, Markash desenvainó su propia espada, que tenía un halo helado a su alrededor. Christian le imitó, desenfundando a Haiass y dando un paso al frente.

Cuando el fuego estaba a punto de quemarles, ambos movieron sus propias espadas, cuyo hielo detuvo el avance de las llamas, generando vapor de agua que tapó su visión durante unos instantes. A través de la niebla, se pudo ver un ligero resplandor negro: Erik se había transformado. Una vez se hubo disipado aquella neblina, todos pudieron contemplar cómo el dragón se alejaba a toda velocidad.

-¡Tenemos que detenerle!  -gritó Jack, transformándose en dragón. Antes de salir volando, Séun se agarró a su pata y subió con un ágil movimiento. No estaba dispuesto a dejar escapar a su amigo así como así.

-¡No me pienso quedar atrás! ¡Vamos, Jack! ¡Hay que hacerle entrar en razón! -gritó el ojiverde. El dragón dorado rugió, y se lanzó a la persecución de su vástago sin perder ni un instante. Eva y su padre hicieron lo propio, transformándose en shek. Victoria trepó al lomo de Christian, y Resa la imitó, agarrándose al de Eva.

-¡¡Vamos!! -gritaron al unísono, levantando el vuelo. Markash ladeó la cabeza, con un suspiro cansado.

-Menudo imbécil… -las palabras escaparon de su boca mientras él también se unía a la captura del dragón. No tenía motivos para salvarle, especialmente si el mundo estaba en juego, pero si moría, tenía que morir de la forma adecuada: esa misma noche, durante el Triple Plenilunio.

/////////////

Erik agitaba las alas lo más rápido que podía, en dirección hacia el oeste, buscando el mar. Sabía que Idhún era una gran isla, por lo que tal vez en el océano que la rodeaba habría algún escape, alguna salida, una abertura por la cual pudiera escapar a aquel destino que le consumía sin darle siquiera la oportunidad de recuperar aquellos recuerdos olvidados que, de alguna forma, tenían que haber quedado enterrados.

Sorprendentemente, no se encontró a ningún shek por el camino. Ni una sola de las serpientes aladas fue a buscarle, amén de su familia, que le pisaba los talones. Podía entender perfectamente el por qué: debido a Kire, seguramente sabrían lo desesperado que se hallaba. Eventualmente, caería en el mar, y las aguas idhunitas harían el trabajo por ellos.

Sin embargo, ¿de verdad perderían la ocasión de acabar con un dragón? No sonaba demasiado lógico… claro que a tanta distancia, los sheks solo sentían asco al oír y ver al dragón. Era la esencia, el olor, la presencia misma de la criatura la que les inspiraba aquella repulsión.

Aun así, simplemente podrían estar esperando a que fuera la hora del triple plenilunio para asegurarse de que, al menos, el dragón moría de verdad. El joven recordó cómo su padre le contó que Zeshak sucumbió al odio y, posiblemente, sentenció la anterior guerra dejándose llevar por ese sentimiento y abriendo la puerta a Limbhad para poder acabar con Jack.

La mente de un shek era demasiado compleja para él… jamás se propuso llegar a entenderla, y no iba a poder hacerlo en aquel momento. Volvió a la realidad cuando oyó dos gritos tras de sí. Las voces eran masculinas, y sabían a quién pertenecían.

-¡Erik, no seas cabrón y para de una vez! ¡Me va a dar un infarto, joder! -maldijo Séun.

-¡Erik! ¡Detente! -rugió Jack, casi con desesperación.

-"Erik… no vamos a dejarte morir. Puede que no sea tu padre biológico, puede que sea un shek y tú un dragón, pero aun así, eres mi hijo."

-¡No! Si todo el mundo me quiere muerto, ¡encontraré lo que busco y desapareceré! -replicó el dragón a todos al tiempo que aceleraba su aleteo. Dos horas después de haber salido, ya casi podía ver la costa… pero su cuerpo se encontraba al límite. Estaba terriblemente agotado por el ritmo con que estaba volando.

Simplemente continuaba por pura fuerza de voluntad: o eso, o volver a Vanissar y seguir recibiendo la compasión de todo el mundo. Sus ojos se abrieron en gran medida cuando vio algo en el horizonte que le dejó sin respiración: serpientes aladas.

