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Historia 121462 — capítulo 2

Capítulo II

-An accident-

"Un simple error puede desencadenar una lluvia de errores"

El aroma a esa ciudad que tanto le gustaba le llegó con placer, una sonrisa se curvó en sus labios. Estaba en casa.

Había extrañando a su querida Inglaterra, a su querido Londres. Norteamérica estaba bien pero él siempre iba a preferir su país por sobre todo lo demás, porque solo allí podía sentirse como en casa.

¾Parece imposible que hayan pasado dos años ya, ¿no? ¾La pregunta de Albus lo sacó de sus pensamientos, le sonrió a su amigo y asintió distraídamente, pero la mirada del mediano de los Potter se había perdido en una chica de cabellos como la noche que parada en medio del lugar miraba a todos lados en busca de algo.

El corazón del rubio se vio comprimido al ver a esa chica allí, tragó grueso y se volvió hacia su amigo pero este ya había salido a toda prisa al encuentro de ella. Una rebelde lágrima quiso brotar de sus ojos pero se contuvo, no debía llorar allí.

Con paso lento se acercó hasta donde la feliz pareja que parecía ajena a todo lo demás. Sintió una punzada de envida hacia su amigo y más dolor pareció recorrer su cuerpo.

A pesar de todo todavía guardaba la esperanza de que ella fuese a recibirlo, a pesar de esos dos años él aun seguía pensando en ella como el día en que se fue, porque para él siempre sería ella pasara lo que pasara.

¾¡Scorpius! ¾El grito le llegó desde detrás mientras unos brazos lo abrazaban con fuerza.

Soltó una risita al reconocer los espesos cabellos color pelirrojo de Rose Weasley, su mejor amiga.

¾Rose, me vas a dejar sin aire ¾protestó y ella soltó un bufido.

¾Siempre tan simpático, Malfoy ¾gruño echándole la lengua, él volvió a reír, la había extrañado.

¾¿Y no hay nada para mí, pelirroja? ¾El comentario no podía ser de otro que no fuese James Sirius Potter, con los cabellos desordenados y una sonrisa en sus labios abrió los brazos y miró de forma seductora a Rose que le devolvió la sonrisa antes de salir corriendo hacia él.

Scorpius puso los ojos en blanco, a pesar de que James no había sido incluido en la misión hasta unos cuatro meses atrás en ese poco tiempo había logrado conocer mejor al mayor de los Potter y hasta casi tenerle cierto cariño.

Se colgó el bolso al hombro y comenzó a alejarse de allí a paso lento, no quería estar en medio de todos esos felices rencuentros, porque sabía que él no tendría su rencuentro, porque él había perdido a su pelirroja. Pero no iba a dejar las cosas así, había vuelto a Londres para quedarse, y para recuperar lo que siempre le perteneció: Lily Luna Potter.

[…]

Volvió la vista al pequeño papel frente a sus ojos y soltó un largo suspiro. Parecía imposible que estuviera tan cerca de ella una vez más, parecía imposible que todos esos sueños que solían despertarlo antes estuvieran a punto de cumplirse.

Cuadró los hombros y presionó su largo y blanco dedo sobre el botón del timbre. Volteó hacia atrás, admirando las bonitas paredes del edificio. A ella siempre le habían gustado los edificios, por eso no le sorprendió en nada cuando Rose le contó que se había mudado a ese lugar. Así como tampoco le sorprendieron los potentes ladridos que se pudieron adivinar tras la gruesa pared, aunque pasaran los años Lily nunca iba a cambiar y él lo sabía.

El inconfundible ruido de la puerta al ser abierto se oyó a sus espaldas y pudo sentir como alguien ahogaba una exclamación.

Giró en su lugar lentamente, queriendo disfrutar de ese momento todo lo posible. Sus ojos se encontraron por primera vez en mucho tiempo, removiéndolo todo en ambos, haciendo que los dos volvieran a sentir todo eso que parecía apagado desde la partida de él.

Los ojos avellana de Lily se podían ver aguados tras esa máscara de indiferencia que quería mostrar. Porque ella podía mentirle al mundo entero, pero no a él.

¾Ly… ¾un suspiro casi anhelante escapó de sus labios; porque llevaba tanto queriendo decirlo.

Y no pudo evitarlo, no pudo evitar estrecharla con fuerza entre sus brazos, no pudo evitar rozar sus labios con los cabellos rojo fuego de ella. Porque quizás el tiempo había pasado, pero lo que él sentía, lo que ella sentía, todo eso seguía allí, intacto.

Lily lo apartó de golpe, como si estuviera saliendo de un trance.

¾Ya es tarde ¾susurró con la voz a punto de quebrarse.

¾Perdón, ¡Perdón, mi amor!

Los ojos grises de Scorpius no dejaban ver duda alguna, sus ojos pedían, suplicaban, ser perdonados.

Y estuvo a punto de caer una vez más, estuvo a punto de perderse en esos ojos grises una vez más. Pero se recordó a sí misma que ya no había ni habría más Scorpius Malfoy para ella.

¾No. ¾Su voz, firme, potente, demostrando todo eso que no sentía¾. Te fuiste, me dejaste sola. Y yo lo superé, me enamoré, ya hay alguien más en mi vida.

 Mintió con simpleza a pesar de que todo su cuerpo le pedía a gritos que dijese la verdad, a pesar de ese <> que pedía a gritos ser dicho por sus labios hacía dos años. Pero ella no iba a volver a caer, ella no podía volver a caer.

