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Mi hermano, mi protegido — capítulo 13
El invierno se hizo más fuerte conforme avanzaba diciembre, y llegó, junto con la nieve, una noticia inesperada...
-Señorita Diggory, ¿haría usted el favor de prestar atención? -dijo la profesora Sprout mientras yo estaba concentrada en regar las plantas del invernadero. Alcé la cabeza un poco extrañada de que se dirigiera a mí con ese tono. Estaba realmente distraída.
-¿Yo?
-Sí, usted. Estaba diciendo que pronto tendrá ocasión un evento que es tradición junto con el Torneo de los Tres Magos, el Baile de Navidad -hubo un cuchicheo general- Este comenzará a las ocho de la noche de Navidad, y finalizará a las doce. Al baile asistirán únicamente los estudiantes de cuarto en adelante, pero si quieren pueden invitar a un alumno menor. El evento será formal y por tanto es obligatorio el traje de gala. Espero que todos se comporten a la altura y demuestren las cualidades que Hogwarts merece.
En cuanto la clase acabó, por los pasillos solo se oían cosas como "Quiero un chico lindo... Ojalá que no me rechace... Y, con quién irás..." Yo quería golpearme la cabeza contra un muro. Un baile era lo peor que podía pasarme, justo el día de Navidad. Le había prometido a mis padres que los visitaría, pero si Cedric no volvía a casa para las festividades, yo tampoco podría ver a mi familia...
Aparte, tendría que estar sola toda la noche, pues si no tenía amigos en Hogwarts, mucho menos iba a conseguir pareja, y no podía dejar a Cedric sin vigilancia.
En la noche, llegué a mi habitación y me desplomé e la cama, ciertamente frustrada, Así me quedé por un largo rato, hasta que Chesire llegó con una actitud no muy diferente.
-Largo día, ¿eh?
-Ni te lo imaginas... Ches, sé que te prometí que tendrías un descanso durante las vacaciones de navidad, pero no podrá ser...
-Tonto Baile de Navidad...
Cuando faltaban tres días para el baile, se notaba la emoción. Casi todo el mundo se había quedado en el castillo para navidad, haciendo el ambiente algo pesado. Me dediqué a vagar por los pasillos. Yo solo quería un lugar tranquilo, pero todos estaban repletos de estudiantes conversando. Bueno, en realidad estaba algo amargada y triste. ¡No pude ver a mis padres esa Navidad! Ya sé que para ellos eso de las navidades es pura basura mortal, pero para mí eran fechas importantes, para compartir con la familia, aparte los regalos….
En fin, solo quería hablar con alguien; pero no tan de improviso.
-Oye, Jackelinne.
Me di media vuelta para ver quién me hablaba. Lo que encontré fue un chico de Ravenclaw, sonriente. Le había visto un par de veces por los pasillos, pero nunca habíamos hablado.
-Hola.
-Hola -parecía muy nervioso, y sin avisar lanzó la frase-. Eh…ya sé que no nos conocemos, pero…quería saber si… ¿irías al baile conmigo…? -me sorprendí un poco.
-Pero ni siquiera se tu nombre…
-Soy Dave Rainswroth, de Ravenclaw, sexto año -dijo esbozando una media sonrisa. Dave, parecía ser gentil. Lo medité un poco. A ver, un chico del que no conozco nada me está pidiendo una cita. ¿Le digo que sí? Bueno, hace un siglo que no voy a un baile, quiero disfrutarlo.
-Bien, iré contigo -después de todo era mejor que estar sola toda la noche. El sonrió aliviado.
Luego de conversar con Dave por una hora me dirigí a mi habitación para ir al Callejón Diagon a comprar unos regalos de Navidad.
Tomé un poco de polvos Flu de una bolsita que colgaba de un clavo en la chimenea y los lancé hacia el suelo de la misma. Salieron unas llamas verdes que me rodearon completamente, haciéndome aparecer en Flourish y Blotts con toda la ceniza en los ojos. Procuré limpiarme todo lo que pude antes de salir de la chimenea, de manera que corría el riesgo de que alguien más apareciera y me golpeara, pero no pasó nada.
La librería estaba bastante concurrida. Muchos padres iban de un lado a otro preguntando a sus hijos pequeños qué libro les gustaría. Salí de allí y me dirigí a la tienda de Artículos de calidad para Quidditch a comprarle algo a Cedric.
Tras toda una tarde de compras regresé a mi habitación y encontré a Chesire acostado junto a la chimenea. Casi le piso una pata al salir, y él se llevó un buen susto al verme aparecer entre las llamas verdes. Al no contar con encontrar a nadie allí tuve que correr a la librería para esconder los regalos.
-¿Qué llevas ahí?
-No es asunto tuyo, gato fisgón. Te prohíbo que husmees, o te daré un baño en el lago.
No fue necesario decir más. Él se recostó de nuevo junto al fuego y se durmió. Yo me metí en la cama y me dormí también.
