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Bad Medicine — capítulo 2
BAD MEDICINE****ENLACE AL FIC ORIGINAL: www. fanfiction s/3430175/1/Bad-Medicine
**AUTOR:**Cheryl Dyson.
TRADUCCIÓN: Grupo Traducciones Lagrimas del Fenix - Meliza Malfoy
BETA: Bellatrix_2009
**DISCLAIMER:**Harry Potter y todos sus personajes pertenecen a JK Rowling. No se ha ganado dinero ni se ha violado ningún copyright con este trabajo, la trama pertenece única y exclusivamente a Cheryl Dyson, sólo la traducción es de nuestro grupo.
**RESUMEN:**Draco Malfoy, dechado de maldad, sigue a Hermione Granger un día a una sección no utilizada de Hogwarts y descubre su secreto indecible... Oh sí, y la escena del cementerio general no fue así. Cedric Diggory está vivo. Porque yo lo digo.
CAPITULO 2
Se había olvidado por completo de la clase de Pociones. No de la clase en sí, por supuesto, sólo del hecho de que Hermione Granger se sentaba directamente frente a él a través del pasillo. Se había dado cuenta de este hecho con molestia en varias ocasiones, es decir, siempre que sus pociones sobresalían un poco más que las suyas, o resplandecían con más efervescencia de manera perfecta, que era lo usual. Pero él nunca, alguna vez antes había observado que cuando se sentaba sus túnicas escolares se abrían para revelar la falda negra plisada que casi le cubría las rodillas, excepto cuando cruzaba las piernas de esa manera particular, causando que la falda se deslizara peligrosamente hacia arriba del muslo para exponer mucha más carne de la que hubiera esperado ver en la sabihonda señorita Granger.
El Profesor Snape, gracias a Dios, era un manojo serpentino de gozo y estaba de un humor pintoresco para caminar a grandes zancadas por la habitación golpeando con su varita en varios calderos mientras lanzaba siseantes amenazas y les reducía puntos a los Gryffindor, así que Draco estaba agradecido de la distracción de su indigna vecina. La poción asignada era endiabladamente difícil también, así que Draco se concentró con todo su ser en medir exactamente la cantidad correcta de horklump en su caldero con la pequeña cuchara de plata. Todo iba muy bien hasta que el dugbog encurtido de Weasley se deslizó entre sus dedos y cayó al suelo cerca de los pies de Draco.
Hermione suspiró y lo trató de alcanzar. Los ojos de Draco se encontraron con los de ella por un momento sorprendido e instintivamente dio una patada al dugbog hacia la parte delantera de la sala. Él no quería que ella lo tocara de alguna manera, aunque sea accidentalmente. Ella lo miró fijamente mientras se levantaba de su asiento.
—Eres un imbécil, Malfoy —dijo entre dientes. Él sonrió perezosamente y vio como ella rápidamente cogía el dugbog.
—¿Por qué está fuera de su asiento, señorita Granger? —Preguntó Snape maliciosamente.
—Se me cay… —empezó a decir.
—Creo que ella estaba espiando la poción de Blaise, profesor —dijo Draco casualmente.
Hermione giró y le dio una mirada venenosa que hizo que Draco casi se riera en voz alta. Ella no era tan bonita cuando se veía como si quisiera desollar la piel de sus huesos con las manos desnudas.
—¿En serio? Veinte puntos menos para Gryffindor. Permanezca en su asiento, señorita Granger.
Hermione se dejó caer en su asiento y le devolvió el dugbog a Ron, quien la miró con disculpa. Su mandíbula se puso tensa y sus labios estaban casi blancos. Lanzó una última mirada mordaz a Draco, quien sonrió. Él siempre había disfrutado atormentando a Granger, pero ahora era personal. Él necesitaba ajustar cuentas con ella por inducirlo a pensar acerca de ella de esa manera. Su rabia era como un bálsamo para su alma y él se deleitaba con la monotonía habitual de la misma. La odiaba, lo odiaba. Todo estaba bien.
Ella salió volando fuera de la habitación después de la clase y los otros dos lémures la siguieron. Ambos dirigieron miradas enojadas en dirección a Draco, pero como siempre los dos eran demasiado cobardes para comenzar algo en presencia de Snape. Draco salió divertido.
Por la tarde, una vez más se encontró sentado en la sala común de Slytherin viendo a Crabbe y Goyle jugar a un juego aburrido de tablas. Ni siquiera se molestó en llevar la cuenta porque ninguno de ellos era especialmente bueno con los números. Pansy Parkinson se había acurrucado bajo el brazo de Draco y se quedó dormida. Warrington y Montague estaban practicando algún hechizo con sus varitas, que estaba emitiendo un resplandor rosáceo irritante.
