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Bad Medicine — capítulo 3

BAD MEDICINE

**ENLACE AL FIC ORIGINAL:**www.fanfiction.net/s/3430175/1/Bad-Medicine

**AUTOR:**Cheryl Dyson.

TRADUCCIÓN: Grupo Traducciones Lagrimas del Fenix - Marlenee Malfoy

BETA: Bellatrix_2009

**DISCLAIMER:**Harry Potter y todos sus personajes pertenecen a JK Rowling. No se ha ganado dinero ni se ha violado ningún copyright con este trabajo, la trama pertenece única y exclusivamente a Cheryl Dyson, sólo la traducción es de nuestro grupo.

RESUMEN: Draco Malfoy, dechado de maldad, sigue a Hermione Granger un día a una sección no utilizada de Hogwarts y descubre su secreto indecible... Oh sí, y la escena del cementerio general no fue así. Cedric Diggory está vivo. Porque yo lo digo.

CAPITULO 3

Observar a Hermione se convirtió en el nuevo hábito de Draco. Todas las tardes iba a la deriva hasta el corredor desierto. A veces, ella estaba allí y a veces no. Si no era así, Draco volvía a la sala común de Slytherin e intimidaba a Crabbe y Goyle sin piedad, sin poder explicar su humor cruel. Una vez ella casi lo atrapó. Estaba deambulando por el pasillo fenestrado y escuchó sus pasos detrás de él. Se arrojó detrás de la estatua de un león golpeándose la rodilla fuertemente en el proceso. Él murmuró una maldición mientras caminaba. Fue un milagro que ella no lo hubiera oído.

Maldiciéndola por el dolor en su rodilla, estuvo a punto de no ingresar en la habitación para verla, pero el canto de la sirena era demasiado fuerte. Por suerte para él, su rutina era esporádica o sus amigos comenzarían a sospechar de sus desapariciones. Draco se preguntó cómo Granger estaba explicando su ausencia a los otros dos lémures, pero luego se dio cuenta que su sesión de ejercicio a menudo coincidía con las sesiones de entrenamientos de Quidditch de Gryffindor, lo que hizo mucho más fácil planificar sus misiones de espionaje.

Draco observaba como El Trío de Oro estaba en la biblioteca realizando los deberes de Astronomía.

Hermione levantó la vista del tomo polvoriento que estaba leyendo: La Higiene del Goblin — ¿Dónde salió mal? Por casualidad vio a Draco a través de la biblioteca. Él la miraba con esa exasperante media sonrisa suya. Ella le dio una mirada a medias. Su sonrisa se curvó en una sonrisa real, pero sus ojos no brillaron con el odio puro que normalmente percibía en él. En cambio, él la miró como si compartieran un secreto, como si supiera algo malo acerca de ella.

Ella se sonrojó de pronto, pensando en sus sesiones de entrenamiento. ¡Él no podía saber eso! Calmó su pánico momentáneo con la racionalización severa. Si Draco supiera su secreto, él tendría a toda la casa Slytherin ridiculizándola. ¡Probablemente habría impreso botones que se burlaban de ella!

Ella lo miró de nuevo y lo encontró todavía observándola a través de sus ojos entreabiertos. No, era más probable que estuviera tramando algo.

—Draco se trae algo entre manos —le dijo a Ron, que estaba sentado a la mesa con ella. —¡No te des vuelta!— dijo entre dientes. Ron se animó; mucho más interesado en un posible complot de Malfoy que en la tarea de estudio.

—¿Por qué dices eso? —preguntó con suavidad. Harry, junto a Ron, echó un vistazo a Malfoy y la miró inquisitivamente. Draco había estado notablemente ausente últimamente, pero por el maltrato habitual de insultos en el campo de Quidditch, mencionó.

—Él siempre me está mirando—, admitió Hermione. —Tiene que estar tramando algo.

—Tal vez el gilipollas por fin se ha dado cuenta de que eres una chica —propuso Ron. —Después de todo, es difícil no reconocer los gigantescos melones que brotaron durante el verano—, añadió y señaló con el pulgar el pecho de su amiga. Harry tosió para disimular una sonrisa.

