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HARRY POTTER Y EL HEREDERO DE LA MAGIA — capítulo 2

(En ese mismo momento).

Al instante, Harry sintió una sacudida en el estómago. Sus pies despegaron del suelo. No podía aflojar la mano que sostenía la Copa de los tres magos: lo llevaba hacia delante, en un torbellino de viento y colores, Harry sintió que los pies daban contra el suelo. La pierna herida flaqueó, y cayó de bruces. La mano, por fin, soltó la Copa de los tres magos.

¿Dónde estoy? -se pregunto.

Había abandonado los terrenos de Hogwarts. Era evidente que había viajado muchos kilómetros, porque ni siquiera se veían las montañas que rodeaban el castillo. Se hallaba en el cementerio oscuro y descuidado de una pequeña iglesia. Seguía observando alrededor mientras sacaba su varita, para que se sintiera un poco seguro ya que tenía la extraña sensación de que era vigilado. De pronto escucho pasos que se acercaban.

Vislumbro una figura que se acercaba caminando derecho hacia el por entre las tumbas. Harry no podía distinguirle la cara; pero, por la forma en que andaba y la postura de los brazos, pensó que llevaba algo en ellos. Quienquiera que fuera, era de pequeña estatura, y llevaba sobre la cabeza una capa con capucha que le ocultaba el rostro. La distancia entre ellos se acortaba a cada paso, permitiéndoles ver que lo que llevaba el encapuchado parecía un bebé... ¿o era simplemente una túnica arrebujada? al fin se detuvo junto a una enorme lápida vertical de mármol, a dos metros de él. Durante un segundo, Harry y el hombrecillo no hicieron otra cosa que mirarse. Y entonces, sin previo aviso, la cicatriz empezó a dolerle. Fue un dolor más fuerte que ningún otro que hubiera sentido en toda su vida. Al llevarse las manos a la cara la varita se le resbaló de los dedos. Se le doblaron las rodillas. Cayó al suelo y se quedó sin poder ver nada, pensando que la cabeza le iba a estallar.

Y entonces, antes de que pudiera sentir otra cosa que aturdimiento e incredulidad, alguien lo levantó. El hombrecillo de la capa había posado su lío de ropa y, con la varita encendida, arrastraba a Harry hacia la lápida de mármol. A la luz de la varita, Harry vio el nombre inscrito en la lápida antes de ser arrojado contra ella:

TOM RYDDLE

El hombre de la capa hizo aparecer por arte de magia unas cuerdas que sujetaron firmemente a Harry, atándolo a la lápida desde el cuello a los tobillos. Harry podía oír el sonido de una respiración rápida y superficial que provenía de dentro de la capucha. Forcejeó, y el hombre lo golpeó: lo golpeó con una mano a la que le faltaba un dedo, y entonces Harry comprendió quién se ocultaba bajo la capucha: Colagusano.

¡Tú!-dijo jadeando.

Cola gusano sacó de la capa una tira larga de tela negra y se la metió a Harry en la boca. Luego, sin decir una palabra, le dio la espalda y se marchó a toda prisa. Harry no podía decir nada, ni podía ver adónde había ido Colagusano. No podía volver la cabeza para mirar al otro lado de la lápida: sólo podía justo delante de él.

El lío de ropa que Harry había pensado que sería un bebé se hallaba cerca de él, junto a la sepultura. Se agitaba de manera inquietante. Harry lo miró, y la cicatriz le volvió a doler... y de pronto comprendió que no quería ver lo que había dentro de aquella ropa... no quería que el lío se abriera... Oyó un ruido a sus pies. Bajó la mirada, y vio una serpiente gigante que se deslizaba por la hierba, rodeando la lápida a la que estaba atado. Volvió a oír, cada vez más fuerte, la respiración rápida y dificultosa de Colagusano, que soñaba como si estuviera acarreando algo pesado. Entonces entró en el campo de visión de Harry, que lo vio empujando hasta la sepultura algo que parecía un caldero de piedra, aparentemente lleno de agua. Oyó que salpicaba al suelo, y era más grande que ningún caldero que él hubiera utilizado nunca: era una especie de pila de piedra capaz de contener a un hombre adulto sentado. La cosa que había dentro del lío de ropa, en el suelo, se agitaba con más persistencia, como si tratara de liberarse. En aquel momento, Colagusano hacía algo en el fondo del caldero con la varita. De repente brotaron bajo él unas llamas crepitantes. La serpiente se alejó reptando hasta adentrarse en la oscuridad. El líquido que contenía el caldero parecía calentarse muy rápidamente. La superficie comenzó no sólo a borbotear, sino que también lanzaba chispas abrasadoras, como si estuviera ardiendo. El vapor se espesaba emborronando la silueta de Colagusano, que atendía el fuego. El lío de ropa empezó a agitarse más fuerte, y Harry oyó una voz fría y aguda:

— ¡Date prisa! La entera superficie del agua relucía por las chispas. Parecía incrustada de

Brillantes.

