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Soy Kate Weasley y esta es mi historia — capítulo 8

Al finalizar ese mes ya me encontraba totalmente agotada. Tenía montañas de deberes sin hacer y las continuas burlas de mis amigas no me ayudaban a concentrarme en absoluto.

Estuve totalmente equivocada cuando creí que olvidarían el tema de Serpens de inmediato, ahora comenzaba a creer que nunca dejarían sus burlas y comentarios con doble sentido. Parecían más interesadas en él que yo misma.

Honestamente me decidí a superarlo. Él había admitido que no saldría conmigo por ser menor y yo no pensaba crecer en un par de años así que mientras tanto había metido todos esos sentimientos extraños en un baúl al fondo de mi mente y no pensaba abrirlo hasta que ya fuera algo mayor. Pero ellas no lo entendían.

Y eso me frustraba inmensamente.

Sin embargo últimamente habían tenido menos tiempo para sus boberías porque los profesores habían tenido la grandiosa idea de sobrecargarnos con tareas y trabajos tan largos y complicados que daba pereza leer las mismísimas instrucciones.

El más complicado hasta el momento era el trabajo de transformaciones, definitivamente era mi materia menos favorita, prefería cosas más prácticas, como pociones y encantamientos. Sin embargo me aplicaba bastante así que el profesor no podía quejarse: Era muy buena alumna.

Ese día las chicas y yo habíamos decidido ir a la biblioteca para acabar con el bendito trabajo que, según Nessa, era muy sencillo y solo requería un poco de concentración y empeño.

Nos sentamos en una mesa alejada y rápidamente cada una tomó un enorme libro de transformaciones.

No dijimos palabra alguna hasta dos horas después cuando ya nos ardían los ojos de tanto leer y no sentíamos las manos por escribir.

-Ya no puedo más- se quejó Ari dejando caer la pluma y cerrando el libro de golpe.

-Ni yo. Me rindo- gruñí estirando mis acalambrados dedos

-¡No sean perezosas!- nos regañó Ness que ya había acabada hace rato -¡Solo les falta un centímetro!

-Ya no sé qué más escribir- murmuré reprimiendo un bostezo

-¡Pues la materia, boba! Mírame a mí, me han sobrado diez centímetros

-Porque eres una sabelotodo, duh- repuso Ari rodando los ojos

-Ustedes también podrían serlo si quisieran- contraatacó Nessie

-No gracias, eso me haría parecida a Hermione en algo- bufé acomodando mi cabello

-Ness, te pagamos si acabas nuestro trabajo

-¡No! ¡Ni loca!

-¡Solo díctanos lo que nos falte! ¡Nosotras lo escribimos!

Nessa mordió su labio evaluando la situación y pasados unos segundos, asintió.

-Muy bien, pero es la última vez

Cuarenta y cinco minutos más tarde ya estábamos listas, cogimos nuestras cosas y después de que Ness cogiera algunos libros para leer en su tiempo libre nos dirigimos tranquilamente hasta la entrada de la biblioteca, ansiosas por llegar a nuestra sala común y descansar un rato al fin.

Sin embargo, como siempre, nuestros planes no salieron como queríamos, cuando estábamos a tan solo unos pasos de la salida vi que Beth y Emma se acercaban charlando tan distraídas que no notaron a Ness caminando hacia ellas llevando tantos libros que no podía verlas.

-¡Ness!- chillamos Ari y yo al mismo tiempo -¡Cuidad…!

Pero bue demasiado tarde. Emma y Ness chocaron y los libros saltaron por el aire esparciéndose en todas direcciones mientras las muchachas caían al piso entre quejidos y lamentos.

Nessa fue la primera en levantarse y de inmediato le tendió la mano a Emma para que pudiera incorporarse también.

-¡Lo lamento tanto Emma!- le dijo en cuanto ambas ya estaban de pie -¡Te juro que no te he visto! ¡Perdón!

-¡Ten más cuidado para la próxima vez, estúpida!- replicó Emma de forma grosera.

-¡Hey!- intervine yo -¡Nessa ya se ha disculpado! ¡No tienes ningún derecho a insultarla! Solo fue un accidente, hasta un animal se daría cuenta de eso.

-¡Por favor! ¡Es obvio que esta idiota lo ha hecho a propósito!

-¡Claro que no!- se defendió Ness -¡Yo jamás haría algo así! ¡Ha sido un accidente y ya te he pedido disculpas! No puedo hacer nada más.

-¡Pues no quiero las disculpas de una estúpida y asquerosa sangre sucia como tú!

De repente el ambiente bajó unos veinte grados y la tensión se volvió tan notable y densa que podría cortarse con un cuchillo.

Ness se tambaleó con los ojos llenos de lágrimas y Ari se apresuró a sujetarla murmurándole palabras llenas de consuelo.

Yo en cambio le dirigí a Emma una mirada llena de odio y cuando ya estaba lista para lanzarme encima de ella para darle una buena paliza, algo o más bien dicho alguien, me interrumpió.

-¡¿Cómo te atreves a llamarla así?!- gruñó una chica rubia y de ojos azules que se acercaba hacia nosotras a paso rápido

-¡Eso es lo que es!

-¡No tienes ningún derecho a decirle eso! ¡Y no quiero oírte diciendo esas palabras tan horribles nunca más o le informaré al profesor Snape y a la directora McGonagall! ¡Ahora largo de aquí y no vuelvas a acercarte a estas chicas! ¡Fuera!

