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Historia 120142 — capítulo 49

Incorporándose poco a poco, el muchacho se encontró acunado por los brazos de su hermana. El contacto era frío, y le provocaba mayor repulsión de lo habitual, pero también era reconfortante. La había echado de menos, y era evidente que ella a él también. Sus brazos se movieron solos, devolviendo el abrazo.

-Eva… ¿cómo habéis llegado? ¿Y… qué ha pasado con los sheks? -inquirió, todavía algo mareado.

-Me… transformé para venir. Por eso parece que me cuesta más darte un abrazo… -musitó ella. Erik ya estaba haciendo una mueca.

-Hasta en la transformación me sacas ventaja…

En ese instante, Séun se sorprendió.

-¿Qué dices, tío? ¿No lo recuerdas? ¡Te transformaste en un dragón negro y destrozaste a todas esas serpientes! -respondió Séun, haciendo que Erik recordara. Sí, era cierto. Se había transformado, y lo demás, aunque borroso, concordaba con lo que le había dicho su amigo.

Trató de erguirse, pero su cuerpo respondió con un dolor agudo que le hizo caer de espaldas de nuevo, haciendo que su hermana le ayudara con delicadeza. -"¿Qué me pasa?" -se preguntó el muchacho a sí mismo. Todavía notaba cómo le ardían las venas y los músculos… ¿tal vez un efecto secundario de la transformación?

No, no podía ser… su padre sí que le había hablado de la transformación en dragón, y para nada mencionó algo como aquello…

Christian, por su parte, se estremeció. Jack lo notó, y le preguntó en voz alta qué le ocurría.

-Ah, claro… se me olvidaba que tú no conoces tanto de Idhún como yo. No me malinterpretes, es normal… yo he estado aquí desde pequeño. Deja que te explique… hay dragones de todos los colores. Sin embargo, nunca jamás se ha podido ver uno negro, y el único mito que trata de ellos explica precisamente esa falta. Según ese pergamino, Aldun, al crear vuestra especie, no permitió que fueran negros, dado que ese era el color que representaba la esencia del Séptimo, la pura oscuridad -explicó Christian, pero aún no había terminado.

-¿Y eso, qué importa? -inquirió Jack.

-¿No lo recuerdas? Dicen que el color de un dragón influye en su destino. Los dorados y plateados tienen un papel muy importante en la historia… pero, entonces, ¿qué le espera a Erik? -musitó Christian, con un deje de preocupación en su voz.

No tuvieron más tiempo para pensar en ello, pues los refuerzos aparecieron en la zona. Todo lo demás fue muy confuso para el joven dragón, que se encontró de pie en Vanissar unos momentos después, ya de vuelta.

Pronto se recuperaría completamente, una vez hubo recorrido los pasillos del castillo. Tenía la ropa hecha jirones debido a la violenta transformación, por lo que fue a su habitación a cambiarse, y una vez tuvo ropa nueva, se dirigió hacia los aposentos de Alsan, que se lamentaba por la pérdida de la aldea fronteriza.

-Alsan… tengo algo para vosotros -musitó Erik, cogiendo un guijarro del bolsillo que depositó sobre una de las mesas vacías, sobre las que solían estar planos de guerra. El monarca se acercó, interesado, para ver cómo aquella piedrecita se convertía en una pesada losa de piedra sobre la cual podía leerse una serie de runas en el mismo idioma que la losa que había encontrado Jack.

-Otra litografía… ¡buen trabajo, chaval! Ya me han dicho que eres una máquina de matar serpientes, pero… parece que tienes más sorpresas -le alabó Alsan, haciéndole soltar una risita.

-Claro. Ya sabéis que estas cosas no me van, y estoy cansado, así que me iré a dormir… si necesitais ayuda con algo, llamadme.

Al salir de la habitación, los sheks y szish sisearon ante su presencia, pero el muchacho les ignoró tan bien como pudo. No podía atacar a sus propios aliados, al fin y al cabo, por poco que le gustaran. Silencioso, se deslizó a su habitación, pero por el camino, fue sorprendido por Markash.

Una mueca asomó al rostro del joven dragón, sin ningún esfuerzo por reprimirla.

-¿Qué quieres? -preguntó secamente, queriendo terminar aquella conversación lo antes posible.