—Ya está listo, amo.

—Ahora... —dijo la voz fría.

Colagusano abrió el lío de ropa, que parecía una túnica, revelando lo que había dentro, y Harry soltó un grito que fue ahogado por lo que Colagusano le había metido en la boca. Era como si Colagusano hubiera levantado una piedra y dejado a la vista algo oculto, horrendo y viscoso... pero cien veces peor de lo que se pueda decir. Lo que Colagusano había llevado con él tenía la forma de un niño agachado, pero Harry no había visto nunca nada menos parecido a un niño: no tenía pelo, y la piel era de aspecto escamoso, de un negro rojizo oscuro, como carne viva; los brazos y las piernas eran muy delgados y débiles; y la cara... Ningún niño vivo tendría nunca una cara parecida a aquélla: era plana y como de serpiente, con ojos rojos brillantes. Parecía incapaz de valerse por sí mismo: levantó los brazos delgados, se los echó al cuello a Colagusano, y éste lo levantó. Al hacerlo se le cayó la capucha, y Harry percibió, a la luz de la fogata, una expresión de asco en el pálido rostro de Colagusano mientras lo llevaba hasta el borde del caldero. Luego vio, por un momento, el rostro plano y malvado iluminado por las chispas que saltaban de la superficie de la poción, y oyó el golpe sordo del frágil cuerpo contra el fondo del caldero. Que se ahogue —pensó Harry, mientras la cicatriz le dolía casi más de lo que podía resistir—. Por favor... que se ahogue...

Colagusano habló. La voz le salió temblorosa, y parecía aterrorizado. Levantó la varita, cerró los ojos y habló a la noche:

¡Hueso del padre, otorgado sin saberlo, renovarás a tu hijo! -dijo colagusano.

La superficie de la sepultura se resquebrajó a los pies de Harry. Vio que salía de debajo un fino chorro de polvo y caía suavemente en el caldero. La superficie diamantina del agua se agitó y lanzó un chisporroteo; arrojó chispas en todas direcciones, y se volvió de un azul vivido de aspecto ponzoñoso.

¡Carne... del vasallo... voluntariamente ofrecida... revivirás a tu señor! -siguio recitando

Extendió su mano derecha, la mano a la que le faltaba un dedo. Agarró la daga muy fuerte con la mano izquierda, y la levantó. Harry no se atrevía a mirar, pero la poción se había vuelto de un rojo ardiente, y producía una luz que traspasaba los párpados de Harry. Colagusano sollozaba y gemía de dolor. Hasta que notó en la cara su agitada respiración, Harry no se dio cuenta de que se encontraba justo delante de él.

Sa... sangre del enemigo... tomada por la fuerza... resucitarás al que odias -dijo colagusano.

Harry no pudo hacer nada para evitarlo, vio la brillante daga plateada, temblando en la mano que le quedaba a Colagusano. Sintió la punta penetrar en el pliegue del codo del brazo derecho, y la sangre escurriendo por la manga de la rasgada túnica. Colagusano, se hurgó en el bolsillo en busca de una redoma de cristal y la colocó bajo el corte que le había hecho a Harry de forma que entrara dentro un hilillo de sangre.

Tambaleándose, llevó la sangre de Harry hasta el caldero y la vertió en su interior. Al instante el líquido adquirió un color blanco cegador. Habiendo concluido el trabajo, Colagusano cayó de rodillas al lado del caldero; luego se desplomó de lado y quedó tendido en la hierba, agarrándose el muñón ensangrentado, sollozando y dando gritos ahogados.

«Que se haya ahogado —pensó Harry—, que haya salido mal...»

Pero entonces, a través de la niebla, vio, aterrorizado, que del interior del caldero se levantaba lentamente la oscura silueta de un hombre, alto y delgado como un esqueleto.

—Vísteme —dijo por entre el vapor la voz fría y aguda, y Colagusano, sollozando y gimiendo, sin dejar de agarrarse el brazo mutilado, alcanzó con dificultad la túnica negra del suelo, se puso en pie, se acercó a su señor y se la colocó por encima con una sola mano.

