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73º Juegos del Hambre. — capítulo 3

Trago para desatar el nudo de la garganta, pero no sirve de nada. Siento tanta rabia, tanta impotencia que lo único que me sale es llorar. Es igual al día que mamá murió, me dieron ganas de matar a todo el mundo, de romper todo. ¿En qué mundo estamos viviendo? ¿Es justo que una niña de 12 años viva sin su madre?

Los ojos se me cansaron de tanto llorar, así que la final me duermo.

-Hoy va a ser otro gran, gran día - Chilla Effie, cuando me viene a despertar, hoy se visito de verde fluorescente, me pregunto a qué hora se levantará, porque aplicarse todo ese maquillaje debe tomar mucho tiempo- Estamos muy cerca del Capitolio, levántate.

Me meto en el baño, me doy una ducha y salgo a el vagón de ayer.

Están todos en la mesa; Effie, Catlon y Haymitch.

Catlon y Haymitch cruzan miradas tensas mientras Effie habla sobre su vida, el Capitolio, el Capitolio y ¿Ya dije el Capitolio?

-¿Dormiste bien querida? - Me pregunta Effie.

No, Effie ¿Cómo diantres quieres que duerma bien si estoy yendo a mi condenada muerte?

-Sí, los colchones son muy cómodos - Decido responder.

Como un par de cosas, pan con mermeladas extrañas, pero deliciosas, jugo de naranja y unos biscochos.

Los bizcochos son muchísimos más deliciosos que los del 12. Mi padre a veces, cuando el carbón se vendía bien, compraba un par en la panadería de los Mellark, que también estaba en la zona de los comerciantes.

El tren empieza a aminorar la marcha y la ventana permite ver la ciudad de el Capitolio.

Es gigante, es increíble. No ¿Qué estoy diciendo? No es increíble, es horrible.

Me giro hacia Catlon, al igual que yo, mira por la ventana y frunce los labios, enojado.

Lo comprendo, debe estar pensando en su padre.

-¿No es increíble? - Supira Effie.

-No, por supuesto que no - Dice Catlon, seco.

Está lleno de gente, todas desesperadas por saludar a los tributos del distrito 12. Me dan asco.

Me parece que no les gusto que no los saludáramos, mejor. Quizá así entiendan cuanto los odios.

Llegamos al Centro de Renovación. Así que me pulen, tallan, queman y modelan a su gusto.

Al final me dicen que me quede recostada en una placa de metal frío, hasta que entre mi estilista, Cinna.

-Puedes ponerte la bata - Me dice, en cuanto entra.

Con gusto, salto de la camilla y me tapo.

-¿Te llamas Merina verdad?

-Así es.

-Bueno Merina, necesitamos un traje alucinante para ti - Me dice y me invita a sentarme en un sillón, acepto y ambos nos ponemos cómodos.

-Eso creo.

-¿Te explicaron cómo conseguir patrocinadores?

-No, pero lo sé de los otros juegos. Tienes que ser agradable.

-Exacto, pero también tienes que verte genial para ellos y tener algún talento.

-Sí, pero no tengo nada de eso.

-¿Estas bromeando? Eres muy bonita para tu edad, y en los entrenamientos desarrollas alguna habilidad.

Horas después estoy vestida con el traje del desfile. Es una malla amarilla, con guantes que empiezan en amarillo y terminan en negro, en la mano me hacen llevar un hacha para picar carbón, un cinto con unas linternas en forma ovalada, en las piernas tengo un par de botas amarillas altas, que también están decoradas con linternas y un casco de minera con una luz en medio. Me dejan el pelo suelto y me aplican poco maquillaje.

Catlon está vestido con algo a juego, va sin camiseta y tiene le pecho manchado de negro, simulando carbón, lleva pantalones bajos de color negro que terminan transformándose en unas botas amarillas, también usa guantes y casco, pero además lleva unas hombreras que se unen por un collar, todo amarillo.

Nos encontramos en una sala gigante donde están todos los tributos.

Miró a la niña del 8, la vistieron con un vestido violeta que en la parte de abajo juega con telas y tonos del mismo color, lleva el pelo atado con una aguja gigante para sostenerlo, simulando ser la aguja del hilo y unas sandalias celestes.

Nos subimos a los carruajes y Cinna nos desea suerte.

Paseamos por el Centro de la Ciudad y la gente dirige principalmente su atención a los tributos profesionales.

Así que los demás pasamos casi desapercibidos.

Nota del Autor: No sé si la voy a seguir, tengo muy pocos comentarios.