-He oído lo que has hecho. Tú solo has acabado con cinco sheks… con la forma de un dragón negro. No sé cómo has podido matar a cinco de nosotros de una vez, pero más vale que te controles mientras estás aquí -dijo Markash, con seriedad.

La mueca del muchacho se contrajo en una sonrisa.

-¿Oh? ¿Estás insinuando que tienes miedo?

-No. Estoy afirmando que te mataré si haces algo sospechoso -los ojos de Markash se convirtieron en dagas heladas.

-Me gustaría verte intentándolo. Ya he rebanado unos cuantos cuellos escamosos, no me importa volver a hacerlo otra vez. De hecho, hasta disfrutaría con ello -gruñó, pensando en lo que había ocurrido con Resa, pero cometió el error de desafiar a Markash mirándole a los ojos.

El hijo del Séptimo sonrió en ese instante, habiendo leído sus pensamientos.

-Así que es por la chica… ¿Qué opinaste del baile de Vanissar? Porque yo me lo pasé fantásticamente bien -el shek le dedicó una media sonrisa, pero para su sorpresa, Erik no reaccionó negativamente.

-Si solo has venido a molestar, apártate de mi camino -musitó el dragón sin darle más importancia al tema. Sí, le había molestado mucho por aquel entonces, pero ahora parecía algo tan distante, tan irreal… A decir verdad… Le importaba bien poco.

¿Sería aquello uno de los efectos de su transformación? Su padre le había comentado hacía varios años que a él le había pasado, que de repente, su relación con las otras personas, aparte de con Victoria y Christian, había pasado a un segundo plano, como si no fuera importante.

Por suerte, Jack lo había logrado solucionar al poco tiempo. Dejar de ser humano no entraba en los planes del dragón, ni tampoco en los de Erik. Cansado, dobló la esquina y entró por la primera puerta a la derecha, que estaba entreabierta, sorprendiendo a Resa en su interior.

Antes habría sido mucho más efusivo con ella, pero ahora… era como si estuviera en segundo plano, lejos de su realidad. Como si fuera algo distante que no mereciera demasiada atención…

-E-Erik… ¡estás bien! ¡Por los Seis, estaba preocupadísima por ti! ¡¡Tengo muchas cosas que decirte, y…!! -comenzó, acercándose a él para tratar de abrazarle, pero un sonido cansado salió de la boca del muchacho en cuanto sus brazos trataron de cerrarse en torno al cuerpo del joven.

-Eh. Estoy reventado, así que me voy a dormir ya. No sé qué me querrás decir, pero mejor cuéntamelo mañana por la mañana -dijo él, pero no tenía pensado esperar a primera hora para aguantar los problemas de la muchacha. Tenía muchas cosas que quería probar con su nuevo cuerpo de dragón, entrenamiento que hacer y, sobre todo, ayudar a Cann a superar lo de su madre.

-Pero, yo… ¡Lo siento! ¡¡Siento mucho lo que te hice, pero por favor…!! ¡Al menos, déjame volver a ser tu amiga, Erik! -susurró ella, apretando los puños. No iba a dejar pasar el momento así como así… necesitaba que la perdonara, aunque fuera incapaz de decir "te necesito".

Erik gruñó, y se metió en la cama.

-Ya te he dicho que estoy reventado. Y de todas formas, no estoy de humor para discutir nada, no después de cruzarme con ese gilipollas -dijo él, haciendo que la chica se llevara una mano a la boca.

-¿Qué te ha dicho Mark? -susurró ella, haciendo que el hijo de Yandrak levantara una ceja.

-¿Mark? Vaya, os habéis vuelto muy cercanos, ¿eh? Pues habla con él, porque después de haber sido visto cómo unas serpientes arrasaban un poblado, haberme transformado, y haber vuelto, no estoy lo que se dice a tope de energía -terminó, sacando ropa del armario para el día siguiente. Suspiró, y se giró.

-Mira, Res… han pasado demasiadas cosas en muy poco tiempo, así que déjame pensar las cosas, ¿de acuerdo? Yo tampoco quiero perderte… pero necesito espacio. Por favor… todo esto ya está siendo muy confuso como para ponerme a pensar en lo que ocurrió en el baile -terminó él, cerrando los ojos.

