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Dominique Weasley y La Gran Profecía. — capítulo 1

--  Mamá, ¡no aguanto a Rose, es una creída y una pesada, y una…! - Antes de poder continuar, Fleur cortó a su hija.

- -  Dominique Magie Weasley - Dijo severamente y con un acento francés muy marcado - ¿Dónde están tus modales? - La niña le miraba con los brazos cruzados - Ya sé como es Gose, pego tienes que pensag que no la volvegás a veg en mucho tiempo. - Eso hizo sonreír a la niña - Aunque te cueste, intenta pasag un último gato junto a ella.

- - Bueno… Lo intentaré, pero no prometo nada - Dijo riéndose la pequeña. Acto seguido su madre la abrazó.

Esa fue la última vez que había visto a su prima Rose. En esa época, Dominique tenía 11 años, y a diferencia de sus primos, ella se iba a estudiar a Beauxbatons, en Francia. Hacía seis años que no veía a sus tíos ni a sus primos, a los que quería con locura, menos a Rose, claro.

Aquella mañana de verano, llevaba recordando aquel espisodio todo el rato, repitiendo una y otra vez las peleas con Rose en su mente. Parecía increíble que a pesar de haber pasado seis años, en su cabeza seguía aquel recuerdo tan nítido, como si hubiese pasado ayer.

Una voz masculina hizo que girara la cabeza y dejara de observar por la ventanilla del avión.

-          -  Ya hemos llegado Nique, ¿no estás nerviosa? - Su hermano Louis sonreía de oreja a oreja.

-          -  Sí… Claro - Dijo ella sin mucha alegría.

La verdad esque Dominique no estaba muy de acuerdo con lo que iban a hacer. Sus padres, vivían en Gran Bretaña, a pesar de que ella y su hermano estudiasen en Francia. Eso no suponía mucho problema, ya que como sólo les veían en fiestas, les daba un poco igual. ¿Qué hacían ellos allí entonces? Pues bien, a su querido hermanito Louis, se le había metido en la cabeza, cambiarse de colegio, a Hogwarts, para ser exactos. ¿El porqué? Los dos eran buenos estudiantes y el director del colegio les había ofrecido una beca de intercambio. Daba la casualidad de que este era el último año de Dominique y ella habría querido pasarlo en Francia, pero entre la insistencia de su hermano y ante el inminente enfado de sus padres si ella no iba, había preferido ceder.

-- Nique, ayúdame con esto - Dijo el joven Louis, de apenas 15 años recién cumplidos, que intentaba coger la gran maleta rosa de su hermana.

-- Anda trae, palurdo - La cogió sin demasiado esfuerzo. A pesar de su complexión delgada (la cuál parecía de modelo) tenía bastante fuerza.

La gente se les quedaba mirando, ellos ya estaban acostumbrados, era algo normal ya que habían heredado algunos rasgos de la familia Delacour, que eran descendientes de veela.

Ambos tenían el pelo rubio que brillaba tanto que parecía que cada uno de sus mechones estaban hechos de oro, su tez era blanca, sus mejillas sonrosadas. Lo único que les diferenciaba era que Louis tenía los ojos verdes de su padre y Dominique azules, como su madre.

Empezaron a andar hasta salir de la terminal y cogieron un taxi que les llevó hasta el pueblo situado cerca de La Madriguera. Dominique sabía desaparecerse, pero sus padres querían que sus hijos llegasen enteros a casa, así que tuvieron que ir andando.

-- Eh Dom, ¿vas a presentarte así? - Dijo Louis mirando a su hermana de arriba abajo.

-         -  ¿Así como? - preguntó ella extrañada.

-- Hombre… Creo que todos te recuerdan aún como la niña rubia monísima de ojos azules - Ambos rieron.

La verdad esque Dominique había cambiado mucho, hacía años que pasaba de los vestidos y de las faldas, ahora solía llevar zapatos con tacón, pantalones cortos que dejaban ver buena parte de sus largas y esbeltas piernas y camisetas, a menudo de tirantes o de las que se le veía el ombligo.

--  ¿Qué más da? Así es la Dominique de ahora - Hizo un movimiento de cabeza y su larga melena rubia , la cuál le llegaba por debajo del pecho haciendo ondas muy favorecedoras, cayó por sus hombros como cascadas de oro. La verdad esque era realmente bellísima, tenía esencia de veela.

Al llegar a La Madriguera, ambos resoplaron, había sido un camino muy duro bajo el sol. Louis, fue corriendo a llamar a la puerta. Los primeros en salir fueron sus padres y su hermana Victoire, la cuál era igualita a su madre, tanto físicamente como en la su forma de ser, les abrazaron y les besaron mientras les preguntaban como les había ido el viaje, los siguientes, todos sus tíos: Ron, Hermione, Harry,Ginny, George, Angelina… etc.

Todos se quedaron asombrados al ver a Dominique, ya no era una niña, ahora era una mujer, muy hermosa a decir verdad.

--  Uy, ya verás cuándo te vea James, se le van a salir los ojos - Comentó riendo su tío Ron.

--  ¡Ronald Bilius Weasley! ¡Por Merlín, que son primos! - Le reprochó Ginny dándole una colleja.

Justo en ese momento un grupo de jóvenes aparecieron por detrás de La Madriguera, portando escobas de Quidditch, riendo y hablando entre ellos. Cuándo se fijaron en la presencia de Louis y Dominique, todos callaron derrepente, haciéndoles un escáner.

Nique, pudo observar los ojos de lujuria en los chicos, al ver un cuerpo tan proporcionado y cuidado como el suyo, lo que le hizo esbozar una sonrisa de suficiencia.

--  Hola, chicos - Sonrío Dominique, y fue a saludar a un chico moreno de ojos azules.

--  Vaya Dommy, estás… Estás genial - Dijo James Sirius mientras la abrazaba.

--  ¡Menudo guarro eres James, que sé que ibas a decir a nuestra prima que está muy buena! - Dijo entre risas Fred.

--  ¡Oh, cállate Freddy, si tú piensas igual! - Nique observaba la escena divertida. No habían cambiado nada.

Después saludó a los demás, a Albus, un chico castaño con los ojos verdes; a Lily Luna (Lilu) una pequeña pelirroja, como muchos Weasley, a Hugo, que tenía el mismo color que su prima, a Roxanne, la cuál tenía el pelo castaño oscuro y su piel era morena, más parecida a Angelina que a George, y por último, a Rose, la cuál le dedicó una mirada de asco.

--  Hola - Dijo la pelirroja secamente mientras agitaba su larga cabellera pelirroja.

--  Ey - Respondió Dominique con una mueca de asco.

Se miraban fieramente a los ojos, intentado intimidarse, cuándo llegó Hugo corriendo hacia ellas.

--  Chicas, me han dicho que os diga dos cosas, una, que vayáis a comer que la comida ya está lista - Digo entrecortadamente, a causa de la carrera que había hecho - y dos, Nique, pon tus cosas en el cuarto de Rose, dormirás con ella.

No se lo podían creer, ¿ellas dos, durmiendo juntas, en el mismo cuarto?

Rose puso cara de indignación y se fue a la casa dando pasos fuertes contra el suelo , mientras, Dominique, daba patadas a una piedra, maldiciéndose por aquella noticia, y contando los días que quedaban para el comienzo del curso.