Voldemort deslizó una de aquellas manos de dedos anormalmente largos en un bolsillo de la túnica, y sacó una varita mágica. También la acarició suavemente, y luego la levantó y apuntó con ella a Colagusano, que se elevó en el aire y fue a estrellarse contra la tumba a la que Harry estaba atado. Cayó a sus pies y quedó allí, desmadejado y llorando. Voldemort volvió hacia Harry sus rojos ojos, y soltó una risa sin alegría, fría, aguda.

La túnica de Colagusano tenía manchas sanguinolentas, pues éste se había envuelto con ella el muñón del brazo.

Levanta el brazo —dijo Voldemort con desgana.

¡Ah, señor... gracias, señor...! Alargó el muñón ensangrentado, pero Voldemort volvió a reírse.

¡El otro brazo, Colagusano! -grito voldemort.

Amo, por favor... por favor... -lloriqueo colagusano

Ha retornado —dijo con voz suave—. Todos se habrán dado cuenta... y ahora veremos... ahora sabremos... Apretó con su largo índice blanco la marca del brazo de Colagusano.

La cicatriz volvió a dolerle, y Colagusano dejó escapar un nuevo alarido. Voldemort retiró los dedos de la marca de Colagusano, y Harry vio que se había vuelto de un negro azabache.

Al notarlo, ¿cuántos tendrán el valor de regresar? —susurró

Después de un minuto volvió a mirar a Harry, y una cruel sonrisa torció su rostro de serpiente.

Estás sobre los restos de mi difunto padre, Harry —dijo con un suave siseo—.Era muggle y además idiota... como tu querida madre. Pero los dos han tenido su utilidad, ¿no? Tu madre murió para defenderte cuando eras niño... A mi padre lo maté yo, y ya ves lo útil que me ha sido después de muerto.

De pronto el aire se llenó repentinamente de ruido de capas. Por entre las tumbas, detrás del tejo, en cada rincón umbrío, se aparecían magos, todos encapuchados y con máscara. Y uno a uno se iban acercando lenta, cautamente, como si apenas pudieran dar crédito a sus ojos. Voldemort permaneció en silencio, aguardando a que llegaran junto a él. Entonces uno de los mortífagos cayó de rodillas, se arrastró hacia Voldemort y le besó el bajo de la negra túnica.

Señor... señor... —susurró.

Bienvenidos, mortífagos —dijo Voldemort en voz baja—. Trece años... trece años han pasado desde la última vez que nos encontramos. Pero seguís acudiendo a mi llamada como si fuera ayer... ¡Eso quiere decir que seguimos unidos por la Marca Tenebrosa!, ¿no es así? Echó atrás su terrible cabeza y aspiró, abriendo los agujeros de la nariz, que tenían forma de rendijas.

Huelo a culpa —dijo—. Hay un hedor a culpa en el ambiente.

Un segundo temblor recorrió el círculo, como si cada uno de sus integrantes sintiera la tentación de retroceder pero no se atreviera.

Lucius, mi escurridizo amigo —susurró, deteniéndose ante él —. Me han dicho últimamente has renunciado a los viejos modos, ante el mundo presentas un nuevo rostro respetable. Sí, lo sé todo, Lucius. Me has decepcionado... Espero un servicio más leal en el futuro

Ssi… si señor -dijo lucios malfoy con una voz cargada de duda.

Bueno eso espero lucius, ya es hora lucios regrésame lo que te tengo encomendado, desde este momento yo lo voy a custodiar -dijo voldemort en uno tono frio y peligroso.

Regres…regresar señor -dijo en tono de miedo lucius malfoy. -pe…pero señor, no es mas convenie…

YA ME OÍSTE LUCIUS, QUIERO DEVUELTA EL OBJETO QUE TE DI PARA QUE RESGUARDES -grito molesto voldemort interrumpiendo a lucius malfoy.

Yo...yo lo siento señor fue destruido hace dos año…

¡Crucio!

Lucius malfoy se retorció y gritó. Harry pensó que los aullidos llegarían a las casas vecinas. «Que venga la policía —pensó desesperado—; cualquiera, quien sea...»

Voldemort levantó la varita. El mortífago torturado yacía en el suelo, jadeando

Levántate, lucius —dijo Voldemort con suavidad—. Levántate. ¿Ruega clemencia? -inútil y estupido hasta el final lucius, lord voldemort recompensa todos los fallos, si quieres seguir siendo mi fiel sirviente vas a tener que matar a tu familia y solo tal vez perdonare tu insolencia de utilizar erróneamente mis pertenencias.