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A la mañana siguiente, el chico se despertó con una nota en la almohada. "Eh, bello durmiente, Alsan quiere verte cuando despiertes, a ti y a tu padre. Yo también iré a ver qué pasa, y traeré al canijo, ¿vale? Hay que presentárselo, al fin y al cabo.

Firmado: Séun

PD: Lávate la cara, pero antes mírate al espejo."

Erik no entendía que quería decir, pero cuando se levantó y se miró tal y como le dijo su amigo, vio los dibujos y pintadas que tenía en la cara.

-¡¡¡CABRÓN!!! -gritó, el eco resonando por los pasillos, y llegando hasta los oídos del aludido, haciéndolo reír, mientras corría a toda prisa junto al joven rubio que habían traído con ellos, el cual explotó en carcajadas.

Poco después, ya se encontraba en el salón del trono, acompañado de su padre y los otros dos muchachos. Christian, Shail, Zaisei, Victoria y los demás también estaban ahí. Cann se encontraba mirando hacia los lados, nervioso. Había demasiados szish y sheks entrando y saliendo de allí como para estar a gusto.

El monarca se adelantó, señalando la litografía.

-Bien, como podíamos esperar, tampoco entendemos esta parte de la profecía, pero hay algo que tiene en común con la anterior. Pero claro, vosotros no la conocéis… para resumirla, Eva debe enfrentarse al Séptimo por su cuenta, sin apoyos. Ella sola… lo cual es casi suicida.

-¿Qué? ¿De dónde narices habéis sacado que voy a dejar a mi hermana enfrentarse a ese bastardo por su cuenta? -soltó Erik, y el pensamiento de un shek atravesó la mente de todos.

-"Eres impaciente, dragón. Aprende a comportarte. Parece que hablar sin saber es un rasgo propio de vuestra especie" -el eco de la voz de una de las serpientes aladas hizo que Erik se girara instintivamente hacia su posición, entrecerrando los ojos. Ya estaba a punto de extender una mano, pero Séun le dio una palmada en el hombro.

-No merece la pena. Acabaríamos haciendo enfadar a todo el mundo.

-¿Acabaríamos? Si soy solo yo -contestó Erik, extrañado.

-¿Y te crees que si te enfrentas a cualquiera de estas culebras me voy a poner de su parte? -dijo el ojiverde con una media sonrisa, haciendo que su mejor amigo sonriera a la vez.

Alsan tosió para hacerse oír de nuevo.

-Bien… en la primera litografía, había un pequeño dibujo de un shek que brillaba, y pudimos descifrarla cuando Eva, Christian y Markash se acercaron. Ahora bien, en la segunda que tenemos hay una imagen de un dragón muy parecida, así que hemos pensado…

-¿Que Erik y yo tenemos que verla más de cerca para descifrarla? Eres muy predecible, amigo -sonrió Jack, instando a su hijo a moverse hacia la losa de piedra, deteniéndose al lado. Inseguro, Cann se quedó mirando la losa de piedra. Había algo en ella que le atraía irrefrenablemente…

Pasaron los segundos, y el joven huérfano se acercó lentamente hacia la litografía, al tiempo que esta se iluminaba. Inmediatamente, un fulgor emanó de esta, envolviendo a Jack, su hijo, y al mismo Cannais debido a la proximidad.

-¿Qué hace el chico, Séun? -gritó Alsan, enfadado.

-¡No lo sé! ¡Pero veamos qué pasa! -replicó el moreno, mientras la luz se hacía más intensa.

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Para Erik, todo se volvió oscuro de repente… hasta que una voz le sacó de sus ensoñaciones. -Erik. ¡Despierta! ¡Erik! -la orden de su padre le sobresaltó, y todo cobró forma. Un leve resplandor rojizo les iluminaba, de manera similar al de Eva y los sheks, solo que aquel había sido azul.

Sin embargo, la sorpresa no terminó ahí. El joven se giró, descubriendo a Cannais detrás de él. Antes de poder preguntar qué hacía allí también, un torrente de imágenes desbordó a los tres rubios, tomando una forma concreta.