—¡Ron! —ella se quedó sin aliento y las mejillas se le tiñeron de rojo. —¡No son gigantescos!

—Bueno, están muy muy notables—, especialmente cuando te pones ese jersey azul borroso.

—¿Este?— le preguntó con malicia y abrió el cuello de su túnica para revelar su pecho envuelto en la tela azul suave.

—Correct… ¡Hermione!— Ron se atragantó con fuerza. —¡Avísale a un hombre antes de revelar algo así! ¡Puede sufrir un ataque al corazón!

Hermione tuvo que reír.

—Sinceramente, Ronald… —empezó a decir, pero se detuvo cuando una mirada a Draco le reveló que ya no le sonreía. De hecho, se sentó rígidamente en su silla y la miró tan venenosamente que casi la dejó sin aliento. Mientras lo miraba, él se puso de pie y salió de la habitación. Ella se mordió el labio mientras él desaparecía por la puerta. Estaba actuando tan extraño. Tendría que mantener un ojo sobre él.

Draco salió violentamente al pasillo. Hervía de rabia. Sacó su varita y consideró lanzar un Incendio a una armadura cercana. En lugar de eso, la golpeó con un hechizo reductor y sintió apenas un atisbo de satisfacción cuando lo redujo hasta el tamaño de una moneda. No fue suficiente. Tenía que destruir algo. Tenía que destruir a Weasley.

Detonarlo todo; ¿Por qué le estaba afectando de esta manera? Estaba actuando como un idiota. Justamente cuando Hermione le enseñó sus pechos a Weasley, Draco sintió de pronto ganas de echar una maldición Cruciatus contra él.

¿Qué demonios le pasaba? ¿Qué le importaba a él si la maldita sangre sucia mostraba sus pechos a los lémures? ¿Qué le importaba si dormía con los dos? ¿Por turnos o juntos? ¡No le importaba! Él tomó una serie de respiraciones estabilizándose y se dirigió a la puerta principal. Necesitaba un poco de aire.

—¡Draco! —Pansy lo llamó desde atrás pero él no se volvió.

Hermione miró a Draco más detenidamente después de eso, estaba muy sorprendida de la frecuencia con que estaba cerca y qué cada cuanto sus ojos estaban sobre ella. Al principio, pensó que debía de estar mirando a Harry o Ron para poder planificar alguna malicia, pero a menudo se presentaba en la biblioteca cuando ella estaba allí sola. En esos momentos, él siempre hacía una pausa para recomendarle algún libro, como Escoria Muggle y Por qué deben ser exterminados? o Cincuenta maneras de cocinar a Nacidos Muggles , así que nunca estuvo particularmente fuera de su personalidad.

Sin embargo, lo encontraba mirándola cuando ella estaba en el patio, o en el exterior cerca del lago, o de camino a clase. Era condenadamente desconcertante.

Una vez Ron, Harry y ella estaban tirados en el pasto estudiando los usos de la cera de las plantas y la verbena en Herbología. El día era inusualmente cálido y todos los estudiantes habían descartado sus ropas escolares y tiraban para arriba las mangas de las camisas. Hermione se quitó la corbata y se desabrochó los primeros botones de su blusa cuando una brisa agradable se originó. Sintió sus ojos en ella y levantó la vista rápidamente para ver a Draco apoyado en un árbol cercano. Su sequito de Slytherin no estaba a la vista por ninguna parte. Él no estaba sonriendo, ni sus ojos brillan con odio efímero. En cambio, él la vio con una mirada tan intensa que la dejó sin aliento.

Sintió un calor explotar instantáneamente de su pecho a su cara. Ella miró hacia abajo confusa. Cuando levantó la vista de nuevo, él estaba caminando.

—Él no me miro de esa manera —murmuró. Tenía que haberlo imaginado. Draco Malfoy nunca la miraría con algo remotamente parecido a la lujuria. Era imposible.

