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Bad Medicine — capítulo 17
BAD MEDICINE
ENLACE AL FIC ORIGINAL:
**AUTOR:**Cheryl Dyson.
TRADUCCIÓN: Meliza Malfoy
BETA: Bellatrix_2009
**DISCLAIMER:**Harry Potter y todos sus personajes pertenecen a JK Rowling. No se ha ganado dinero ni se ha violado ningún copyright con este trabajo, la trama pertenece única y exclusivamente a Cheryl Dyson, sólo la traducción es de nuestro grupo.
RESUMEN: Draco Malfoy, dechado de maldad, sigue a Hermione Granger un día a una sección no utilizada de Hogwarts y descubre su secreto indecible... Oh sí, y la escena del cementerio general no fue así. Cedric Diggory está vivo. Porque yo lo digo.
CAPITULO 17
Hermione procuró evitar a Draco en los siguientes días. Tomaba sus comidas en la sala común, comentándole a Harry y los otros que tenía que estudiar, pasó gran parte de su tiempo enterrada en los libros frente al fuego de la chimenea de Gryffindor. Evitó la biblioteca, aunque tuviera que buscar algo. Por lo general enviaba a Neville o a Ginny para que le trajeran algún tomo específico. Afortunadamente Ginny no comentó nada sobre sus recién descubiertas tendencias de estudio.
Las clases eran la peor tortura. Ella sobrevivía procurando llegar en el último minuto y huyendo tan pronto como terminaba la clase. Evitó todos los intentos de Draco por atrapar su mirada. Rodeó todos los rincones en los que él pudiera estar ocultándose. Él llegó tan lejos como para lanzarle descaradamente una nota sobre su mesa en la clase de Herbología, pero ella la agarró inmediatamente y la incineró sin leerla.
Harry la dejó tranquila, pero Ron notó su nervioso comportamiento con perplejidad.
—¿Qué demonios te pasa? — le preguntó una noche. —Por lo general, tienes la cabeza enterrada en un libro, pero esto es ridículo. ¡No nos acompañas a visitar a Hagrid, sales corriendo de la mitad de nuestras clases como si tu falda estuviera en llamas, y te escabulles por los pasillos como si fueras una maldita acromántula! Casi no comes… Mírate. Te estás consumiendo.
—Déjalo, Ron — le advirtió Harry.
—No, no voy a dejarlo, ¿que está mal con ella de todos modos?— Miró a Harry y a la espalda de Hermione con ojos entrecerrados. — Maldición, tú lo sabes, ¿verdad? ¿Qué tan malo puede ser ese secreto que me lo tienen que ocultar?
Harry se encogió de hombros. Hermione bajó la mirada, incapaz de mirarlo a los ojos.
—Bueno, vamos. Déjenlo correr o... Saldré de aquí y nunca más hablaré con alguno de los dos en mi vida.
—Hermione está enamorada — dijo Harry inexpresivamente. Ella abrió la boca para reclamarle pero recordó que él no le había jurado guardar el secreto. Y realmente era injusto no decírselo a Ron. Excepto que Ron no sería tan comprensivo como Harry, ya que él odiaba a Malfoy con una pasión profunda y permanente.
Ron se dejó caer al lado de Hermione.
—¿Es una broma?
Ella lo miró.
—¿Es tan difícil de imaginar?— ella exigió.
Ron tosió.
—Ehh... no, es sólo que... ¿Es Viktor Krum?
Hermione negó con la cabeza. Apenas había pensado en Krum desde su regreso a Durmstrang.
—¿Alguien en Hogwarts?— preguntó Ron.
Hermione asintió. Ron miró hacia Harry con los ojos entrecerrados.
—Es alguien a quien apruebo, o ya me habrían dicho algo a estas alturas. O Harry lo habría hecho.
Hermione se sonrojó y Harry asintió con gravedad.
—¿Es Harry?
Ambos se quedaron boquiabiertos y luego se miraron el uno al otro. Hermione se echó a reír.
— ¿No aprobarías que ella estuviera enamorada de mí?
Ron se sonrojó.
—Bueno, yo no lo... desaprobaría, exactamente. Quiero decir, es solo que, el que ustedes estén enamorados sería... — Él frunció el ceño. —Francamente, sería un poco extraño.
—No temas — dijo Harry bruscamente. —Ella no está enamorada de mí.
—Me imagino que no se trata de mí, así que supongo que es... un Ravenclaw. ¿Terry Boot? ¿Chambers? ¿Carmichael?
Sus conjeturas eran tan idénticas a las de Harry que ella sólo atinó a quedarse mirándolo con asombro.
—¿No? ¿Un Hufflepuff, entonces? ¿Cedric Diggory? Todo el mundo piensa que es un buen partido desde el Torneo de los Tres Magos, saben. Incluso Ginny le anda echando miraditas. ¿Zacarías Smith?
—Es Draco Malfoy — dijo Harry, aparentemente incapaz de soportar el suspenso por más tiempo.
Hermione se estremeció y esperó a que llegara la explosión.
—En serio — dijo Ron. — ¿Quién es?
