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Bad Medicine — capítulo 16
BAD MEDICINE
ENLACE AL FIC ORIGINAL:
**AUTOR:**Cheryl Dyson.
TRADUCCIÓN: Meliza Malfoy
BETA: Bellatrix_2009
**DISCLAIMER:**Harry Potter y todos sus personajes pertenecen a JK Rowling. No se ha ganado dinero ni se ha violado ningún copyright con este trabajo, la trama pertenece única y exclusivamente a Cheryl Dyson, sólo la traducción es de nuestro grupo.
RESUMEN: Draco Malfoy, dechado de maldad, sigue a Hermione Granger un día a una sección no utilizada de Hogwarts y descubre su secreto indecible... Oh sí, y la escena del cementerio general no fue así. Cedric Diggory está vivo. Porque yo lo digo.
CAPITULO 16
Ella corrió todo el camino hacia la enfermería. Se había obligado a esperar a que todo el mundo estuviera dormido antes de huir de la torre de Gryffindor.
Mientras abría la puerta silenciosamente, reflexionó sobre la cantidad de veces que había pasado por la enfermería. Por lo general, para visitar a Harry, quien había estado en la sala del hospital más que nadie. Atacado por Quirrell/Voldemort, por dementores, mordido por un basilisco, con los huesos de sus brazos removidos por un profesor ególatra... la lista parecía interminable.
Las cortinas habían sido corridas alrededor de las camas para mantener la privacidad de los pacientes, pero la sala parecía casi desierta. Sólo otras tres camas estaban ocupadas y se encontraban muy distanciadas. Detrás de la segunda cortina se encontraba Draco.
Tan pronto como vio la cabeza platinada sobre la almohada, se arrojó sobre él y lo abrazó con fuerza. Se tumbó a su lado y colocó la cabeza contra su pecho para demostrarse a sí misma que su corazón seguía latiendo.
— ¿Mi? — ella escuchó y levantó su cabeza.
— Gracias a Dios — murmuró. — ¡He estado tan preocupada!
Ella plantó sus labios sobre los suyos como si pudiera darle a él su fuerza vital a través de un beso. Cuando ella lo dejó en libertad, él le dijo.
— Te he echado de menos esta tarde.
—Habría estado aquí si pudiera. Casi vine, de todos modos. Sólo que no quería hacerlo sin tu... consentimiento.
—Ahora estás aquí. — él cerró sus ojos y suspiró. Parecía muy cansado.
—Ahora estoy aquí — ella estuvo de acuerdo y apoyó la cabeza en su pecho otra vez. Podía sentir el latido de su corazón, lento y constante, debajo de su mejilla.
—Creo que me drogaron para ayudarme a dormir. Todo se siente tan confuso. Madame Pomfrey logró sanar mi cráneo, pero un especialista de San Mungo estará aquí mañana para asegurarse de que no tengo ningún daño cerebral.
Hermione levantó la cabeza y lo miró con malicia. Le quitó las mantas lentamente para dejar al descubierto su camisa de dormir.
—¿Qué estás haciendo? — le preguntó mientras ella comenzaba a deshacerse de los botones. Comenzó a besar la piel que dejaban al descubierto sus manos, cada vez que soltaban un botón. Se quedó sin aliento cuando ella llegó a su ombligo y metió su lengua en él.
—No creo ser lo suficientemente fuerte para esta tortura — protestó él con voz ronca. Ella se rió y se deslizó hasta apoyar la cabeza sobre su pecho otra vez. El latido de su corazón ya no era lento.
—No encuentro nada malo en tus respuestas físicas — dijo con naturalidad.
—Oh, ¿así que eso fue sólo una prueba? — le preguntó.
—Por supuesto. Muy clínica. No ha tenido ningún efecto en mí, en absoluto.
—Entonces, ¿por qué tiemblas?
—¿Cómo es que siempre sabes cuando estoy mintiendo?
—¿Porque eres la peor mentirosa que he conocido? — sugirió.
—No, eso no puede ser.
Ella suspiró feliz, se acurrucó aún más cerca de su cuerpo y pronto se quedó dormida con las manos del rubio enredadas en su pelo.
Se despertó con un grito ahogado, parcialmente consciente de que algo la había sobresaltado. Durante un momento desconcertante, no tenía ni idea de dónde estaba. Ella levantó la cabeza y la conciencia de su entorno regresó con una sacudida.
¡Dios mío! ¿Si alguien hubiera tratado de comprobar cómo estaba Draco durante la noche? La capa de invisibilidad sólo la cubría en parte. Ella miró por la ventana. La débil luz del alba estaba tiñendo el horizonte. Tenía que volver a la torre Gryffindor.
Se sentó e hizo una pausa para lentamente separar los dedos de Draco de su cabello. En el momento que soltaba la última hebra de su cabello se dio cuenta que él ya estaba despierto. Una sonrisa de satisfacción curvó sus labios.
—Gracias por quedarte — murmuró.
—Volveré esta noche, si todavía estás aquí — prometió.
—Voy a contar los minutos.
Ella se rió sin humor.
—No, no lo harás. Tendrás a Pansy para tomar mi lugar. — Ella se llevó una mano a la boca, asombrada por el veneno que se vislumbraba en su voz.
— ¿Estás celosa de Pansy?— el rubio sonaba incrédulo. Ella se puso en pie y se sacudió la capa de invisibilidad.
