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Mi hermano, mi protegido — capítulo 11

La mañana de aquel sábado me levanté de la cama un poco sobresaltada, pero decidida. Le contaría a Cedric todo lo que sabía respecto a la prueba; después de todo no era tomar ninguna ventaja, pues seguro que Karkarov y Maxine se lo contaban a sus campeones.

Chesire hizo un ademán para levantarse, pero le pedí que no lo hiciera.

-Tranquilo, yo me ocuparé de cuidar de Cedric hoy, tienes el día para hacer lo que quieras.

-No, está bien, iré contigo, después de todo no tengo otra cosa que hacer, eso de cazar ratones no es mi estilo.

Y así partimos los dos, en dirección al Gran Comedor. El olor a desayuno era totalmente inconfundible: Huevos revueltos, salchichas, avena, jugo de calabaza, tostadas... en fin, todo lo que uno quiera. Allí estaba Cedric, untando la mantequilla sobre una tostada perfectamente dorado.

-Buen día, Cedric -saludé mientras me sentaba a su lado (era un milagro que sus amigos no estuvieran allí, pues aun era muy temprano).

-Hola -dijo él con un dejo de nerviosismo. Noté que su cara se había tornado ligeramente verde.

-¿Qué pasa, te sientes bien?

-Sí, sí, solo estoy un poco nervioso por la prueba, siento que el martes se me viene encima. Debo contarte algo, pero tiene que ser en privado.

Salimos a los terrenos del colegio. El frío de noviembre se había acentuado hacía ya unas semanas, provocando que la nariz y las orejas de todo el mundo se pusieran rojas, debido a la sangre enviada en un intento del cuerpo por calentar aquellos puntos tan sensibles a las ventiscas invernales. Excepto las mías, claro. Es una parte de la anatomía que me delata, es como un cartel enorme que pone: ESTA CHICA NO ES HUMANA.

Cedric se quedó callado un rato, como buscando las palabras adecuadas, luego dijo:

-Necesito tu ayuda, el martes tendré que burlar a...

-Un dragón -dije con suavidad, pues estaba claro que el pobre chico estaba invadido por el pánico, se manifestaba en sus ojos grises.

-¿Cómo lo sabes?

-Anoche los vi, pero la verdadera pregunta es cómo lo sabes tú. Quise decírtelo, pero al parecer ya lo sabías.

-Potter me lo dijo esta mañana -se calló un momento- Jacky, no sé qué hacer...

Me sorprendió un poco verle tan afligido, siempre era tan valiente, tan fuerte, y allí estaba yo, intentando aliviar sus miedos; después de todo es humano, el temor es algo natural. Lo abracé con fuerza. Era necesario que supiera que yo estaba ahí para él. 

-Tranquilo, todo va a estar bien, solo hay que encontrar la forma correcta de proceder. OK? 

-Bien -dijo, ya un poco más calmado.

Dimos varias vueltas al lago negro antes de volver al castillo, con el plan completo. Cedric se veía mucho más tranquilo y decidido.

-Muchas gracias, Jacky.

-No hay de qué, para eso estamos las hermanas.

-Sabes, me siento algo culpable porque últimamente no he estado ahí para tí, y aun así me apoyas...

-No digas eso, siempre has estado conmigo cuando lo necesito y de no ser así, ya habrías recibido mis quejas por escrito.

Después de eso, el martes llegó en un santiamén. Las clases se interrumpieron a mediodía para que los estudiantes tuvieran tiempo de bajar al cercado de los dragones. Cedric y yo dábamos un último repaso al plan para la prueba, cuando la profesora McGonagall vino a buscarlo.

-Te deseo suerte -dije mientras lo abrazaba.

-Nos vemos en un rato -confirmó sonriendo.

En cuanto se alejaron volví a mi habitación para guardar la espada en mi bota y un par de frasquitos con poción en los bolsillos de mi chaleco, me puse el abrigo y me dirigí al cercado de los dragones.

Cuando me aseguré de que no hubiera nadie, me hice invisible y escondí el abrigo entre unos arbustos, luego entré en la cabaña donde estaban los campeones. Cuando llegué Bagman les hablaba acerca de la prueba.

-...les ofreceré esta bolsa a cada uno de ustedes para que saquen la miniatura de aquello con lo que les va a tocar enfrentarse. —Les enseñó una bolsa roja de seda—. Hay diferentes... variedades, ya lo verán. Y tengo que decirles algo más... Ah, sí... ¡Su objetivo es coger el huevo de oro!

—Las damas primero —dijo tendiéndosela a Fleur Delacour.

