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Mi hermano, mi protegido — capítulo 15
Dave se quedó estupefacto y Cedric… solo me miraba, sin expresión alguna en el rostro. No es que esperara un animado "Gracias, me salvaste la vida", pero eso me cayó peor que un balde de agua helada (recordemos que estaba descalza en la nieve).
-Pero… ¿Cómo es qué….?
-Ahh -suspiré-. Les explicaré todo lo que quieran, pero entremos por favor, se van a congelar aquí fuera.
Ellos me siguieron sin decir palabra por los oscuros y callados pasillos del castillo (cómo es posible que nadie escuchara el barullo del demonio que nos atacó, pues sus chillidos eran tan agudos y penetrantes que aun resonaban en mi mente) hasta que me detuve frente a la puerta de mi habitación. Les acerqué dos sillas al fuego de la chimenea y unas mantas para que se calentaran. Yo me puse unos gruesos calcetines y me senté sobre la alfombra, en medio de ellos.
-¿Quién eres? -dijo Cedric sin apartar la vista de las llamas danzantes, con aquella voz fría que me dolió como una daga en el corazón.
Respiré profundamente. Cuanto me odiaba por haber permitido que todo aquello pasara, por dejar que ese momento que tanto había temido llegara inesperadamente.
-Ya no vale la pena mentir más, está claro que no soy tu hermana. Soy tu protectora…
-¿Quién eres? -repitió, dando a entender que mi respuesta no le satisfacía.
-Soy la diosa olímpica de la protección terrenal, hija de Poseidón y Atenea.
-Pero si Poseidón y Atenea se odian, ¿cómo es posible, por qué nunca oí de ti? -dijo Dave, mirándome con incredulidad.
- Bueno, yo soy la diosa más joven, lo cual explica que no se contaran leyendas sobre mí, y nací antes de que la disputa de mis padres comenzara.
Mi misión principal fue asesinar monstruos peligrosos que amenazaban a los mortales, pero cuando la población de semidioses creció ellos comenzaron a ocuparse de las cacerías, así que me remitieron a proteger mortales propensos a ataques de monstruos como el que vimos hace un rato. Un demonio nivel 6 en Hogwarts... Zeus me matará, y no es menos de lo que merezco.
-¿Por qué? -Cedric volvió a hablar, pero esta vez mirándome fijamente a los ojos-. ¿Por qué no me lo dijiste antes?
-Era peligroso. Hay una barrera mágica que oculta los monstruos antiguos a los ojos mortales, por ejemplo, si el Minotauro te atacara los demás solo verían a un hombre muy peludo, sin notar que es un monstruo. Si te hubiera contado la verdad la barrera se habría roto y los ataques se habrían hecho todavía más frecuentes.
Pero ahora ha desaparecido, el demonio se ocupó de eso, y todo es mi culpa. Cedric… lo siento mucho.
Un silencio supremamente incómodo inundó la habitación. Hasta que mi hermano… bueno, mi falso hermano volvió a hablar.
-Está bien. Al menos querría conocerte como realmente eres.
Mi sorpresa fue enorme.
-¿Eh? ¿Me estás perdonando por mentirte toda la vida, por abandonarte y dejar que casi te asesinaran? -solté antes de pensar lo que iba a decir.
-Si lo pones así… No. Pero no puedo odiar a alguien que no conozco. Quizá pueda decidirlo más adelante, pero no quiero más mentiras -me dedicó una leve sonrisa, calmando mi ansiedad.
-Bien, entonces pregunta lo que quieras.
-Mmm… ¿Cuál es tu verdadero nombre?
-Jackelinne Michaelis.
-Pero si los dioses no…
-No voy a hablar de mi apellido -interrumpí a Dave-. Me trae malos recuerdos.
-¿Qué edad tienes? Digo, siempre pensé que te veías algo mayor de dieciséis, pero no podría decir cuánto -dijo Cedric dubitativo.
-Tengo… 17.486 años -tuve que pensarlo un poco. Hacía bastante tiempo que no pensaba en mi verdadera edad. Cedric comenzó a reír.
-Sí que estás anciana…
-Oye niño, si me vuelves a decir anciana te las verás conmigo. Te informo que conozco todos los tipos de lucha cuerpo a cuero y puedo manejar a la perfección cualquier arma -él dejó de reír, pero me miró pícaramente, haciéndome reír a mi también.
-Y… ¿Por qué eres tan amable con nosotros? He ido al Olimpo un par de veces, y ni siquiera nuestros padres nos dirigen la palabra.
Es cierto. Dave es un semidiós. No me había detenido a pensarlo, pero la madre que no mencionó…
-¿Quién es tu madre?
-Atenea…
Eso explicaba todo lo del beso. Dave sí que era mi hermano por parte de mi madre y mi primo por mi padre.
-Ya deberías saberlo, diosecillo -le robé ese término al tío Hades-. Zeus prohibió que los dioses tuvieran contacto con sus hijos después de romper el juramento del río Estigio, pero como yo paso tanto tiempo entre los mortales debo ser amable, para que nadie sospeche de mí.
-Vaya, eso es horrible. Dime, ¿tú tienes hijos? -preguntó Cedric mirándome con curiosidad.
-No. No tengo tiempo para eso porque estoy ocupada cuidándote a ti.
-Pero, ¿cómo es que también controlas el agua? Ninguno de los dioses hijos de Zeus heredaron sus poderes.
-No lo sé con certeza, supongo que es porque no tengo ningún poder propio. Todas mis habilidades las aprendí de mis primos. Ares me enseñó a luchar, Artemis a cazar, Apolo a tocar cualquier instrumento, Dionisio a bailar (aunque lo hago muy mal), Hermes a mentir y saquear, Hefesto a construir cosas y Afrodita… bueno, ella me enseñó a maquillarme.
Los muchachos rieron y me siguieron preguntando todo tipo de cosas hasta que el sol se asomó por la ventana, inundando la habitación con su color dorado.
¡Hola! ¿Cómo están?
Ya sé, tienen todo el derecho a cortarme la cabeza, pero estaba en época de exámenes.
Espero que le haya gustado este nuevo capítulo, lo hice con mucho amor :)
¡Comenten, por favor!
Un abrazo.
Mars
PD: Si quieren saber algo más de Jacky díganmelo en los comentarios para incluirlo en el siguiente capítulo.