Les tomó otros quince minutos convencer a Ron de que no estaban bromeando. Para entonces Hermione estaba casi al borde de las lágrimas y el cabello de Harry estaba mucho más desaliñado que de costumbre. Ron, sorprendentemente, ni siquiera gritó. Se quedó sentado en el sofá y repetía dos palabras continuamente hasta que a Hermione le entraron ganas de gritar.
—Draco Malfoy... Draco… Malfoy... Draco Malfoy...
—Ron, te voy a petrificar y a llevarte a la cama si no lo asimilas, acaba de una vez con eso — ella lo amenazó finalmente.
—Pero, ¿cómo sucedió? — preguntó con una mirada. —¿Él te hechizó? O te dio una poción de amor o...
Ella deseó poder utilizar como defensa la historia de la poción de amor. Al menos Ron podría perdonarla por eso. Pero ella negó con la cabeza.
—Acabó sucediendo, Ron. Yo no lo esperaba y no lo quiero. Él no me quiere, como te puedes imaginar, por lo que he estado evitándolo. Con el tiempo lo superaré.
Ron dejó escapar un suspiro de alivio.
—Bueno, eso es la primera cosa inteligente que he escuchado en los últimos minutos. Buen plan. Solo debes quedarte aquí todo el tiempo que tardes en superar al gilipollas ese — Él extendió la mano y le acarició la suya amablemente. —Tal vez Harry pueda arreglarte una cita con Cedric Diggory.
—Creo que voy a tratar en un problema a la vez, si no te importa, Ronald — dijo Hermione secamente.
Ron podría haber pensado en un buen plan, pero su autoexilio la llevó a casi volverse loca después de un tiempo. Sentía que las paredes de la torre de Gryffindor comenzaron a acercarse a ella. Una noche, se despertó después de tener una pesadilla en donde Draco gritaba su nombre.
Se incorporó y trató de quitar el cansancio de sus ojos frotándolos. Sabía que no se dormiría otra vez, así que se levantó y se colocó sobre su camisón la túnica de la escuela. Ella le había regresado la capa de invisibilidad a Harry después de su última incursión a la enfermería. Bajó de puntillas las escaleras hacia la sala común y contempló con anhelo el agujero del retrato, finalmente salió.
La Señora Gorda la reconoció.
—¿No te parece un poco tarde para visitar a tu novio?— preguntó ella con un bostezo.
—Me quedé dormida — mintió Hermione. —Probablemente no me espera más, pero tengo que comprobarlo.
—Por supuesto que sí. Vete ya — dijo la señora gorda con un gesto cansado.
Hermione se fue, caminando lentamente a su habitación secreta, con la seguridad de que Draco estaría profundamente dormido en ese momento. Lo más probable es que la despreciara ahora, de todos modos, después de la forma en que ella lo había tratado.
Se detuvo frente a la larga fila de ventanas y miró hacia afuera. Estaba nevando. Enormes copos bloqueaban la visión del exterior. El pasillo hubiera estado también oscuro, pero la calidad reflexiva de las nubes de nieve recogía las luces de Hogwarts y la regresaba como un extraño y tenue resplandor.
Hermione respiró sobre el cristal esmerilado, opacando el vidrio. Levantó una mano y dibujó sobre el cristal como lo haría un niño. Una H. Y luego un corazón. Y luego una D. Ella suspiró. Era un sueño tonto. Sintió ganas de llorar, pero ya había llorado bastante en su cama durante la noche como para llenar el lago.
—¿Finalmente decidiste salir de tu exilio?— preguntó una voz detrás de ella, sobresaltándola. Ella gimió y presionó la frente contra el cristal, dándole la bienvenida a la frialdad del vidrio para que enfriara el calor que de repente la llenó.
—Por favor, vete — ella susurró.
Draco resopló.
—Ni lo pienses. He estado vigilando este corredor durante cuatro noches seguidas. He dormido solo veinte minutos cada noche. Como te puedes imaginar, no estoy de muy buen humor.
—Bueno, entonces ya somos dos — replicó ella.
Él la hizo girar para que lo mirara.
—No puedes evitarme para siempre.
—Puedo intentarlo.
—¿Me estás diciendo que no quieres volver a verme nunca?
—¿No es obvio? Y tú dices que Ron es bruto.
—No me compares con Weasley — Draco advirtió. —Ya te he dicho que no sabes mentir.
—¡No estoy mintiendo!— Hermione explotó. — ¡No quiero volver a verte! — Sus manos se cerraron fuertemente en puños. — ¡Nunca! ¿Entiendes?
—No, no lo entiendo. Dime por qué.
Sus palabras sonaban perfectamente tranquilas. Ella luchó contra su efecto adormecedor.
—¿Sabes por qué? Porque no me amas. Debido a que no puedes amarme y yo no puedo amarte. Todo esto que empezamos se ha vuelto un gran fiasco que no puedo controlar. ¡Tengo que librarme de ti! ¿No te das cuenta? ¡Necesito ser libre! — Ella dio un paso hacia adelante para que él pudiera ver las lágrimas que brillaban en sus ojos. Extendió la mano y agarró la capa del Slytherin con manos desesperadas. Era difícil estar tan cerca de él, para poder mirarlo directamente a los ojos y decir sus siguientes palabras, ella tuvo que hacerlo. —Por favor, Draco, tienes que dejarme ir. Prométeme que nunca me verás de nuevo. ¡Prométemelo!
