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Bad Medicine — capítulo 4
BAD MEDICINE
ENLACE AL FIC ORIGINAL: www "punto" fanfiction "punto" net /s/3430175/1/Bad-Medicine
**AUTOR:**Cheryl Dyson.
TRADUCCIÓN: Grupo Traducciones Lagrimas del Fenix - Marlenee Malfoy
BETA: Bellatrix_2009
**DISCLAIMER:**Harry Potter y todos sus personajes pertenecen a JK Rowling. No se ha ganado dinero ni se ha violado ningún copyright con este trabajo, la trama pertenece única y exclusivamente a Cheryl Dyson, sólo la traducción es de nuestro grupo.
RESUMEN: Draco Malfoy, dechado de maldad, sigue a Hermione Granger un día a una sección no utilizada de Hogwarts y descubre su secreto indecible... Oh sí, y la escena del cementerio general no fue así. Cedric Diggory está vivo. Porque yo lo digo.
NOTA DE TRADUCCIÓN: Este capitulo va dedicado a Gred-y-Feorge por su cumpleaños el 22 de Marzo y como dijiste que no importaba que sea atrasado aquí esta jejejeje es mejor tarde que nunca.
FELIZ CUMPLEAÑOS
CAPITULO 4
Draco estaba entusiasmado después de la práctica de Quidditch esa misma tarde. Había sido un día perfecto para volar, claro y despejado. Sus mejillas y las orejas aún le ardían a causa del frío. La snitch había sido sorprendentemente fácil de coger y Montague en realidad le había dado unos golpes en la espalda después de la práctica.
—¿Has eso en el próximo juego y vamos a derrotar a los Gryffindor, con seguridad!
Draco se burló un poco de eso. Si tan sólo el fregado Potter no siempre pareciera volar un poco más rápido, girar un poco más afilado... Suspiró y se quitó de encima los pensamientos de Potter. Estaba con demasiado buen humor como para dejar que Él-niño-que-Anotó se lo estropeará... En su lugar, se dirigió a la biblioteca. Acosar a Granger sería la guinda en el pastel. Si ella lo odiaba, tanto mejor. Al menos ella no podía ignorarlo.
Se decepcionó al no encontrarla. Curiosamente, los otros dos lémures estaban presentes, jugando una partida de ajedrez mágico en una esquina. Tal vez habían tenido una pelea y ella estaba de mal humor en la sala común de Gryffindor. Casi se acercó a preguntarles dónde estaba y rió para sus adentros al pensar en sus expresiones si lo hacía.
Se topó con Blaise en el pasillo a la salida, quien le mencionó que Pansy lo estaba buscando, pero él no estaba de humor para besuquearse. Se moría de ganas de hacer algo.
Deambuló por los pasillos un poco y se encontró en el corredor desierto. Dudaba que Hermione estuviera en la habitación a esta hora del día. Era casi la hora de la cena. Tenía que estar en la sala común de Gryffindor, estudiando.
Así que pensando, distraídamente abrió la puerta y entró.
Él se detuvo en seco por el grito horrorizado de Hermione. Se miraron el uno al otro por un momento interminable y luego Granger sacó su varita.
Draco agarró su propia varita.
—¡Detente ahí, Granger!— -gritó y se dirigió hacia ella. Ella se detuvo y se volvió hacia él con una expresión de terror. Ella jadeó un poco y él se imaginó que una canción acababa de terminar, como el rascado repetitivo que provenía del reproductor.
—¿Qué estás haciendo aquí, Granger?— -preguntó con una suavidad engañosa. —¿Estás realmente sola aquí?
Ella levantó la barbilla desafiante.
—Has lo peor, Malfoy —ella siseo.
Draco se rió con deleite.
—Ah, un reto—. Caminó hacia delante y luego a su alrededor en un círculo completo, examinándola como si fuera una yegua galardonada.
—¿Y qué cosa llevas puesto?
Ella se sonrojó de color escarlata. Él lo podía ver incluso con la tenue luz de las velas que había encendido para combatir las sombras crecientes. Su expresión desafiante cambió ligeramente a algo parecido al miedo. Malfoy sonrió. Eso le gustaba más. Ella se había dado cuenta por fin que estaba sola, sin varita, y completamente a su merced. Draco no habría podido estado más eufórico.
Se detuvo frente a ella y le tocó con la varita de debajo de su barbilla para alzarla y que sus ojos se encontraran con los suyos.