Draco se encontró dejando vagar su mente. Se preguntó si la vista del lago desde el pasillo desierto estaba mucho mejor hoy. Tal vez la lluvia había disminuido. Distraídamente se secó el sudor de sus manos y ubicó a la durmiente Pansy en otra parte. Su interés era puramente escénico. No tenía ninguna intención en buscar alguna habitación oscura, ocupada o de otra manera. De hecho, el largo corredor sería el lugar perfecto para practicar algunos hechizos sin interrupción. Había estado tratando de ampliar el alcance de su hechizo flama. Hasta ahora sólo podía encender las cosas desde una distancia de tres pies. Él necesitaba extender el alcance a por lo menos diez o doce metros con el fin de usarlo contra Potter o Weasley. O Granger.
En poco tiempo, se encontró caminando por el pasillo. Se obligó a mirar por la ventana para encontrar la vista bastante idéntica a la del día anterior. Húmedo y sombrío. Hizo unos cuantos pases superficiales con el hechizo Flama, murmurando el hechizo en voz baja haciendo el menor sonido posible. Su corazón simplemente no estaba en ello y lo dejó en breve. Antes de que pudiera detenerse, había presionado el oído a la puerta. La puerta que juró no abriría bajo ninguna circunstancia. No oyó nada y suspiró. Fue un suspiro de alivio, se dijo rápidamente. La habitación estaba vacía. De hecho, ¿no sería mejor practicar sus hechizos en el interior, donde nadie lo interrumpiría?
Así que decidido, abrió la puerta y entró. Después de un momento sin aliento, se dio cuenta que la habitación realmente estaba desierta. Entró y lanzó un Lumos. Un fonógrafo antiguo estaba de pie en una mesa desvencijada en una esquina. Junto a ella estaba la caja que Hermione había traído el día anterior. Estaba llena de cuadrados grandes. Levantó uno y un disco negro se deslizó hasta la mitad de la cubierta. Discos, pensó. Él miró la foto en el frente y le pareció extraordinariamente extraña. Había una foto de cuatro hombres con una gran cantidad de pelo rizado, pero ninguno de ellos se movía. Parecían congelados.
Draco examinó algunos otros. Ninguna de las fotos se movió en absoluto, y no estaba familiarizado con los nombres de los álbumes. Pat Benatar. Billy Idol. U2. Bon Jovi. Dejó caer los fonógrafos extraños y se volvió para irse, pero un movimiento le llamó la atención. ¡La puerta se abría! Apagó su varita y se deslizó rápidamente hacia un rincón de la habitación, lejos del fonógrafo.
Hermione caminó resueltamente hacia la luz. Su varita se encendió, pero por suerte fue un resplandor tenue y ella no le prestaba atención a nada excepto al fonógrafo. Arrancó un disco negro de la pila que Draco había examinado y lo colocó sobre la máquina. Entonces ella guardó su varita y se quitó las ropas. Las dobló y las puso en el suelo junto a la mesa. Llevaba las mismas polainas negras como ayer con una camisa blanca. Draco contuvo el aliento cuando ella se quitó la camisa y la tiró con la tunica. No había corbata hoy, se dio cuenta, pero la parte superior se ajustaba a su forma y estaba en su lugar.
Se quitó los zapatos y comenzó a hacer girar el aparato. Cuando giró con fuerza, colocó la aguja. Después de un momento, un estridente y fuerte grito vino de la nada, casi provocando que Draco temblara. Hermione caminó hacia el centro de la habitación con poca luz otra vez. Una vez más, se puso a bailar. Esta vez, Draco realmente podía distinguir las palabras y se encontró golpeando ligeramente un dedo del pie al ritmo penetrante.
Hermione cantaba y le complacía observar que tenía una voz simplemente terrible. Su baile, sin embargo, era fascinante. Su pelo era una cortina de hilo hoy y parecía una leona al acecho. En un momento echó la cabeza hacia atrás y sus manos acariciaron sus caderas y subieron más y más alto para descansar cerca de sus pechos antes de que ella echara la cabeza hacia abajo con los brazos extendidos. Draco se quedó boquiabierto.
Las cejas de Draco se levantaron con el texto de la canción. Podía imaginarse que ella lo besaba para un adiós. Justo antes de que ella lo golpeara con un Avada Kedavra. Sonrió y miró. Para su regocijo, tocó la canción de nuevo, ya que estaba empezando a gustarle. Un par de otras canciones siguieron y bailó hasta que estuvo bañada en sudor. Recogió sus cosas y se echó la túnica encima de todo. Salió sin ceremonia y Draco se imaginó que estaba en camino de meterse en un baño caliente. La idea le hizo tragar saliva y se dio cuenta que en realidad no necesitaba esa imagen para atormentarlo durante toda la noche.