Lucius malfoy al oir esto se paralizo de miedo pero con valentía y seguridad hablo.

Lo siento señor, pero mi familia no va a pagar por mis errores, así que máteme si lo desea. Pero yo no pienso tocar a mi familia. -aseguro lucius dejando sorprendidos a Harry y el resto de los mortifagos, no así a voldemort que soltó una risa maniática.

¡Crusio!

Volvió apuntar voldemort en dirección a malfoy el cual esta vezgrito con sonidos más desgarradores e histéricos y su cuerpo empezó a desangrar como si de pequeños cuchillos le hubiesen lanzado.

¡Duele!, duele verdad lucius, pero esto no es nada comparado con lo que le hare a tu familia. Ellos sufrirán mas la peor tortura, por tu error, por tu falta de valor para con una noble causa que es la erradicación de la basura mestiza y mugle que nos corrompen -dijo de forma fría voldemort.

Mestizos y mugles que nos corrompen, ja, entonces hay que erradicarla desde la raíz, es mucho trabajo, no crees TOM -contesto con arrogancia el señor malfoy.

CIERRA LA BOCA IMBÉCIL -grito exaltado voldemort.

¡CRUCIO, CRUCIO, CRUCIO!

Los gritos resonaban en todo el cementerio, estaban cargados de dolor y sufrimiento, era un dolor atroz, sus ojos le daban vueltas como locos, hasta que perdió el conocimiento. Por primera vez en cuarenta años el sangre pura lucius malfoy pudo ver con claridad la monstruosidad que habían creado, al que creían que era su salvador no era más que un vil asesino en masas, ya sean niños, adultos o ancianos, no tenían futuro por delante. Pero el cómo noble y puro de apellido y estatuto, no iba a caer rendido hasta que se lleve por delante al que había servido con crueldad y lastimo a inocentes, no se iba a dar por vencido hasta darle la vida que su familia merecía.

NADIE LE PLANTA CARA A LORD VOLDEMORT Y SALE CON VIDA TAN FÁCILMENTE, QUE NADIE SE ATREVA A SER SEEL VALIENTE EN MI PRESENCIA O LO PAGARA CARO, CON SU VIDA Y DE TODOS LOS QUE QUIEREN, NADIE ES MAS FUERTE QUE YO. NI EL QUE SE HACE LLAMAR EL PALADIN DE TODOS LOS MESTIZOS Y SANGRE SUCIAS, ALBUS DUMBLEDORE -grito fuera de si voldemort mientras le dirigía una risa fría a Harry.

Creo que veis lo estúpido que es pensar que este niño haya sido alguna vez más fuerte que yo —dijo Voldemort —. Pero no quiero que queden dudas en la mente de nadie, Harry Potter se libró de mí por pura suerte. Y ahora demostraré mi poder matándolo.

Ahora, Colagusano, desátalo y devuélvele la varita -se dirigió voldemort a colagusano.

Colagusano se acercó a Harry, que intentó sacudirse su aturdimiento y apoyar en los pies el peso del cuerpo antes de que le desataran las cuerdas. Colagusano levantó su nueva mano plateada, le sacó la bola de tela de la boca, y luego, de un solo golpe, cortó todas las ataduras que sujetaban a Harry a la lápida.

¿Te han dado clases de duelo, Harry Potter? —preguntó Voldemort con voz melosa. Sus rojos ojos brillaban a través de la oscuridad.

Saludémonos con una inclinación, Harry —dijo Voldemort, agachándose un poco, pero sin dejar de presentar a Harry su cara de serpiente—. Vamos, hay que comportarse como caballeros... A Dumbledore le gustaría que hicieras gala de tus buenos modales. Inclínate ante la muerte, Harry.

Los mortífagos rieron. La boca sin labios de Voldemort se contorsionó en una sonrisa. Harry no se inclinó. No iba a permitir que Voldemort se burlara de él antes de matarlo... no iba a darle esa satisfacción...

He dicho que te inclines —repitió Voldemort, alzando la varita. Harry sintió que su columna vertebral se curvaba como empujada firmemente por una mano enorme e invisible, y los mortífagos rieron.

Muy bien —dijo Voldemort con voz suave, y, cuando levantó la varita, la presión que empujaba a Harry hacia abajo desapareció—. Ahora da la cara como un hombre. Tieso y orgulloso, como murió tu padre...``Señores, empieza el duelo´´.