Sentí que el resto del tiempo salió corriendo mientras yo dormía, pues cuando menos me lo esperaba, desperté con todos los regalos a los pies de la cama, sobre el baúl mágico. Chesire ya estaba despierto, hundiendo el hocico en la caja de Chocolates Explosivos que le había dado yo y lamiendo unos pastelillos de naranja, al parecer de Cedric (siempre la gustaron las naranjas).
-Buenos días, Ches. Feliz Navidad.
-Felif Mavidab,Shacky -dijo con la boca llena de chocolate.
Comencé a abrir mis regalos. Tomé una cajita roja con una tarjeta que ponía: *No es tan fantástico como el tuyo, pero espero que te guste. Cedric.*Era un hermoso broche para el cabello con la forma de un dragoncito de plata. Coloqué el que ya tenía en el cuello del pijama y me coloqué el de Cedric en el mechón rojizo. El siguiente era de Chesire: Era mi padre, tallado en un pedacito de madera, muy parecido al original, salvo el tamaño, claro está.
-Muchas gracias, Chesire, es hermoso.
-No hay de qué -dijo él sonriendo.
Y por último, encontré otro de los señores Diggory, un libro enorme que había salido un mes atrás. Pero no tenía tiempo de ponerme a leer, pues alguien estaba tocando a la puerta. Me levanté de un salto y corrí a abrirla. Cedric se encontraba en el umbral con esos ojos cafés suyos aun empijamados, pero con una sonrisa totalmente despierta.
-Feliz Navidad, Jackelinne -dijo dándome un fuerte abrazo.
-Feliz Navidad, Cedric -dije devolviéndole el gesto-. Dime, ¿te gustó mi regalo?
-¿Te refieres al "Kit para el Cuidado de Escobas Voladoras"?, por supuesto. Ya lo estrené…
El resto del día estuvimos juntos (¡Por fin!). Paseamos por los alrededores y conversamos un montón, hasta que, mientras caminábamos por los blancos jardines, alguien me lanzó una bola de nieve que dio de lleno en mi nuca, permitiendo que el hielo me resbalara entre la ropa y por toda la espalda. Yo me volví con un feo escalofrío y los ojos nublados por el enfado, pero en cuanto pude fijar la mirada, noté que solo eran Harry y los Weasley jugando a una pelea de nieve.
-Lo siento, Diggory. Esa bola se desvió -dijo uno de los gemelos, creo que era George- ¿Por qué no juegan con nosotros?
Yo me atrincheré con los gemelos y Cedric en el equipo de Potter. Lo hice a propósito, por si Harry quería venganza por lo de Cho (era obvio que a Harry le gustaba). No sería lógico atacar a tu propio equipo, ¿o sí?
No importó. Cuando mi equipo iba ganando, la aburrida de Granger, quien se había limitado a observar, anunció que se debía comenzar a arreglar para el baile. Y de repente recordé que yo también debía irme. Se acercaba la hora y no tenía nada listo, salvo la túnica que me pondría. Entonces me disculpé con los chicos y corrí hasta mi cuarto para arreglarme.
Me di un baño y me puse algo de perfume de rosas. Pero luego de esperar a que el cabello se secara (no pude usar mi secadora muggle porque en Hogwarts no hay tomacorrientes) me topé con otro obstáculo. Si no podía usar mi secador de pelo, mucho menos el rizador o al plancha.
-Demonios, no puedo hacerme un moño de trenzas como medio siglo atrás, se vería anticuado. ¿Qué voy a hacer ahora?
Entonces recordé que aun guardaba algunos rulos en una caja que reposaba bajo la cama. Al abrirla solo encontré suficientes para media cabeza, así que me los puse en el lado derecho para cambiarlos de sitio una hora después. La verdad es que los rizos no quedaron nada bien. No me sentía satisfecha en lo más mínimo.
De pronto, como si me hubieran mandado un milagro, vi el libro de pociones sobre el escritorio y caí en la cuenta de que podía usar un brebaje para mejorar mi aspecto. Qué buena suerte que tenía una botella completa en mi reserva de pociones de emergencia.
Luego de dejar los rizos perfectos, los recogí en un moño con algunas horquillas y me vestí con una túnica azul aguamarina y adornos plateados que Madame Malkin había ceñido a mi cintura. Me puse unos pantalones ajustados (la última moda muggle) bajo la falda y unos odiosos tacones de color verde. Afortunadamente las mangas de la túnica eran muy anchas, perfectas para esconder algunas armas. Al bolsillo especial que le había pedido a la modista en la parte interior del brazo izquierdo le hice un hechizo para que tuviera mucho más espacio. Allí escondí la espada, una daga y la varita y guardé el sujetador de cabello mágico en un bolsillo de los pantalones. Me despedí de Chesire y bajé a toda prisa al vestíbulo, pues ya era hora de que empezara el baile.
Hola chicos y chicas! (Aunque me da que aquí la gran mayoría son chicas...)
¿Cómo están?
Me disculpo por haber tardado tanto en actualizar, pero la inspiración se fue de vacaciones mientras yo me quedaba en casa.
Como sea, espero que les haya gustado este capítulo y que comenten.
Un saludo desde Colombia.
Mars