Jack pudo verse a sí mismo junto a Alsan, cruzando sus hojas con una figura desconocida, pero cuya esencia el rubio conocía bien. ¡El Séptimo! Pero… ¿cómo? ¿Por qué? No podía haber dos reencarnaciones del Dios contra las que tuvieran que luchar, porque Markash estaba de su parte…

La visión de Jack fue más o menos extensa, y la de Cann fue de una duración parecida. Se vio a sí mismo subiendo unas escaleras junto a Séun y Eva, enfrentándose a un hombre desconocido. Su cuerpo fue envuelto por un fulgor rojizo… al tiempo que se abalanzaba sobre el hombre… y ahí terminó.

Por último, Erik… no pudo ver nada. Vacío. No había nada más que una oscuridad insondable, negra como la noche. -¿Qué…? -dijeron los tres al unísono, siendo devueltos a la realidad un instante más tarde. Antes de que ninguno pudiera preguntar, unas voces retumbaron en los cielos.

"Hijos de Aldun. Criaturas nacidas del mismo fuego, deberéis aliaros con lo que más odiáis para preservar este mundo. Yandrak, el último dragón, cuya poderosa llama destruyó el cuerpo terrenal del Séptimo en una ocasión, guiará al legado de su raza para poder llevar a cabo la profecía. Pues solo un dragón y una shek de la nueva generación podrán superar las amenazas de esta nueva era.

Muerte. Destrucción. Apocalipsis. Una criatura que nunca debería haber existido. La llama oscura traerá consigo un caos que destruirá el mundo. Por ello, aquel cuyo fuego ha sido corrompido por la oscuridad deberá morir la noche del siguiente Triple Plenilunio; así sea liberado el mundo de semejante aberración."

Todos lo oyeron. No solo en aquella sala, sino en todo Vanis. Todo el mundo abrió muchísimo los ojos, mientras que Erik retrocedía, temblando. Su cuerpo no respondía, y su mente tampoco. La llama oscura, aquel cuyo fuego había sido corrompido por la oscuridad.

-¿Q…Qué? -musitó, volviendo en sí.

-Exactamente eso. Los dioses han hablado, y ya no hay marcha atrás, dragón -musitó Markash, el único que no había perdido la compostura. -Por Idhún… debes morir.

El aludido agitó la cabeza y salió corriendo de allí ante la mirada atónita de todos los presentes. Las emociones afloraron en aquel momento… Con un puñetazo de Jack a la pared más cercana.

-¡¡¡MALDITA SEA!!! -rugió. Victoria se desmayó, siendo recogida rápidamente por Christian. Todos los presentes discutieron acaloradamente, pero los jóvenes salieron rápidamente en pos de Erik.

-"Hermano… ¿Por qué tú…?" -pensó Eva amargamente, con lágrimas rodando por sus mejillas, mientras un gesto sombrío se instaló en el rostro de Séun. Alsan agachó la cabeza, mirando a los padres. Todo aquello era culpa suya. Si no hubiera necesitado la ayuda de la Tríada, si no les hubiera vuelto a traer a Idhún…

-¡¡MIERDA, JODER, MIERDA!! -aulló el monarca, haciendo aflorar ligeramente su bestia inferior.

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Erik no corría, volaba. Se deslizó por los pasillos hasta llegar a una de las terrazas, y desde ahí, saltó. Su cuerpo se transformó en el de un dragón justo antes de tocar el suelo, aleteando, y luego volvió a su forma original. Tuvo que arrodillarse, pues todavía estaba maltrecho de la batalla y de la primera transformación…

Sin esperar a nada, o a nadie, salió disparado hacia la ciudad.

-"Esto… no tenía que ser así… ¡¡¡No puedo morir sin haberla encontrado!!!" -gritó para sí. Al fin y al cabo, la fecha indicada era la semana siguiente a aquella revelación. Ciento sesenta y ocho horas. ¿Era aquello todo lo que le quedaba de vida?

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Bueno, espero que os haya gustado!!! Muchas gracias a todos los comentarios del capítulo anterior! Sois geniales, como siempre. Ah, un aviso... el siguiente capítulo será del doble de la longitud habitual, por lo que tendrá unas 5000 palabras, para celebrar que será el cincuenta!!! Os dejo con un poco de suspense para que lo esperéis más :P

Un saludo!