Voldemort levanto la varita y sin esperar que Harry pensara o hiciera nada, lanzo de nuevo lamaldicion *cruciatos.*El dolor que sintió Harry fue tan intenso, tan devastador, que olvido hasta donde estaba, era como si cuchillos candentes le horadaran cada centímetro de la piel, y la cabeza le fuera a estallar de dolor. Gritó más fuerte de lo que había gritado en su vida.

Y luego todo cesó. Harry se dio la vuelta y, con dificultad, se puso en pie, no sin antes sentir respeto por el desmayado señor malfoy que había aguantado un buen numero de la maldición de tortura.

Un pequeño descanso —dijo Voldemort, dilatando de emoción las alargadas rendijas de la nariz—, una breve pausa... Duele, ¿verdad, Harry? No querrás que lo repita, ¿a qué no?

Harry no respondió. Moriría. Aquellos ojos rojos despiadados se lo estaban diciendo: iba a morir, y no podía hacer nada para evitarlo. Pero a lo que no estaba dispuesto era a doblegarse. No iba a obedecer a Voldemort... no iba a implorarle...

Te he preguntado si quieres que lo repita —dijo Voldemort con voz suave—. ¡Respóndeme!

¡Imperio!

Y, por tercera vez en su vida, Harry sintió la sensación de que su mente se vaciaba de todo pensamiento... Era una bendición, no pensar; era como flotar, soñar... Di**simplemente «no, por piedad»... Di «no, por piedad»... Simplemente dilo... «No lo haré —dijo otra voz más fuerte desde la parte de atrás de la cabeza—; no responderé.. .» Di «no, por piedad»... «No lo haré, no lo diré...» Di «no, por piedad»...

¡NO LO HARÉ!

Y estas palabras brotaron de la boca de Harry. Retumbaron en el cementerio, y la somnolencia desapareció tan de repente como si le hubieran echado un jarro de agua fría. De repente lo volvía a escuchar, aquella voz misteriosa que le había alertado de la copa de los tres magos, la voz que con tono preocupado y temeroso pero que tenia una tonada femenina le habría prevenido que estaba en problemas.

Aguante señor, ya vamos en su ayuda, no pierda las ganas de vivir, todavía tiene una gloriosa vida por delante-dijo la voz con aire esperanzador.

Pero regresaron inmediatamente los dolores que la maldición cruciatusle había dejado en todo el cuerpo, y la conciencia del lugar y la situación en que se encontraba.

¿No lo harás? —dijo Voldemort en voz baja, y los mortífagos no se rieron aquella vez—. ¿No dirás «no, por piedad»? Harry, la obediencia es una virtud que me gustaría enseñarte antes de matarte... ¿tal vez con otra pequeña dosis de dolor?

Voldemort levantó la varita, pero aquella vez Harry estaba listo: con los reflejos adquiridos en los entrenamientos de quidditch, se echó al suelo a un lado. Rodó hasta quedar a cubierto detrás de la lápida de mármol del padre de Voldemort, y la oyó resquebrajarse al recibir la maldición dirigida a él.

No vamos a jugar al escondite, Harry —dijo la voz suave y fría de Voldemort, acercándose más entre las risas de los mortífagos—. No puedes esconderte de mí. ¿Es que estás cansado del duelo? ¿Preferirías que terminara ya, Harry? Sal, Harry... sal y da la cara. Será rápido... puede que m si quiera sea doloroso, no lo sé... ¡Como nunca me he muerto...!

Harry permaneció agachado tras la lápida, comprendiendo que había esperanza, aquella voz se lo había asegurado, y además la voz misteriosa le resultaba familiar, quería, necesitaba anhelaba conocer el origen de la voz misteriosa. Y, al oír a Voldemort acercarse aún más, sólo supo una cosa que escapaba al miedo y a la razón: que no iba a morir agachado como un niño que jugara al escondite, ni iba a morir arrodillado a los pies de Voldemort. Moriría de pie como su padre, intentando defenderse aunque no hubiera defensa posible. Antes de que Voldemort asomara la cabeza de serpiente por el otro lado de la lápida, Harry se había levantado; agarraba firmemente la varita con una mano, la blandía ante él, y se abalanzaba al encuentro de Voldemort para enfrentarse con él cara a cara. Voldemort estaba listo. Al tiempo que Harry gritaba.

¡EXPELLIARMUS!

¡AVADA KEDABRA!