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Bad Medicine — capítulo 18

BAD MEDICINE

ENLACE AL FIC ORIGINAL:

**AUTOR:**Cheryl Dyson.

TRADUCCIÓN: Meliza Malfoy

BETA: Bellatrix_2009

**DISCLAIMER:**Harry Potter y todos sus personajes pertenecen a JK Rowling. No se ha ganado dinero ni se ha violado ningún copyright con este trabajo, la trama pertenece única y exclusivamente a Cheryl Dyson, sólo la traducción es de nuestro grupo.

RESUMEN: Draco Malfoy, dechado de maldad, sigue a Hermione Granger un día a una sección no utilizada de Hogwarts y descubre su secreto indecible... Oh sí, y la escena del cementerio general no fue así. Cedric Diggory está vivo. Porque yo lo digo.

CAPITULO 18

Cuando terminó la canción, colocó un brazo sobre sus hombros y la acercó más a él.

— Vamos a dar un paseo — sugirió. — Te ves un poco sonrojada.

— ¿En serio?— preguntó ella sin aliento. — ¿Es por eso que siento que podría desmayarme en cualquier momento?

Draco se rió quedadamente mientras caminaban por el vestíbulo.

— ¿En serio? Hermione Granger, el orgullo de Gryffindor, la defensora del niño que vivió, la salvadora de la piedra filosofal, ¿vencida por un despreciable Slytherin?

— No eres despreciable — ella lo negó. — Eso nunca.

— Hubo un tiempo en que pensabas que era más bajo que una rata de alcantarilla.

— ¡Tú hacías muchos esfuerzos para actuar como uno!— replicó ella. Él hizo una mueca.

— Era muy malo, ¿verdad?

— Fuiste muy malo — admitió.

— Pero me amas cuando soy malo.

— Te quiero todo el tiempo. Pero sobre todo cuando eres bueno.

La condujo hasta el primer tramo de escaleras que los llevarían al jardín.

— Rara vez soy bueno.

— Eres bueno cuando estás conmigo — dijo ella con decisión.

La conversación lo molestaba, así que dejó de hablar y la guió hacia el congelado jardín. La nieve caía a su alrededor como confeti y se aferraba al cabello de Hermione. Se adhirió en sus pestañas mientras caminaban hacia el centro del jardín. La mayoría de los arbustos estaban sin hojas y brillaban como el cristal debido al hielo. La nieve cubría el resto de las plantas como un manto, dándole profundidad y una belleza etérea.

— Es tan hermoso — dijo ella con deleite. Draco se adelantó y arrancó una de las ramas de un rosal cercano. Sacó su varita y golpeó la ramita mientras susurraba un encantamiento. Repentinamente a la rama le brotaron hojas y la punta comenzó a ensancharse hasta que finalmente floreció en un estallido para convertirse en una rosa roja perfecta. Él sonrió y se la entregó con una reverencia formal.

Ella lo miró y las lágrimas brillaron en sus ojos.

— Debes dejar de hacerme llorar — susurró.

— No quiero que llores.

Ella tomó la rosa que él le ofrecía y sonrió suavemente.

— Si son lágrimas de alegría no hay problema.

Ella puso sus brazos alrededor de su cuello y lo besó. Draco sabía a los cristales de nieve que se encontraban en sus labios helados y de repente se sintió eufórico. Él la agarró en sus brazos y la hizo girar en círculos vertiginosos. Ella echó la cabeza hacia atrás y se rió sin preocupaciones.

A Draco le encantó escucharla. Él había sido miserable los últimos cuatro días, en el punto más bajo de su depresión se asombró al descubrir que ella lo amaba. Había meditado sus palabras por mucho tiempo y se había asombrado aún más al descubrir que ella no esperaba que él reconociera su amor. Simplemente se lo había dado y que él hiciera lo que quisiera.

Por supuesto, él había echado a perder todo inmediatamente y lo había utilizado en su contra en un momento de frustración. No la culpaba por no querer volver a verlo. Todavía no podía creer que estuviera aquí ahora, mirándolo como si fuera digno de su amor. Suspiró.