Lo peor de todo eso fue, que una vez que empezó a considerarlo, comenzó a preguntarse si realmente era imposible. Tropezó con él una vez en un pasillo lleno de gente y sus ojos se encontraron por un momento sorprendidos. Sus ojos grises eran pozos sin fondo y el calor de su brazo quedó grabado a fuego en ella donde se tocaron.

—Ten cuidado, sangre sucia —dijo, pero su voz fue un susurro que la acariciaba en vez de cortarla.

Ella corrió hacia el baño y llegaría realmente tarde a clase mientras que recuperaba la compostura. Ron la miró de reojo cuando finalmente se ubicó en su asiento.

—No me siento bien —dijo vagamente. Harry y Ron le dirigieron miradas preocupadas durante el resto de la clase y al final de esta, ella realmente se sentía mal.

¿Cómo podía sentirse atraída por Malfoy? Era absurdo. El hecho de que él fuera deslumbrantemente bello no compensaba el hecho de que era malo hasta la médula. Bueno, no deslumbrantemente guapo, seguro que estaba exagerando. Increíblemente guapo, tal vez, o dolorosamente guapo. Después de evocar y descartar una serie de adjetivos, se amonestó por perder el tiempo tratando de cuantificar el atractivo de Malfoy. ¿Por qué estaba pensando en él después de todo? Cesaría inmediatamente.

Al día siguiente, mientras caminaba a través de un pasillo del claustro, sus ojos fueron atraídos al instante por Malfoy, él estaba sentado en una barandilla de piedra con la espalda apoyada en un muelle de la columna. (Extremadamente guapo, maldita sea) El observaba a Crabbe y Goyle mientras atormentaban a un muchacho más pequeño de tercer año. Malfoy estaba sonriendo. La sangre de Hermione de repente hirvió y ella marchó hasta hacerle frente a Crabbe, cuyo puño estaba torcido en el cuello del niño que luchaba por escapar.

—¿Por qué no te metes con alguien de tu tamaño?— -gritó ella. — ¿Como un rinoceronte negro o un troll?

Crabbe y Goyle, como de costumbre, miraron a Draco, quien saltó a la ligera de su percha y se acercó a ella.

—¿Por qué no tratas de mantener tu sucia nariz de Gryffindor fuera de nuestro negocio, sangre sucia?— -preguntó con suavidad.

Ella lo miró maliciosamente. Él era precioso, admitió para sí misma. El sol en su pálido pelo lo hacía parecer casi blanco y un mechón había caído sensualmente sobre la frente. Sus rasgos cincelados hacían que fuera el de un dios griego y se movía con la gracia de una ágil pantera al acecho. Devastadoramente guapo, pensó, incapaz de contenerse.

Sus ojos plateados eran ilegibles. De repente, le recordaba a un lobo en caza. Hermoso y letal. Él la derribaría sin pensarlo, sin mostrar remordimiento. Sintió un ascenso de peso en su pecho.

—Gracias, Malfoy —dijo con una pequeña sonrisa. Su expresión se volvió reservada.

—¿Por qué?

—Por recordarme lo mucho que te odio —dijo alegremente. En ese momento, se dio la vuelta y se marchó sin darse cuenta que el chico de tercer año seguía atrapado en las garras de Crabbe.

Draco la observó irse y frunció el ceño. Miró a Crabbe, quien sacudió al muchacho una vez más.

—Que se vaya. Granger probablemente se fue a llamar a Dragonogall—, dijo, aunque él dudaba de sus propias palabras. Reflexionó sobre Hermione. ¿Qué había querido decir con eso? Recordó la forma en que ella lo había mirado en el pasillo antes. ¿Conmocionada y qué...?

Él suspiró. Sea lo que sea lo que había pasado, había desaparecido. Su expresión era del mismo odio desdeñoso que le habían mostrado de que ella le dio un puñetazo en su tercer año. Se frotó la mandíbula pensativamente por la memoria. Todavía le debía por ello.

Quiero pedirles disculpas por la tardanza en actualizar las historias, pero es que la bendita vida real me ha tenido secuestrada y no he podido darme tiempo para subir los caps, espero que no vuelva a pasar.