—Ahora dime lo que estás haciendo aquí —dijo. A decir verdad, se había preguntado a menudo por qué ella sentía la necesidad de esconderse y de dar saltos bruscos con la música muggle de forma regular. Era divertido - para él de todos modos - pero apenas valía la pena el riesgo.
—Estoy haciendo ejercicio—, espetó. —No tengo la intención de engordarme enormemente simplemente porque no tengo que atravesar un cuarto para buscar un libro
—Te he visto cruzar una habitación en busca de un libro.
—¡No tengo la intención de volverme perezosa, tampoco!
—¿No puedes dar un paseo alrededor del lago? ¿Subir y bajar las escaleras unas miles de veces?— , se preguntó.
—Me gusta bailar—, murmuró. —Es divertido. Y la música mágica no es lo misma. Echo de menos mi Ipod y videos y la radio.
No tenía ni idea de lo que estaba hablando y él realmente no le importaba. Dio un paso atrás, manteniendo su varita nivelada.
—¿Entonces el baile muggle es divertido? Muéstrame.
Ella lo miró boquiabierta.
—¿Mostrarte qué?
—Muéstrame este divertido baile, por supuesto.
—¡No puedo bailar delante de ti!
"Por supuesto que puedes", pensó, "lo has hecho docenas de veces".
—¿Por qué no? ¿Implica la eliminación de la ropa? Parece que ya has realizado un buen comienzo en eso...
Ella se sonrojó de nuevo y él se felicitó. Era raro que pudiera conseguir más que un simple rubor de ella. Debe estar más nerviosa de lo que pensaba.
—No, no implica la eliminación de la ropa. Es que... es vergonzoso. No puedo bailar delante de otras personas.
—Entonces enséñame. Soy un excelente bailarín. ¡Qué tan diferente puede ser el baile muggle? Y tú eres una mandona sabelotodo. Enséñame.
Ella lo miró fijamente.
—Tienes que estar bromeando.
—No a menos que quieras que vaya a buscar al resto de la Casa Slytherin y todos te podamos observar?
—Voy a estar muy lejos en el momento que hagas eso.
—No, si echo un Petrificus Totalus en ti.
Ella negó con la cabeza y lo miró. Prácticamente podía ver los pensamientos girando en aquel pequeño cerebro inteligente. Ella esperaba seguirle la corriente lo suficiente para alcanzar su varita, y entonces le lanzaría un hechizo desagradable. ¿Un encanto de memoria? Puede ser. Probablemente podría hacerlo sin freír su cerebro, también.
—Estoy segura de que la enseñanza a Draco Malfoy de danzas muggles se puede encontrar en el Libro de Ocurrencias Sublimemente Ridículas o posiblemente en Presagios del Apocalipsis —Ella levantó una mano para impedir su comentario. —¿Por qué quieres aprender? Odias todas las cosas muggle, ¿recuerdas? Ideología Sangre Pura y todo eso.
—Estoy aburrido. Si tu pasatiempo me divierte un poco, puedo optar no decirle a toda la Escuela acerca de este pequeño incidente.
Ella se cruzó de brazos. —Será mejor que te decidas sobre eso, o no te voy a enseñar nada.
—Si no le dices a nadie acerca de enseñarme, no le contaré a nadie lo que me estás enseñando. ¿Bastante justo?
—¿Cómo sé que puedo confiar en ti para guardar silencio?
Él sonrió maliciosamente. —No puedes, Granger. Eso es lo que lo hace interesante. La oferta va una vez... va dos veces...
—Bien —dijo.
Él marchó al otro lado y rebuscó entre sus ropas hasta que encontró su varita. Tomó las dos varitas y las metió debajo de la caja que contenía los discos, de modo que un rápido Accio no podría desalojarlas. No sabía si ella podía hacer un Accio sin varita, pero no quería correr ningún riesgo.
—Por seguridad—, dijo. —Ahora, vamos a empezar.
—No puedo creer que esté haciendo esto—, dijo ella con un suspiro de frustración. Él la observó con atención mientras rebuscaba entre los discos y sacó uno. Lo colocó en el tocadiscos y la música comenzó a sonar desde la máquina. No era uno de los favoritos de Draco, pero tenía un ritmo relativamente fácil de seguir y no era ridículamente alto.