— Tenemos que irnos. Pero prométeme que nos veremos mañana. Y no desde lejos como si huyeras de mí.

Ella sonrió y le tocó la mejilla con suavidad.

— No correré más — dijo ella.

Dejaron el jardín y se dirigieron por las escaleras. Draco se detuvo cerca de la parte inferior cuando una luz repentina iluminó un hueco de la escalera. Él parpadeó por un momento hasta que sus ojos se acostumbraron. Incluso antes de que su visión se aclarara él tuvo una sensación de desazón. Era válida debido a lo que sus ojos veían.

Un numeroso grupo de Slytherin los estaba esperando en la parte inferior de las escaleras. Montague. Nott. Crabbe y Goyle. Pucey. Pansy Parkinson, por supuesto. Y Blaise Zabini.

Draco agarró fuertemente la mano de Hermione y descendió un paso delante de ella, como si quisiera protegerla de su malicia.

— Bien, bien. Draco Malfoy confraternizando con una sangre sucia — dijo Montague con frialdad. — Has caído muy bajo solamente para encontrar un pedazo de culo, ¿verdad Draco?

Los demás se rieron, aunque Crabbe y Goyle se callaron instantáneamente ante la gélida mirada que Draco les envió.

— ¿Qué desean?— Draco exigió. Él estaba agradecido con el alma que su varita aún siguiera agarrada por su mano derecha. Sintió a Hermione moverse ligeramente detrás de él. Su mano estaba repentinamente húmeda de sudor. O tal vez era la de él.

— Entonces, Draco — dijo Blaise. — Somos tus amigos. Estamos asegurándonos de que no haces nada estúpido. Aunque, desde mi perspectiva es posible que sea demasiado tarde, ¿eh? Realmente no te importa lo que le pase a la pequeña sangre sucia ¿verdad? Sólo estás con ella para que se enamore de ti y después le aplastes su pequeño corazón hasta convertirlo en polvo, ¿no?

Blaise no era el peor de ellos. Estaba ofreciéndole a Draco una salida, aunque mínima. Dándole una oportunidad. Montague rió fríamente.

— Tu padre va a tener un colapso cardiaco por esto, Malfoy. Lo matarías con esto. Piensa en tu pobre madre.

Hermione se adelantó para ubicarse al lado de Draco. En su mano izquierda, sostenía la rosa. Y su varita.

— Déjenlo en paz — dijo rotundamente.

— Cállate, sangre sucia — Montague susurró maliciosamente. — Esto no tiene nada que ver contigo. Nos ocuparemos de ti después.

— Sí — Pansy gruñó y dio un paso adelante. — ¡Después te amaestraremos para que te arrastres otra vez al barro donde perteneces! ¡Draco es un sangre pura! ¿Cómo te atreves a contaminarlo con tu inmundicia? Te crees mejor que nosotros porque puedes leer un libro de hechizos y preparar una poción. ¿Qué usaste para atrapar a Draco?

Hermione le sonrió con frialdad.

— El hecho de que tú recurras a pociones y conjuros para atrapar a un hombre no te otorga el derecho de insinuar que yo tengo también tengo pocos principios. La voluntad de Draco es completamente suya, como lo son sus opciones.

Ella soltó la mano de Draco y se alejó de él. En el proceso, lo miró rápidamente para darle a entender que aceptaría su decisión, incluso si él elegía dejarla botada y reincorporarse al lugar que ocupaba con los Slytherin. Como Blaise, ella le ofreció una salida. Le estaba dando la libertad.

— ¿Qué vas a hacer, Malfoy? — Montague se burló.

Pansy gritó de pronto con ira y apuntó con su varita a Hermione, tal vez temiendo a la respuesta de Draco.

— ¡Crucio ! — ella gritó. Draco no oyó que Hermione hablara, pero ella movió su varita en dirección a Pansy y el chorro de luz de la varita de Pansy se regresó y envolvió a la Slytherin. Ésta gritó otra vez, pero ahora de dolor y cayó al suelo.

