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73º Juegos del Hambre. — capítulo 1

-Merina Kaposti - Dijo Effie Trinickt con su habitual brío.

Ese era mi nombre, saliendo de la urna con cientos de nombres.

Vivo en el distrito 12, minería.

Voy al colegio y ayudo a mi padre con su tienda de carbón, en la parte comerciante del distrito.

Estoy siendo elegida, en este preciso momento, para los 73º anuales Juedos del Hambre.

Tengo solo 12 años.

No tengo oportunidad.

Siento la gente dando suspiros de alivio a mi alrededor, aún que muchos me miran con una lastima inminente.

Miró a mi padre, entre las filas de los mayores que ya no son elegibles para la cosecha.

Se le llenaron los ojos de lágrimas y él nunca llora.

-Estaré bien - Digo, pero solo articulo los labios, ningún ruido sale de mi garganta. Lo digo para calmarlo, aunque sé que eso no lo hará, él sabe que no tengo oportunidad.

La gente abraza a mi padre "Lo siento señor Kaposti".

-¡Vamos querida! ¡Ven aquí! - Me llama Effie.

La miró, está con una peluca naranja y un traje a juego. Parece una mandarina, como las cuales podemos tener si me esfuerzo en vender el carbón en esa semana.

Los agentes de la paz me escoltan al escenario, ahora que la puedo ver de cerca, Effie es el doble de extraña.

-Y ahora... Los chicos - Dice, y se dirige a la urna de los hombres.

-Catlon Peiton.

Miro a Catlon, es mucho más grande que yo, creo que tiene 18, lo he visto por ahí.

Sube al escenario sin ayuda de los Agentes, creo que está dispuesto a matarme. No es de esos que harían una alianza.

-Ahora, ustedes dos, dense la mano.

Effie se aparta y nos miramos a los ojos, me mira con furia como si yo tuviera la culpa de todo. Me aprieta la mano con muchísima fuerza, tanta que cuando la saco me queda doliendo.

Effie nos aparta y nos conduce a el Edifico de la Justicia, es el lugar más lujoso del Distrito, bueno creo que es el único, me deslumbro cada vez que entro, que han sido unas tres veces.

Una para notificarme que mi madre había muerto, otra para darme una estúpida medalla y la última para pedir una tesela. El día de la medalla vi a un montón de chicas y chicos que deambulaban tristes por los pasillos del edificio, nadie lo admiraba porque nadie tenía ganas de admirar el gobierno ese día.

Me quedo esperando en un salón lujoso, a alguna visita ¿Vendrá alguien?

La puerta se abre y por ella entra mi lloroso padre.

-Tienen tres minutos - Nos dice un Agente.

Mi padre me abraza por 30 segundos.

-Puedes ganar esto - Me dice con la voz quebrada, pero en realidad, sabe que no puedo.

-Papá, no tengo ningún talento, ninguna fuerza, no puedo luchar contra los profesionales.

-No digas eso ¿Crees que no he visto como levantas esas pesadas bolsas de carbón sin mi ayuda? ¿Crees que no te he visto lanzar cuchillos cuando te aburres?

-Eso es un estúpido pasa tiempo, no podría con los tributos que han estado entrenando desde los 4.

-Se acabó el tiempo - Dice, irrumpiendo en la habitación, el mismo agente.

-Te veré pronto mi amor, buena suerte - Dice mi padre, siendo arrastrado por el Agente de la Paz.

Me quedó ahí, esperando, aunque sé que nadie más va a venir.

"Estaré bien" me susurró, pero ¿A quién diablos quiero engañar? Todos saben que no ganaré, yo lo sé y mi padre también.

La puerta vuelve abrirse y por ella atraviesa Carin, una chica del colegio, la única que me caía más o menos bien.

-Ca... Carin ¿Que estás haciendo aquí?

-Mira, no tengo mucho tiempo, solo quiero decirte que confiamos en tí, puedes ganar esto, puedes hacerlo, solo tente fe, el distrito la tiene.

No pude aguantar, me largue a llorar y ella me abrazó.

Odio las despedazadas.

-Buena suerte, Mer - Trago para aflojar el nudo en la garganta que me dejo cuando me dijo "Mer", así me decía mi madre.

-Gracias Cai.

-Es hora de irse - Irrumpe El agente.

-Que la suerte esté siempre de vuestra parte - Me grita, antes que el Agente le cierre la puerta en la cara.

Nadie más va a venir, toda mi familia está muerta, y si algún primo mío aún queda ahí afuera no creo que venga, así que me resigno a secarme las lagrimas, afuera estará lleno de cámaras y no quiero parecer una débil y que los profesionales se rían de mí. Esa es una cosa que no permitiré, que los profesionales se rían de mi.

Un Agente de la Paz abre la puerta y me dice que es hora de irnos. Me miró en el reflejo de una vitrina de cristal, se me hincharon los ojos, así que me corro un poco el pelo para que me tape, me lo peino un poco con los dedos porque se me ha vuelto un desastre.

Salgo y miró al Catlon, no ha llorado, y tampoco parece triste, creo que ni siquiera se da cuenta que está yendo camino a su muerte... y la mía.

Nos llevan en auto hasta un lujoso tren, Effie es la única que habla, creo que sabe que ninguno de los dos le está prestando atención, pero aún así sigue hablando.

El pelo ya me está molestando, así que le pido algo para atármelo y me hago una coleta alta.

Calton me mira, sorprendido, como si no se hubiera dado cuenta de mi cara.

-Iré a buscar a Haymitch, de seguro estará en el vagón del Bar - Dice Effie y sé va a otro vagón.

-¿Conoces a este tipo? ¿Haymitch? - Pregunta, con voz rasposa.

-No. -Respondo, con la voz firme.

-El gano...

-Sí, ya sé que ganó esto una vez - Lo interrumpo.

Se queda mirando el suelo. Lo miró, su rostro me parece conocido, y más que de por ahí.

-Mi padre muró en la misma explosión que tu madre - Me aclara, y sé de donde lo conozco.

4 años atrás, cuando nos dieron la medalla lo vi, tenía 14 años y era el que más lloraba, estaba prendido al las piernas de su madre, derrumbado en el suelo. Cuando fue a recibir la medalla, simplemente la aventó, lo más lejos que pudo y los Agentes casi lo matan, pero por una vez en su vida tuvieron piedad por una madre que ya había perdido a su esposo.

Él era de la Veta, tiene las características y además lo he visto meterse en la pradera cuando me alejo de casa, una vez nos miramos y él se llevo el dedo a los labios, para pedirme que no dijera nada, 4 años después, aún guardo su secreto.

-¿Tu nuca lo dijiste verdad? - Me pregunta, como si me pudiera leer la mente.

-No.