Se puso de pie frente a él y comenzó su primera lección de baile muggle. Ella le mostró una serie de pasos y lo hizo imitarla - pasos rápidos, deslizarse lateralmente, rodar los hombros, rotación de cadera, giros y contorsiones. Draco era un estudiante rápido, sobre todo debido al hecho de que él la había estado observando durante semanas. También era naturalmente elegante.
En un momento dado ella se apartó y observó mientras él bailaba solo y él sonrió al ver la expresión arrepentida en su rostro.
—Me imaginaba que serías bueno en esto—, dijo ella secamente.
—¿Por qué?
—Porque eres... medio guapo—, admitió. —Y puedes bailar. Si estuvieras en el mundo muggle, tendrías a las chicas desmayándose a tus pies.
—Ya se han desvanecido las niñas a mis pies—, dijo. —¿No te has dado cuenta?
La canción terminó y comenzó una más lenta, por lo que ella se apresuró a cambiarla.
—¿Cómo bailas al ritmo de canciones lentas?— , se preguntó.
—No lo harás—, le espetó ella. Sacó el disco de la máquina tocadiscos y levantó la mirada hacia el tragaluz oscurecido.
—Tenemos que irnos. Creo que ya nos perdimos la cena.
El recuperó su varita mientras ella deslizaba el disco negro en su cubierta. Él la miró pensativamente.
—Si te devuelvo esto no me hechizaras ¿verdad?
Ella lo miró con aire de culpabilidad.
—Sin embargo, voy a requerir que prometas no hacerlo. De esa manera, si faltas a tu palabra, tu pequeña alma Gryffindor se retorcerá por la culpa para siempre cada vez que me veas. Ahora promete que no vas a utilizar cualquier encanto de memoria en mí, ni hechizos, ni maldiciones, ni maldiciones que me hagan olvidar este pequeño incidente.
Ella parecía como si pudiera maldecirlo con la mirada.
—Te lo prometo —le rechinó —, pero sólo si me prometes no volver a hablar de esto a nadie.
—Lo prometo —dijo, —pero sólo si me prometes reunirte aquí conmigo mañana por alguna instrucción adicional.
—¿Por qué?— Ella lo miró atónita.
—Porque me da la gana. Además, quiero saber todo lo que pueda acerca de los muggles y sus costumbres. Me imagino que me ayudará a decidir si debo más tarde retomar la caza de muggles. Después de Hogwarts, quiero decir.
Ella se quedó sin aliento e indignada. —¡No te ayudare a cazar muggles, ni te ayudare en tu futura carrera como Mortífago junior!
—Claro que lo harás—, le gritó en su camino a la puerta. —O le diré a todo el mundo acerca de tu pequeño secreto aquí. Incluso podría contactar a El Profeta. Y enviar a la Comisión un cuadro tuyo en tu traje. ¡Nos vemos mañana!—. Abrió la puerta, lanzó la varita en dirección a ella, y escapo.
Hermione era un manojo de nervios al día siguiente. Apenas podía aceptar que lo que había sucedido el día anterior no era un sueño. ¿Realmente había enseñado a Draco Malfoy danzas muggle? ¿Y había insistido en reunirse con ella para aprender más? Estaba más allá de su comprensión. Ella seguía esperando ver y oír risitas señalándola de cada Slytherin que pasaba por los pasillos, pero Malfoy parecía haber guardado silencio.
Harry y Ron notaron su preocupación, pero ella les explicó vagamente que estaba preocupado por un examen de Aritmancia. Estar de pie cerca de Malfoy en Cuidado de Criaturas Mágicas fue una auténtica tortura. Mantuvo miradas furtivas en él, pero él no le prestó atención alguna, como si ella simplemente no existiera. Salió desconcertada de la clase hasta el punto de dudar de su propia realidad. ¡Tal vez realmente había sido un sueño!
Ella en verdad dio un suspiro de alivio hasta que Malfoy le dio un codazo en su camino de regreso al castillo, con el pretexto de hacerla tropezar.
—Después de Herbología, Granger —murmuró lo suficientemente bajo que apenas lo captó. En su camino por el vestíbulo, silbó unas estrofas de una canción con la que ella estaba completamente familiarizada. Ella inmediatamente se tensó de nuevo. ¡Maldita sea, no lo había soñado en absoluto! Ella observó su hermosa figura mientras él se retiraba y frunció el ceño perpleja. Extraño, pero no recordaba haber escuchado Bon Jovi ayer.