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Historia 121741 — capítulo 10

Luna caminaba alegremente por los jardines de Hogwarts un sábado por la tarde, decidió entrar en el bosque, siempre le habían gustado las criaturas de allí.                                                                                 -¡Lovegood! - Gritó un muchacho que corría tras ella algo agitado.          -Theodore…- Dijo ella sonriendo. La chica se detuvo para esperar al moreno cuando este la alcanzó se veía cansado.                                     -¿Qué haces Luna?- Sonrió él.                                                                -Busco algún animal lindo para darle esta manzana.- Dijo ella sonriendo y mostrando la manzana roja que estaba en su mano.                           -Maravilloso.- Sonrió el chico. Pasaron toda la tarde hablando sobre un unicornio que encontraron en el bosque, luego sobre criaturas fantásticas que el padre de Luna estudiaba y luego…                             -Luna, debo decirte que… me gustas, no, estoy enamorado de ti, eres maravillosa y desde ese día en las tres escobas cuando te caíste y pasé el día contigo en la enfermería… te amo.- Dijo él recordando el día que la chica entró corriendo al bar y cayó sobre su rodilla, él la levantó y la llevó a la enfermería donde pasó el día con ella, ese día supo que le gustaba, fue antes de navidad.                                                            -Oh, ciertamente Theodore hemos pasado 58 días juntos desde aquel día y yo… creo que también estoy enamorada de ti aunque no sé lo que la palabra signifique con exactitud.- Dijo ella arqueando las cejas.          -Los cuentas. Pues… yo tampoco sé, pero quiero besarte todo el tiempo y cuidarte, me encanta todo lo que dices y que seas tan directa… el día que fuimos a buscar duendes de las nubes en mi escoba, al sentirte cerca sentí un cosquilleo en mi estómago.- Dijo él sonriendo, eran igual de directos los dos.                                                                              -¿Entonces?- Preguntó ella.                                                                  -¿Quieres ser mi novia?- Dijo él sonriendo.                                                  -Efectivamente.- Sonrió ella y besó su mejilla, él la miró fijamente, sonrió y la besó en los labios. Ella también sabía que tenía que mantener aquello en secreto, pasó un mes y él le contó del ataque de los mortífagos y un día caminaban descalzos por el bosque cuando Theo abrió un muerta escondida en un árbol.                                                -Mira lo que conseguí, fue algo difícil, trabajé bastante tiempo haciéndolo, espero que te guste.-  Dijo el Slytherin entrando. Ahí, detrás de la puerta había una pequeña habitación, una cama con sábanas rojas gruesas, un lugar para guardar comida y agua, alfombras, demasiados cojines y paredes blancas, sólo la magia podría crear algo así dentro de un árbol.                                                                                            -Me encanta Theodore.- Sonrió ella -Eres el mejor novio que he tenido jamás, y el único… claro, pero… te amo.- Dijo soñadora.                       -Pues es para ti, y… ten, para que pintes las paredes, tengo entendido que te gusta pintar.- Dijo dándole una caja con pinturas y pinceles en variedad, ella saltó a besarlo.                                                               Los días siguientes lo pasaron pintando y al cabo de una semana en las paredes ya estaban pintados ellos, sonriendo, bailando, besándose, obra de Luna. El último día de trabajo él la besó…                                          -¿Crees que estés lista? No es que yo quiera Luna, es que… si quiero, pero si no quieres estoy de acuerdo.- Decía nervioso Theo.                   -Vaya… no lo sé, las personas no creen que yo sepa que es el sexo, pero sé que es, aunque parezca impresionante, no soy tan tonta, creo que si quiero, si es contigo por supuesto Theo.- Luna sonaba segura, estaba segura y Theo sonrió, ella se sentía tan madura con él, como si ya no fuese una niña y eso le gustaba pues ella sabía que no tenía que ser una niña para lo que se avecinaba. Entre besos y abrazos Theodore Nott y Luna Lovegood se juraron amor eterno, cambiando las palabras por caricias, ahí Luna dejó de ser una niña y él pasó a ser un hombre amado, nunca se había sentido más dichoso…