Él se acercó más y colocó sus manos sobre sus apretados puños y los agarró con fuerza.
—¿Quién te dijo que no te amo?— preguntó en voz baja.
Era lo último que esperaba oír de él. Sus lágrimas se liberaron y el soltó una de sus manos para llevarla hasta sus labios. Ella se aferró a él, impotente, incapaz siquiera de formular una respuesta a su pregunta. Él la besó con pasión hasta que ella tuvo que luchar por respirar. Él finalmente soltó su boca solo el tiempo suficiente para hacerle una pregunta.
—¿Todavía quieres que te deje?
—Sí.
Él la besó de nuevo, magullando sus labios, castigándola, su lengua se abrió camino dentro de su boca, enviando ondas de placer a través de su cuerpo. Sus manos se deslizaron por su espalda desde los omóplatos hasta la columna vertebral, presionándola con fuerza contra él. Sus sentidos se tambalearon y su corazón latía rápidamente. Sus labios dejaron los de ella y recorrieron un camino ardiente desde su cuello hasta el hueco de la clavícula. Su lengua la acarició suavemente. Ella se estremeció y respiró hondo, tratando de luchar contra la avalancha repentina de deseo.
—¿Todavía quieres que te deje?— preguntó de nuevo.
Ella gimió, incapaz de responder. Su boca dejó su clavícula y se movió más abajo. Ella de pronto se dio cuenta que él no se detendría hasta que obtuviera la verdad.
—¡No, maldita sea! No quiero que me dejes. ¡Ni ahora ni nunca! ¿Estás satisfecho? — dijo sin aliento.
El agarre de Draco se relajó un poco. Sus labios todavía se cernían sobre el escote de su camisón. Él arrancó uno de los botones con sus dientes, levantó la cabeza, y mordió su hombro antes de mirarla con el brillo de la malicia atravesando sus ojos de plata.
—No, no estoy muy satisfecho — dijo y la besó de nuevo. Ella se estaba ahogando y se dio cuenta que no le importaba. Cuando ella lo tenía tan cerca, haciendo lo que estaba haciéndole en ese momento, ella no podía pensar con claridad. Lo único que podía hacer era sentir y lo que sentía ahora... estaba tan increíblemente bien... Ya se preocuparía mañana, ella decidió. Esta noche iba a estar con Draco y dejar que todo lo demás se fuera al infierno. Él era su verdugo y ella le dio la bienvenida.
—Quiero bailar contigo— le dijo en su oído. Ella lo miró aturdida, sobre todo después de que él le había arrancado dos botones más de su vestido y ella más bien esperaba que siguieran adelante. Ella miró hacia la habitación con el fonógrafo.
—No, aquí — él le dijo, y empezó a cantar. Su voz era mágica y la jaló para comenzar un baile lánguido y dulce, mientras la nieve caía centelleando en el exterior. Él recordó cada palabra de Bon Jovi en la canción "Me muero por ti" y cantó sin problemas mientras bailaban. Si ella pensaba que lo amaba antes, la sensación era nada comparado con lo que sentía cuando él terminó de cantar. Ella no podía detener las lágrimas que caían, ahora se admitía a sí misma que no quería vivir sin él.
Se detuvo y se limpió las lágrimas de sus mejillas con los pulgares.
—No sé cómo sucedió, pero te amo — él le dijo y la besó tiernamente.
Pansy Parkinson los observaba desde las sombras al final del pasillo. Lágrimas de rabia le escocían los ojos y sus uñas se clavaban tan fuertemente en las palmas de sus manos que ella pensaba que muy pronto sangrarían.
Ella había estado observando a Draco concienzudamente desde el incidente en el partido de Quidditch. Se había sentido aliviada cuando Hermione no había aparecido en la enfermería. Había sentido una inmensa satisfacción al ver que Hermione evitaba a Draco una vez que él regresó a clases, aunque su sangre hervía ante el recuerdo de la angustia que sintió Draco. Había actuado como un hombre poseído. Había caminado de un lado al otro en la sala común constantemente y tratado a Crabbe y Goyle con más saña que la de costumbre, maldiciéndolos por cada molestia percibida. Pansy casi había sido ignorada por completo.
Cada noche, desde su recuperación él había desaparecido, lo que provocó que ella lo siguiera. Ella había estado más que aliviada por haberlo encontrado vagando por los pasillos solo y se había preguntado cuantas noches más planeaba continuar con su vigilia.
Hasta esta noche, cuando sus peores miedos se habían presentado. Los observó danzar, todavía sin poder creer lo que sus ojos le mostraban. Draco estaba cantando. Nunca se hubiera imaginado que él cantara, mucho menos que él lo haría. Ella quería hacerle daño a los dos. Quería tomar su varita y lanzarles un Crucio hasta que no se pudieran mover, hasta que le pidieran clemencia.
No sería suficiente. Ella juró vengarse. Y entonces, de repente ella supo cómo conseguirlo.