— ¿Estás sorprendido? — preguntó ella con amargura. — ¡Sí, estoy celosa! Estoy celosa de cada instante que ella pasa contigo. Cuando la veo sentada junto a ti en el desayuno, quiero acercarme y arrancarle el cabello de la cabeza. Cuando la veo agarrando tu mano en el patio, quiero convertirla en una horklump. La aborrezco, porque puede estar contigo a la luz del día, en los pasillos, en las aulas, y yo sólo puedo estar contigo en secreto, en la oscuridad, imper... ceptible —. Se aferró a la capa. —Y, sin embargo, no puedo odiarla completamente. No puedo odiarla por amarte, porque no la culpo por eso. Entiendo cómo se siente. — Ella respiró hondo y continuó en voz baja: —Ya ves... también te amo.
La expresión de Draco era de shock puro. Hermione se puso la capa de invisibilidad y huyó.
Mantuvieron a Draco en la enfermería durante los próximos tres días, aunque Hermione podía atestiguar el hecho de que él estaba bastante bien. Las dos noches ella se escabulló para estar con él y la última noche ella apenas escapó con su virtud intacta. El modesto camisón de franela que llevaba bajo el manto no fue tan modesto después de que su mano se deslizó bajo el dobladillo y acarició un camino en su muslo hasta ahuecar su trasero. Durante todo ese tiempo sus labios hicieron estragos en sus sentidos, ya que se burlaban y saboreaban su boca en una sinfonía de placer. ¡Casi no podía creer las cosas que él podía hacer con su lengua! Gracias a Dios que había lanzado un hechizo de silencio alrededor de su cama para que pudieran hablar o seguramente los otros residentes de la enfermería se habrían despertado por culpa de sus gemidos de placer.
Se sentía como una estúpida criatura de pura pasión, sintiendo que alternativamente se quemaba o se congelaba, mientras sus manos acariciaban su piel. En ese momento ella se dio cuenta de que su camisón estaba agrupado completamente debajo de sus pechos y que las manos de Draco estaban entrando en territorio peligroso. En cuatro segundos más no habría vuelta atrás…
Enfocando toda la fuerza en sus extremidades se empujó lejos de él. Ella se golpeó en el suelo con tanta fuerza que se lastimó la cadera y sus dientes se cerraron con un chasquido alrededor de su lengua. Lo miró fijamente, jadeando y degustando su propia sangre.
Él se sentó y la miró.
—Pensé que me querías — le dijo con voz ronca. Sonaba tan parecido al viejo Draco que ella jadeó ante la brutalidad de sus palabras. Se puso de pie.
— ¿Cómo te atreves a utilizar eso en mi contra? — dijo entre dientes.
Él se dejó caer sobre la almohada y pasó una mano por su cabello plateado con un suspiro de frustración.
—Lo siento.
Ella se cruzó de brazos y lo miró desafiante.
—Lo digo en serio. No debería haber dicho eso. Yo sólo... te quiero tanto. Esto me está volviendo loco, tengo miedo — dijo. Tendió una mano hacia ella. — ¡Vuelve aquí!.
Ella retrocedió con cautela.
—Tengo que irme.
Él se sentó de nuevo.
—En serio, Mi. Lo siento mucho. — Al ver que no se movía, sacó las piernas por el borde de la cama, preparado para levantarse. —No hagas que te persiga.
—Estoy segura de que casi no puedes caminar, después de estar tres días en la cama — le dijo ella de manera práctica, pero dio unos pasos más atrás.
—Entonces, me caeré y será tu culpa.
Él puso sus manos sobre la cama para empujarse y poder levantarse y ella levantó una mano en protesta.
— ¡Quédate ahí!
—Ven aquí o lo haré.
—No puedo. ¡No puedo confiar en mí misma cuanto estoy a tu alrededor! Si me tocas otra vez me voy a desmoronar completamente. — Se aferró con fuerza a la capa en señal de necesidad, agrupándola frente a ella como un escudo. — ¡Ya ni siquiera sé quién soy! En todo lo que puedo pensar es en ti. ¡Me he convertido en una estúpida esclava!
Draco hizo un sonido desaprobatorio.
—Estúpida, lo dudo. Estás pensando constantemente — le dijo.
— ¡Bueno, uno de nosotros tiene que hacerlo!
— ¿Por qué? — exigió. — ¿Por qué no puedes aceptar lo que ha pasado entre nosotros?
— ¿Qué es exactamente lo que ha pasado entre nosotros, Draco? ¡Ni siquiera podemos ponerle un nombre a nuestra relación! Estúpidamente me he permitido enamorarme de ti a pesar de que sé que esto sólo me puede conducir a la angustia y tú... bueno, No tengo ni idea de lo que sientes por mí, aparte de un caso más que evidente de lujuria. ¡A veces pienso que sólo me quieres para dormir conmigo para curarte de esta maldición no deseada de deseo que sufres! — Tan pronto como las palabras salieron de sus labios Hermione contuvo el aliento horrorizada. Draco se quedó en silencio, lo que le dio una credibilidad atroz a sus palabras. Se sintió de pronto, miserablemente estúpida.
— Finite Incantatum — se atragantó al terminar el hechizo de silencio.
—Mi —comenzó Draco.
— ¡No me llames así! — dijo entre dientes y salió corriendo antes de que las lágrimas empezaran a salir.