Emma y Beth salieron corriendo como las cobardes que son y la muchacha rubia se acercó suavemente hasta Nessa.

-Hey, no les hagas caso. Son unas taradas, no tienes que avergonzarte por ser hija de muggles, tu sangre está mucho más limpia que la de ellas.

Nessie sonrío calmándose un poco y luego asintió suavemente.

-Hey, Ari, lleva a Nessa a la sala común. Yo me quedo a recoger los libros y nos vemos allí en un rato.

Observé con un ligero alivio a mis amigas alejándose por el pasillo hasta que las perdí de vista.

Me di la vuelta con rapidez para reunir todos los libros y con sorpresa observé que la chica rubia ya los había levantado todos y me los tendía con una sonrisa.

-Gracias… Emm… Por todo, muchas gracias

-No hay de qué. No soporto a las personas que aún creen en el estatus de la sangre- hizo una mueca

Yo solo asentí suavemente sin saber que decir.

-Soy Cissy, por cierto. Cissy Malfoy

-¿Eres hermana de Serpens?- le pregunté demasiado rápido -¿Y Scorpius?- añadí intentando arreglar mi error.

-Sí, soy la melliza de Serp, estoy en tercer año. Ravenclaw- señaló con orgullo el escudo de las águilas en su túnica.

-Es un placer, yo soy Kate Weasley

-¡Oh!- murmuró ella con los ojos brillando de diversión -Ahora entiendo porque has preguntado por Serp y no Scorp- se echó a reír suavemente -He oído mucho de ti Kate.

Me sonrojé intensamente mientras observaba el piso como si fuera lo más interesante en el universo.

-Bueno, ha sido un placer conocerte. Intenten no acercarse mucho a esas chicas para que no tengan más problemas, ¿vale? Aun así yo le informaré al profesor Snape lo que ha ocurrido para que les aplique un castigo.

-Umm… Si, gracias por todo Cissy…

-No hay de qué bonita- me sonrió mostrando una perfecta hilera de dientes blancos y luego se encaminó con pasos ágiles hasta la biblioteca.

Me di la vuelta con el rostro un tanto ruborizado y cuando comenzaba a alejarme la voz de Cissy me detuvo.

-Hey Kate… Sé que mi hermano es un idiota pero no te rindas, lucha por él- me guiñó un ojo y desapareció entre los altos estantes llenos de libros.

Me quedé estática observando el lugar donde había desaparecido sin poder pensar con claridad. ¿Qué quería decir con eso? El mismo Serpens me había dicho que no tenía posibilidades por ser menor…

Sacudí la cabeza apartando todos esos pensamientos idiotas, respiré profundo y luego me dirigí hacia mi sala común como si nada hubiera pasado.

Mientras caminaba hacia la sala común no pude dejar de notar lo patética que me estaba volviendo. A pesar de mi decisión no podía sacarme a Serpens Malfoy de la cabeza y eso comenzaba a frustrarme. No era justo que se metiera en mi vida de este modo, él no tenía ningún derecho a controlarme así.

Me detuve un momento y apoyé mi espalda contra una de las paredes, necesitaba pensar, necesitaba tomar una verdadera decisión… Necesitaba quitarme a Serpens de la mente… ¡Sí! ¡Eso era! No iba a pensar en el nunca más, no iba a buscarlo, no iba a verlo por los pasillos. Desde hoy él ya no existía para mí.

Asentí complacida por mi nueva resolución y continué mi camino con una gran sonrisa que se derritió cuando me encontré frente a la puerta secreta de la sala común. Mi voluntad se quebró inmediatamente cuando lo vi.

Porque Serpens Malfoy estaba ahí, en medio de mi camino. Pero no estaba solo, se encontraba besando a la malnacida de Emma Goyle.

Mis piernas se volvieron gelatina, mis ojos se llenaron de lágrimas y mi corazón sufrió tal ardor que creí estar sufriendo un paro cardiaco. Me sentía traicionada, él me había permitido hacerme esperanzas, me hizo creer que quizás, en unos años, nosotros podríamos…

Me rechazó por ser una niña, y ahora aquí estaba, besando a una de mis compañeras de curso. Maldito bastardo.

-Permiso- dije con voz alta e indiferente

Serp… No, Malfoy dio un brinco separándose de Emma y se volteó encontrándose con mis ojos vacíos de emoción.

-Kate…- murmuró casi sin voz

-Para ti soy Weasley, Malfoy. ¿Puedes hacerte a un lado? Estás en medio de mi camino

Él me observó con el rostro descolocado por unos segundos, luego asintió, tomó a Emma de la cintura y la apartó de la puerta, dejándome el paso libre.

*-Basilisco-*musité en voz baja

La puerta se abrió y la crucé sin decir palabra alguna. Subí las escaleras con los ojos llenos de lágrimas y en al entrar a mi dormitorio no pude contenerlas más y me eché a llorar ante los ojos horrorizados de mis amigas que se apresuraron a abrazarme con fuerza.

Intentaron que les contara lo que había pasado pero me rehusé a hacerlo, no necesitaba más compasión en mi vida.

Esto era mi culpa, jamás debí haber dejado que Malfoy se colara en mi vida, yo estaba en Hogwarts con una misión e iba a cumplirla. No iba a permitirme más fallas, de ahora en adelante lo único que me importaría era mi venganza contra Ronald y Hermione Weasley.

Adiós, Serpens Malfoy. No volverás a ser una piedra en mi camino. Adiós.