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73º Juegos del Hambre. — capítulo 2

Me mira.

-No, no lo sabía - Dice, lo miro a los ojos y noto una lástima sobre humana para un adolecente de 18, es la misma lástima que cuando cruzamos miradas el día de la medalla en el Edificio de Justicia y la misma mirada que vi en el bosque, entonces entendí que detrás de esos ojos había una historia más fuerte y más profunda.

-Puedes confiar en mí- Le digo y le pongo mi mano en el hombro.

-Ya lo he hecho - Me dice y estoy segura que está pensando en la pradera.

La puerta se abre y el hombre que supongo es Haymitch entra por la puerta, está borracho y ahora que lo veo lo reconozco. Cuando me sentaba en el porche de la tienda a mirar el cielo, el venía de la Aldea de los Vencedores y se metía a la Veta, anda a saber tú a que.

Nunca llegué a ver a qué hora volvía porque nunca me quedaba mucho afuera.

-¿Haymitch? -Le pregunto, asqueada por el hedor a alcohol que desprende.

-Así es, preciosa - Responde y toma un bizcocho de la mesa y se lo lleva a la boca.

-¿Cuando vamos a empezar? - Le preguntó.

-¿Empezar el qué? - Dice, incrédulo.

-¿Como el qué? ¡Usted es nuestro mentor! ¡Necesitamos consejos! -Le suelto, de manera alarmante. Mi única esperanza era que el mentor me ayudara a ganar, ahora veo la esperanza escurriese entre mis manos, como agua.

-Mantente viva - Me dice, en tono seco y rasposo. Se carcajea un poco.

Entonces me sacó y no soy de las que se sacan.

Me paro y le doy una cachetada en la cara tan fuerte que mi pequeña mano queda marcada, roja, en su cachete derecho.

Miró a Catlon, que también se para y me intenta sacar de la habitación. Yo me resisto, pero él tiene más fuerza. Me sube a los hombros, como cuando cargan un chancho muerto y me lleva a lo que será el vagón del bar, porque hay un hombre detrás de una barra y está sirviendo unas bebidas.

-No puedes hacer eso Merina ¿Estás loca? - Me pregunta y me zarandea ligeramente de los hombros.

-Puedo hacer lo que quiera, son mis últimos días de vida - Le suelto ¿Acaso no se da cuenta de que voy a morir? ¿A quién diantres le va a importar que le dé un cachetazo a mi estúpido mentor? De todos modos voy a morir.

Y entonces me abraza y por primera vez en mi vida siento el calor de un abrazo de hermanos.

-Sabes que no dejaré que mueras, te debo una. Si le hubieras contado a alguien estaría muerto, te debo la vida - Me dice, pero aún no me suelta.

-Yo - Digo, pero no terminó la frase porque no sé qué decir, yo solo me callé la boca, no le salve la vida.

Se me hace un nudo en la garganta y me prometo salvar a Catlon, así acabare con un poco de miseria en mi distrito. Si voy a morir quiero ayudar, ayudar a que nuestro distrito no sea la pobreza hecha cuidad, ayudar a los niños que a diario mueren de hambre o frío, sé que yo no voy a sobrevivir.

Se me llenan los ojos de lágrimas y deseo más que nunca que mi madre esté acá, conmigo.

Catlon se suelta y me dice que me vaya a mi cuarto, y lo obedezco.

Me duermo hasta la noche, Effie me despierta y me dice que la cena ya está lista. Me meto en el baño y me lavo la cara, que se me ha hinchado por el llanto.

Salgo y me dirigo al vagón del comedor donde están sentados Catlon y Effie, y gracias a dios, no está Haymitch.

Comemos en un silencio sepulcral y después nos vamos a la sala a ver la repetición del todas las Cosechas.

Los que me quedan grabados son los tributos más brutales; una chica de llamada Caliver del distrito 1, no tendrá más de 14, un chico llamado Merroun de el distrito 4, que de seguro tiene la misma edad que la del 1, una chica de nombre Estiu, que se ofreció voluntaria, es grande y brutal.

Hay otra chica, Sanyestra, creo que se llama, que tiene la misma edad que yo, es del distrito 8, textil, se me hiela la sangre al pensar la posibilidad de hacerle daño.

Después de la cena me voy a la cama.

Trato de no pensar, trato pero no puedo. Si quiero que Catlon viva voy a tener que matar, y como me dice mi padre "Matar destruye todo lo que eres, tu esencia y tu alma" ¿Estoy dispuesta a matar, a destruir mi esencia y mi alma por alguien que apenas conozco? Lo único que me une a Catlon es un secreto, pero los secretos no unen a la gente, la dividen.

La dividen, pero no es la unión lo que me hace pensar en salvar a Catlon, si no la esperanza de un mejor mañana para mi distrito. Y eso si une a la gente, la esperanza.

Cierro los ojos y pienso que quizá pueda hacer de este mundo un mejor lugar.