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Historia 124605 — capítulo 2
Los ojos de Hermione recorrieron su propio reflejo en el espejo del baño. Su pelo estaba recogido en un fino rodete que a su vez, dejaba al descubierto un mechón que caía naturalmente al costado de su rostro. No quería verse tan formal pero al mismo tiempo, no tan casual. Entre la ropa de su baúl había hallado un vestido corto de color rojo, le gustaba bastante como encajaba en su cuerpo moldeando sus curvas como al de un maniquí. No llegaba a tener un gran escote pero marcaba su pecho como ella quería y el color le quedaba perfecto en contraste con su piel de marfil. Los zapatos eran realmente deslumbrantes, del mismo color que el vestido pero cubierto por una tela de encaje negro. Le gustaba verse de esa forma, el vestido realmente le quedaba bien y se enorgullecía por ello.
Salió del baño con paso firme y se dirigió a la sala multipropósito, aquella que habían usado en su quinto año en Hogwarts para practicar magia en secreto a espaldas de Dolores Umbridge. Debía pasar tres veces por delante de la puerta y pensar en lo que quería.
Draco Malfoy. Draco Malfoy. Quiero encontrar a Draco Malfoy. Pensó con todas fuerzas y se empeño en hacerlo hasta que una puerta se apareció en la pared del lugar.
Tomó aire como podía y dio vuelta el pestillo de madera con su mano derecha.
Allí estaba él esperándola, por supuesto.
—Al fin llegaste. —dijo el rubio con una sonrisa de suficiencia que recorría todo su rostro. Estaba apoyado contra una pared, con las manos en los bolsillos. Tenía una camisa blanca acompañada por un chaleco negro donde resaltaba entre ellos una corbata con los colores de su casa: el verde y el plateado, su pantalón era ajustado, del mismo tono de su chaleco.
— ¿Creías que no vendría? — dijo ella pasando una de sus delicadas manos por su enmarañado pelo castaño.
Los ojos grises de Draco desprendían emoción y tenía las pupilas dilatadas de la excitación.
Hermione admiró sus brazos bajo la camisa blanca que traía, eran fuertes sin duda. No pudo evitar morderse los labios mientras observaba cada una de las perfectas curvas en el cuerpo del Slytherin.
—No hagas eso. —dijo él con un tono de súplica.
— ¿Qué no haga que? —dijo ella acercándose a él, todo su cuerpo desprendía encanto y el aroma fuerte de su perfume la había idiotizado pero Hermione trató de no mostrar esta debilidad.
—No hagas eso con los labios, me vuelve loco. —la boca de Hermione se había expandido en una sonrisa malévola.
— ¿Esto? —dijo y pasó su lengua por sus propios labios para luego mordérselos y así, provocarlo un poco más.
Hermione cada vez estaba más cerca y puedo sentir la erección de Draco bajo sus pantalones.
—Eso. —contestó el joven reteniéndose y apretando los dientes.
—Por qué no los pruebas por ti mismo, Draco?—soltó ella y acto seguido metió su mano en el boxer de Malfoy. Este dejó escapar un suspiro pero sin poder resistirse ni un minuto más, sujetó a Hermione de las caderas para acercarla a él hasta quedar pegados y se apoderó de sus labios. El beso se cargaba de pasión a cada segundo pasado y la mano de Hermione jugaba con el pene de Draco. Entre cortos gritos de excitación, él no se quedo atrás y comenzó a bajar el cierre del vestido. Hermione empezó a desnudarlo también.
La leona lo paró antes de que abriera por completo su cierre. Lo empujó para tirarlo en una cama y el cayó sobre las sabanas rojas del colchón. Solo le quedaba la camisa desabrochada, su corbata floja y su ropa interior blanca.
El la miró de arriba abajo.
—Perdón Draco pero quería hacerlo por mi misma. —dijo ella acercándose y planteándole un beso rápido en los labios antes de separarse de nuevo.
—Lo único que quieres es volverme loco. —respondió el chico con cierta decepción porque lo habían parado.
—Tal vez —confesó Hermione con otra sonrisa cruel en su cara.
Pero en ese momento la chica escuchó un ruido proveniente de afuera de la sala… ¿Quién podría ser? ¿Filch? No lo creía porque a esas horas el celador acostumbraba a limpiar los trofeos que se guardaban en un salón muy por debajo de ellos…entonces… ¿quien? Definitivamente no podía dejar que la vieran con el Slytherin, sabía que dentro de la sala estaba segura pero ¿y si la siguieron y saben que está dentro de la sala? No. Ya estaba alucinando pero aun así, no quería arriesgarse. Al parecer Draco no había escuchado nada y se limitaba a mirarla con cierto aire devorador.
— ¿Hermione? — llamó con su voz de impaciencia.
— ¿escuchaste eso? — le dijo mientras su mano derecha pasaba por su espalda donde encontró el cierre y lo subió. Agarró un tapado que estaba doblado al respaldo de una silla. Vaya que en realidad ese lugar te daba lo que necesites pensó.
— ¿Tan rápido te vas leona? —dijo el joven desde las sabanas.
— Creo que ambos debemos irnos ahora —contestó ella sin más.
Draco se vistió con pesar y ambos salieron al encuentro del frío pasillo que no dejaba ver a nadie por ellos, parecía vacío.
Soltando un suspiro de alivio Hermione se incorporó y caminó para alejarse de allí y con la idea de volver lo antes posible a su sala común cuando sintió el brazo de Draco sujetándola.
La chica se giró y sujetó los cabellos de Draco para acercarlo y darle un beso. Sin darse cuenta comenzaron a prolongarlo demasiado y tampoco notaron que estaban contra una pared hasta que ambos oyeron los ruidos de unos pasos y la voz de un joven…