Una lágrima brotó de los ojos del rubio, agachó la cabeza y respiró profundo. Lo había arruinado todo y ya nada tenía vuelta atrás. Él la había dejado, él la había lastimado, él la había perdido.

La puerta se cerró con fuerza frente a sus ojos, pero ya no le importaba. Porque ya todo estaba perdido si no podía estar con ella.

La pelirroja se recostó sobre la fría madera, dejándose caer lentamente, las lágrimas brotaron de sus ojos en silencio. Y por una vez dejó que todo ese escudo protector cayese, por una vez dejó que todo el dolor que la inundaba brotase libremente. Porque aún lo amaba, con cada parte de su ser, y sabía que siempre sería así. Pero ya no habría un Lily y Scorpius, porque él lo había arruinado para siempre.

[…]

Nunca había llegado a comprender realmente que era el dolor hasta ese momento, quizás antes había sufrido, la había pasado mal. Pero eso que estaba viviendo en ese momento, esa opresión en el pecho, ese dolor agudo en el corazón; como si le clavaran daga tras daga, puntadas de fulgurante dolor recorriendo su cuerpo. Eso era algo que nunca antes había sentido.

Dio un largo trago de la botella en su mano con la mirada perdida hacia la puerta. Por un segundo, casi pudo imaginársela atravesándola, con una sonrisa en sus labios, con sus ojos avellana fulgurando y su espeso cabello pelirrojo flotando a su alrededor. Pero ella no iba a volver.

Ella no volvería a rememorar las noches pasadas allí, ella no diría una vez más un te amo dirigido a él, ella ya no volvería a besarlo. Y eso lo estaba matando.

¿Qué había hecho?, lo había arruinado todo, lo sabía, quizás siempre lo supo. Pero siempre fue un idiota con aires de grandeza, cegado por su propia estupidez, por su propia confianza.

Porque él sabía, él estaba completamente seguro de que al volver ella estaría allí para él. Esperándolo como siempre lo había hecho, como haría una vez más.

Pero Lily no estaba, Lily no lo esperó, Lily lo abandonó. Y todo por su maldita culpa.

Dio un último sorbo del espedo líquido que quemó su garganta al descender y arrojó la botella con fuerza contra la pared, al mismo lugar donde las dos anteriores se habían hecho añicos.

Se puso en pie de apoco, tambaleante, agarrándose con fuerza del sillón color crudo. Ese sillón que había comprado con ella. Tan solo ese pensamiento bastó para que miles de recuerdos llegaran a su mente, nublándola.

Se recostó una vez más y respiró hondo, tratando de acompasar su respiración. Tratando de sacarla a ella de su mente.

Tomó fuerzas y se puso en pie, aun tambaleándose por las grandes cantidades de alcohol que había ingerido.

Se acercó a la pared junto a la puerta y tomó la llave del auto de Albus, él estaba en la casa de su novia y de seguro ni se enteraba.

Y él necesitaba ver a Lily, o simplemente moriría del dolor.

A paso lento salió del apartamento y se metió en el ascensor, presionó  el botón que lo llevaría al subsuelo y se recostó sobre la pared, esperando.

Su imagen se reflejaba en el espejo que cubría la mitad de una de las paredes del ascensor, cerró los ojos, asqueado con su propia imagen.

Los ojos grises bañados por una cortina de dolor y grandes bolsas negras bajo ellos, los labios entreabiertos y manchados de bebida, los cabellos rubios sudorosos y enmarañados, la ropa andrajosa y sucia. Ya casi ni se reconocía.

Las puertas se abrieron y salió a los tumbos, cada vez el alcohol parecía llegarle más al cerebro, cada vez se sentía menos consciente de sus movimientos.

Tardó varios minutos en localizar el auto color negro de Albus, se dirigió hacia él y acarició la suave capa de pintura recientemente pulida. A veces pensaba que su amigo quería más al auto que a su propia novia.

Giró la llave y abrió la puerta, sintiendo como el olor a cuero le llenaba las fosas nasales. Se sentó y acarició el manubrio con sus manos, una sonrisa apareció en su rostro. Cada vez estaba más cerca de su Lily.

¾Allá voy, pelirroja ¾susurró con voz rasposa, con esa voz tan propia de quien esta borracho.

Arrancó el auto a toda velocidad, sus instintos parecían responder solos, quizás apelando a los pocos conocimientos que tenía sobre autos.

Giró en una curva, a tan solo unas calles de la casa de Lily, pero el giro fue muy brusco.

Lo último que pudo ver antes de estrellarse fue a su propia vida pasar por delante de sus ojos.

Las risas de su madre, la voz de su padre, la sonrisa de Albus, el cabello pelirrojo de Rose, las manos de su abuela, su juguete preferido y por último los ojos de Lily.

Luego todo fue completamente negro.

¡Hola!

Primero que nada: ¡Odio la letra que les aparece!, pero por no sé que lío se me cambia cuando copio de el word a acá y no puedo editarlo acá porque los guiones me salen raros -.-"

Eso me frustra...

¡En fin!

¿Qué me dicen del capítulo?

Espero que les haya gustado, y no se preocupen que Score no muere ¡Sino nos quedamos sin historia!

Por cierto, la última escena (La del accidente) esa era el prólogo...pero al final no me gustó para eso y bueno...acá está.

Mmm...¡No tomen a Lily como mala!, es cabezota la pobre pero ya va a tener su momento de arrepentirse...ya van a ver...

Creo que eso era todo.

¡Ah sí!, de ahora en más voy a actualizar una vez por semana, cada viernes, ¡Lo prometo!

Besos,

Paz