— ¡Expelliarmus! — gritó Hermione y la varita de Pansy se deslizó por el suelo de piedra fuera de su alcance. Hermione se volvió hacia los demás. — ¿Quién es el siguiente?

Los Slytherin se movieron incómodos y Crabbe y Goyle caminaron lentamente hacia atrás, hacia las escaleras.

Draco se rió entre dientes.

— ¿Crees que puedes lanzarles un Obliviate a todos? — él le preguntó. Su voz se trasladó por el estrecho lugar.

— No — respondió Hermione. — Pero puedo agarrar a Montague — ella avanzó dos pasos. Preparándose para pelear contra ellos. Draco sintió un sobresalto de orgullo. Su valiente Gryffindor.

— Piérdanse, Montague. Nott. Pucey. Esto no es asunto suyo — dijo Draco con voz cansada. Él no quería luchar contra ellos. Él quería que se fueran.

— ¡Tu asunto nos concierne a todos cuando te rebajas para jugar con una maldita sangre sucia! — Gritó Nott. — ¡Eres un Malfoy, maldición! ¡Actúa como uno!

Draco sintió una agitación de rabia.

— ¿Qué demonios vas a saber tú acerca de lo que es ser un Malfoy, Nott? ¡No sabes nada acerca de nosotros, excepto lo que mi familia sangre pura y perfecta te permite ver en raras ocasiones! Estoy seguro de que podría contarte historias sobre los Malfoy que te erizarían los vellos, Montague. — Caminó lentamente por las escaleras hasta ubicarse junto a Hermione. — Todos tenemos nuestros pequeños y desagradables esqueletos en nuestros armarios, ¿verdad, Pucey? De hecho, tengo la sospecha de que nuestras encantadoras historias familiares nos hacen perfectos para ingresar a Slytherin en el primer lugar. Dicen que la ambición es el rasgo principal. Yo digo que es la ambición de escapar de las sangrientas cadenas que han sido puestas sobre nosotros por nuestras preciosas familias sangre pura. Todos tenemos que actuar de cierta manera, hablar de cierta manera, y pensar de cierta manera. No nos atrevemos a oscilar el maldito barco, ¿verdad? No nos atrevemos a dar un paso fuera de la línea que ha sido trazada y poner en vergüenza el nombre de la familia, ¿verdad?

El rostro de Montague enrojeció. Draco siguió adelante con enojo.

— Conozco las cadenas que los perfectos sangre pura llevan encima. Montague. Eres un maldito bruto, al igual que tu padre. Él estuvo a punto de matar a golpes a tu madre el año pasado y estoy seguro de que te ha golpeado una o dos veces, ¿eh?

— ¡Esa es una maldita mentira!— Montague rugió y levantó su varita hacia Draco amenazadoramente. Hermione levantó la suya en respuesta y Montague palideció.

— ¿Lo es?— Preguntó Draco. — ¿Y qué hay de ti, Nott? Tu padre pasa mucho tiempo adulando a mi padre que creo que lo veo más que tú.

Los ojos de Nott brillaron.

— Y Pucey, tu familia está luchando muy duro para recuperar la gloria de sus días de Mortífagos cuando podían torturar a la gente por pura diversión... ¿A quién torturan ahora, Pucey? La crueldad no desaparece sola, ¿verdad?

— Cállate, Malfoy — dijo Blaise como advertencia.

— Y la pequeña Pansy. Todos sabemos acerca de los esqueletos en el armario de tu familia, ¿verdad?

Pansy, todavía en el suelo, llevó sus rodillas hasta el pecho y hundió el rostro en sus brazos.

— ¡Detente, Draco! — dijo Blaise.

— Ustedes vinieron a mí, ¿recuerdas? —

— ¡Esto no es sobre nosotros! — Gritó Montague.