No una, no dos. Ni cinco, ni seis. Al menos, dos docenas de serpientes aladas habían acudido a su encuentro. Kire no estaba con ellas, pero sabía perfectamente que no se la había jugado. Al contrario, le había dicho que pasaría, y no le culpaba por ello.

-"Asqueroso sangre de dragón".

-"Acabaremos con tu patética existencia".

-"Ah, jamás he desmembrado a uno. Será bastante divertido"

Esos y decenas más de pensamientos amenazadores resonaron en su cabeza. -"Ha llegado la hora. Es todo, o nada" -pensó Erik, cerrando los ojos un momento y volviéndolos a abrir con determinación. Las tres lunas ya brillaban en el cielo… su destino estaba sellado.

Una por una las serpientes se lanzaron a por él. De nuevo, el cuerpo de dragón de Erik volvió a absorber la magia del ambiente, recibiento una fuente continua de poder y transformándose ligeramente, emitiendo la misma aura rojiza. Pero esta vez, los sheks conocían los riesgos y el poder del muchacho.

Mientras se abalanzaban, despachó una, y la siguiente calló poco después. Una tercera se enganchó a su cuerpo, negando sus movimientos. Trató de zafarse, pero una cuarta atacó. Así, todas las serpientes lanzaron un ataque combinado hacia el objeto de su odio. Rugidos y aullidos de dolor resonaron por el cielo nocturno.

-¡OS MATARÉ A TODAS!

-"¡OS MATARÉ A TODAS!"

Las voces de Jack y Christian resonaron al unísono, adentrándose en la batalla, mientras se abalanzaban a la batalla. Séun y Victoria desenvainaron a Gaia y el báculo de Ayshel, listos para luchar, pero un grupo de cinco sheks les cortó el paso.

Resa comenzó a preparar un hechizo ofensivo al tiempo que Eva se reunía a su familia.

-"No podéis cambiar el destino. No cuando ya está ocurriendo. ¿No veis el mar…? Neliam ya está agitada" -un shek pensó, cruelmente. Era cierto. Como queriendo cobrarse su tributo, olas gigantescas rompían, y decenas de remolinos se formaban alrededor de su posición.

La semiceleste se cubrió la boca, incapaz de centrarse en su magia, mientras los sentimientos de Erik le venían altos y claros. Con cada grito, aparentemente de rabia… algo muy distinto resonaba.

"¡Maldita sea! ¡No es justo!"

Mientras despachaba como podía a las serpientes que tenía a su alcance, Erik logró zafarse por un momento del agarre, preparando su aliento de fuego.

-"Vuestro dragón ha elegido morir…" -resonó en las cabezas de todos. En ese momento un sonido de sorpresa gutural vino del interior de la maraña de sheks. Los colmillos de un shek se habían cerrado sobre el pecho del muchacho, perforándolo por el medio.

El dragón negro se desplomó hacia atrás, comenzando a caer hacia el tormentoso océano a gran velocidad. La sangre salió de su boca con una violenta tos mientras un resplandor negro cubría su cuerpo, quedando Erik, con los ojos cerrados y un sangrante agujero en la parte alta del torso.

Para todos los presentes, aquel momento pasó a cámara lenta. Victoria se desplomó en lágrimas sobre el lomo de Christian, que se había quedado de piedra, incapaz de reaccionar. Eva, en su forma shek, comenzó a temblar mientras veía a su único hermano, aquel que siempre había estado para ella, perder su vida a marchas forzadas.

Jack y Séun gritaron cuando las serpientes les cortaron el paso de nuevo, tratando de impedir que rescataran el cuerpo del joven. El hijo de Alsan desenvainó a Gaia y saltó hacia el frente, rebanando un ala de uno de los sheks, para ser recogido por el dragón dorado.

Para Erik, cuyos ojos se abrieron en ese momento, todo se encontraba borroso. Sentía cómo, poco a poco las fuerzas le abandonaban... ¿de verdad era ese su final?

/////////////////

Aquí tenéis el capítulo 50! Espero que os guste. Antes de que me matéis por esto, esperad al epílogo, que estará subido y listo para leer antes de fin de año, ¿de acuerdo? Muchas gracias a todos los comentarios anteriores, como siempre digo! Espero leeros en este capítulo también :P

Un saludo!