Ella metió una mano temblorosa en la bolsa y sacó una miniatura perfecta de un dragón: un galés verde. Alrededor del cuello tenía el número «dos». Lo mismo en el caso de Krum, que sacó el bola de fuego chino. Alrededor del cuello tenía el número «tres». Cedric metió la mano en la bolsa y sacó el hocicorto sueco de color azul plateado con el número «uno» atado al cuello. Sabiendo lo que le quedaba, Harry metió la mano en la bolsa de seda y extrajo el colacuerno húngaro con el número «cuatro».

—¡Bueno, ahí lo tienen! —dijo Bagman—. Han sacado cada uno el dragón con el que les tocará enfrentarse, y el número es el del orden en que saldrán, ¿comprenden?

Yo tendré que dejarlos dentro de un momento, porque soy el comentador. Diggory, eres el primero. Tendrás que salir al cercado cuando oigas un silbato, ¿de acuerdo? Bien. Harry.. ¿podría hablar un momento contigo, ahí fuera?

Unos minutos después se oyó un silbato, la señal que mi hermano tenía que salir al encuentro con el dragón.

Cedric se dirigió al cercado tembloroso. Yo me mantuve detrás de él. El dragón estaba allí, en una esquina, únicamente concentrado en sus huevos. Pronto escuchó los pasos de Cedric, torpes, golpeando las piedras del suelo. La bestia se abalanzó sobre mi hermano y rugió. Él dio un respingo y retrocedió unos pasos. El dragón siguió avanzando.

Cedric tomó su varita y convirtió una piedra en un labrador dorado, tal como habíamos planeado. El perro comenzó a ladrar en dirección al dragón, y mi hermano aprovechó la distracción para rodear a la bestia y hacerse con el huevo, pero el dragón cambió de opinión y decidió prestar toda su atención a Cedric.

Reaccioné rápidamente, coloqué un pie entre los de mi hermano y lo empujé hacia un lado, para que pareciera que había tropezado muy oportunamente, pero yo no logré apartarme a tiempo y recibí una horrenda quemadura en el brazo izquierdo. Saqué del bolsillo uno de los frasquitos de la poción verdosa y la bebí. La sangre comenzaba a correr muy lentamente, pues la poción empezaba a hacer efecto, pero el dolor era punzante.

Afortunadamente, el perro volvió a distraer al dragón el tiempo suficiente para que Cedric tomara el huevo dorado.

Cuando los cuidadores procedieron a ocuparse del dragón pude notar que mi hermano tenía también una quemadura, no muy profunda, en el lado derecho de su cara.

Cedric fue directamente a la tienda en la que la señora Pomfrey estaba dispuesta a curar las heridas de los campeones. Qué suerte que no pasó a mayores. La enfermera lo recibió mientras rezongaba que traer dragones a Hogwarts era una locura.

Dumbledore había puesto al corriente a la señora Pomfrey sobre mí, una suerte en realidad, pues necesitaría de sus cuidados, pero tendría que esperar a que todos los campeones fueran atendidos, pues nadie podía saber que me había herido durante la prueba, se suponía que yo no debía estar allí.

En cuanto todos los campeones se fueron, yo entré en la tienda, ya visible, con un par de lágrimas en los ojos, pues el dolor se había hecho insoportable.

-¡Santo Dios, niña! -exclamó la mujer en cuanto vio mi brazo- Siéntate en esa camilla de inmediato.

Ella me limpió la herida con un líquido púrpura y me tendió un vaso con una sustancia que parecía puré de manzana. Era néctar. Bebí el néctar de dos sorbos. Sabía a gloria líquida. Una mezcla entre palomitas de maíz, cerdo asado y vino tinto.

La herida comenzó a cicatrizar rápidamente, evitando que la sangre continuara fluyendo. Fue una suerte que hubiera tenido fuerzas para mantenerme invisible, pues si alguien hubiese visto mi sangre... no quiero ni pensar en qué habría pasado, pues mi sangre no es carmesí, como la de todos los mortales, sino de un dorado suave.

-Muchas gracias, señora Pomfrey, pero quisiera preguntarle ¿de dónde sacó el néctar?

-Yo misma lo hice, mi familia tiene esa receta desde hace generaciones.

-Espero que siga siendo secreta, confío en usted -dije con un tono un poco más serio.

-Si sientes mucho dolor ve a la enfermería. ¿De acuerdo?

-Bien, gracias.


Hola! Cómo están?

Espero que les haya gustado.

Ojalá comenten :)

UN abrazo.

Mars