← Mi hermano, mi protegido · de
Mi hermano, mi protegido — capítulo 17
Al día siguiente me sentía un poco más tranquila. Había pasado la noche en vela contándole a Chesire todo lo ocurrido. También escribí una carta al tío Hades, reclamándole.
Diciembre 25 de 1994 Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
Inglaterra
Apreciado tío H:
En primer lugar quiero desearte una feliz Navidad y un próspero año nuevo. Espero que hayas recibido los planos de jardín que me pediste. ¿Cómo está el escréguto que te envié hace unos meses? Los que aún quedan aquí son extremadamente violentos, y han empezado a comerse entre ellos.
Quisiera comentarte de un hecho que me resulta muy fastidioso: Esta noche mi más reciente protegido, Cedric Diggory, fue atacado por un Demonio Niceto de nivel 6, el cual, sin ninguna duda, custodiaba la puerta del Tártaro; recibiendo una herida de realidad. Ahora es conocedor de mi secreto y la frecuencia de ataques ha aumentado. Te ruego descubras cómo escapó del Inframundo y resuelvas el problema, puesto que otro conflicto divino sería desastroso. Me abstendré de reportarlo a Zeus inmediatamente. Solo quedan 36 horas hasta que el plazo acabe.
Infórmame lo antes posible.
Con gran afecto, Jackelinne
Metí la carta en un sobre y desapareció de mis manos en unos instantes.
Más tarde, a eso de las diez de la mañana, me vestí y me dirigí al Gran Comedor. Para mi sorpresa estaba bastante concurrido, al parecer todo el mundo se había levantado tarde. Me senté algo distante de Cedric, quien parecía haberse pasado la noche sin pegar ojo, puesto que tenía unas ojeras horrorosas.
-Pobre, no durmió por causa mía -pensé.
Quise dejarlo desayunar en paz, pero al parecer me buscaba con la mirada adormilada, dirigiendo la vista a todo el que entraba en el comedor. En cuanto me vio abrió mucho los ojos, dejó el plato con tostadas a un lado y se me acercó.
-Buen día -me dijo, al tiempo que bostezaba.
-Hola Ced, ¿cómo te encuentras?
-Bastante bien, creo. ¿Te importa si damos un paseo, solo tú y yo?
Salimos a los desiertos terrenos del colegio.
-Aun quiero pensar que todo fue un sueño, por más que mi cerebro niegue a creerlo -dijo él mientras caminábamos por la nieve-. Mira, no me atreví a preguntarte varias cosas anoche, y quisiera que me las respondieras ahora.
-Muy bien.
-¿Nues… quiero decir, mis padres lo saben?
-Sí.
-¿Y alguien de Hogwarts lo sabe?
-Solo Dumbledore y la señora Pomfrey. Me han ayudado mucho este año.
-Ahora que lo pienso, durante la primera prueba, sentí que alguien me empujó, ¿fuiste tú?
-Sí.
-Gracias por salvarme -dijo dedicándome una sonrisa de la cual no me sentía merecedora.
Sinceramente no estaba prestando demasiada atención a dónde ponía los pies, hasta que resbalé en el suelo congelado. Qué vergüenza, la protectora cayéndose estúpidamente en el hielo. Cedric me ayudó a levantarme.
-Estás… ¿sangrando? -dijo tomando mi mano entre las suyas.
El líquido dorado comenzaba a fluir por la herida que Chesire me había hecho esa mañana, y que se había abierto de nuevo. Alarmada, quité mi mano con brusquedad de las de Cedric y la levanté hacia el cielo, esperando que algo de nieve cayera sobre ella.
En cuanto dejó de sangrar miré al chico, que estaba estupefacto.
-¿La tocaste? Mi sangre, ¿la tocaste?
-N-No -levantó las manos en alto para que pudiera fijarme en que decía la verdad. Dejé escapar un suspiro de alivio y él me miró, buscando una explicación.
-Es venenosa. Si la hubieras tocado te estarías muriendo -soné más dura de lo que hubiera querido. Eran solo las 10:30 y ya estaba teniendo un mal día.
-¿Por qué es venenosa?
-El Icor es lo que nos hace inmortales, si un humano tuviera contacto con la sangre de un dios, su alma sería confinada a vagar eternamente por el mundo, contemplando como las generaciones se destruyen unas a otras, sin el descanso de la muerte. La eternidad es una maldición, Cedric, y jamás desearía que vivieras como yo.
Continuamos paseando, en silencio. No sabía que decir, y al parecer él tampoco sabía que preguntar. Me quedé observando (no muy disimuladamente) su nariz enrojecida por el frío. Eso me hizo sentir mucha envidia.
-¿Puedo…preguntarte algo personal?
-Eso depende… ¿qué quieres saber?
-No te vayas a enojar. Pero, ¿si tanto te molesta tanto, por qué no…?
-¿Por qué no me quito la vida? -terminé la frase por él, dado que se sentía incómodo- No es tan sencillo. Solo hay una forma de matar a un dios y es que otro dios lo haga. Y aunque consiguiera convencer a uno de asesinarme… no tendría el valor suficiente. Cuando un humano muere su alma va a otro lugar, pero para nosotros…es el olvido.
-Vaya… los humanos nos quejamos de falta de tiempo y los dioses por el exceso.
-Bueno, la clave es saber qué hacer con el tiempo que tienes. La vida mortal es única, así que debes aprovecharla al máximo.
-Ya hablas como mi abuela…
-No te burles de mi, niño. Nosotras, las ancianas, sabemos más de la vida que tú, así que espero algo más de respeto -dije para relajar el ambiente.
-Y ¿Qué harás respecto a Dave?
-Él puede cuidarse solo. Lo que me recuerda… -saqué de un bolsillo la daga- Quiero que la tengas contigo. Si ocurriera cualquier desastre, al menos sabré que no estarás totalmente desprotegido. A partir de ahora Chesire no se despegará de ti. Es necesario que esté cerca por si acaso.
-¿Cómo, tu gato también me va a proteger?
-¿Creíste que una diosa iba a tener una mascota tan insulsa como un gato común y corriente?
El sol llegó a su punto más alto cuando volvíamos al castillo de Hogwarts. Los rayos re reflejaban el el agua del Lago Negro y los estudiantes salían a jugar en la nieve.
"Cedric es un chico listo, estará bien.." -pensé.
¡Hola, queridos lectores! Sé que siempre doy la misma excusa, pero no he tenido un minuto libre por el colegio.
Espero que les haya gustado este capítulo. Cualquier observación, reclamo, duda o comentario háganmelo saber, por favor.
Un abrazote.
Mars