← Dominique Weasley y La Gran Profecía. · de
Dominique Weasley y La Gran Profecía. — capítulo 2
Pasaba el verano, y ya todos empezaban a darse cuenta de que Rose y Dominique no podían dormir juntas. Se peleaban por todo, desde "¿Porqué has cogido eso si es mío?" a " ¿Porqué existes?. Estaría mejor sin ti". Cada vez que la rubia y la pelirroja se peleaban, los mayores y sus primos optaban por hacer como si no pasase nada, pero en cuanto alguna de ellas sacaba la varita para atacar a la otra, todos corrían a separarlas.
-¡Suéltame Louis! - Gritaba Dominique como una loca.
-¡Deja que la enseñe quién manda aquí! - Respondía Rose mientras se retorcia para librarse de los brazos de James.
-¡Ya no lo aguanto más! Me voy a casa con Teddy - Decía frustrada Victoire.
Eso era lo que había pasado esa misma tarde, ¿que como había empezado? Ninguno lo sabía, pero seguramente sería por alguna tontería.
-Chicas, tenéis que dejad de peleag - Había dicho Fleur. - Gecogdag que mañana igeis a Hogwagts y allí no vais a estag peleándoos todo el tiempo - Ambas chicas se miraron a los ojos y se fueron cada una por un lado.
Dominique estaba harta de esa situación, no era su culpa que su prima fuese una completa idiota. Estos pensamientos le inundaban la mente mientras estaba con ella en la habitación por la noche, ambas preparando los baúles para marchar a Hogwarts.
Esa semana había sido la más entretenida, por fin Dominique había conocido el callejón Diagon, una extensa calle de tiendas mágica por las afueras de Londres. Ya había comprado la túnica del colegio, el uniforme y los libros, que ahora estaba metiendo en el fondo del equipaje, su lechuza marrón de ojos amarillos, llamada Lykke, revoloteaba en su jaula, pidiendo salir. Justo en ese momento, una lechuza blanca entró por la ventana y se posó en el brazo de Dommy, llevaba un mensaje atado a la pata. Esta lo abrió y reprimió una carcajada al leer:
Mi vida, mi tesoro, Rose.
Sin que su prima se diese cuenta de lo que ocurría, Dominique leyó hasta el final de la carta. Tanta cursilería le hizo estallar en carcajadas. Rose se dio la vuelta, con cara de asco.
-Tu querido Scorpius te manda besos y mucho amor
- Dominique seguía riendo mientras Rose le quitaba la carta de las manos con fiereza.
-¡Eso es privado, gilipollas! - Se le empezaban a poner las mejillas coloradas.
-Asi que sales con un Malfoy… Verás cuándo Ron se entere… - Dijo riendo y abriendo la puerta para decírselo.
-¡Tú te vas a callar, zorra! - Dijo cogiéndola del pelo, a lo que Dominique respondió con una torta en la cara.
-¡Tú no me tocas, asquerosa! - Gritó Nique con furia.
En ese momento ya estaban todos sus primos en la puerta, diciendo que dejasen la pelea, que ya era tarde. Las chicas obedecieron y terminaron su equipaje para luego dormir, o alomejor no tanto por la emoción.
Aquella mañana del 1 de Septiembre, amaneció nublada y fría. El cielo se encontraba blanco y por la calle la gente iba con chaqueta. Dominique se encontraba en el coche encantado de su tío Ron, en el que podían caber perfectamente todos los miembros de esa numerosa familia.
-Parecemos gitanos - Había susurrado Dominique, aunque todo el coche la oyó y estalló en risas.
Al llegar a la estación de King´s Cross, su hermana Victoire y su novio Teddy, les estaban esperando.
-Espera Nique, te ayudo a subir esto - Dijo Ted Lupin mientras le ayudaba a subir su baúl a un carrito.
-Gracias Teddy - Abrazó al chico del pelo azul.- Adios Vicky- Le dio un beso a su hermana y un abrazo.
-Cuidate pequeña - Dijo esta, en un francés perfecto.
-Lo haré - Respondió Dommy de la misma manera.
Sus padres, acompañaron a ella y a Louis hasta el andén 9 y 3 cuartos, donde se subieron al tren, y dejaron el equipaje. Antes de darse cuenta ya estaban de camino.
-Que bonito es - Comentó Louis mientras miraba por la ventana junto a Albus.
-¿Allí en Francia no tenéis paisajes como este o qué?
- Preguntó James.
-Sí, claro que sí, lo que pasa esque nosotros al colegio no vamos en tren ni en nada, nos desaparecemos. - Dominique se encogió de hombros.
-Esque en Hogwarts no te dejan desaparecerte, después de lo de Voldemort, y eso - Dijo Lilu, que tenía la cabeza apoyada en las piernas de la rubia.
Justo en ese momento, una pareja pasó por delante del compartimento y abrió la puerta: eran Rose y un chico alto, rubio de ojos grises, muy guapo a decir verdad, que debía ser Scorpius Malfoy.
-Hola chicos - Dijo la pelirroja sonriente - Hola Dominique - Le miró con asco.
Dominique hizo como que no la escuchaba.
-Ey, Scorp, tenemos que ver luego lo del equipo de Quidditch - Dijo Albus, que pertenecía a la casa Slytherin, al igual que el rubio.
-De acuerdo, Albus - Dijo siseante, el rubio.- Vamos al vagón de los prefectos, Rose .
La chica sonrío, y se marchó, no sin antes echarle una mirada fulminante a Dominique. Aunque, a decir verdad, no había sido la única que la había mirado. Había sentido los ojos de Scorpius tan fijos en ella, que notaba como si le atravesasen, había sido una sensación que le había paralizado, y se quedó pensando.
A las pocas horas llegaron a la estación de Hogsmeade, todos los alumnos bajaron del tren y un hombre grande, que debía de ser Hagrid, llamaba a los de primer curso para subir a los botes. Louis y su hermana no sabían bien donde ir, ya llevaban las túnicas puestas, pero sin insignia de la casa.
-¡Eh, hola Louis, hola Dominique! - Dijo el semi gigante - Venid por aquí, pasaréis con los de primer curso.
Al rato, se encontraban en una barca con un farol,navegando por unas oscuras aguas, a lo lejos, se intuía la forma de un enorme castillo, que se alzaba sobre un gran peñasco. Las luces de su interior, hacía que su silueta se recortarse sobre el oscuro cielo. Ambos tragaron saliva y sus corazones se aceleraron.
-Hogwarts - Suspiro Louis, embobado- Mi nuevo hogar.