— Por supuesto que lo es — dijo Draco con una breve carcajada. — Cada uno de ustedes está aquí para servir a su propio interés. Uno de ustedes se ha convertido en un traidor. No quieren tener que dar explicaciones por eso. ¡Uno de sus amigos ha ido en contra del credo Slytherin! ¿Cómo van a mantener la cabeza en alto? ¡Puede ser que piensen... maldita sea! ¡Capaz que piensan que podría sucederles a ustedes! ¿Cómo van a superar alguna vez la vergüenza?

La mandíbula de Montague se tensó. Estaba ansioso por utilizar su varita.

— ¿Qué esperas que hagamos, entonces?— gruñó. — ¿Abrazar a tu noviecita sangre sucia? ¿Invitarla a la sala común a tomar el té?

Nott rió desagradablemente.

— Eso no sucederá nunca, maldición — Pucey gruñó.

— No espero que hagan nada — dijo Draco. — A menos que piensen por ustedes mismos, por una vez. Saldremos de esta escuela en dos años. ¿Tienen planeado ser títeres de sus familias para siempre? ¿Dejarlos que siempre piensen por ustedes?— Dio otro paso hacia abajo. — Tal vez nuestras familias estén ahí para nosotros o tal vez no. Sería mucho más importante que estemos ahí para el otro. De esa manera, creo que los Gryffindor la tendrán un poco más fácil que nosotros. Se preocupan el uno por el otro y no tienen miedo de mostrarlo.

Montague se burló.

— Claro, vamos a ir por todos lados agarrados de los brazos de la forma en que los Gryffindor y Hufflepuff lo hacen. Tal vez no nos preocupemos por los otros. ¡Tú seguro que no te preocupas por ninguno de nosotros!

Draco dio otro paso hacia Montague. Se detuvo delante de él y la varita de Montague rozó la túnica de Draco.

— En realidad, me preocupo por ti, David. Siempre has cuidado mi espalda en el equipo de Quidditch y creo que eres un cazador fabuloso. Podrías ser un profesional después de la escuela.

Montague lo miró con ojos desorbitados como si le hubieran crecido dos cabezas. Draco pasó por en medio de sus viejos amigos.

— Crabbe, Goyle. Ustedes han estado siempre a mi lado, sin importar el obstáculo. Sé que les he hecho hacer cosas horribles y en realidad nunca les he dado las gracias por nada de eso. Quiero que sepan que los aprecio bastante. Han sido unos malditos buenos amigos para mí.

Crabbe y Goyle se sonrojaron y se miraron tímidamente. Draco se volvió hacia Blaise.

— Zabini. Caramba, a todo el mundo le gustas. Las niñas de las cuatro casas te siguen a todas partes y los tíos piensan que estás bien. Así como yo, en realidad.

Draco le dio la espalda y se dirigió a Nott. Lo agarró por los hombros.

— Theo, siempre has hecho lo que se debe. Nunca has hecho lo que hace el populacho y por lo general pareces estar dos pasos por delante del resto de nosotros. Ni siquiera estoy seguro de lo que estás haciendo aquí, ya que eres el menos propenso a seguir a una multitud. Me imagino que dejarás Hogwarts y nunca te veré de nuevo. Irás a las malditas Bermuda o Cartagena o Singapur, supongo. Añorare verte en mi casa durante el verano.

Nott miró hacia otro lado.

Draco se acercó a Pansy. Se arrodilló a su lado y le tocó el brazo con suavidad.

— Pansy. Nunca quise hacerte daño. Te tomé por sentado y te utilicé y sólo te puedo decir que lo siento. No te culpo si me odias.

Ella levantó la cabeza y lo miró miserablemente.

— Nunca podría odiarte — murmuró. — Ojalá pudiera. Sería más fácil — Enterró la cabeza de nuevo y Draco se puso de pie. Volvió a subir los escalones para estar junto a Hermione.

— Pucey, me gustaría poder decir que me preocupo por ti, también, pero siempre he pensado que eras un imbécil desagradable y sé que tú me desprecias, así que vamos a dejarlo así, ¿eh?

Blaise se rió. Pucey lo miró encolerizado, pero no dijo nada. Draco suspiró.

— He expresado mi opinión. Pueden hacer lo que deseen. He tomado mi decisión, aunque sé las consecuencias. Ustedes son mis amigos y pueden hacer este camino más difícil para mí, o pueden estar a mí lado y tal vez, sólo tal vez, pueden hacerlo un poco más fácil. Depende de ustedes.

Agarró la mano de Hermione, la condujo a través del grupo de Slytherin y se alejó. Ninguno de ellos los siguió.

Epílogo

La túnica de Harry estaba en llamas. Él palmeó las llamas y miró a Malfoy, que estaba sentado con la cabeza de Hermione acunada sobre su hombro. Ella recitaba de un pergamino, que tenía en sus manos, los complicados ingredientes que necesitaban para una poción que sospechaban prepararían en la clase de Snape. Harry, Ron y Draco no le hacían caso, como de costumbre. La varita de Malfoy descansaba holgadamente bajo su mano, pero él estaba a seis metros de distancia. Seguramente, no habría podido hechizar la túnica de Harry con fuego desde esa distancia. Harry volvió su mirada a Ron, que todavía tenía esa sonrisa aturdida que había estado llevando en el rostro durante una semana. A su lado estaba Pansy Parkinson, que asombrosamente había anunciado su amor eterno por él y lo había besado en frente de todos después de la clase de Herbología hace una semana, y que ahora se pasaba todo su tiempo aferrándose a la mano de Ron.

Extraño que fuera, había detenido las constantes pullas que Ron le hacía a Hermione sobre Draco. Harry aún no estaba a gusto con esa relación, pero era obvio que Malfoy estaba locamente enamorado de ella. Los Slytherin, extrañamente, se ubicaron como un frente unido la mañana en que Draco apareció con Hermione en el comedor. Los chismes habían abundado, por supuesto, pero eran sólo susurros encubiertos. Nadie quería meterse con una multitud enfurecida de Slytherin, respaldados por Harry Potter, que no tenía comentarios negativos sobre la relación. El consenso general fue que Draco estaba usando a Hermione y revelaría su complot a su debido tiempo. Harry no estaba totalmente disconforme con esa teoría y mantenía sus ojos en Malfoy en todo momento.

Draco no le facilitaba las cosas por sus comentarios sarcásticos refiriéndose a "el complot" tan a menudo como le fuera posible.

— Iré a la biblioteca para ver a Hermione — solía decir. — Tengo que mantenerla alrededor de mi dedo meñique para que esté ciega a mis maquinaciones, ya saben. O, Allí está Hermione, miren lo feliz que está, todo de acuerdo con el plan, por supuesto...

Harry sacudió las cenizas que ardían en su túnica con la punta de su varita y lanzó una mirada de reojo a Draco, quién levantó la cabeza lo suficiente como para darle a Harry un guiño de complicidad, mientras mordisqueaba la oreja de Hermione.

Maldito gilipollas. Harry suspiró con frustración. Era condenadamente incómodo andar con Ron y Hermione estos días, ahora que sus mascotas Slytherin les daban constantemente su atención. Tal vez Harry debía encontrarse una Slytherin para él. Miró hacia el grupo de Slytherin que descansaba junto a un lago cercano. ¿Millicent Bulstrode? Harry se estremeció. El más llamativo en el grupo era Blaise Zabini, y él definitivamente no era el tipo de Harry. Harry miró hacia el lago y vio a una chica atractiva caminar por ahí. Ella sonrió tímidamente y lo saludó con la mano.

Él se frotó los ojos por un momento. ¡Maldita sea, es Ginny Weasley! ¿Cuándo creció y se convirtió en esa... esa... mujer? Harry se aclaró la garganta.

— Saldré a caminar — dijo casualmente. Los otros hicieron ruidos evasivos y Harry supo que no lo echarían mucho de menos.

— ¡Espera, Ginny! — él llamó.

¿Quién necesitaba una Slytherin?